Migración de las aves: ¿en qué consiste esta gran maravilla de la naturaleza?

Cada año, miles de especies de aves emprenden un viaje en busca de alimento. Algunas realizan un vuelo ininterrumpido de 11 días, y otras caminan casi 13.000 km.

Publicado 7 de mayo de 2021 10:00 GMT-3
Bird Migrating

Gansos nivales (Anser caerulescens) levantan vuelo en el Klamath Basin National Wildlife Refuge, Oregón. 

Fotografía de Design Pics Inc, NAT GEO IMAGE COLLECTION

Cada primavera y otoño, el cielo nocturno ofrece un espectáculo protagonizado por millones de aves que emprenden un largo y arriesgado viaje desde sus sitios de reproducción a las áreas de invernación y viceversa.

Esta migración anual ocurre, principalmente, durante la noche, cuando las corrientes de viento son más suaves, y la luna y las estrellas sirven de guía.

Las aves suelen seguir rutas migratorias establecidas, por lo general, rutas de norte a sur con lugares propicios para descansar y reponer energías en el camino. Varias especies de aves comparten estas rutas y deben hacer frente al mal tiempo, la deshidratación, el hambre y los depredadores. 

Los charranes árticos, por ejemplo, realizan un viaje completo de polo a polo que abarca más de 96.000 km, y se cree que se trata de la migración animal más extensa del mundo. Otras aves viajan de este a oeste o de arriba abajo en zonas de montañas. Las aves que no vuelan también migran, como el pingüino Adelia, que recorre casi 13.000 kilómetros a lo largo de la gélida Antártida.

La migración es una parte integral del ciclo de vida de las aves, y es probable que haya sido igual de habitual hace miles de años, dice Martin Wikelski director del Max Planck Institute for Ornithology y Explorador de National Geographic.

Entender por qué algunas aves migran y otras no requiere de un gran trabajo de investigación. Generalmente, se cree que la búsqueda de comida es el motivo principal. Otras razones podrían ser esquivar las inclemencias del tiempo y alejarse de los depredadores o parásitos, especialmente durante la temporada de reproducción.

Gracias a las nuevas tecnologías, como las sofisticadas etiquetas GPS y los sistemas de detección de radar, los científicos ahora cuentan con recursos sin precedentes para observar la migración de las aves.

Como parte de su proyecto ICARUS, por ejemplo, Wikelski ha colocado en algunas aves dispositivos similares a los Fitbit, para rastrear sus movimientos y las condiciones ambientales en las que se encuentran.

En el fututo, estos minitransmisores satelitales que utilizan energía solar podrían reflejar las migraciones y el comportamiento de los animales a escala global desde el espacio. 

"Hay mucho por aprender", comenta Wikelski. "Llevo más dos décadas rastreando aves, y es increíblemente asombroso observar la facilidad con la que las aves migran por el mundo".

¿Cuáles son las aves que migran?

La migración es común en la mitad de las casi 10.000 especies de aves conocidas en el mundo, incluidas varias aves cantoras y marinas, aves acuáticas y limícolas, y algunas aves rapaces. El abanico más diverso de aves migratorias se encuentra en el hemisferio norte.

Entre las aves más conocidas se encuentran la aguja colipinta​ (Limosa lapponica) del Ártico, que se caracteriza por su gran resistencia. En 2020, los científicos registraron un ejemplar realizando un viaje de Alaska a Nueva Zelanda, que constituyó la migración ininterrumpida más larga de la historia. El ave viajó a más de 12.000 km por el Océano Pacífico durante 11 días seguidos. 

Otras aves recorren extensas distancias a gran velocidad. La agachadiza real (Gallinago media), por ejemplo, recorre distancias que superan los 6.500 km y alcanza velocidades de hasta 96 km por hora en sus vuelos ininterrumpidos entre Europa y África subsahariana. Es el ave migratoria que viaja a mayor velocidad.

Incluso las aves más pequeñas emprenden viajes épicos. El colibrí Calíope, el ave más pequeña de América del Norte, realiza viajes de ida y vuelta de 9.000 km entre las praderas altas y los bosques abiertos de las Montañas Rocosas del norte y los bosques de pino-encino de México.

