¿Por qué los neandertales y los Homo sapiens enterraban a sus muertos? Los científicos tienen una teoría
Las dos especies comenzaron a enterrar a sus muertos aproximadamente al mismo tiempo y en el mismo lugar. Algunos arqueólogos creen que la competencia pudo haber influido en los entierros.

Hace décadas, los entierros neandertales en la cueva de Shanidar, en Irak, desataron por primera vez el debate sobre si los homínidos enterraban intencionadamente a sus muertos cuando los investigadores descubrieron nueve conjuntos de restos en el yacimiento.
Durante la Edad de Piedra, los humanos, en su mayoría nómadas, no tenían muchas formas de marcar los límites de su territorio, al menos en vida. Pero un análisis de antiguos entierros en una parte de Oriente Medio llamada Levante sugiere que los muertos podrían haber sido utilizados como títulos de propiedad paleolíticos, separando a los neandertales de los Homo sapiens.
“La innovación del entierro comenzó en realidad en el Levante”, afirma Omry Barzilai, arqueólogo de la Universidad de Haifa en Israel.
Barzilai y su colega Ella Been, fisioterapeuta y paleoantropóloga de la Universidad de Tel Aviv, compararon los entierros de neandertales y Homo sapiens en todo el Levante, una zona que incluye la mayor parte de la actual Siria, Líbano, Israel y los territorios palestinos. Sus resultados, publicados en 2024 en L'Anthropologie, sugieren que estos dos homínidos antiguos compartían prácticas comunes en el trato a sus muertos.
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“Hemos descubierto que hay algunas similitudes y diferencias muy importantes”, apunta Been.
¿En qué consiste un entierro?
Al examinar los entierros de homínidos antiguos, los investigadores siempre se plantean si los restos de los primeros humanos y sus parientes fueron enterrados a propósito o por algún proceso natural. Los antropólogos han debatido si los neandertales enterraban a sus muertos a propósito desde que un equipo encontró grupos de polen antiguo alrededor de los restos en la cueva de Shanidar, en Irak, en los años 1950 y 1960, lo que algunos creen que representa un “entierro con flores”.
Barzilai y Been habían trabajado juntos anteriormente en un yacimiento neandertal que desenterraron en Ein Qashish, en el norte de Israel, que data de hace unos 70 000 años, el primer entierro neandertal descubierto en una llanura abierta en lugar de en una cueva. En los años siguientes, los investigadores comenzaron a preguntarse si se trataba de un entierro intencionado y, de ser así, cómo se comparaba con otros entierros neandertales y humanos.

Los arqueólogos regresaron a la cueva de Shanidar en 2014 y desde entonces han descubierto más restos neandertales en el yacimiento.
Las dos especies coexistieron en esta parte del mundo desde hace aproximadamente 120 000 años hasta hace 50 000 años, y durante ese período, ambas comenzaron a enterrar a sus muertos. Tras revisar la bibliografía, el equipo encontró cinco lugares de enterramiento neandertales y dos lugares de enterramiento del Homo sapiens en la región de este periodo.
¿En qué se diferencian los enterramientos del Homo sapiens y los neandertales?
Los neandertales enterraban a sus muertos casi exclusivamente en cuevas, mientras que los Homo sapiens de este periodo los enterraban en abrigos rocosos o terrazas frente a las cuevas. Ambos enterraban a mujeres, hombres y niños, pero los arqueólogos solo han desenterrado pruebas de entierros de bebés por parte de los neandertales.
Los Homo sapiens solo eran enterrados boca arriba o de lado, en posición fetal, con las rodillas flexionadas hacia el pecho. Aunque algunos neandertales también eran enterrados en esta posición, sus posturas variaban más que las de los Homo sapiens.
Ambas especies guardaban objetos como cuernos de ungulados o astas, o mandíbulas de animales dentro de las tumbas. Pero los neandertales colocaban una especie de piedra caliza plana y modificada cerca del cráneo que podría haber servido como almohada, y colocaban objetos como caparazones de tortuga y artefactos de sílex en las tumbas.
