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Islas fantasmas: ¿cuáles son y por qué solo figuran en los mapas?

Los primeros cartógrafos y exploradores cubrieron los mares con tierras míticas. Estas son las que resultaron ser reales.

Considerada en su día como "fantasma", se demostró que la isla de Bouvet existe 200 años después de haber sido avistada por primera vez en 1739. Situada a 2414 kilómetros al suroeste de África, ahora es una parada en algunos cruceros por la Antártida.

Fotografía de Scubazoo Alamy Stock Photo
Por Ronan O’Connell
Publicado 8 sept 2022 08:38 GMT-3

Desde los albores de la cartografía, los fantasmas rondaban los mapas, hasta que la tecnología moderna los purgó como una especie de exorcismo científico. Debido a mitos, errores de cálculo, ilusiones ópticas o simples mentiras, cientos de islas inexistentes fueron colocadas en los mapas, donde algunas permanecieron durante siglos.

Hasta la década pasada, estos listados erróneos provocaron muchos viajes oceánicos inútiles y a veces mortales de tripulaciones que buscaban tesoros, fama o territorios vírgenes. Se decía que Hy-Brasil, supuestamente situado en el océano Atlántico al oeste de Irlanda, hacía inmortales a los visitantes. Gamalandia, al este de Japón, atraía a los navegantes en busca de su legendario oro y plata. La fantasmagórica Tierra de Sannikov, en Siberia, provocó la desaparición de parte de la tripulación de una expedición rusa.

Aunque estos espectros han sido prácticamente borrados de los mapas, los viajeros pueden seguir el rastro de estas misteriosas historias visitando las bibliotecas cartográficas, los monumentos a los exploradores y cartógrafos, y las islas fantasma que sí resultaron ser reales.

El auge de la cartografía

Cada día, los turistas de la frondosa plaza del Petit Sablon de Bruselas pasan por delante de la estatua del cartógrafo belga Abraham Ortelius, quien inspiró a los exploradores a perseguir a los espectros geográficos. En 1570, Ortelius publicó el primer atlas moderno, Theatrum Orbis Terrarum (Teatro del Mundo), del que se pueden ver copias en muchas bibliotecas, incluida la Biblioteca del Congreso de Washington, D.C. en Estados Unidos. El atlas incluía 70 mapas detallados, que revelaban un tesoro de islas inexploradas. Muchas, como se vio, solo existían en este libro.

En 1570, el cartógrafo belga Abraham Ortelius publicó el primer atlas moderno, Theatrum Orbis Terrarum (Teatro del Mundo), que incluía 70 mapas detallados y un conjunto de islas inexploradas.

Ilustrado por De Agostini Getty Images

El auge de las exploraciones marítimas por parte de los europeos en el siglo XVI desencadenó un boom en la elaboración de mapas, lo que a su vez provocó más expediciones, cuyos informes engrosaron aún más los atlas. "Los cartógrafos estaban desesperados por obtener la información más reciente de los exploradores que regresaban para llenar los espacios en blanco", relata Edward Brooke-Hitching, autor del libro de 2016 The Phantom Atlas

"Inevitablemente, la geografía fantasma empezó a florecer. Los rumores y los avistamientos no confirmados, los cálculos erróneos (antes de que existiera la longitud, las ubicaciones de las islas se registraban utilizando el cálculo muerto, que era en esencia una conjetura), e incluso la mitología, fueron incorporados por el cartógrafo para publicar la imagen más completa del mundo recién desvelado".

Una vez que nacía una isla fantasma, era difícil desterrarla. Solo se eliminaban de los mapas después de que un barco visitara la ubicación de la isla y confirmara su inexistencia, detalla Brooke-Hitching. Esta tarea se complicaba debido a las ilusiones ópticas causadas por las refracciones de la luz, incluída la infame fata Morgana (hada Morgana), que "se presenta como una franja distante del cabo que se encuentra tentadoramente cerca y, sin embargo, siempre justo fuera de alcance".

Reclamación de tierras sombrías

Estas islas fantasma generaron muchos problemas a los navegantes que perseguían estas tierras sombrías, según Kevin Wittmann, investigador de la Universidad de La Laguna de España, quien realizó su tesis sobre los mapas antiguos. "Esas expediciones eran costosas, y en algunos casos peligrosas, y descubrir que navegaban hacia un lugar que no existe no era bueno", agrega Wittmann.

A principios del siglo XX, el explorador alemán Barón Eduard Vasilyevich Toll dirigió una misión a la Tierra de Sannikov, de la que informó por primera vez un barco ruso en 1810, a unos 692 kilómetros al norte de Siberia continental. Después de que el barco de Toll quedara atrapado por el hielo en las Nuevas Islas Siberianas, él y varios compañeros utilizaron trineos y kayaks para dirigirse a la isla Bennett, que los turistas pueden contemplar ahora en los cruceros turísticos por el océano Ártico.

