El derretimiento del hielo en Groenlandia podría afectar el futuro de todos

Los científicos de la NASA están intentando entender cómo la región está respondiendo al cambio climático; y cómo esto influirá en los niveles del mar de todo el mundo.viernes, 3 de enero de 2020

KULUSUK, GROENLANDIA - A trescientos metros sobre la brillante y salpicada de icebergs agua del océano de la costa este de Groenlandia, el oceanógrafo Josh Willis se prepara con sus pies dispuestos a una extensión pertinente en una plancha de metal de un aeroplano especialmente equipado. Sujeta un cilindro ancho y gris posándolo sobre un tubo sin fondo de 15 centímetros de diámetro.

La voz del piloto cruje a través del intercomunicador: “3, 2, 1, cero, DÉJALO CAER.”

Willis suelta el cilindro. Con un ruido, se desliza por el tubo y cae al aire libre.

El avión se mueve bruscamente a la derecha y todos a bordo corren hacia la ventana. “¡Lo veo!”, exclama Ian Fenty, otro oceanógrafo que trabaja en el proyecto, a medida que la sonda, diseñada para hundirse en el fondo del mar y registrar las propiedades del lugar, cae en el agua.

Willis, Fenty, y una tripulación de científicos y pilotos están volando por el límite de la amplia capa de hielo de Groenlandia para averiguar cómo el océano corroe el hielo. Acelerando o ralentizando su deslizamiento hacia el agua, donde se derrite y aumenta los niveles del mar de todo el mundo.

Pero, exactamente cuánta cantidad de hielo depositará y cuán rápido lo hará, es todavía una pregunta sin resolver. Groenlandia es actualmente el mayor contribuyente del aumento de los niveles del mar. Para el 2100, ¿su capa de hielo se derretirá y agregará centímetros a los océanos del mundo, o agregará mucho más?

Esa es una gran cuestión. Aproximadamente el 70 por ciento de la población de la Tierra vive dentro de los 160 kilómetros linderos a la costa, y grandes cantidades de infraestructura, desde aeropuertos, puertos, ciudades, caminos y hasta cables de Internet, se ubican en zonas que podrían inundarse en décadas. Las naciones insulares pequeñas de zonas bajas, los planificadores urbanos, las aseguradoras, los propietarios, todos están pidiendo que se les diga para cuánta agua extra habrá para prepararse. 

Y, para eso, dice Willis, necesitan saber qué sucede aquí, dónde los océanos se une con el hielo.

“Aquí es donde todo sucede”, señala. La inundación del futuro se está definiendo aquí y ahora, en el resplandeciente mar de abajo.

Una repentina sacudida hacia el deshielo

El hielo de Groenlandia está retrocediendo, esto ya lo sabemos hace tiempo, dado que la ciencia del calentamiento global, como le gusta decir a un famoso científico climático, es más vieja que la tecnología que hace que nuestros iPhones sean más rápidos y nuestra Internet navegue sin problemas.

Pero, hasta la década de 1990, el hielo en Groenlandia era notablemente estable, aun cuando las temperaturas se elevaban por el cambio climático causado por los seres humanos. Cada año, la capa de hielo perdía algo de peso a medida que el hielo circulaba como caramelo masticable desde el centro de la capa de hielo por los glaciares de salida con forma de embudo en sus bordes, derramándose hacia el océano. Sin embargo, cayó suficiente nieve encima del alto interior de la capa de hielo para equilibrar las pérdidas.

En la década de 1990, los científicos pensaron que las grandes capas de hielo en Groenlandia y la Antártida respondían lentamente a los cambios de clima, moviéndose de a poco como los osos que se despiertan de la hibernación. Sí, respondían al cambio climático causado por los seres humanos que estaba azotando el planeta, esa era la idea, pero tardaríamos décadas o hasta siglos en ver el impacto realmente.

“Al principio, no pensábamos en Groenlandia como algo fundamental en este tipo de escala decadal, y no teníamos las herramientas para verlas en esas escalas cronológicas”, explica Twila Moon, experta en glaciares del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo.

