Bañistas en una apartada playa en Saint John, Islas Vírgenes de los Estados Unidos. En 2010, ...

Por qué ir a la playa beneficia al cerebro y la salud mental, según la ciencia

Visitar la costa puede ayudarte a aliviar el estrés y a estar más activo, e incluso puede cambiar la forma en que afrontas el dolor.

Bañistas en una apartada playa en Saint John, Islas Vírgenes de los Estados Unidos. En 2010, los investigadores descubrieron que las personas tienden a calificar las fotos de entornos naturales como más relajantes si tienen algún tipo de elemento acuático, lo que dio inicio a una nueva investigación sobre los beneficios de los espacios azules.

Fotografía de MacDuff Everton, Nat Geo Image Collection
Por Emma Loewe
Publicado 12 ene 2026, 17:05 GMT-3

La costa ha sido durante mucho tiempo un lugar de curación. En la Europa del siglo XVIII, los médicos recetaban pasar tiempo en la playa para dolencias que iban desde la tuberculosis hasta la lepra. Los pacientes pasaban los días bañándose (y a menudo bebiendo) agua de mar rica en minerales, y por la noche se dormían con el sonido del viento salino y el romper de las olas.

Aunque algunos elementos de esta terapia marina primitiva han sido refutados desde entonces, la ciencia moderna sigue descubriendo que la naturaleza es buena para nosotros. Los investigadores tuvieron una primera intuición de ello en un estudio histórico de 1984 que demostró que los pacientes postoperatorios cuyas habitaciones de hospital tenían vistas a espacios naturales tendían a tener estancias más cortas y agradables que aquellos cuyas habitaciones daban a una pared de ladrillo.

En las décadas transcurridas desde entonces, el campo de la psicología ambiental ha investigado por qué los seres humanos estamos programados para sentirnos mejor al aire libre. La mayor parte de su trabajo se ha centrado en los espacios verdes: parques, bosques y similares. Pero una ola más reciente de investigadores está centrando su atención en ámbitos mucho más azules.

Mat White, psicólogo ambiental que también es un ávido surfista y nadador al aire libre, es uno de los pioneros de este trabajo. En 2010, White y sus colegas descubrieron que las personas tendían a calificar las fotos de entornos naturales y urbanos como más atractivas y reconfortantes cuando tenían algún tipo de elemento acuático.

Este estudio, citado más de mil veces desde entonces, contribuyó a poner en marcha el movimiento de investigación sobre los espacios azules que existe en la actualidad. Entonces, ¿qué sucede realmente en tu cuerpo y tu cerebro cuando pasas tiempo en la playaProfundicemos en el tema.

Hay pocas cosas más relajantes que pasar tiempo en la playa, pero ¿qué ocurre en tu ...

Hay pocas cosas más relajantes que pasar tiempo en la playa, pero ¿qué ocurre en tu cerebro durante un día de juegos entre las olas? Los científicos están descubriendo más beneficios de los “espacios azules”, como la costa.

Fotografía de HEATHER PERRY, Nat Geo Image Collection

Más agua, menos estrés

Es probable que tus primeros pasos sobre la arena vayan seguidos de lo que los psicólogos ambientales denominan “restauración de la atención”, es decir, cuando tu mente comienza a relajarse y a tomar nota de tu entorno de una manera más suave y menos exigente desde el punto de vista cognitivo.

Al inicio de su investigación sobre los espacios azules, White y sus colegas analizaron los datos de 4255 encuestados en Inglaterra para determinar qué entornos naturales tendían a ser los mejores para evocar esos sentimientos de restauración. La costa obtuvo una puntuación ligeramente superior a la de los bosques y los paisajes montañosos.

¿Qué hace que las playas sean especialmente buenas para descansar la mente sobrecargada? Catherine Kelly, autora de Blue Spaces: How and Why Water Can Make You Feel Better (Espacios azules: cómo y por qué el agua puede hacerte sentir mejor), sospecha que tiene que ver con su escala: sus inmersivas bandas sonoras y sus amplias vistas que parecen no tener fin.

Cuando visitamos la costa, dice, “se nos invita de una manera natural a dirigir nuestra atención hacia el horizonte. Hay una sensación de asombro, en la que obtenemos perspectiva sobre nuestros problemas y nos sentimos parte de algo más grande que nosotros mismos”.

