Asombrosos detalles de cómo fue el último día de los dinosaurios

Las rocas que se encuentran en lo profundo de Chicxulub, el cráter de impacto, muestran lo que ocurrió minutos y hasta horas después de uno de los eventos más catastróficos de nuestro planeta.martes, 10 de septiembre de 2019

Centímetro a centímetro, el equipo levantó el centro delgado de piedra caliza, blanca y fantasmagórica, del fondo del océano; y observó los restos compactados de antiguos organismos que murieron decenas de millones de años atrás. Pero luego, cuando las capas se oscurecieron abruptamente, apareció un marcado abismo.

“No se parecía a nada que hayamos visto aquí arriba”, recuerda Sean Gulick, codirector científico de la expedición e investigador de la Universidad de Texas en Austin.

Este cambio en las rocas marca uno de los eventos más catastróficos de la historia de la Tierra, hace unos 66 millones de años atrás, cuando un épico asteroide golpeó el mar de la costa de la Península de Yucatán, México. El impacto desató una secuencia de hechos terrorífica, que llevó a un espiral de extinción del 75 por ciento de las especies de animales y plantas, incluyendo a todos los dinosaurios no aviares.

Ahora, al someter el centro rocoso a una serie de pruebas, entre las que se incluyen un estudio geoquímico e imágenes de rayos X; el equipo de investigación construyó una detallada línea de tiempo que ordena los eventos de aquel día fatal, en algunos casos con precisión de minutos. Como informaron en los Proceedings of the National Academy of Sciences, las capas oscuras revelan detalles asombrosos, entre los que se incluyen la cantidad total de material que se apiló tan solo horas después de la colisión, junto con muestras de carbón que dejaron los intensos incendios forestales que se dieron luego. 

“Los momentos de este evento se pueden conocer concretamente”, explica Jennifer Anderson, geóloga experimental que estudia el impacto de los cráteres en la Universidad Estatal de Winona. “El nivel de detalle es realmente impresionante”.

Dinosaurios 101
Más de mil especies de dinosaurios vagaron alguna vez por la Tierra. Conoce cuáles fueron los más grandes y los más pequeños, qué comían y cómo se comportaban, además de sorprendentes datos sobre su extinción.

Si bien es poco probable que ocurra otro choque de asteroide de esta magnitud, hay otros grandes impactos que serán inevitables en el gran arco de la evolución de nuestro planeta, afirma Jay Melosh, de la Universidad de Purdue. Melosh no forma parte del equipo de investigación, pero investigó otras partes del centro del cráter, y explica que al estudiar estos eventos podemos comprender con mayor precisión los puntos débiles de la vida en la Tierra. 

“No se trata de si habrá grandes impactos, sino de cuándo ocurrirán”, afirma.

Perforando hacia el desastre

Estudios anteriores han reunido las piezas de lo que sucedió luego del denominado impacto de Chicxulub, utilizando distintos modelos de computadora, y observando las secuelas geológicas de diversos sitios en el mundo. En Dakota del Norte, hay un conflictivo escenario en el que incluso se puede captar un ecosistema completo, producto de una catástrofe provocada por las olas sísimicas que surgieron de la zona de impacto.

Pero los detalles exactos surgidos del caos habían sido un misterio durante mucho tiempo, y los científicos esperaban resolverlo al examinar de cerca el cráter de impacto. Las capas de sedimento habían cubierto el cráter durante milenios, y así se evitó su desgaste por los fuertes vientos y el agua; pero, por otro lado, esto llevó a que estuvieran fuera del alcance de los científicos más entusiastas. Para realmente llegar a tocar este momento que ha marcado la historia de nuestro planeta, los científicos debían excavar.

Los científicos comenzaron a explorar la estructura del cráter en 1996, por medio de inspecciones sísmicas lideradas por Joanna Morgan, quien codirigió las últimas actividades de excavación con Gulick. Junto con una segunda expedición en 2005, ese trabajo confirmó la presencia de lo que hoy conocemos como un anillo de picos; es decir, un círculo de montañas enterradas que se forma rápidamente dentro de los cráteres de impacto más grandes. Esta estructura es ideal como lugar de excavación, afirma Gulick. No solo sirve para revelar los procesos más importantes de la formación de megacráteres, sino que además su elevación la ubica relativamente cerca del fondo del océano moderno, es decir que es de fácil acceso.

Durante la primavera de 2016, el equipo finalmente perforó el cráter de Chicxulub, y en un lapso de dos meses, extrajeron partes del núcleo de 300 centímetros. En total, recolectaron una parte de la tierra de aproximadamente 800 metros de largo, compuesta por las rocas que se encontraban por debajo del impacto, capas de roca fundida, y la transición hacia sedimentos de fondo del mar normales.

“Fue increíble haber estado en ese barco, y poder observar cómo salían esos núcleos. Nos dimos cuenta de que teníamos cosas muy emocionantes por contar”, cuenta Gulick, maravillado.

