Después de 175 años, las tortugas gigantes de Galápagos regresan a casa, al archipiélago donde estuvo Darwin

En una calurosa mañana de febrero, los guardaparques del Parque Nacional Galápagos liberaron 50 tortugas gigantes en la isla Floreana, lo que marcó el comienzo de un regreso histórico.

Por Adam Popescu
Publicado 2 mar 2026, 07:58 GMT-3
Estas tortugas nacieron en cautividad y se criaron en un centro de cría en la isla ...

Estas tortugas nacieron en cautividad y se criaron en un centro de cría en la isla de Santa Cruz, en las Galápagos. Si todo sale según lo previsto, se convertirán en una especie autosuficiente en la isla de Floreana, al igual que lo fueron sus antepasados hace 200 años.

Fotografía de Lucas Bustamante

En la Isla Floreana, en Ecuador, nueve hombres caminan en fila india como un ejército, marchando cuesta arriba bajo el sol ecuatorial con cajas de plástico de 45 kilos atadas a la espalda. Dentro de cada caja se encuentran las preciosas tortugas gigantes de las Islas Galápagos.

Cuando finalmente coronan la cresta, un camino salpicado de rocas de lava afiladas y conos de ceniza geológicamente activos, están empapados en sudor. Pero no descansan ni se detienen. Colocan cuidadosamente las cajas en el suelo y comienza el verdadero trabajo.

"¡Pónganlos a la sombra!", grita un hombre con pasamontañas y gafas que ocultan su rostro del sol. “Por acá”, señala otro hombre enmascarado, pisando la hierba seca para llegar a una hilera de árboles de palo santo. Las tropas se levantan y lo siguen, y el contenido de las cajas parece cobrar vida.

Estos hombres podrían confundirse con soldados... o traficantes. En cierto modo, son ambas cosas, además de porteadores, exploradores e incluso niñeros. Esto se debe a que estos hombres son guardas del Parque Nacional Galápagos, defensores de primera línea de la vida silvestre en uno de los lugares con mayor biodiversidad del mundo. Y lo que traquetea en estas cajas son los descendientes de una especie que no se ha visto en esta isla desde hace 175 años.

Esto es historia”, declara el líder del equipo, Christian Sevilla, director de ecosistemas de la Dirección del Parque Nacional Galápagos.

Tortugas gigantes híbridas para salvar una especie

Esta mañana regresan a casa 50 tortugas gigantes158 en total en los próximos días, con cientos listos para ser liberados y cientos más en el centro de cría del parque en la isla Santa Cruz.

Pero estas tortugas en las cajas aún no son gigantes: tienen entre 7 y 15 años y pesan entre 4.5 y 18 kilos.

También son híbridas de la especie de tortuga Floreana, ahora extinta. Poseen linajes tanto de la tortuga de Floreana como de la tortuga del Volcán Wolf. Algunas de las híbridas también tienen genes de especies que se encuentran en las islas Santiago y Española de la región.

Durante los últimos 15 años, un programa de cría ha criado 720 nuevas tortugas híbridas de Floreana, cuyo último paso para volver a la naturaleza depende de que Sevilla y su equipo las transporten en esta calurosa mañana de febrero.

“Vamos”, dice Sevilla mientras una gota de sudor le resbala por la cara. Lleva 48 horas trabajando sin descanso, trasladando a estos animales en barco, camión y a mano.

Cuando se abren las jaulas, un par de crías salen gateando y comienzan a masticar una enredadera. Un hombre de Nueva Inglaterra, de voz suave, con sombrero flexible y botas militares, cierra su paraguas y toma su cámara.

Es una buena señal”, afirma James Gibbs mientras toma fotos. El biólogo conservacionista y Explorador de National Geographic es, en muchos sentidos, el principal responsable de este momento.

Mientras observa cómo las tortugas se alejan lentamente, se muestra orgulloso como un padre y admite: “Nunca pensé que esto sucedería”.

Y lo cierto es que casi no ocurrió. 