La mayoría de las especies de aves migratorias suelen ser migrantes parciales, lo que significa que algunas poblaciones o individuos dentro de la especie migran mientras que otros se quedan en la base. Una parte de los petirrojos americanos, por ejemplo, permanece cerca de sus zonas de reproducción durante las estaciones, mientras que otros viajan hacia el sur y luego regresan al norte.

Los juncos ojilumbres que se reproducen en zonas elevadas a lo largo de las montañas del sureste de Arizona pueden migrar más de 1,5 km cuesta abajo en inviernos de frío extremo y nieve, en contraste con los que habitan en zonas más bajas y tienen menos obstáculos a la hora de encontrar alimento. Incluso las aves tropicales, especialmente las insectívoras, emprenden viajes cortos en altura.

¿Cómo saben adónde ir? 

Además de guiarse por la posición del sol, las estrellas y la luna, las aves adultas se valen de una brújula magnética para ubicarse. Incluso cuando no disponen de puntos de referencia, este "sistema GPS" interno les sirve para no perderse.

Con este recurso sofisticado, las aves pueden moverse solas por regiones muy poco transitadas. En varios experimentos realizados, se trasladaron cucos comunes a casi 2.400 km de sus lugares de reproducción, y se comprobó que podían regresar solos por sus rutas migratorias habituales.

Pero, ¿qué ocurre con las aves inexpertas que migran por primera vez? En un estudio, se trasladó a cucos comunes jóvenes, y se observó que estos lograban regresar por casi la misma ruta de vuelo utilizada por las aves que no habían sido desplazadas de su hogar.

Aún no se sabe si esta habilidad de localización se hereda, es innata o adquirida. "Creo que hay una disposición innata, pero aprenden de otros a lo largo de sus vidas", dice Wikelski, quien viene trabajando con cucos comunes desde 2012.

Una vía de aprendizaje podrían ser las vocalizaciones de los vuelos nocturnos de otras aves migratorias. A diferencia de las vocalizaciones regulares, estas señales acústicas podrían guiar a las aves inexpertas, a veces incluso de diferentes especies, dice Wikelski.

¿Cómo saben que es hora de irse? 

En algunas aves, los cambios en las condiciones ambientales, como la duración del día, derivan en una estimulación hormonal que les sugiere que es “hora de volar”.

Los relojes biológicos internos de las aves también pueden detectar el cambio de estación, a través de la modificación en la luz y posiblemente la temperatura del aire.

Una vez que las aves entran en modo migración, se alimentan en exceso. Así, acumulan reservas para afrontar los viajes, dice Lucy Hawkes, científica de migración de la Universidad de Exeter del Reino Unido que actualmente rastrea los charranes árticos.

“De alguna manera, las aves son conscientes de que pronto deberán migrar y empiezan a llenarse el tanque de combustible”, dice Hawkes.

Las condiciones climáticas locales y regionales, como la lluvia, el viento y la temperatura del aire, también pueden determinar cuándo levantan vuelo las aves migratorias.

Migrar en un mundo cambiante 

En general, los esquemas migratorios se están alterando debido al cambio climático. “Al parecer, las migraciones de aves en primavera están comenzando un poco antes”, dice Kyle Horton, aeroecólogo de la Universidad de Colorado que usa tecnología de radar para mapear las migraciones de aves a lo largo del tiempo y en tiempo real en los Estados Unidos.

Las reinitas azuladas (Setophaga caerulescens), por ejemplo, están migrando casi cinco días antes, en promedio, de lo que lo hacían en la década de 1960. Los petirrojos americanos que viajan a Canadá llegan 12 días antes que en 1994. Las grullas blancas aparecen casi 22 días antes en su escala en Nebraska y se van casi 21 días más tarde en el otoño, en comparación con las migraciones de la década de 1940. 

Este comienzo temprano de la migración puede beneficiar a las aves si la productividad de las plantas y los insectos en los lugares de reproducción se comportan de la misma manera. Sin embargo, es posible que no todas las aves migratorias puedan adaptarse a un planeta con temperaturas en aumento y, si lo hicieran, aún no se sabe cuáles serían las consecuencias generales.

Los científicos continúan trabajando para desentrañar los misterios de la migración de las aves, un fenómeno que sigue siendo una de las grandes maravillas de la naturaleza. 

“Vuelan toda la noche, comen todo el día y vuelven a empezar. Es extraordinario”, dice Horton.

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