Día Mundial de las Tortugas Marinas: ¿cómo ayudar a conservarlas?

La experiencia del trabajo voluntario en Trinidad y Tobago para el cuidado y asistencia de estos animales bajo amenaza es un modelo a replicar en el mundo. Conoce cómo colaborar.

Solo una de cada mil tortugas laúd sobrevive hasta la madurez sexual y regresa al lugar de su nacimiento para poner sus huevos, como ocurre con la hembra anidadora de esta imagen en Matura (Trinidad). Los programas de conservación de tortugas invitan a los turistas  a involucrarse en Trinidad y Tobago.

Fotografía de Mauricio Handler Nat Geo Image Collection
Por Caroline Taylor
Publicado 16 jun 2022 09:19 GMT-3

Las tortugas marinas existen desde la época de los dinosaurios y han sobrevivido a múltiples eventos de extinción a lo largo de cientos de millones de años. Pero los efectos en cascada de la actividad humana han generado un rápido declive de su población, y ahora seis de sus siete especies se consideran amenazadas.

Sin embargo, la dedicada labor de los conservacionistas y de las organizaciones comunitarias de todo el mundo dan lugar a la esperanza. Precisamente es ese arduo trabajo lo que ha convertido a Trinidad y Tobago (una nación de dos islas en el extremo sur del archipiélago caribeño) en una de las colonias de tortugas laúd más importantes de occidente, y la segunda más grande, después de Gabón (África).

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Cinco de las siete especies de tortugas marinas se encuentran en las aguas de Trinidad y Tobago. En esta imagen, la costa occidental de Tobago abraza el Mar Caribe.

Fotografía de Michael Melford Nat Geo Image Collection

Cada temporada, los equipos de conservación de las islas dependen de los turistas para que estos animales puedan luchar contra la multitud de amenazas que se ciernen sobre su supervivencia, como la destrucción del hábitat, los problemas de reproducción inducidos por el cambio climático y las capturas accidentales en alta mar.

Las excursiones de observación de tortugas que organizan en esta comunidad proporcionan ingresos vitales para financiar la vigilancia y las patrullas mientras que los voluntarios (incluidos los turistas extranjeros) impulsan ese trabajo sobre el terreno.

"Es, literalmente, nuestra pasión: nadie hace esto para ganar dinero", dice Giancarlo Lalsingh, quien lleva 30 años en la conservación local, incluida más de una década en la organización comunitaria Save Our Sea Turtles (SOS Tobago). "Es muy duro. Pero el resultado de todo ese trabajo vale la pena".

Independientemente de la capacidad o la experiencia, todo el mundo puede ayudar a las nuevas generaciones de tortugas marinas a sobrevivir contra viento y marea.

En el Día Mundial de las Tortugas Marinas, esto es lo que hay que saber sobre las amenazas a las que se enfrentan estos animales, y cómo se puede participar para ayudar.

Una historia de éxito de seis décadas

Trinidad y Tobago es quizás más conocida por los tambores de acero, el calipso, el limbo y el carnaval caribeño. Pero la tranquilidad de sus bosques y playas guarda otro tipo de encanto.

Por la noche, durante la temporada de anidación (muy rara vez a la luz del día), las tortugas comienzan a emerger del mar. Las grandes especies de laúd dejan boquiabiertos a los espectadores, ya que pueden llegar a pesar 4000 kilos y medir 3 metros. Las madres que anidan se dirigen a tierra para tallar sus nidos y luego poner de 80 a 100 huevos, los cuales camuflan antes de su lento regreso al mar.

Las hembras que anidan realizan múltiples visitas a la playa a lo largo de la temporada: hasta 10 veces en el caso de las tortugas laúd y cinco en el de las carey. Aproximadamente dos meses después, las pequeñas crías salen de la arena y se lanzan a mar abierto.

Menos de una de cada 1000 llegará a la madurez sexual (25 o 30 años). Quienes lo consiguen harán el largo viaje de regreso a las playas en las que nacieron para dar a luz a otra generación.

Izquierda: Arriba:

Una madre anidadora pone un nido de huevos en la playa de Matura, en la costa noreste de Trinidad.

Derecha: Abajo:

Tras dos meses en la arena, las crías de tortuga laúd emergen y se lanzan a mar abierto.

FOTOGRAFÍAS DE Brian Skerry Nat Geo Image Collection

Cinco especies de tortugas marinas visitan las aguas de Trinidad y Tobago: laúd, carey, verde, caguama y golfina. Las tres primeras anidan en ambas islas, principalmente en las costas norte y este de Trinidad y, en menor medida, en Tobago durante la temporada de anidación (de marzo a agosto para las tortugas laúd y de mayo a noviembre para las tortugas carey).

