Historia y Cultura

Una "pista prometedora" marca el fin de la expedición de Amelia Earhart

Aunque la ubicación de la aeronave de la aviadora sigue siendo un misterio, un objeto redescubierto luego de 80 años podría abrir nuevas líneas de investigación.lunes, 26 de agosto de 2019

Por Rachel Hartigan Shea
El vehículo de operación remota Hercules es sacado de las aguas de la isla de Nikumaroro hacia la cubierta del E/V Nautilus luego de un día de búsqueda de la desparecida nave Lockheed Electra 10e de Amelia Earhart.

Isla de Nikumaroro, Kiribati - En la mañana del último día de la expedición para encontrar el avión de Amelia Earhart, la tripulación del E/V Nautilus sacó a Hercules, un vehículo operado remotamente (remotely operated vehicle, ROV), del océano. En el momento en que Hercules chorreó agua en la cubierta, Robert Ballard, científico principal de la expedición, fue a revisar las últimas muestras que el ROV había traído. Nautilus debía retirarse de Nikumaroro para partir hacia Samoa en una hora. 

Con guantes plásticos negros, Ballard sustrajo un contenedor del frente del ROV. Dentro del recipiente repleto de agua de mar, había una hoja plateada del tamaño de una computadora portátil y un fragmento negro derruido que era parte de algo que parecía un barril. 

Ballard examinó ambos artículos en el laboratorio del barco. El fragmento negro no era aluminio por lo que no podía ser del Lockheed Electra 10e de Earhart. La hoja plateada era aún más prometedora, en especial porque parecía tener agujeros de remache. “Seguro se veía como aluminio bajo el agua”, afirmó Megan Lubetkin, miembro de la tripulación científica del Nautilus. 

Ballard tomó la pieza. “No es su avión”, dijo. “Se dobla demasiado”. 

Bob Ballard y Jeff Dennerline supervisan el trabajo del vehículo de operación remota (ROV) desde el gabinete de control del Nautilus.
Vista aérea del Nautilus, con un ROV Hercules, pequeño y amarillo, visto desde babor.

Este fue un buen final para lo que, en muchos aspectos, fue una expedición exitosa. Algo intrigante se recuperó del fondo del océano con tecnología nunca antes utilizada para la búsqueda de Amelia Earhart. Sin embargo, no era lo que Ballard y su equipo estaban buscando. 

Ballard, cuya expedición fue patrocinada por National Geographic, fue llevado a esa isla deshabitada gracias a los datos recopilados por el Grupo Internacional para la Recuperación de Aeronaves Históricas [International Group for Historic Aircraft Recovery (TIGHAR)]. En función del último mensaje de Earhart y las señales de radio posteriores a su desaparición, el grupo cree que Earhart y su copiloto Fred Noonan podrían haber aterrizado en Nikumaroro en 1937 luego de que no pudieran encontrar la isla Howland, su próxima parada en su vuelo por el mundo. 

La teoría establece que Earhart aterrizó durante la marea baja en el arrecife que rodea a Nikumaroro. Luego de unos días, la marea levantó el avión del arrecife, donde se había hecho pedazos, o donde flotó por un tiempo, para luego sumergirse en las profundidades. 

Algunos analistas de inteligencia han afirmado que el objeto borroso a la izquierda de esta fotografía de la isla Nikumaroro, tomada justo unos meses después de la desaparición de Earhat, se asemeja al tren de aterrizaje de un Lockheed Electra.
Los miembros de la expedición Allison Fundis y Samantha Wishnak bucean en el área de búsqueda principal justo en las costas de la isla de Nikumaroro.

TIGHAR señala al lado noroeste de la isla como el lugar donde aterrizó el avión, justo donde un buque denominado S.S. Norwich City naufragó en 1929 y donde la laguna de la isla se abre a mar abierto cuando la marea está alta. Luego de tres meses de la desaparición de Earhart y Noonan, un funcionario británico que exploraba la isla para colonizarla tomó una fotografía del naufragio; varios analistas creen que la forma borrosa en la izquierda de la imagen podría ser el tren de aterrizaje del Electra. Y las personas que vivieron allí luego de haber sido colonizada les contaron a los investigadores de TIGHAR que encontraron restos de aluminio cerca de la entrada a la laguna. 

Ese segmento al noroeste, desde el comienzo de la laguna hasta el extremo de la isla, se convirtió en la zona principal de investigación de la expedición. “El objetivo es encontrarlo en la zona principal”, señaló Ballard a mitad de la expedición, “o comprobar que no está allí”. 

