Comercializar productos de tortugas marinas es ilegal, pero en Japón, la venta continúa

Las tortugas carey, una especie protegida y en peligro crítico de extinción, se encuentra en grave peligro debido a la gran demanda de carey en Japón.martes, 1 de octubre de 2019

Enoshima, Japón. Todo comenzó con unas gafas hace mucho tiempo.

Tokugawa Ieyasu, que gobernaba Japón a principios del siglo XVII, ordenó un nuevo par de lentes con un marco fabricado a partir del delicado caparazón de una tortuga carey. Enseguida, todo el mundo quiso carey, o bekko, por sus bonitos tonos marrones, naranjas y blancos, y los artesanos japoneses comenzaron a utilizar carey en todos sus productos: peines, pitilleras u otras baratijas.

Esta moda luego se extendió a Europa y América. Para mediados del siglo XIX, el mercado había crecido de forma exponencial y se consideraba que en Japón estaban los mejores artesanos de bekko del mundo. Con el auge del comercio, las poblaciones silvestres de tortugas carey comenzaron a disminuir rápidamente y, en 2008, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza las declaró especie en peligro crítico de extinción.

Según un estudio reciente, entre 1844 y 1992, se mató a más de nueve millones, en gran parte para el comercio de carey. Las poblaciones de tortugas carey continuaron disminuyendo: este año, quedan menos de 25.000 ejemplares. Además del comercio de bekko, los principales peligros a los que se exponen las tortugas carey son la captura incidental, la pérdida de hábitat de anidación y la contaminación hídrica, que provoca la muerte por la ingesta accidental de plástico y otros residuos humanos.

Así y todo, en el pequeño pueblo pesquero de Enoshima, a 48 kilómetros al sur de Tokio, y en otras localidades costeras, se siguen exhibiendo tortugas marinas disecadas en las vitrinas de las tiendas de recuerdos.

Cada año, miles de turistas visitan los coloridos altares y recorren las tiendas de regalos. Muchos de los compradores, quizá casi la mitad de estos visitantes, no son conscientes de la difícil situación a la que se enfrentan los animales y lo fundamentales que son los reptiles en el ecosistema marino.

Las tortugas carey, cuya área de distribución se encuentra en los trópicos, se alimentan principalmente de esponjas que compiten por el espacio con especies de corales. La ausencia de tortugas afecta a los arrecifes de coral, que albergan más del 25 por ciento de las criaturas marinas conocidas y que probablemente aportan más de 375.000 millones de dólares al año a la economía mundial, según la U.S. National Oceanic and Atmospheric Association (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos).

En 1977, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES, por sus siglas en inglés), el organismo que regula el comercio transfronterizo de especies silvestres, prohibió el intercambio comercial internacional de tortugas carey y de sus partes.

En 1980, cuando Japón acordó formar parte de la CITES, declaró ciertas condiciones con respecto a las regulaciones comerciales de la tortuga carey, a fin de preservar su próspera industria de bekko. Esto significa que el país podía seguir importando tortugas carey y seguir estando en regla conforme a la CITES.

En 1994, la presión internacional obligó a Japón a retirar sus condiciones. Según Traffic, una organización que supervisa el comercio de especies silvestres, las importaciones de tortugas carey repuntaron enseguida, ya que los artesanos y coleccionistas japoneses se preparaban para el fin del comercio legal y Japón estaba almacenando todo lo que fuera de carey.

Este stock debía durar para abastecer a la industria en el futuro. Por su parte, el comercio nacional, que es legal, se ha mantenido vigente. El comercio doméstico de tortuga carey también es legal en otros dos países: Granada y Palaos.

Según Sea Turtle Conservancy, una organización de conservación con sede en Florida, el comercio de carey todavía representa una amenaza para la recuperación de las tortugas carey, pese al progreso a la hora de reducir el volumen internacional del comercio. Las poblaciones de tortugas carey no han recibido protección suficiente como para empezar a recuperarse, y la falta de gestión y aplicación de las leyes tampoco colaboran con la causa.

Cada producto de tortuga que se vende legalmente en Japón debe reunir una de las siguientes condiciones: El artículo crudo o grabado debe haberse adquirido antes de la prohibición de la importación de 1994 o la tortuga viva debe haber sido capturada en aguas japonesas.