Durante los meses de construcción del nido, más de 6000 tortugas (y hasta 10000) desovan en las playas de las islas. La mayor concentración ocurre en Grande Riviere, una playa de aproximadamente un kilómetro de largo de un remoto pueblo de la costa norte de Trinidad, y el lugar de anidación de tortugas laúd más denso del mundo. En una noche de gran afluencia en los meses álgidos (mayo y junio), pueden anidar hasta 500 tortugas sólo en esta playa; y hasta 400 en Matura (una playa más grande en la costa rural del noreste).

"El número de tortugas laúd que ponen nidos allí describen un evento casi masivo", cuenta Vanessa Bezy, exploradora de National Geographic, bióloga marina y conservacionista de la vida silvestre de Estados Unidos, quien trabaja para proteger a las tortugas marinas en Costa Rica. "Donde estoy, las tortugas laúd están en peligro crítico de extinción. Creo que sólo quedan unos cientos en esta parte del Pacífico".

Los voluntarios son los responsables de que la humilde conservación de las tortugas de Trinidad y Tobago sea un éxito a escala mundial. Pasan incontables horas marcando, contando y midiendo a las hembras que anidan; vigilando (incluso reubicando los nidos) y ayudando a salvaguardar a las tortugas de los depredadores y las amenazas. Su arduo trabajo ha provocado que la caza furtiva de carne y huevos de la tortuga laúd se reduzca casi a cero.

Los voluntarios ayudan a las crías a encontrar el camino en aguas abiertas. Sin esta ayuda, las jóvenes tortugas podrían desorientarse por las fuentes de luz artificial y ser presa de depredadores como perros y mapaches.

Fotografía de Brian Skerry Nat Geo Image Collection

El Parque del Patrimonio de Pigeon Point, en Tobago, protege los hábitats de comunidades coralinas, bosques de manglares, tortugas carey y más de cien especies de peces.

Fotografía de Michael Melford Nat Geo Image Collection

Este trabajo de los voluntarios comenzó en 1965 gracias a la colaboración conjunta entre la Universidad de las Indias Occidentales y el Club de Naturalistas de Campo de Trinidad y Tobago. En 1989, la División Forestal del país estableció una asociación de co-gestión con las comunidades rurales donde anidan las tortugas, lo que propició el crecimiento de varias organizaciones comunitarias encargadas de impulsar el esfuerzo de conservación en las décadas siguientes. Veintiocho de ellas forman ahora el Turtle Village Trust (organismo coordinador sin fines de lucro para la conservación de tortugas marinas).

Este enfoque distintivo dirigido por la comunidad, especialmente en Matura y Grande Riviere, se ha convertido en un modelo para iniciativas de conservación similares en todo el Caribe, y ha hecho que las organizaciones reciban premios locales e internacionales por su trabajo.

Mientras que en la cercana Guayana Francesa se ha producido un descenso del 99% de las poblaciones de tortugas laúd, y del 90% en el Pacífico Oriental, en Trinidad y Tobago las poblaciones locales se recuperaron de forma significativa en la década de 1990, y desde entonces han ido disminuyendo gradualmente. Estos esfuerzos han sido acompañados por la prohibición de la caza de tortugas en 2011 y la declaración de las especies de tortugas marinas como ambientalmente sensibles, en 2014.

Impulsado por las personas

Todavía queda mucho trabajo por hacer. Solo una parte de las playas de anidación se vigila activamente, lo que deja un vacío de datos no solo en el caso de la tortuga laúd, sino también en el de las tortugas más pequeñas (la carey y la verde), que son el principal objetivo de la caza furtiva por su carne y caparazón.

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La escasez permanente de fondos, equipos y trabajadores hace que, sobre todo en las playas de anidación muy transitadas, algunas tortugas vuelvan al océano sin ser marcadas o registradas. La cobertura del seguimiento en alta mar es aún menor.

Todos los datos son fundamentales para ayudar a los investigadores y a los responsables de las políticas públicas a entender las rutas migratorias de las tortugas; cuándo, dónde y con qué frecuencia anidan; el éxito de sus nidos y las principales tendencias de la población. Esto colabora en la configuración de la política local, regional e internacional.

"La anidación es sólo una parte del ciclo vital", explica Tomas Diagne, biólogo senegalés y explorador de National Geographic quien trabaja en la conservación de las tortugas de África. Estos animales marinos necesitan viajar y llegar a su lugar de anidación, dice. Es en lo que, precisamente, ha enfocado su trabajo con el objetivo de limitar las capturas accidentales en alta mar.

Esta última problemática es, a nivel mundial, la más acuciante para las tortugas marinas, junto con otros factores de disminución de la población: la contaminación por plásticos, el desarrollo costero y los efectos de la crisis climática (desde la pérdida de hábitat hasta la alteración de la proporción natural de sexos inducida por el calor).

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Izquierda: Arriba:

Una chica pasea por la bahía de Store, en Tobago. A pocos kilómetros de la costa, en Buccoo Reef, el mayor arrecife de coral de la isla, los turistas pueden ver tortugas marinas, tiburones de arrecife, tiburones martillo, meros, rayas águila y mantas.

