
Víctimas del Holocausto: cómo vivían los judíos antes y durante el nazismo y por qué el genocidio no puede negarse
Los nazis intentaron encubrir sus crímenes en el Holocausto, y la negación del genocidio persiste hasta el día de hoy. Los estudiosos afirman que los monumentos conmemorativos, como este de la antigua estación de tren de Pithiviers, en Francia, desde donde se enviaba a los judíos a los campos de exterminio, son esenciales para luchar contra el antisemitismo.
Los horrores del Holocausto se expresan a menudo en cifras que transmiten la magnitud del intento de la Alemania nazi de aniquilar a los judíos de Europa. Seis millones de judíos asesinados. Millones más despojados de sus medios de vida, sus comunidades, sus familias e incluso sus nombres.
Los nazis y sus colaboradores mataron a millones de personas a las que consideraban inferiores, entre ellas testigos de Jehová, hombres homosexuales, personas con discapacidades, eslavos, romaníes y comunistas.
Sin embargo, los historiadores utilizan el término “Holocausto” (también llamado Shoah, o “desastre” en hebreo) para referirse estrictamente a los judíos europeos asesinados por los nazis entre 1933 y 1945.
Ninguna estadística puede reflejar el verdadero horror del asesinato sistemático y masivo de un grupo de seres humanos y, dada su magnitud y brutalidad, la historia del Holocausto es difícil de comprender.
(Podría interesarte: Los 5 principales mitos sobre la energía renovable, desmentidos por National Geographic)
¿Cómo pudo un político elegido democráticamente incitar a toda una nación al genocidio? ¿Por qué la gente permitió que sucediera ante sus propios ojos? ¿Y por qué algunos siguen negando que haya ocurrido? En el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, que se conmemora el 27 de enero, onoce más sobre lo que sucedió.

Una tienda que vende artículos para el hogar y relojes en la calle Pinkasova, en el barrio judío de Praga, entonces parte de Checoslovaquia. Mientras que en muchas partes de Europa del Este se obligaba a los judíos a vivir separados, la democrática Checoslovaquia les concedía plenos derechos civiles, y el barrio judío de Praga era por entonces un barrio histórico, no un gueto impuesto.
Cómo era la vida de los judíos europeos antes del Holocausto
En 1933, alrededor de nueve millones de judíos vivían en todo el continente y en todos los países europeos. Algunos países garantizaban a los judíos la igualdad ante la ley, lo que les permitía formar parte de la cultura dominante. Otros, especialmente en Europa del Este, mantenían la vida judía estrictamente separada.
La comunidad estaba floreciendo, pero los judíos de Europa también se enfrentaban a una larga historia de discriminación y persecución. Los pogromos, disturbios violentos en los que los cristianos aterrorizaban a los judíos, eran comunes en toda Europa del Este. Los cristianos los culpaban de la muerte de Jesús, fomentaban mitos sobre una oscura conspiración que controlaba las finanzas y la política mundiales, y afirmaban que los judíos traían enfermedades y delincuencia a sus comunidades.

Después de que Alemania invadiera Polonia en 1939, los judíos polacos fueron obligados a vivir en guetos como este de Varsovia. Esta imagen, tomada por un fotógrafo alemán desconocido, se exhibió más tarde en los juicios por crímenes de guerra que buscaban responsabilizar a los nazis y sus colaboradores después de la guerra.
El ascenso de Adolf Hitler
Bastó un solo hombre, Adolf Hitler, para convertir siglos de antisemitismo casual en genocidio. Hitler llegó al poder como líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, también conocido como Partido Nazi, en la década de 1920.
Hitler aprovechó la ola de descontento y malestar que se vivía en Alemania, un país que se estaba recuperando lentamente tras perder la Primera Guerra Mundial. La nación se había derrumbado política y económicamente, y debía pagar fuertes sanciones en virtud del Tratado de Versalles. El partido nazi culpó a los judíos de los problemas de Alemania y prometió devolver a la nación su antigua gloria.
Hitler fue elegido democráticamente para el Parlamento alemán en 1933, donde pronto fue nombrado canciller, el segundo cargo más importante del país. Menos de un año después, el presidente de Alemania murió y Hitler tomó el control absoluto del país.