Los arqueólogos han encontrado objetos potencialmente simbólicos cerca de los entierros del Homo sapiens, como pintura de ocre rojo, que podría haber decorado cuerpos u objetos y simbolizado el estatus, la identidad o un sistema de creencias. También encontraron cuentas de conchas marinas traídas desde lejos, quizás adornos personales que también significaban parentesco, identidad, edad o conexiones sociales de quienes las llevaban.
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La razón que podría explicar los enterramientos de los neandertales y los Homo sapiens
Los neandertales y los Homo sapiens eran seminómadas en aquella época, pero es probable que volvieran a las mismas cuevas cada temporada.
Dado que las cuevas eran refugios valiosos, enterrar a sus muertos en estas formaciones geológicas o cerca de ellas podría haber sido una forma de reclamar un área o marcar territorio, ya que los homínidos competían por los recursos y el espacio. “Una cueva es un activo”, comenta Barzilai. “Cuando las especies se encuentran e interactúan, definen sus límites”.
Si ambas especies utilizaban los entierros como forma de marcar su territorio, eso podría significar que intercambiaban prácticas culturales o, al menos, compartían una comprensión del significado de las tumbas o los marcadores.
“Muchas personas han argumentado que los pueblos agrícolas utilizaban los entierros para reclamar la propiedad de la tierra”, indica Graeme Barker, arqueólogo de la Universidad de Cambridge que no participó en el estudio, pero que trabajó en las excavaciones de la cueva de Shanidar. “Es claramente una forma de marcar el paisaje”.
La idea general de que estos entierros pudieran haber marcado territorio es plausible, pero Barker tiene algunas reservas sobre esta explicación. “Estas cosas nunca son una solución milagrosa”, sostiene.
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¿Quién inventó las prácticas funerarias?
Los entierros más antiguos del conjunto de datos, que datan de hace unos 120 000 años, representan los primeros entierros posibles de cualquiera de los dos homínidos. Been y Barzilai también creen que estos entierros fueron los primeros de una tradición que más tarde se extendió desde el Levante hacia África y Europa, donde la mayoría de los entierros descubiertos hasta ahora son más recientes. En África, el entierro más antiguo conocido del Homo sapiens, un niño encontrado en Panga ya Saidi, en Kenia, data de hace 78 000 años, mientras que la mayoría de los entierros europeos datan de hace 60 000 años o menos.
“La innovación de enterrar a los fallecidos comenzó en realidad en el Levante”, asegura Barzilai.
Los investigadores sostienen que la práctica de enterrar ceremonialmente a los muertos se produjo después de que el Homo sapiens se desplazara hacia el norte desde África y comenzara a interactuar con los neandertales de Asia y Europa.
Barzilai añade que, una vez que los neandertales desaparecieron del Levante hace unos 50 000 años, los entierros del Homo sapiens también desaparecieron, como si ya no tuvieran necesidad de establecer límites o reclamaciones territoriales una vez que su competencia había desaparecido.
Sin embargo, la mayor parte de nuestro conocimiento sobre los humanos arcaicos en África proviene de muy pocos yacimientos, advierte Barker: podría haber muchos más por descubrir. En 2023, por ejemplo, los investigadores sugirieron que un pariente humano más antiguo llamado Homo naledi podría haber utilizado una cueva sudafricana como cementerio unos 100 000 años antes que la mayoría de los entierros humanos y neandertales. Pero ese hallazgo ha suscitado su propia controversia.
“Hay que tener cuidado al sacar conclusiones sobre tendencias a partir de dos o tres puntos en un mapa continental”, advierte Barker sobre el nuevo estudio de Been y Barzilai, y añade que el número de yacimientos superpuestos entre el Homo sapiens y los neandertales es relativamente escaso.
Las circunstancias de la muerte también podrían sesgar los resultados. Es probable que la mayoría de los homínidos nómadas de este periodo murieran al aire libre y que solo unos pocos fallecieran en cuevas. “Así que lo que encontramos son estos pequeños episodios”, indica el arqueólogo.
Aunque es tentador pensar en el conocimiento como una especie de progresión, también es posible que, dada la enorme escala temporal, estas prácticas no fueran realmente continuas, concluye Barker: “El conocimiento parece haberse adquirido y perdido una y otra vez”.