Fotografía de Michael Melford Nat Geo Image Collection
Derecha: Abajo:

Una vez que las crías, como esta tortuga laúd en Matura (Trinidad), llegan al agua, inician un "frenesí de natación" para alejarse de la orilla, donde la depredación es alta.

Fotografía de Brian Skerry Nat Geo Image Collection

Una de las formas más sencillas de ayudar es a través de una aplicación llamada TURT, un proyecto de SOS Tobago junto a la plataforma de comunicación y conservación SpeSeas, en la que los usuarios pueden informar de avistamientos de tortugas marinas en tierra o en mar. Michelle Cazabon-Mannette, una de las directoras de SpeSeas (en conjunto a la exploradora de National Geographic Diva Amon, de Trinidad), asegura que los buceadores son uno de los grupos clave a los que se dirige la aplicación, para ayudar a la vigilancia en alta mar.

La mayor parte de los datos de las islas se recogen durante la anidación y se introducen en bases de datos organizativas y nacionales. Gran parte se financia con las excursiones de observación de tortugas: una forma accesible de verlas de cerca.

Los voluntarios locales e internacionales, por su parte, son la columna vertebral del trabajo de seguimiento. La organización comunitaria de conservación Nature Seekers recibe el mayor número de voluntarios del extranjero. Aunque esta y otras organizaciones agradecen el apoyo operativo para acciones como la introducción de datos y el marketing, la mayor necesidad está en el terreno, lo que puede ser agotador.

"Salimos de noche, caminamos largas distancias, estamos expuestos a los mosquitos, a las moscas de la arena y a la lluvia", advierte Lalsingh. "Es un trabajo realmente difícil y físicamente agotador".

La asignación de tareas puede variar en función de la experiencia, el nivel de compromiso y el estado físico. Pero tras la formación, los voluntarios de terreno se encargarán de asegurar que las hembras anidadoras puedan acceder a la playa y poner huevos con éxito como así también de recoger datos sobre la anidación y a vigilar a las tortugas heridas o enfermas.

Algunas llegan heridas u obstaculizadas de diversas formas: con cuerdas o aparejos de pesca enredados, aletas dañadas o perdidas, o con otras heridas de guerra de su vida en el mar (una había sido atravesada por un arpón de un pez de pico). Los voluntarios tienen que trabajar rápidamente para prestar primeros auxilios, ya sea desenredando, limpiando las heridas o ayudando a excavar los nidos.

Estos últimos esperan a que la madre entre en estado de "trance", es decir, cuando se concentra en el proceso de puesta de huevos y reduce al mínimo su conciencia y reacción a la actividad que la rodea. Luego, los voluntarios continúan midiendo, escaneando las marcas de las tortugas que regresan (a veces sustituyéndolas o mejorándolas) o colocándolas en nuevos ejemplares. Hacer contacto en cualquier otro momento podría comprometer todo el proceso de anidación.

Los nidos permanecen monitoreados durante toda la temporada y los voluntarios trabajan para garantizar que el mayor número posible de crías llegue a salvo al mar. Cuando algunas no pueden salir del nido por sí mismas, se lo excava, se las asiste y se las libera en el mar. Y como algunas tortugas eligen lugares inhóspitos para anidar (la erosión de la playa es una de las principales amenazas), los voluntarios pueden reubicar cuidadosamente el nido, a veces en un criadero artificial.

"Después de 32 años, sigo asombrada por esta gentil y magnífica criatura", expresa Suzan Lakhan-Baptiste, directora general de Nature Seekers. "Me gustaría que el mundo lo experimentara para involucrar a los que realmente quieren hacer la diferencia”.

CÓMO SE PUEDE AYUDAR

Si dispones de poco tiempo: La forma más fácil de ayudar a los esfuerzos de conservación de las tortugas es ir a verlas, lo que ayuda a financiar la vigilancia y las patrullas. Nature Seekers y la Asociación de Guías de Turismo de la Naturaleza de Grande Riviere organizan visitas a las playas de anidación más grandes. La Asociación Ecológica de Las Cuevas y los socios de SOS Tobago también realizan excursiones en sus comunidades. También se pueden hacer donaciones para apoyar su labor.

Si dispones de algunos días: En los viajes más cortos, los voluntarios pueden ayudar con el trabajo de campo, como mantener las zonas de anidación libres de residuos, escanear y marcar a las tortugas que anidan, y recoger datos (como el tamaño, el número y la ubicación de las tortugas y los nidos). Los voluntarios internacionales pueden inscribirse a través de organizaciones como la Oceanic Society y la Canadian Sea Turtle Network.

Si dispones de varias semanas: Las organizaciones locales recomiendan quedarse de dos a cuatro semanas para obtener la mejor formación y tener el impacto más significativo. Algunos voluntarios se quedan varios meses y vuelven año tras año. Los más capacitados y experimentados pueden participar en actividades aún más prácticas, como ayudar a cuidar de tortugas heridas (madres o crías), y excavar o reubicar nidos.

Caroline Taylor es una escritora afincada en Trinidad y Tobago. 

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