El asombro tiende a producirse cuando conectamos con algo vasto que nos recuerda nuestro lugar (relativamente pequeño) en el mundo. Se sabe que esta emoción reduce el estrés, nos da un sentido de propósito y nos empuja a actuar de forma más desinteresada.

Según la teoría de la restauración de la atención, propuesta por primera vez en 1989 y aún ampliamente aceptada en la actualidad, los paisajes más restauradores para la mente suelen ser “suavemente fascinantes”. Su escenario es lo suficientemente dinámico como para mantener nuestra atención, pero lo suficientemente predecible como para permitir que nuestra mente se relaje. Las olas del mar encajan perfectamente en esta descripción, afirma la ecóloga social marina Easkey Britton.

El impacto de las olas del mar sobre el estrés nunca se ha estudiado de forma rigurosa. Sin embargo, hay pruebas de que mirar fractales” (patrones que se repiten a diferentes escalas, como las olas que rompen en la playa) está asociado con cambios en nuestras propias ondas cerebrales, lo que favorece las frecuencias alfa que indican relajación.

La propia experiencia de Britton como surfista y las investigaciones existentes sobre los espacios verdes le hacen sospechar que las olas también “exigen presencia y concentración... Esa sensación de presencia te libera de las preocupaciones y las cavilaciones”, sostiene.

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    Un niño de 9 años mira hacia abajo desde su tabla de surf de remo mientras su hermano de 12 años bucea con esnórquel. Los investigadores sospechan que pasar tiempo en la playa favorece la relajación porque evoca una sensación de asombro, una emoción que se ha demostrado que reduce el estrés.

    Fotografía de Skip Brown, Nat Geo Image Collection

    Cómo visitar la playa influye en la práctica de ejercicio físico

    Justo cuando tu mente comienza a relajarse en la playa, tu cuerpo puede acelerar el ritmo dando un largo paseo, nadando o jugando a la pelota con amigos.

    Las investigaciones sugieren que los paisajes costeros fomentan el ejercicio y los innumerables beneficios para la salud que este conlleva. Aunque las personas parecen realizar actividades físicas más intensas en los espacios verdes, un estudio de 2020 publicado en la revista Environmental Research descubrió que tienden a hacer ejercicio durante más tiempo cuando sudan en el llamado “gimnasio azul”, posiblemente porque perciben el tiempo como más amplio cuando están cerca del agua.

    Esta actividad física prolongada, combinada con los beneficios del alivio del estrés que proporciona la costa, puede mejorar el sueño. Un análisis de 2024 de los datos de 18 838 adultos de 18 países muestra que, en promedio, las visitas más frecuentes a los espacios azules y verdes se correlacionan con una menor probabilidad de dormir insuficientemente (lo que se considera menos de seis horas al día).

    Desde hace mucho tiempo, las personas recurren a la terapia marina para hacer frente al dolor y el estrés, pero nunca ha quedado del todo claro si estos beneficios se deben realmente a estar en la costa o simplemente a tomarse un descanso de las responsabilidades cotidianas. Esto se debe a que es difícil demostrar científicamente que el paisaje en sí mismo disminuya el dolor.

    Los ensayos controlados doble ciego, en los que los sujetos son asignados aleatoriamente a un tratamiento o control, son el estándar de oro en la investigación científica. Pero también son casi imposibles de realizar en entornos al aire libre. “No se puede ocultar la condición a alguien: sabrá si está mirando el mar o no”, señala White.

    Sin embargo, algunos investigadores están utilizando ahora la realidad virtual para estudiar de forma más rigurosa el efecto de la naturaleza sobre el dolor. Un bonito ejemplo de ello es un ensayo controlado aleatorio realizado en 2017 en, nada menos, una consulta dental.

    Los investigadores estaban interesados en saber si las cualidades reductoras del estrés de la costa podían ayudar en tiempo real a los pacientes dentales ansiosos. Teletransportarlos a la playa sería imposible, pero ¿por qué no intentar la mejor alternativa?

    “Nuestra idea era que, si contábamos con una realidad virtual potente, podríamos interferir en las imágenes mentales de las personas y ayudarlas a afrontar mejor [la visita al dentista]”, explica Sabine Pahl, una destacada psicóloga social e investigadora del espacio azul que participó en la autoría del estudio.