Gracias a un descubrimiento accidental, un ejército de guardabosques e investigadores se encuentra ahora al borde de lo que podría ser la recuperación más ambiciosa de una isla jamás intentada, una restauración de décadas de duración destinada a eliminar especies invasoras como ratas y gatos (un proceso laborioso y sangriento que ha retrasado la liberación varios años) y un proyecto de 15 millones de dólares que ha mapeado la recuperación de las plantas, la gestión de la tierra y los conflictos humanos, todo ello con el fin de crear las condiciones para el regreso de las famosas tortugas gigantes de la isla.

“Esto no se puede hacer en otras partes del mundo”.

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    Cómo es la Isla Floreana, el hogar de las tortugas gigantes

    Floreana, que en su día fue centro neurálgico de balleneros y piratas, fue la primera isla de las Galápagos en ser colonizada.

    Los humanos no solo trajeron ratas y gatos, sino también caballos, vacas, cerdos, perros, burros y cabras, animales que superaron en competencia (o mataron) a los animales autóctonos. Diez de las 22 especies de aves se han extinguido en Floreana desde la llegada de las personas, según Birgit Fessl, investigadora principal de conservación de aves terrestres de la Fundación Charles Darwin.

    Floreana siempre ha tenido una historia oscura: la primera colonia terminó en un baño de sangre y, en la década de 1830, la isla se convirtió en una prisión. Cien años más tarde, un puñado de alemanes fundaron un Edén idílico e ingenuo, una historia que terminó en asesinato y fue dramatizada en una película de Ron Howard.

    “Las personas causaron estos problemas y las personas tienen la responsabilidad de solucionarlos”, subraya Jonathan Miles, cuya nueva novela Eradication se centra precisamente en ese desafío de las especies invasoras y se basa en parte en sus reportajes aquí.

    El plan actual es difícil, admiten quienes lo respaldan, pero mucho menos ingenuo que los anteriores fracasos de Floreana. 

    El 20 de febrero de 2026, la tortuga gigante de Floreana se convirtió en la primera ...

    El 20 de febrero de 2026, la tortuga gigante de Floreana se convirtió en la primera especie local en ser reintroducida en la isla. Durante más de una década, los conservacionistas han estado trabajando para erradicar algunas de las especies no autóctonas que dificultan su supervivencia, concretamente los gatos asilvestrados y las ratas negras de Floreana.

    Fotografía de Lucas Bustamante

    El 20 de febrero de 2026, la tortuga gigante de Floreana se convirtió en la primera especie local en ser reintroducida en la isla. Durante más de una década, los conservacionistas han trabajado para erradicar algunas de las especies no autóctonas que dificultan su supervivencia, concretamente los gatos asilvestrados y las ratas negras de Floreana.

    Sí, hay más de 1600 especies introducidas en las islas, pero las cabras eran, en muchos sentidos, las peores. Multiplicándose sin control, se comieron todo lo que encontraron a su paso por Floreana durante años, destruyendo la tierra.

    Pero en 2007, se eliminó la última cabra de Floreana, y ahora deshacerse de las ratas y los gatos significa realmente revertir generaciones de destrucción. Por eso las tortugas son fundamentales. Dan forma al ecosistema desde la base, dispersando semillas y abriendo caminos, como si fueran arquitectos naturales.

    “Eso es fundamental para el crecimiento de las plantas” y otras especies, incluso las aves que anidan, señala Rakan Zahawi, director ejecutivo de la Fundación Charles Darwin, que ha apoyado la restauración durante años. Por ser una especie tan emblemática y fundamental, los conservacionistas han estado dispuestos a gastar millones de dólares y años de tiempo eliminando plantas y animales que no deberían estar aquí.

    “No se puede hacer esto en otras partes del mundo”, dice Zahawi, señalando la escala y la atención que suscitan estas famosas islas. “¿Debemos restaurar o no? Esa es la eterna pregunta”.

