¿Adictos al aspartamo? La historia secreta del edulcorante bajo en calorías

Está en los cereales, los refrescos e incluso en el café de la mañana. National Geographic repasa cómo un edulcorante artificial llamado aspartamo se ha impuesto en todo el mundo, a pesar de los problemas de salud existentes desde hace tiempo.

Por Erin Blakemore
Publicado 4 ago 2023, 13:08 GMT-3
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Un grupo llega a Washington, D.C., para protestar contra la prohibición de la sacarina propuesta por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. en mayo de 1977. En medio de una creciente reacción contra las dietas azucaradas del país, un nuevo compuesto llamado aspartamo pronto eclipsaría a la sacarina como edulcorante artificial preferido.

Fotografía de Bettmann Getty Images

El químico Jim Schlatter llevaba muchas horas trabajando en el laboratorio. Era 1965 y el joven científico intentaba sintetizar un fármaco para tratar las úlceras. Había estado aislando varios compuestos por el camino, y uno de ellos se había acumulado en el borde de un matraz, manchándole las yemas de los dedos mientras trabajaba.

En algún momento de su trabajo, en contra de las normas del laboratorio y del sentido común, Schlatter se lamió distraídamente un dedo para agarrar un trozo de papel con más facilidad. Sabía dulcemucho más dulce que el azúcar.

Schlatter acababa de descubrir el aspartamo, un edulcorante artificial que se anunciaría como un gran avance en la química alimentaria y la pérdida de peso. Pero la historia de este compuesto no se reduce a las gaseosas light y los cafés bajos en calorías. Este edulcorante es el más popular del mercado actual (se encuentra en todo tipo de productos, desde helados hasta dentífricos), pero su futuro se cuestiona tras un reciente informe que relaciona el aspartamo con el cáncer.

Y no es la primera vez que el aspartamo suscita preocupaciones sanitarias.

(Relacionado: ¿Los edulcorantes bajos en calorías son un peligro para la salud?)

La sacarina y la búsqueda de edulcorantes bajos en calorías

Antes del aspartamo, el edulcorante artificial más omnipresente era la sacarina, también descubierta accidentalmente en 1879 mientras el químico ruso de origen alemán Constantin Fahlberg trabajaba con alquitrán de hulla. La sacarina se hizo popular en todo el mundo durante la escasez de azúcar provocada por la Primera Guerra Mundial, pero en la década de 1960 el edulcorante se comercializaba para un nuevo público: las mujeres.

Se avecinaba una crisis de obesidad, ya que la población se había vuelto más sedentaria y la comercialización masiva de alimentos había cambiado la forma de comer de los estadounidenses. Una epidemia paralela de gordofobia hizo que los consumidores se lanzaran a la caza de diversos remedios para adelgazar, y cada vez más se inclinaban por los alimentos elaborados con edulcorantes artificiales.

Pero no a todo el mundo le gustaba la sacarina sin calorías, que dejaba un gusto amargo, y se buscaban sustitutos mejores. Uno de ellos, el ciclamatose hizo popular en la industria de los refrescos light. Pero esta sustancia se prohibió en 1970 tras las denuncias de que provocaba cáncer en animales de laboratorio.

Tras el accidente del laboratorio de Schlatter, él y sus colegas de la empresa farmacéutica G.D. Searle (más conocida entonces por desarrollar la primera píldora anticonceptiva comercial) empezaron a buscar la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) para el uso del aspartamo como aditivo alimentario. El aspartamo prometía ser una buena alternativa popular al ciclamato.

"¿Restablecerá esto a los golosos de la nación, preocupados por su figura, los alimentos y bebidas bajos en calorías que se perdieron cuando el ciclamato fue desterrado del supermercado?", se preguntaba un columnista en 1974. Los partidarios del aspartamo esperaban que la respuesta fuera afirmativa.

Tras un extenso proceso de revisión, la FDA aprobó en 1974 el uso del aspartamo como edulcorante de mesa y en chicles, cereales de desayuno y como aditivo en ciertos alimentos como el café instantáneo y los productos lácteos.

Mientras Searle se preparaba para comercializarlo, el lanzamiento prometía ser aún más dulce cuando los reguladores amenazaron con retirar la sacarina basándose en preocupaciones similares a las que habían provocado la caída del ciclamato. A medida que las acciones de Searle se disparaban, crecía el revuelo en torno al aspartamo. Los testimonios del Congreso sobre los peligros de una dieta azucarada también avivaron la demanda pública del nuevo edulcorante.

Pero solo unos meses después de que se aprobara el aspartamo, la seguridad del nuevo edulcorante fue cuestionada por científicos que señalaron estudios que mostraban tumores cerebrales, convulsiones y discapacidades del desarrollo en animales de laboratorio.

La FDA primero suspendió y luego revocó su aprobación, y solo la restableció en 1981 después de que Arthur Hayes, comisario de la FDA, recién nombrado por la administración Reagan, favorable a los negocios, desautorizara a los expertos de su agencia. En 1981 aprobó el aspartamo para un uso limitado en alimentos secos y en 1983 para un uso más amplio como edulcorante de bebidas.

(Lee más: Stevia o edulcorantes: aprenda más sobre cada uno y sus impactos en la salud)

Las gaseosas cola y la normalización del aspartamo

Fue entonces cuando se abrieron las compuertas. Searle comercializó el aspartamo bajo una nueva marca y empezó a aparecer en las mesas de restaurantes y comedores. Y en 1983, una conocida gaseosa cola empezó a utilizar una mezcla de sacarina y aspartamo para endulzar su recién introducida línea “light” sin azúcar, que la empresa en cuestión había desarrollado con la vista puesta en el aspartamo.

"Sabíamos que el aspartamo iba a aparecer; solo era cuestión de cuándo", recuerda Jack Carew, antiguo director de planificación de la popular gaseosa. La empresa decidió lanzar su bebida dietética estrella antes de que se aprobara el aspartamo, con la esperanza de incorporarlo a la mezcla del refresco cuando saliera al mercado. Fue una gran apuesta por el aspartamo, que prometía ser más dulce, tener mejor sabor y ser más barato que la sacarina.

La conocida bebida utilizó el aspartamo como parte de su campaña de marketing, invitando a los consumidores a disfrutar de la bebida "solo por su sabor", y su enorme popularidad contribuyó a impulsar aún más el mercado del aspartamo. Con el tiempo, el producto abandonó por completo la sacarina en favor del aspartamo, aunque la versión de refresco contiene algo de sacarina para mantener su estabilidad, y la empresa mezcla ciclamatos en su fórmula en los países que permiten su uso.

Pero el edulcorante vuelve a ser objeto de una controversia más moderna. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el aspartamo como "posiblemente cancerígeno para el ser humano", aunque sus responsables afirmaron que su seguridad "no es motivo de gran preocupación en las dosis que se utilizan habitualmente". La FDA se ha opuesto a la clasificación de la OMS, afirmando que sus funcionarios "no tienen problemas de seguridad cuando el aspartamo se utiliza en las condiciones aprobadas."

Más allá de las controversias, por ahora, el aspartamo sigue siendo un negocio de más de 8000 millones de dólares al año, prueba del insaciable gusto por lo dulce que existe en el mundo.

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