Nacido en Braunau am Inn, Austria, en 1889, Adolf Hitler era un hábil orador y llegó al poder en Alemania de forma democrática. Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, culpó a los judíos de los problemas económicos del país y prometió devolver a Alemania su gloria.
Los inicios del régimen nazi
Inmediatamente después de llegar al poder, los nazis promulgaron una serie de leyes destinadas a excluir a los judíos de la vida alemana, definiendo el judaísmo en términos raciales más que religiosos. Comenzando con una ley que les prohibía acceder a la función pública, culminaron con leyes que les negaban la ciudadanía alemana y los matrimonios mixtos con no judíos.
No se trataba solo de asuntos internos. Hitler quería expandir su régimen y, en 1939, Alemania invadió Polonia. Esto marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la expansión de las políticas antijudías de los nazis.
Las autoridades alemanas obligaron rápidamente a cientos de miles de judíos polacos a trasladarse a guetos superpoblados y, con la ayuda de la población local y del ejército alemán, unas fuerzas especialmente entrenadas llamadas Einsatzgruppen comenzaron a fusilar sistemáticamente a judíos y otras personas que el régimen consideraba indeseables. En solo nueve meses, estas unidades móviles de exterminio fusilaron a más de medio millón de personas en un “holocausto por balas” que continuaría durante toda la guerra.
Pero Hitler y sus funcionarios nazis no se conformaron con las leyes discriminatorias o los fusilamientos masivos. En 1942, altos funcionarios del gobierno se trasladaron a las afueras de Berlín para celebrar la Conferencia de Wannsee.
Allí acordaron buscar una “solución final” a la existencia de los judíos europeos: enviarían a quienes quedaban en el continente al este, a campos de exterminio donde se les obligaría a trabajar y, finalmente, se les mataría.

Hitler rechaza el llamamiento a la paz del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en un discurso ante el Reichstag, el parlamento de la Alemania nazi, el 28 de abril de 1939. Meses después, Alemania invadió Polonia.
Los nazis llevaron adelante un genocidio a plena vista
Al caracterizar sus acciones como la “evacuación” de judíos de territorios que pertenecían legítimamente a alemanes no judíos, la operación nazi se llevó a cabo a plena vista.
Aunque miles de no judíos rescataron, escondieron o ayudaron de alguna otra manera a las víctimas del Holocausto, muchos otros se mantuvieron indiferentes o colaboraron con los nazis.
Con la ayuda de funcionarios locales y civiles simpatizantes, los nazis reunieron a los judíos, los despojaron de sus pertenencias personales y los encarcelaron en más de 44 000 campos de concentración y otros lugares de reclusión en toda Europa. Se animó a los no judíos a traicionar a sus vecinos judíos y a mudarse a las casas y negocios que estos habían dejado atrás.

Prisioneros en el campo de concentración de Buchenwald, cerca de Weimar, Alemania, en abril de 1945, el año en que fue liberado. Durante los ocho años que estuvo en funcionamiento, Buchenwald albergó entre 239 000 y 250 000 prisioneros, que fueron sometidos a experimentos médicos y a trabajos forzados agotadores.
Dachau, que abrió sus puertas cerca de Múnich en 1933, fue el primer campo de concentración. Otros cinco (Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka) fueron designados como centros de exterminio, donde la mayoría de los eran asesinados inmediatamente después de su llegada.
Los asesinatos se llevaban a cabo en cadena: los judíos eran transportados en masa en trenes y divididos en grupos según su sexo, edad y estado físico aparente. Los seleccionados para ser asesinados eran llevados a zonas de espera donde se les pedía que dejaran sus pertenencias y se desnudaran para “desinfectarse” o ducharse.
En realidad, eran conducidos a cámaras de exterminio especialmente diseñadas en las que los funcionarios bombeaban gas monóxido de carbono letal o un pesticida de cianuro de hidrógeno llamado Zyklon B que envenenaba a sus víctimas en cuestión de minutos.
Las primeras víctimas del Holocausto fueron enterradas en fosas comunes. Más tarde, en un intento por mantener en secreto los asesinatos, los cadáveres fueron incinerados en grandes crematorios. Algunos judíos fueron obligados a participar en los asesinatos y luego fueron ejecutados para mantener el secreto.
Los nazis robaron la ropa, los empastes dentales, las pertenencias e incluso el cabello de las víctimas.
(Continúa leyendo: ¿Qué fue la Noche de los cristales rotos?)