    (Ver también: Cómo fue el matrimonio de Ramsés II y la princesa hitita: la boda que selló la paz en el Antiguo Egipto)

    La reintroducción de tortugas gigantes ofrece esperanza para las especies nativas

    Matar animales siempre es controvertido, pero la disminución del número de ratas y gatos ya ha provocado un repunte en la población de aves, y el rascón de las Galápagos, que vive en el suelo, ha regresado después de casi 200 años.

    “Bromeamos diciendo que estamos deshaciendo el trabajo de los piratas, pero en realidad eso es lo que estamos haciendo”, coincide Penny Becker, directora ejecutiva de Island Conservation, una organización sin ánimo de lucro que ha ayudado a dar forma al plan de Floreana durante los últimos 15 años.

    Ese plan también ayuda a los lugareños, que afirman que la eliminación de las ratas significa más comida, con un aumento del 80 % en el rendimiento de los cultivos.

    “Todo esto me emociona mucho”, admite Claudio Cruz, un agricultor de 66 años, al pensar en el daño ecológico que se está revirtiendo. Cruz llama a Floreana “la capital de Galápagos” y asegura que el regreso de los gigantes significa que Floreana ahora estará completa, y más concurrida, añade con una sonrisa.

    Hogar de unos 125 agricultores de maíz y guayaba, pronto habrá más tortugas que personas. Pero aunque en otros lugares ha habido conflictos entre tortugas y agricultores, Cruz, el octavo de doce hermanos, describe una conexión con la vida silvestre que es “fundamental” para la cultura de Floreana. “Cuando miras a una tortuga a los ojos”, dice, “ella te reconoce. Son inteligentes. Quieren comunicarse. Ahora tenemos esa oportunidad”.

    Charles Darwin advirtió que la población de tortugas gigantes estaba en declive

    La población seguirá siendo una fracción de lo que fue en su apogeo. Floreana estuvo cubierta en su día de tortugas, miles de ellas hasta donde alcanzaba la vista, “esparcidas en todas direcciones por las llanuras y las tierras bajas cercanas al mar”, según el comodoro John Downes, un capitán ballenero que las cazaba por su carne y su aceite.

    Las tortugas eran fundamentales en los largos viajes, en los que los hombres solían pasar hambre, ya que eran un alimento fácil de transportar.

    En su día hubo hasta 350 000 gigantes en todo el archipiélago, pero cuando el naturalista británico Charles Darwin llegó en 1835, la especie ya estaba en declive. En 1850, las tortugas de Floreana habían desaparecido. Hasta hoy. 

    Para transportar estas tortugas a su nuevo hábitat, el personal del parque coloca de dos a ...

    Para transportar estas tortugas a su nuevo hábitat, el personal del parque coloca de dos a tres tortugas en cajones que se llevan en mochilas. Durante casi un kilómetro y medio, transportan a las tortugas por un terreno rocoso y accidentado bajo el calor del sol tropical.

    Fotografía de Lucas Bustamante

    Hoy en día quedan entre 30 000 y 35 000 gigantes, aproximadamente el 10 % de la población original.

    Además de las tortugas, también está previsto que en los próximos años regresen doce especies extinguidas a nivel local, entre ellas el sinsonte de Floreana, la culebra corredora de Floreana y el pequeño pájaro brujo.

    Pero todo depende de que los próximos pasos salgan bien.

    ¿Sabrán instintivamente los animales nacidos en cautividad cómo sobrevivir en esta isla rocosa y seca? ¿Qué pasará cuando los bebés gigantes sean liberados de las jaulas? 

    (Continúa leyendo: “La Baronesa”, la pitón reticulada que rompió el récord como la serpiente salvaje más larga del mundo)

    ¿Cómo se monitorearán las crías de tortugas gigantes?

    Nadie sabe qué esperar cuando la temperatura supera los 32 °C, se abren las cajas y el relevo pasa a otro equipo. Se ponen guantes y se limpian los caparazones mientras se fijan pequeños sensores con adhesivo epoxi para asegurar los dispositivos de rastreo GPS que los investigadores colocan en las 50 tortugas.