Pero, aproximadamente por 1997, algo cambió. Los científicos que estudiaban el glaciar Jakobshavn, en la costa oeste de Groenlandia, observaron alarmados como una lengua de hielo que se había asomado por años como un fiordo comenzó a retroceder. La lengua tenía alrededor de 15 kilómetros en 1997. Para principios del 2000, poco menos de una década después, esa lengua ya no estaba.

“Sospechábamos que esto podía suceder de vez en cuando, pero esta fue la primera vez que vimos algo similar”, afirmó David Holland, quien lideró el equipo que estudió la rápida desintegración de la lengua de hielo.

Hoy, la capa de hielo de Groenlandia está perdiendo masa alrededor de seis veces más rápido de lo que lo hacía hace solo unas décadas atrás, cualquiera haya sido el tenue equilibrio que existía en ese momento se ha transformado. Entre 2005 y 2016, el derretimiento de la capa de hielo fue el único y más grande factor del aumento del nivel del mar en todo el mundo, aunque la Antártida podría alcanzarlo pronto.

En el transcurso de los últimos 50 años, la capa de hielo ya se ha deshecho lo suficiente como para agregar 2,5 centímetros de agua a los océanos del mundo, y esa cantidad está aumentando apresuradamente a medida que el planeta se calienta. Durante la ola de calor extrema de este año que se mantuvo en Groenlandia por una semana y convirtió a más de la mitad de la superficie de hielo en aguanieve, el agua del derretimiento equivalente a 4 millones de piscinas de natación se mudó al océano en un solo día. En el mes de julio, suficiente agua derretida llegó al océano como para elevar los niveles del mar en medio milímetro, lo que fue fácilmente cuantificable.

En general, hay suficiente agua encerrada en la capa de hielo de Groenlandia para agregar 7,6 metros a los océanos del mundo. No es probable que dicha pérdida catastrófica suceda pronto, pero sí dentro de los próximos cientos de años. Pero no tiene que colapsar la totalidad de la capa de hielo para que haya reverberaciones masivas y mundiales.

“Cuando comencé esta investigación, nunca me hubiera imaginado que las aguas cálidas de la subsuperficie podrían deshacer la capa de hielo”, indica David Holland, oceanógrafo de NYU. “Pero es cada vez más claro que sí pueden, y que lo harán”.

La primera pista

El retroceso de la lengua de hielo hizo que los científicos fueran en búsqueda del culpable al mejor estilo Sherlock Holmes.

En ese momento, la mayoría de los modelos de disolución de capa de hielo, más o menos, dio por sentado que el hielo se derritió desde la cima, cuando se posaron sobre la capa burbujas de aire cálido. Pero no estaba excepcionalmente cálido cuando Jakobshavn se retiró de repente. Eso significó que debía haber otro factor en juego.

Un equipo de oceanógrafos, liderados por David y Denise Holland, tenían una corazonada colectiva. Creían que, tal vez, algo cambió en el agua sobre la cual la lengua de hielo había estado flotando. Si el hielo no se hubiese derretido por algo cálido encima, tal vez se derritió por algo que tenía debajo, como un cubo de hielo en un vaso con agua.

El problema era que la costa de Groenlandia, ventosa, remota y bloqueada por hielos, tiene más de 43452 kilómetros de largo, y solo algunos pocos lugares se habían medido de forma constante. Por el contrario, la costa de California, de alrededor de un octavo de esa longitud, tiene cientos de boyas arrojando información constantemente.

Pero, afortunadamente, el servicio de pesquería danés había estado por el sistema de fiordos alrededor de Jakobshavn por años, y probó las temperaturas del agua y otra información que los ayudó a entender qué tipo de condiciones eran buenas para los peces.

El equipo holandés reconstituyó un poco esa información y descubrió que el agua en los fiordos comenzó a calentarse justo cuando la lengua de hielo del Jakobshavn comenzó a retroceder.