Para lograrlo, Ballard, que es geólogo, tenía que conocer Nikumaroro. Hizo que el barco rodeara la isla de aproximadamente siete kilómetros de ancho cinco veces para trazar un mapa con una ecosonda multihaz. Envió el vehículo de superficie autónomo (autonomous surface vehicle, ASV) alrededor de la isla dos veces para trazar un mapa de las áreas más superficiales del arrecife. Envío vehículos no piloteados para que volaran la isla y observaran el agua donde las olas rompen contra el arrecife. Envió a Argus, otro ROV, hacia las profundidades marinas con un sonar de barrido lateral. Y también envío a Argus y a Hercules alrededor de la isla para que buscaran restos de aeronaves con sus cámaras, las cuales estaban supervisadas por su equipo científico a toda hora. “Hicimos todo lo que se podía”, indica Ballard. “Una cobertura total”. 

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Lo que aprendimos es que Nikumaroro es una isla pequeña en la cima de un monte submarino gigante. Baja hacia el fondo del mar en una serie de rampas y acantilados pronunciados, los cuales caen de manera más abrupta en la zona principal de búsqueda. Y, como en los arroyos de las montañas, los canales llevan los restos hacia abajo por las pendientes. Esos canales recogen escombros. 

Hercules y Argus rastrearon los canales desde la cima hasta el fondo. Debajo del naufragio del Norwich City, el ROV iluminó hélices, calderas y otras partes del barco para que el equipo científico las observara. "He aprendido muchísimo del Norwich City” sobre cómo los objetos pueden escurrirse en el arrecife, indica Ballard. 

Pero, en la zona principal de búsqueda, el lugar de la foto con el supuesto tren de aterrizaje, la historia fue diferente. “Si el avión hubiese estado allí arriba, las piezas deberían moverse hacia abajo en las pendientes”, señala Ballard, pero los ROV y los científicos que observaban constantemente no encontraron nada. 

“Examinamos visualmente el 100 por ciento de la isla hasta 750 metros hacia abajo y no encontramos evidencia del avión”, afirma Ballard. “Y en la zona principal, examinamos el 100 por ciento hasta 900 metros hacia abajo”. 

No hay rastros de avión. 

Ballard no está desilusionado con el resultado. “Ha sido divertido”, afirma. “Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance”. 

Y no cree que la búsqueda haya terminado. De hecho, luego de esta expedición, Nautilus se dirige a las islas Howland y Baker para trazar un mapa de las aguas de estos territorios estadounidenses para la Administración Nacional de Asuntos Oceanográficos y Atmosféricos. Tal vez pueda descubrir algo en las costas de la isla donde Earhart tenía la intención de aterrizar. 

Ballard no planea regresar a Nikumaroro a menos que el equipo en tierra encuentre evidencia definitiva de que Earhart y Noonan murieron allí. Sin embargo, ya sabe dónde va a buscar en caso de regresar a la isla: las playas al sur donde es lo suficientemente plano como para aterrizar y la topografía submarina es mucho más lisa, perfecta para el sonar, indica. 

Amelia Earhart parada al lado de su Lockheed Electra en Parnamirim Airfield (Base área de Natal), Natal, Brasil en junio de 1937. Su copiloto, Fred Noonan, se ve en el fondo.

Eso podría suceder más rápido de lo que se cree. En 1940, un administrador colonial encontró huesos, entre los cuales había un cráneo, en Nikumaroro, y los envió a Fiji, donde se perdieron. En ese entonces, se especuló que los huesos eran de Earhart. Un equipo de expedición en tierra liderado por Fredrik Hiebert, arqueólogo de National Geographic Societypodría haber encontrado fragmentos del cráneo en el Museo y Centro Cultural Te Umwanibong en Tarawa, Kiribati. 

Según Erin Kimmerle, antropóloga forense de la Universidad de South Florida, el cráneo perteneció a una mujer adulta. “No sabemos si es ella o no, pero todas las pruebas apuntan a que los huesos de 1940 están en este museo”, aclara. Sabrán más cuando reconstruyan el cráneo y se hagan pruebas de ADN, lo que debería ocurrir en los próximos meses. 

Esto, también, es un buen final para la expedición de Earhart. Justo cuando parecía haber terminado, una prueba tentadora aparece como atractivo para que los investigadores sigan buscando. 

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