Descubren que el particular aye-aye tiene un pseudopulgar

Este primate autóctono de Madagascar tiene un pseudopulgar que podría ayudarlo a sujetarse de los árboles. Esto demuestra que todavía hay mucho por aprender sobre la anatomía.miércoles, 23 de octubre de 2019

Los aye-ayes tienen una mezcla de características peculiares, como orejas enormes, colas peludas, dientes de roedores y un anular muy largo que usan para escarbar los árboles en busca de larvas.
Los aye-ayes tienen una mezcla de características peculiares, como orejas enormes, colas peludas, dientes de roedores y un anular muy largo que usan para escarbar los árboles en busca de larvas.
Foto de Pete Oxford, Nat Geo Image Collection

Adam Hartstone-Rose estudia los músculos de los antebrazos, los cuales son sorprendentemente complejos y fácilmente pasados por alto. Por ejemplo, los delicados movimientos de nuestras manos, como la habilidad para tocar un concierto de piano al estilo Mozart, son solo posibles gracias a estos tendones. 

Pero Hartstone-Rose no estudia solo los antebrazos de los seres humanos: se especializa en los de muchos primates y compara las diferencias anatómicas entre las especies. Cuando, en su laboratorio en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, se encontró con un espécimen muerto de aye-aye, se emocionó. “Tienen estas manos famosamente extrañas y dedos inusuales”, señala y son mejores para la investigación.

El aye-aye (Daubentonia madagascariensis), si nunca lo escuchaste nombrar, es una de las creaciones más absurdas de la naturaleza. Estos lémures del tamaño de gatos domésticos, originarios de Madagascar, tienen terceros y cuartos dedos superlargos y flacuchos que usan para escarbar los árboles en busca de larvas. Sus cerebros, más grandes que los de cualquier lémur en relación con su masa corporal, les permiten encontrar los túneles de las larvas. Luego, roen hasta llegar a la corteza con sus incisivos parecidos a los de los roedores y remueven los alimentos con sus dedos de palillos.

Examinando al espécimen de aye-aye, Hartstone-Rose y sus colegas comenzaron a buscar la ruta de un músculo denominado abductor pollicis longus en el antebrazo. En los seres humanos, este músculo es el responsable de que el pulgar se aleje del cuerpo, un movimiento conocido como abducción. 

En la mayoría de los primates, comienza en el antebrazo y se une a la base del pulgar. Pero en el aye-aye, parte del músculo se divide y se conecta con un hueso llamado radial sesamoid, que, usualmente, es bastante pequeño en otros primates, pero alargado en esta especie en peligro de extinción.

Esta imagen por resonancia magnética muestra las varias estructuras de la mano del aye-aye. El pseudopulgar está compuesto por un hueso radial sesamoid, rojo, y sus extensiones cartilaginosas denominadas prepollex, rosa. Está controlado por el adductor pollicis longus, morado, y dos músculos más que se muestran en verde claro y oscuro. Los demás tendones y músculos se muestran en celeste.
Esta imagen por resonancia magnética muestra las varias estructuras de la mano del aye-aye. El pseudopulgar está compuesto por un hueso radial sesamoid, rojo, y sus extensiones cartilaginosas denominadas prepollex, rosa. Está controlado por el adductor pollicis longus, morado, y dos músculos más que se muestran en verde claro y oscuro. Los demás tendones y músculos se muestran en celeste.
Foto de Cortesía de Edwin Dickinson, NC State University

En un estudio publicado el 21 de octubre en la revista American Journal of Physical Anthropology, el equipo informó que el hueso está en lo más alto con una extensión de cartílago. Otras investigaciones revelaron que otros dos músculos se conectaban con el radial sesamoid, lo que le permite al hueso hacer un movimiento de sujeción. 

Hartstone-Rose y sus colegas lo han nombrado “pseudopulgar,” y sugieren que funciona como un sexto dedo para ayudar a los animales arborícolas a sostenerse con sus tres extremidades.

“Es genial encontrar este tipo de anatomía en un primate por primera vez, especialmente en un primate tan extraño como el aye-aye”, indica Hartstone-Rose. Dichos estudios de la anatomía del brazo y la mano, y las diferencias entre las ascendencias, podrían ayudar a entender mejor cómo estas estructuras han evolucionado en las diferentes especies, incluyendo los seres humanos.