    Durante el tratamiento dental, los pacientes llevaban unas gafas de realidad virtual que simulaban un paseo al aire libre, ya fuera por la costa o por una ciudad limpia y agradable. Efectivamente, el grupo de realidad virtual costera experimentó niveles de dolor significativamente más bajos durante el tratamiento en comparación con los paseantes urbanos y el grupo de control.

    Los avances tecnológicos permiten ahora a los investigadores estudiar con mayor precisión cómo influye la naturaleza en el dolor. En una investigación publicada en Nature Communications en marzo de 2025, otro equipo de científicos mostró a 49 personas sanas representaciones virtuales detalladas de un paisaje natural (una vista de un lago), un paisaje urbano y un paisaje interior, todo ello mientras les aplicaban descargas eléctricas.

    Las imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) mostraron que mirar la escena natural se asociaba con un menor dolor autoinformado y una alteración de la actividad en las regiones del cerebro responsables de la percepción del dolor.

    Esto proporciona una posible base neurológica para lo que los investigadores observaron en el estudio del dentista y demuestra que, más allá de promover emociones positivas, las escenas naturales podrían mejorar nuestra capacidad para lidiar con el dolor.

    Las familias se relajan y nadan en Orchard Beach, en el Bronx. Uno de los muchos ...

    Las familias se relajan y nadan en Orchard Beach, en el Bronx. Uno de los muchos beneficios de las vacaciones en la playa es que, según las investigaciones, fomentan la cohesión social entre familiares y amigos, tal vez al despertar un sentimiento de nostalgia.

    Fotografía de Ismail Ferdous, Nat Geo Image Collection

    Los beneficios sociales de ir a la playa

    Desde días de playa en familia hasta picnics frente al mar con amigos, muchos de nosotros elegimos visitar la costa con otras personas. Esto plantea la pregunta: ¿los espacios azules ayudan a crear vínculos sociales?

    Para averiguarlo, Pahl, White y otros investigadores pidieron a padres con niños pequeños que describieran sus recientes visitas a la costa. Sus historias, publicadas en un artículo de investigación de 2013, muestran que pasar tiempo juntos en la playa les ayudó a sentirse más unidos socialmente como familia.

    “Este sigue siendo uno de mis artículos favoritos”, dice Pahl. “Describe de manera contundente lo que les sucede a las familias [en la playa]. Es diferente cuando los sacas de casa y les das espacio y oportunidad para correr juntos”. Otros estudios han descubierto que los espacios azules también pueden ayudar a crear cohesión social entre personas que no tienen relación entre sí.

    Los investigadores no saben con certeza qué es lo que impulsa a los amigos y familiares a crear vínculos en la playa, pero podría tener que ver con sus recuerdos del paisaje.

    Para aquellos que crecieron construyendo castillos en la arena o persiguiendo pececillos en las aguas poco profundas, volver a la playa de adultos puede despertarles una sensación de nostalgia y hacerles volver a los juegos y la receptividad de la infancia.

    Los efectos positivos de ir a la playa se acumulan con el tiempo

    Aunque pasar el día en la playa no curará por sí solo todos los males, White señala que puede tener pequeños efectos sostenidos que se acumulan con el tiempo.

    Por ejemplo, algunos investigadores están estudiando ahora cómo visitar la playa durante la infancia puede llevarnos a desarrollar un sentido más profundo de conexión con la naturaleza en el futuro, lo que se ha asociado con comportamientos más respetuosos con el medio ambiente (reciclaje, conservación de energía, etc.).

    White y Pahl forman parte ahora de un proyecto de cuatro años que investiga cómo los espacios verdes y azules pueden ayudarnos a prepararnos mejor para afrontar y recuperarnos de los factores estresantes, creando capas protectoras de resiliencia que crecen con cada visita.

    Esta investigación en curso tiene un valioso propósito para la salud pública y la planificación comunitaria. A medida que estos datos se vuelven más sólidos, pueden utilizarse para abogar por la protección de los paisajes costeros de todo el mundo.

    “Esa reciprocidad es realmente importante”, afirma Kelly. “Si tenemos un lugar que nos hace sentir bien, entonces sin duda es nuestro deber asegurarnos de que también se sienta bien”.

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