Por qué asustarse puede ser tan bueno

El temor activa emociones de lo más variadas. Pero… ¿Qué hace que el miedo sea tan placentero? Los expertos analizan la respuesta biológica y psicológica que lo explica.

Por Terry Ward
Publicado 30 oct 2023, 11:24 GMT-3
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La adrenalina, la dopamina y el cortisol influyen en la reacción ante experiencias que inducen miedo, como esta intensa atracción de la Feria Estatal de Minnesota.

Fotografía de Joël Sartore Nat Geo Image Collection

Este año, más de 1300 personas participaron para tener la oportunidad de pagar una noche en una habitación de hotel en Chattanooga, Tennessee. En concreto, una habitación supuestamente encantada donde Annalisa Netherly fue decapitada en 1927 por su amante. 

Hay buenas razones, psicológicas y físicas, por las que a las personas les gusta asustarse.

La respuesta biológica al miedo es increíblemente compleja e implica neurotransmisores y hormonas que afectan a zonas de todo el cerebro, desde la amígdala hasta el lóbulo frontal, explica el Dr. Elias Aboujaoude, profesor clínico de psiquiatría y ciencias del comportamiento en Stanford Medicine y jefe de la Sección de Trastornos de Ansiedad. 

Esta compleja respuesta activa otras emociones, tanto desagradables (como el estrés), como placenteras (como el alivio).

El cuerpo humano ha evolucionado para responder a lo que le asusta y está preparado para luchar o huir: las pupilas se dilatan para ver mejor, los bronquios se ensanchan para absorber más oxígeno y se desvía sangre y glucosa a los órganos vitales y los músculos del esqueleto, señala Aboujaoude. 

El efecto del miedo en todo el cuerpo puede ser estimulante y, psicológicamente, se puede sentir satisfacción o incluso triunfo cuando el objeto del temor desaparece. Los expertos explican por qué sentir esta sensación puede ser tan adictivo.

La biología de la emoción

La adrenalina, la dopamina y el cortisol son tres sustancias químicas importantes. El ser humano ha evolucionado para liberarlas cuando se encuentra amenazado.

Cuando una persona detecta un peligro, sus instintos de lucha o huida se activan mediante la liberación de adrenalina. Según David Spiegel, catedrático de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de Stanford Medicine y director del Stanford Center on Stress and Health, la adrenalina aumenta funciones corporales como el ritmo cardíaco, la presión arterial y la frecuencia respiratoria. “Puedes sentirte vigoroso y enérgico".

La hormona del estrés, el cortisol, se libera constantemente para regular una serie de funciones corporales. Pero el cortisol puede aumentar frente al esfuerzo por superar una situación o experiencia.

Esta hormona puede ayudar a mantenerse alerta tras el estallido inicial de las hormonas de "lucha o huida", incluida la adrenalina, e incluso desencadenar la liberación de glucosa del hígado para obtener energía durante una emergencia.

Cuando alguien tiene niveles crónicamente altos de cortisol, "no es bueno para su cuerpo", aclara el catedrático. "El cuerpo está en pie de guerra crónica cuando no debería estarlo".

Tanto la adrenalina como el cortisol se asocian con el estrés, que puede provocar síntomas físicos de dolor en el pecho, dolores de cabeza o temblores, agotamiento, tensión muscular, y síntomas emocionales de irritabilidad, ataques de pánico y tristeza.

La dopamina es más bien un neurotransmisor del bienestar general. Se asocia con el placer y la expectativa o la experiencia de una recompensa, que puede incluir la superación de una amenaza "como vender el miedo, ganar una carrera, o recibir el respeto y la aprobación de los demás", comenta Spiegel. 

Eso no significa que el objeto del miedo tenga que desaparecer antes de que la dopamina llegue: es la anticipación de la recompensa, aclara el especialista. 

A veces, el miedo es divertido

Ya sea en una casa encantada o en una montaña rusa, el miedo puede volverse emocionante si sabemos que al final estaremos a salvo, comenta Aboujaude.