Poder de sujeción

El equipo plantea que, a lo largo de su evolución, los aye-ayes perdieron algún tipo de habilidad para sujetarse dada la extrema especialización de sus otros dedos. El anular de los aye-ayes representa más de dos tercios del largo de su mano; si los humanos tuviésemos semejante dedo, sería de casi 30 centímetros. Su tercer dedo, el cual utilizan principalmente para golpetear, es muy delgado y tiene una gran variedad de movimientos, equipado con una única rótula.

Una imagen de cerca muestra la almohadilla carnosa sobre el pseudopulgar del aye-aye.
Una imagen de cerca muestra la almohadilla carnosa sobre el pseudopulgar del aye-aye.
Foto de Imagen de Adam Hartstone-Rose

El primer dedo del aye-aye, o pulgar, no es completamente oponible como lo es en otros primates; sino que está en línea con los demás dedos. Por tanto, esta especie pudo haber evolucionado con este pseudopulgar para mantenerse sujetados en el aire o, tal vez, para tomar diferentes cosas o comidas.

Es probable que se haya dado un escenario similar con el panda gigante, conocido por su sexto dedo, también denominado pseudopulgar. El ancestro de estos osos, como otros osunos, tiene dedos en una única línea, lo que le permite caminar en el suelo; los dedos oponibles entorpecen dicha caminata.

Pero los osos panda evolucionaron para alimentarse de bambú, aunque necesitan comer más de 12 horas al día para digerirlo. “Ningún buen carnívoro debería estar digiriendo toda esa fibra”, dijo jocosamente Hartstone-Rose. Es más, es difícil trepar árboles de bambú sin dedos oponibles.

El pseudopulgar del panda está compuesto de un radial sesamoid alargado y una extensión cartilaginosa, y es controlado por los mismos tres músculos que en el aye-aye.

Este parece ser un ejemplo de evolución convergente, un proceso por medio del cual especies relacionadas solo muy lejanamente tienen estructuras corporales similares.

“Esencialmente, el oso panda y el aye-aye tienen la misma anatomía en lo que respecta al pseudopulgar”, menciona Hartstone-Rose, “la cual es bastante prolija”.

Los próximos planes del equipo son estudiar cómo los aye-ayes y los pandas vivos usan sus dedos especiales.

Dorothy Fragaszy, primatóloga y exploradora de National Geographic quien no participó del estudio, señala que está especialmente interesada en ver cómo el aye-aye usa su pequeño dedo; imagina que podría ayudarlos a sujetarse de las ramas de los árboles así como también agarrar potenciales productos alimenticios.

Y dice que lo que más le fascina es que ese pseudopulgar tiene su propia almohadilla carnosa, visible en fotografías. “Claramente les permite presionar o frotar la proyección ósea (pesudopulgar) contra las cosas que tienen en sus palmas”, indica Fragaszy, quien también es profesora emérita de la Universidad de Georgia.

Anne-Claire Fabre, bióloga evolutiva del Museo de Historia Natural de Londres y quien no participó del estudio, señala que ha visto a los aye-ayes “sostener productos alimenticios en la palma de sus manos al comer” y este pseudopulgar podría explicar cómo lo hacen.

Dedos que desvían la atención

Hartstone-Rose solo puede especular sobre el porqué no se le prestó atención al pulgar extra del aye-aye.

“Lo único que se me ocurre es que la mano del aye-aye es tan interesante, en especial sus dedos, tan extraños, que las personas jamás se han dado cuenta realmente de que hay algo raro en la otra parte de la mano”, señala.

Los animales son tan extraños y están en disminución, tal vez otra razón de su falta de estudio. Están considerados en peligro por la  Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (International Union for the Conservation of Nature, IUCN) y su población está en disminución por la caza, la tala y la fragmentación del hábitat en Madagasar. 

El hallazgo es un buen ejemplo de cuánto queda por descubrir en su campo y es así en toda la biología. 

A menudo, Hartstone-Rose se topa con la pregunta: “¿No sabemos casi todo de anatomía?”.

Por supuesto, la respuesta es: pregúntale al aye-aye.

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