Así que el culpable no era solo el sol caliente que pegaba fuerte en el hielo, aunque ciertamente era parte del problema. También lo era una corriente constante de aguas oceánicas cálidas que, de repente, logró alcanzar al Jakobshavn.

Pero, ¿de dónde venía esa agua? ¿Y qué pasaría en un futuro? Las preguntas se acumulaban y los equipos de científicos fueron en tropel a Groenlandia para responderlas.

Volver al misterio

Luego del descubrimiento del Jakobshavn, se demostró que los pequeños cambios en las aguas del océano aquí (su temperatura, su salinidad o las corrientes) podían afectar el hielo de cualquier lugar en el que hicieran contacto. 

A largo plazo, esas son malas noticias. El océano ha hecho gran parte para percibir el exceso de calor que ya estaba atrapado en la atmósfera por el cambio climático causado por los seres humanos, absorbiendo más del 90 por ciento de todo el calor extra desde que comenzó la Revolución Industrial. Con el tiempo, es probable que haya cada vez más agua caliente para derretir el hielo.

Y hay un montón de hielo por derretirse. Los hocicos de alrededor de 200 glaciares de Groenlandia emergen del agua, haciéndolos vulnerables al mismo tipo de erosión oceánica en los bordes. El modelado reciente realizado exclusivamente para National Geographic muestra que, si el cambio climático no disminuye, los grandes glaciares, como Jakobshavn o Helheim en la costa sureste de Groenlandia, perderán suficiente hielo como para agregar un centímetro a los mares. Una investigación reciente también sugiere que para 2100, la suficiente cantidad de hielo de la isla podría deslizarse hacia el océano (como témpanos de hielo o como agua de derretimiento) y elevar los niveles del mar entre 5 y 30 centímetros. En 1000 años, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan sin cesar, el hielo podría desaparecer.

Los glaciares de la costa son como raicillas erizándose en la raíz primaria del interior de Groenlandia, los canales por medio de los cuales se pierde gran parte del hielo. El hielo del interior fluye hacia afuera mediante estos glaciares y, finalmente, llega al océano, donde se derrite y contribuye a aumentar el nivel del mar.

En las primeras décadas de este siglo, los científicos desarrollaron maneras aún más sofisticadas de medir cuán rápido corría el hielo. Miraron a los glaciares de desembocadura blancos y brillantes con imágenes satelitales de radar y de espectro visible; usaron un poderoso par de satélites para “pesar” la pérdida de hielo a medida que iba ocurriendo; y construyeron modelos que capturaron las grandes quejas y esfuerzos del hielo. Cuando tuvieron una mejor vista de cuánto hielo se estaba perdiendo, pudieron ver que muchos de esos 200 glaciares se estaban reduciendo, como el Jakobshavn.

Willis y sus colegas supusieron que, tal vez, la respuesta estaba, una vez más, en el océano.

Así que idearon un proyecto. Tenían que saber algunas cosas: qué estaba sucediendo con el hielo en la tierra (bien, tenían que volar un avión por encima del margen de hielo y rastrear su actividad con un radar). Tenían que saber cómo se veía la batimetría debajo del hielo, tanto en la tierra como en el agua. ¿El hielo llegaba a lo profundo como corcho grueso de vino y se frenaba en el fiordo? ¿O era una capa fina? (Está bien, enviarían barcos a los fiordos para medir la profundidad del fondo).

Y, finalmente, tenían que saber qué estaba sucediendo con el agua. ¿Era cálida? ¿Dónde? ¿Y por qué? Para eso, tenían que poner algunos sensores en el agua, y decidieron que lo harían arrojándolos desde un aeroplano DC-3 readaptado que fue originalmente construido en 1942.

En 2014, encendieron los aviones y embarcaciones y partieron rumbo a descubrir la ciencia. Una imagen rápidamente se armó. “Cuando comenzamos a mirar, ¡vimos estos fiordos que tenían 200, 400, 800 metros de profundidad!”, exclamó Fenty.

¿Y el agua de la costa? Parte de ella era sorprendentemente cálida, algunas veces de hasta 10 grados Celsius o más, muy por encima de las temperaturas heladas que se esperaban, señala.