"Ciertos tipos de experiencias pueden dar la ilusión de que, efectivamente, se pueden dominar las situaciones amenazadoras y sobrevivir a ellas", revela. "Enfrentarse a la amenaza se siente como una victoria y, de hecho, puede ser bueno enfrentarse a lo que se teme". 

Enfrentarse a cosas aterradoras puede desensibilizar a algunas personas a sus efectos desencadenantes, ya que no ha pasado nada malo, pero también puede tener su lado negativo. 

"Algunas personas obtienen más placer o alivio de esos encuentros y pueden coquetear con el peligro cuando no deberían hacerlo", comenta Spiegel. Una persona sana puede ir a esquiar, conocer los riesgos y ser prudente. Pero alguien que persigue una emoción podría ir más rápido de lo que sabe que es seguro. "El peligro implica una evaluación del riesgo, y si sales del otro lado habiendo sobrevivido al riesgo, te sientes bien por ello".

La diversión aterradora, como las casas encantadas y las películas de terror, suelen estar dirigidas a adolescentes y jóvenes. Eso tiene una explicación.

"Esa es la edad demográfica que realmente intenta enfrentarse a la mortalidad: a lo que temen y a lo valientes que pueden llegar a ser", asegura Tok Thompson, profesor de antropología de la USC Dornsife que imparte un curso sobre historias de fantasmas. Enfrentarse a los miedos forma parte de la edad adulta en todas las culturas, sostiene.

"Muy a menudo se trata de una tarea social y son los jóvenes los que se ponen a prueba a sí mismos para ver si una casa embrujada está realmente encantada", comenta.

¿Qué cosas asustan?

Algunos miedos humanos están "preprogramados" a través de la evolución, indica Alice Flaherty, profesora asociada de neurología y psiquiatría de la Universidad de Harvard. Nuestros antepasados aprendieron a evitar los estímulos aterradores, lo que les ayudó a sobrevivir y a transmitirnos esos instintos. 

"Los niños no necesitan aprender a tener miedo a los ruidos fuertes, las arañas, las serpientes, la sangre y los objetos que se acercan rápidamente", comenta Flaherty refiriéndose a lo que se llaman miedos innatos, que según ella están "programados".

Pero la mayoría de los otros miedos se desarrollan a través de la experiencia. Son tan variados como individuos existen: desde el temor permanente a los perros tras sufrir una mordedura de niño, hasta el miedo a las abejas luego de tener una reacción alérgica a una picadura

En lo que respecta a estos estímulos de miedo, las investigaciones demuestran que no es necesario que sean reales para asustar, pero un mayor realismo hace que intimiden más.

"Es de esperar que una serpiente real asuste más que una simulación de realidad virtual de la misma y que, a su vez, genera más espanto que una fotografía granulada", aclara Aboujaoude. 

El miedo también varía según el sexo, asegura Flaherty. "Todo el mundo dice que a los chicos les gustan más las películas de miedo que a las mujeres, pero hay pruebas muy sólidas de que ellos se identifican con el depredador y las mujeres con las víctimas". 

El panteón del miedo es la razón por la que en un lugar como Scream-a-Geddon, un parque de terror de más de 24 hectáreas en Dade City, Florida, se encuentra una amplia red de tácticas para asustar, presume el director de marketing, Jon Pianki. En este parque, que incluye payasos, brujas, una escena carcelaria y un experimento biocientífico que sale mal, la mayoría de las personas llegan en pareja o con un grupo de amigos.

"No creo que la gente se asuste de la misma manera que se asustaría ante un encuentro en un callejón oscuro", sostiene Pianki, y añade que la experiencia en el parque está diseñada para "crear ansiedad", pero también con momentos de alivio. "La gente entra caminando despacio, apiñada en grupos, Luego, en cuanto acaba el susto, salen gritando y riendo".

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