Es llamativo que los productos de tortugas marinas estén en venta desde 1994, y que “todavía exista el bekko…debería estar agotado. La industria sigue intacta y la demanda de artículos de carey sigue siendo alta”, afirma Marydelle Donnelly, directora de política internacional en Sea Turtle Conservancy.

Según Traffic, se ha incautado más de una tonelada de productos de carey en los aeropuertos de Tokio, Nagoya y Osaki desde 1994. Casualmente, en las últimas décadas, las poblaciones de tortugas carey del Triángulo de Coral de Indonesia han disminuido un 90 por ciento en los arrecifes. Y las autoridades indonesias no han dado lugar al pedido de declaraciones formulado por National Geographic.

Alternativas para el bekko

Para apoyar a los fabricantes de bekko en la época posterior a la prohibición, se fundaron organizaciones auspiciadas por el gobierno como la Japan Bekko Association. Su intención original era investigar materiales alternativos al carey, como plásticos y materiales sintéticos, para que los artesanos pudieran seguir trabajando.

Sin embargo, según un informe de la Japan Wildlife Conservation Society, una organización de conservación con sede en Japón, empezaron a surgir iniciativas para incrementar la producción de artículos de carey. La Japan Bekko Association envió a un grupo a las conferencias internacionales para que presionaran y redujeran las protecciones de las tortugas carey en la CITES, para que se reabriera el intercambio comercial con Cuba (el cual falló en 1997, 1999 y 2002) y para presionar a las prefecturas japonesas locales y lograr que permitieran una mayor explotación de las poblaciones de tortugas nacionales para el mercado de bekko.

La Japan Bekko Association también ha estudiado la posibilidad de desarrollar la acuicultura de tortugas como otra forma de adquirir carey legal. Se crió a tortuguitas eclosionadas de huevos de tortugas marinas con el objetivo de aprovechar los caparazones de los ejemplares adultos décadas después, ya que las tortugas carey pueden vivir hasta 50 años.

Según Brad Nahill, presidente de SEE Turtles, una organización de conservación comunitaria, "realmente se necesita una enorme cantidad de tiempo, recursos y paciencia para lidiar con esto”.

“No creemos que la acuicultura de tortugas carey sea una alternativa viable; ha sido un proceso muy lento y caro que debería empezar con los huevos de las playas de anidación de las tortugas carey, lo que perjudicaría más a las poblaciones silvestres”, afirma.

El comercio de productos de tortugas marinas no se limita al bekko. En Japón también se venden especímenes disecados como piezas atractivas. Desde 1994, se obliga a los vendedores a revelar el origen de cada tortuga a la Ley para la Conservación de especies de flora y fauna en peligro de extinción, la autoridad japonesa que regula la venta nacional de productos de especies silvestres.

Si el espécimen procede de aguas japonesas, no se requiere documentación oficial. Según Traffic, este proceso deja al descubierto una laguna crucial para garantizar la legalidad del comercio, ya que los vendedores ofrecen productos ilegales bajo la presunción de que son de origen local. El gobierno japonés no ha dado lugar al pedido de declaraciones al respecto.

Según la Japan Wildlife Conservation Society, como no existe ninguna forma de regular oficialmente la venta al por mayor o al por menor de productos de bekko, es imposible discriminar los objetos hechos de productos auténticos de los que son parte del contrabando ilegal.

El poder del pueblo

Donnelly afirma que el mejor aliado de las tortugas marinas es un público consciente. Sostiene que es fundamental comprender la relación entre las poblaciones silvestres y los productos derivados de especies silvestres para impedir la explotación de poblaciones vulnerables. Sin embargo, se desconoce si en la actualidad existen campañas educativas en Japón.

Nahill coincide e indica que “podemos acabar con el comercio de carey si reunimos un conjunto de leyes sólidas que se apliquen de forma correcta, y si conseguimos que los consumidores tomen consciencia acerca de este tema”.

Por ejemplo, Nahill cuenta que en Cartagena, Colombia —que era un semillero de comercio de tortugas marinas en las Américas—, el comercio disminuyó un 80 por ciento en cinco años gracias a los programas educativos específicos y al desarrollo comunitario.

Saber qué productos son auténticos y abstenerse de comprarlos ayudará a impedir futuras disminuciones de las poblaciones de tortugas marinas.

“Esperamos que el gobierno de Japón se dé cuenta de que el mercado del carey es insostenible y lo prohíba de una vez por todas”, agrega.

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