    Los sensores deberían durar diez años”, detalla Martin Wikelski, experto en migración y pionero en sensores para animales del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal. Alimentados por Starlink, los dispositivos rastrearán y monitorizarán a las crías mientras se dispersan, que es precisamente lo que ocurre cuando se las libera.

    Los guardaparques del Parque Nacional Galápagos forman una fila y pasan las tortugas una por una ...

    Los guardaparques del Parque Nacional Galápagos forman una fila y pasan las tortugas una por una a un gran corral antes del día de la reintroducción. Estas tortugas serán rastreadas mediante GPS, y más híbridos seguirán sus pasos en fechas posteriores.

    Fotografía de Lucas Bustamante

    Mientras los pequeños dan sus primeros pasos, dirigiéndose literalmente hacia las colinas, muchos de los responsables de este momento suspiran audiblemente, incluido Sevilla, de rostro severo, que esboza una sonrisa.

    Gibbs, que también sonríe mientras observa cómo se alejan las tortugas jóvenes, ha esperado décadas para este momento.

    Hace veintiséis años, dirigió una expedición por todas las islas Galápagos para averiguar cuántos gigantes quedaban. Después de escalar un volcán en el extremo occidental del archipiélago, su equipo se topó accidentalmente con lo que él llamó “una especie alienígena”.

    Las tortugas que encontraron en Isabela no deberían haber estado allí. Se suponía que allí solo había tortugas de la especie becki, también conocidas como tortugas del volcán Wolf. En cambio, encontró otro tipo de tortuga gigante que vivía a la sombra del volcán, “y todo estaba mal”, recuerda. 

    Las tortugas de Floreana eran conocidas por sus caparazones con forma de silla de montar, pero las tortugas de Wolf tienen caparazones abovedados.

    Entonces, ¿por qué había tortugas con caparazones con forma de silla de montar en el volcán? ¿Y qué hacían allí?

    Gibbs lleva estudiando estas islas desde la década de 1980, cuando con 18 años pasó seis meses como asistente de campo persiguiendo a los pinzones de Darwin y “viendo la evolución en acción”.

    “Una tienda de campaña, una lona y una silla”, eso era todo lo que solía tener. En la década de 1990, los destinos eran tan remotos que la cena consistía en cazar cabras con un viejo rifle de cerrojo.

    Las leyendas detrás de las tortugas "alienígenas" de Floreana

    Ahora, con 63 años, sus días de Robinson Crusoe han quedado atrás, (aunque está planeando liberar aún más tortugas en otra isla con un helicóptero y menciona casualmente un currículum accidentado que incluye un interrogatorio de tres días por parte de la policía tras rastrear a cazadores furtivos de leopardos de las nieves en la frontera entre Rusia y China, pero sin esa valentía no estaríamos aquí.

    “Es una leyenda”, afirma Hugo Mogollón, presidente y director ejecutivo de Galápagos Conservancy, donde Gibbs ocupa el cargo de vicepresidente de ciencia y conservación.

    Después de ver las tortugas extrañas con el caparazón en forma de silla de montar, el Explorador de National Geographic organizó tres expediciones de regreso para recoger muestras de sangre que finalmente se secuenciarían, revelando que los extraños animales eran híbridos de Floreana.

    Se necesitaron años para que todas las piezas encajaran, años dedicados a capturar, reubicar y criar a los híbridos, pero ese trabajo convenció a Gibbs de que los responsables de matar a las tortugas de Floreana también eran responsables de ayudar a dispersar su genética.

    El primer momento decisivo fue en 1813, con el primero de los dos barcos llamados Essex. Según el diario de David Porter, capitán de una fragata de la Armada de los Estados Unidos estacionada en las Galápagos para hundir balleneros británicos durante la guerra de 1812 (una guerra que se prolongó hasta 1815), hubo una batalla en Banks Bay, un punto de parada para la caza de ballenas en el borde del volcán Wolf.