Esa configuración crea un ambiente perfecto para el derretimiento del hielo. En esta parte del océano, el agua en la superficie tiende a ser fría. Pero si te sumerges unos cientos de metros, te chocarás con una capa cálida y salada, una corriente, parte de la corriente del Golfo, que viene directamente de los trópicos con una calidez del sol ecuatoriano en sus enlaces acuosos.

Gran parte del tiempo, la costa de Groenlandia está apartada del agua cálida. Una amplia plataforma alrededor de la isla actúa como un malecón bloqueando el ingreso del agua para que no entre en contacto con el hielo. Pero, a veces, cuando los patrones de tiempo a largo plazo caen en un modo particular, pueden derramarse por la pared. Y una vez que están allí, pueden derramarse en los profundos fiordos. Y una vez en los fiordos, puede llegar a la parte delantera del hielo.

Allí, los glaciares llenan los profundos fiordos como corchos de hielo gigantes en una botella. Pero estos corchos son frágiles. Cada golpe de agua cálida los corroe cada vez un poco más. Solo unos días después de ese viaje de investigación, los científicos observaron un ejemplo particularmente dramático. A medida que volaban bajo por el borde delantero del gigante glaciar Helheim, buscando dejar caer una sonda por un hueco entre los gigantes témpanos que flotaban en el hocico del glaciar, vieron agua moverse turbulentamente a través de un agujero “como un caldero burbujeante”, cuenta Willis.

Cuando la sonda dio información, mostró una pared de agua cálida extendiéndose 2000 metros hacia el fondo del fiordo: una pared sólida de agua lista para derretir el glaciar.

Cada año, desde 2015, el equipo ha arrojado alrededor de 250 sondas al océano en los límites de Groenlandia. Han encontrado agua caliente de frente a los extremos de los glaciares alrededor de la isla la gran parte del tiempo y en gran parte de los lugares.

Y ellos creen que las excepciones confirman la regla. Por ejemplo, en Jakobshavn, vieron que el agua se enfriaba por unos pocos años y el glaciar respondía del mismo modo, ralentizando su retroceso. Pero eso solo reforzaba su hipótesis, señala Willis, haciendo que sea aún más claro que el océano actúa como el “principal control del glaciar”. El sistema está bajo el capricho del agua.

El futuro del océano

En el avión, la información comenzó a aparecer en la pantalla de Fenty solo unos minutos después de la caída. Cerca de la superficie, el océano está solo escasamente por encima del congelamiento. Pero, a medida que la sonda se hundía (100 metros, 200, 400, 500), la familiar señal aparecía, indicando agua cálida.

“Allí está”, indica Fenty. “Allí está de nuevo, esa agua del Atlántico”.

La capa cálida se ha inmiscuido en gran parte de esta parte de la costa por la mayoría de los años que el equipo ha estado arrojando sondas. Pero eso es, en parte, producto de un ciclo climático que influencia el viento y las corrientes del océano alrededor de la isla. Actualmente, el ciclo está en una fase que dejar que el agua cálida del Atlántico salpique a Groenlandia en vez de ir directamente hacia Europa. Cuando la fase cambió brevemente, las corrientes alrededor de la isla se enfriaron y, por lo tanto, Jakobshavn ralentizó su derretimiento.

Cambios en el ciclo, como muchos otros patrones atmosféricos y oceánicos, no se han relacionado directamente con el cambio climático todavía. Pero hay algunas pistas de que la fase que causa que el agua cálida llegue al borde del hielo se está volviendo más predominante.

“Creo que, en resumidas cuentas, en un planeta en calentamiento, esperamos que los glaciares retrocedan y la capa de hielo cambie mucho”, indica Fiamma Straneo, oceanógrafa en el Instituto de oceanografía Scripps. “Groenlandia tiende a ser un integrador de la señal climática. Lo que estamos viendo son los efectos de una atmósfera más cálida sobre el Ártico, así como también, probablemente, un océano más cálido”.

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