A medida que las tropas aliadas avanzaban hacia el final de la guerra, Alemania envió a los prisioneros en marchas de la muerte desde el frente occidental hasta Dachau, cerca de Múnich. Cuando el campo fue liberado en abril de 1945, como se muestra en la imagen, las tropas estadounidenses se encontraron con montones de cadáveres y supervivientes al borde de la muerte.
La vida de las víctimas en los campos de concentración
Los que no eran seleccionados para morir eran humillados ritualmente y obligados a vivir en condiciones miserables. A muchos se les tatuaba un número de identificación y se les rapaba el cabello. El hambre, el hacinamiento, el exceso de trabajo y la falta de higiene provocaban enfermedades y muertes masivas en estas instalaciones. Las tácticas de tortura y los brutales experimentos médicos convertían los campos en un horror indescriptible.
“No es posible caer más bajo que esto; no hay condición humana más miserable que esta, ni podría serlo”, escribió Primo Levi, superviviente de Auschwitz, en sus memorias de 1947. “Ya nada nos pertenece... si hablamos, no nos escucharán, y si nos escuchan, no nos entenderán. Incluso nos quitarán nuestro nombre”.
Pero a pesar de las dificultades casi inconcebibles, algunos lograron resistir. “Nuestro objetivo era desafiar a Hitler, hacer todo lo que pudiéramos para vivir”, recordó Helen K., sobreviviente de Majdanek y Auschwitz, en una historia oral de 1985. “Él quería que muriéramos, y nosotros no queríamos complacerlo”.
Los judíos resistieron el Holocausto de diversas maneras, desde esconderse hasta sabotear las operaciones de los campos o participar en levantamientos armados en los guetos y campos de concentración. Otras formas de resistencia fueron más discretas, como robar comida, celebrar servicios religiosos prohibidos o simplemente intentar mantener un sentido de dignidad.

En 2005 se inauguró en Berlín, Alemania, el Monumento a los judíos asesinados de Europa, también conocido como Monumento al Holocausto. Bajo tierra, un centro de información comparte las historias de las víctimas del Holocausto, lo que, según los estudiosos, es esencial para evitar que la historia se repita.
Las secuelas del Holocausto
Cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin en 1944 y 1945, los nazis intentaron encubrir sus crímenes quemando documentos, desmantelando los campos de exterminio y obligando a los prisioneros que quedaban a realizar brutales marchas de la muerte para escapar del avance de los aliados.
No lo consiguieron: al liberar grandes extensiones de Europa, las tropas aliadas entraron en campos repletos de cadáveres y, en algunos casos, llenos de víctimas hambrientas y enfermas. Las pruebas recogidas en estos campos se convertirían en la base de los juicios de Nuremberg, el primer tribunal internacional de crímenes de guerra de la historia.
Tras la guerra, poco a poco se fue conociendo el número de víctimas del Holocausto. Solo uno de cada tres judíos europeos sobrevivió y, aunque las estimaciones varían, los historiadores creen que al menos seis millones de judíos fueron asesinados. Entre ellos, se estima que 1.3 millones fueron masacrados por los Einsatzgruppen; aproximadamente un millón fueron asesinados solo en Auschwitz-Birkenau.
Muchos supervivientes no tenían adónde ir. Polonia tenía la mayor población judía de Europa antes de la guerra. Al final de la guerra, quedaban 380 000. Pueblos y comunidades enteros fueron arrasados y las familias se dispersaron por toda Europa.
Etiquetados como “personas desplazadas”, los sobrevivientes intentaron reconstruir sus vidas. Muchos abandonaron Europa para siempre y emigraron a Israel, Estados Unidos u otros lugares.
La negación del Holocausto
A pesar de la enormidad de las pruebas, algunas personas difundieron información errónea sobre el Holocausto, mientras que otras negaron que hubiera ocurrido. La negación del Holocausto persiste, a pesar de que se considera una forma de antisemitismo y está prohibida en varios países.
¿Cómo contrarrestar el odio? “Educar sobre la historia del genocidio del pueblo judío y otros crímenes nazis ofrece una sólida defensa contra la negación y la distorsión”, concluyeron los autores de un informe de las Naciones Unidas de 2021 sobre la temática
Aunque el número de sobrevivientes del Holocausto ha disminuido, sus testimonios ofrecen pruebas cruciales de los horrores del Holocausto. Lugares como el Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos ayudan a preservar sus historias.
“Las voces de las víctimas (su incomprensión, su desesperación, su poderosa elocuencia o su torpeza impotente) pueden sacudir nuestra representación de los acontecimientos”, afirmó el historiador Saul Friedländer en una entrevista concedida en 2007 a la revista Dissent Magazine.
“Pueden detenernos en seco”, continúa el sobreviviente del Holocausto cuyos padres fueron asesinados en Auschwitz, “pueden devolvernos nuestra incredulidad inicial, antes de que el conocimiento se imponga y la ahogue”.