    “Había dos barcos balleneros británicos en la bahía”, descubrió Gibbs al leer el diario, “y cuando despejaron las cubiertas para sus cañones, tiraron sus tortugas por la borda”.

    Se sabe que las tortugas flotan y Porter describió haber visto tortugas flotando 10 días después de la batalla. El biólogo cree que algunas de las tortugas recogidas en Floreana pudieron haber sido arrastradas hasta el volcán, dando lugar a los “alienígenas” que encontró en 2000.

    El Explorador también cree que incluso más tortugas de Floreana pudieron haber terminado en la isla de Isabela solo unos años más tarde.

    Un ballenero de Nantucket, también llamado Essex, tardó “nueve meses en llegar a las Galápagos”, dice Gibbs, y cuando llegaron después de rodear la punta de Sudamérica en 1820, “llegaron hambrientos”.

    Pasaron tres semanas recolectando cientos de gigantes de Floreana. En un momento dado, un miembro de la tripulación encendió un fuego como broma y pronto la isla se incendió, un incendio que duró meses. Para entonces, los bromistas se habían marchado a cazar ballenas, con cientos de tortugas apiladas en la cubierta.

    A unos 160 kilómetros al oeste del archipiélago, no lejos del volcán Wolf de Isabela, un cachalote embistió el barco. Luego lo chocó de nuevo. “Creo que fue un macho que finalmente reconoció la amenaza de los balleneros”, dice Gibbs, “no hay otra razón para que un cachalote ataque”.

    Cuando el barco se hundió, la tripulación se apresuró a subir a los botes salvavidas con sus tortugas. Los botes acabaron separándose y solo cinco hombres sobrevivieron.

    Cuando los encontraron, Gibbs dice que “los restos de los marineros y los huesos de las tortugas” cubrían el fondo del barco, una historia que inspiraría Moby Dick y respaldaría una teoría que se demostró cierta cuando las secuencias de ADN revelaron que las tortugas exóticas eran náufragas que se habían apareado y sobrevivido.

    Los guardaparques del Parque Nacional Galápagos transportan tortugas híbridas jóvenes a la isla Floreana. A finales ...

    Los guardaparques del Parque Nacional Galápagos transportan tortugas híbridas jóvenes a la isla Floreana. A finales de febrero, el personal del parque ayudó a llevar 158 de estas tortugas de vuelta a una isla donde no se habían visto desde hacía 175 años. Las tortugas son híbridas de la tortuga Floreana y las tortugas gigantes que se encuentran en las islas vecinas.

    Fotografía de Lucas Bustamante

    ¿Qué les depara el futuro a las tortugas?

    Las tortugas actuales se enfrentan a una nueva versión de una antigua amenaza: valen mucho dinero en un país conocido por su corrupción, y hay una larga y reciente historia de tráfico y caza furtiva de estos gigantes.

    “Incluso ha habido robos en centros de cría”, comenta Karen Noboa, bióloga medioambiental de TRAFFIC, quien revela que las tortugas grandes pueden alcanzar un precio de 60 000 dólares cada una como mascotas.

    También existe un mercado local para la carne de tortuga, ya que algunos creen que su carne tiene poderes sexuales.

    “Las personas que trafican con tortugas de las Galápagos también están involucradas en muchos otros delitos”, comenta Andrea Crosta, director de Earth League International, una organización sin ánimo de lucro que investiga la conexión entre los delitos medioambientales y las redes criminales, un problema tanto aquí como a nivel mundial.

    Gibbs reconoce estos retos. Cuando la gente visita las Galápagos, se maravilla ante la fauna que parece florecer y las protecciones ecológicas, y en muchas islas eso es cierto, afirma.

    La ironía es que lo que se ve es solo una fracción de lo que había, lo que subraya la importancia de la restauración.

    "Estamos comprometidos a largo plazo", subraya. En los próximos cincuenta años, con la reproducción y más liberaciones, "volveremos a tener miles de tortugas gigantes en Floreana. Por eso luchamos".

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