Montículos de roca fundida

El nuevo estudio de esa muestra de núcleo combina el registro rocoso con modelos por computadora, para crear una línea de tiempo sin precedentes del día en que ocurrió el caos geológico que desencadenó la desaparición de los dinosaurios.

“Poder decir que estamos observando algo que ocurrió el día del impacto, hace 66 millones de años, es una declaración sin precedentes para la geología”, explica Anderson.

Uno de los descubrimientos más impresionantes es el índice en el que el material se depositó nuevamente luego del impacto. La colisión del asteroide llegó a excavar kilómetros del piso oceánico, vaporizando roca y agua en un instante. Una cadena de olas que sacudió el interior del cráter produjo que las rocas sólidas corrieran como un líquido, formaran un pico altísimo, que luego colapsó hacia fuera formando el anillo de picos. Tan solo unos minutos más tarde, una mezcla de restos se apiló sobre el anillo de picos, y se formó una capa de aproximadamente 40 metros de espesor. Parte de este material provino de una capa de roca fundida, que en minutos se ubicó en su lugar, mientras que el pico colapsaba.

Luego, a medida que el océano entraba con fuerza al enorme vacío fundido, las cavidades de vapor estallaron, lanzando más fragmentos rocosos. En tan solo una hora, el cráter estaría bañado en un batido de sopa de roca oceánica, salpicada periódicamente por el colapso de la abrupta pared del cráter.  

“Como si arrojaras un balde de agua en una bañera: el agua no se queda quieta, sino que se mueve”, explica Melosh. “Cada movimiento, hacia adelante y hacia atrás, depositaba más material”.

Los fragmentos rocosos fueron asentándose lentamente fuera de esta sopa, apilándose en grandes cantidades de residuos. En total, el evento provocó que se acumularan aproximadamente 131 metros de material nuevo en un solo día.

Sorpresa sulfúrica

Asimismo, el equipo halló una importante falta de azufre en las rocas del cráter. Aproximadamente un tercio de las rocas que rodean Chicxulub son minerales ricos en azufre, denominados evaporitas. Sin embargo, estos minerales no se encuentran en la muestra de núcleo que el equipo obtuvo de la excavación.

En cambio, parece ser que el impacto produjo una vaporización de las rocas del cráter que contienen azufre. Este dato también respalda trabajos previos que indican que, en este evento, se liberaron 325 gigatoneladas de azufre. Sin embargo, la falta casi total de este elemento implica que esta cifra colosal puede llegar a ser baja. Este gas podría haber formado una nube de ácido sulfúrico que habría tapado la luz solar y provocado años de enfriamiento global. O, según Melosh, podría haber generado lluvia ácida que habría llevado a una acidificación abrupta de los océanos. De todas formas, los efectos de este gas podrían haber destruido la vida en todas sus formas.

Además, el centro rocoso nos da indicios de cómo la colisión afectó de manera inmediata la vida en la tierra. Este choque, que impactó sobre la Tierra a unos 72400 km/h, seguramente emitió un destello que prendió fuego lugares dentro de un radio de 1500 kilómetros.

“México se incendió inmediatamente”, afirma Anderson. Además, el impacto lanzó una metralla a lo alto de los cielos, que cayó nuevamente dentro de la Tierra, encendiendo fuegos aún más alejados de la zona de impacto. Y en los centímetros de la parte superior del sedimento del núcleo, los científicos hallaron pedazos de carbón, que seguramente fueron producto de esos feroces incendios.

Sorprendentemente, los investigadores también hallaron bioindicadores de la descomposición fúngica de la madera, que además indica que estos fragmentos quemados provenían de otro lugar en llamas. Según el equipo, se produjo un fuerte tsunami que azotó el Golfo de México (y quizás todo el mundo), y el muro líquido resurgió luego de haber cruzado las zonas montañosas mexicanas, arrastrando consigo restos terrestres carbonizados.

Salva inicial

Todavía hay muchas preguntas que responder en cuanto al impacto de este evento y sus secuelas alrededor del mundo, señala Kirk Johnson, director del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano. Johnson elogia esta nueva investigación por haber brindado un registro tan bien preservado de este día terrorífico.

“De alguna forma, nos cuenta cosas que creíamos saber, pero las cuenta con fundamentos, por primera vez”, afirma Johnson.

“Creo que esto es una salva inicial”, agrega Jody Bourgeois, de la Universidad de Washington, que estudió los depósitos del tsunami que impactó en Texas y México. Durante los próximos años, los estudios de muestras del núcleo y otras pruebas probablemente nos brinden más detalles de esta historia turbulenta.

“Es emocionante”, afirma Gulick con respecto a publicar finalmente los primeros artículos del proyecto de excavación. “Los proyectos siguen llegando”.

Seguir leyendo