Aquellos exploradores desaparecieron, igual que la Tierra de Sannikov, que probablemente fue solo un espejismo causado por la fata Morgana, según Brooke-Hitching.

Algunas islas fantasmas incluso provocaron tensiones diplomáticas, señala Wittmann. El más famoso fue la isla Bermeja, al oeste de la península mexicana de Yucatán, que se convirtió en el centro de una disputa territorial en la década de 2000 entre Estados Unidos y México sobre la exploración de petróleo, pero las búsquedas realizadas en 1997 y 2009 concluyeron que no existía.

Bermeja figuró en los mapas durante más de 400 años hasta su reciente depuración. Podría seguir siendo real, dice Wittman, pero oculta por el aumento del nivel del mar.

Otras islas fantasma han evolucionado de forma inversa, según Malachy Tallack, autor del libro de 2016 Las islas no descubiertas. Ahora los turistas pueden embarcarse en cruceros por la Antártida que visitan la antigua isla fantasma de Bouvet. Esta masa de tierra helada y deshabitada, situada a 2414 kilómetros al suroeste de África, fue considerada un mito durante muchos años después de que un navegante francés la avistara por primera vez en 1739, sostiene Tallack.

Bouvet no se volvió a ver durante casi 80 años, y muchos avistamientos la registraron en lugares distintos y con nombres diferentes. "No fue hasta casi 200 años después del primer avistamiento que la isla fue bautizada correctamente, y reclamada, por una expedición noruega", indica Tallack.

Izquierda: Arriba:

En esta imagen de archivo de 1929, dos hombres se encuentran cerca de la cabaña del refugio en el Cabo de la Circoncisión, en la isla de Bouvet.

Fotografía de Bjarne Aagaard Historic Collection, Alamy Stock Photo
Derecha: Abajo:

Declarada reserva natural deshabitada en 1971, la isla de Bouvet (vista en esta imagen de satélite de la NASA) está cubierta en un 93% por un glaciar y es una de las islas más remotas del mundo.

Fotografía de NASA Image Collection Alamy Stock Photo

Pero no todos las islas fantasmas se esconden en lugares tan remotos. Los viajeros de los transbordadores diarios que cruzan el océano entre Hong Kong y Macao pasan, sin saberlo, cerca de una isla no señalada que albergó el primer asentamiento europeo en China. Conocida como Tamão, fue establecida por el explorador portugués Jorge Álvares, cuya historia se puede conocer en el Museo de Macao.

Tamão no aparece en los mapas modernos, ya que se desconoce su ubicación exacta. Los historiadores admiten que podría ser cualquiera de las varias islas de esta franja del Mar de China Meridional.

Hay mucha menos confusión, al menos hoy en día, sobre islas fantasmas como Frislandia y la isla de San Brendan, ambas detalladas en los libros de Tallack y Brooke-Hitching. Situada al sur de Islandia, la primera fue creada por el veneciano Nicolò Zeno en el siglo XVI, basándose únicamente en el recuerdo de las cartas que había leído, escritas por sus antepasados exploradores. El propio Zeno nunca visitó Frisia, y no hay pruebas de que nadie más lo hiciera. Sin embargo, este espectro quedó marcado en los mapas durante más de cien años.

Este grabado del siglo XVI ilustra el viaje del monje irlandés San Brendan el Navegante. Afirmó haber encontrado una isla frente a la costa noroeste de África en el siglo VI, pero tras varias expediciones infructuosas la isla fue eliminada de los mapas en el siglo XVII.

Ilustrado por World History Archive Alamy Stock Photo

Más perdurable aún fue la creencia en una isla aparentemente descubierta por San Brendan, el Navegante de Irlanda. Los visitantes del bonito pueblo costero irlandés de Fenit, en el condado de Kerry, pueden admirar actualmente una gran estatua de este afamado explorador mirando hacia el océano Atlántico. Allí afirmó haber encontrado una isla frente a la costa noroeste de África en el siglo VI. Sus afirmaciones se mantuvieron. La isla de San Brendan fue objeto de muchas expediciones infructuosas y permaneció en los mapas hasta el siglo XVII.

En el siglo XIX se produjo una purga masiva de islas fantasmas, dice Brooke-Hitching, "a medida que las autopistas oceánicas se hacían más transitadas y el posicionamiento global más preciso". Solo en 1875 se borraron 123 islas inexistentes de la carta del Pacífico Norte de la Marina Real Británica.

¿El fin de las islas fantasmas?

Hoy en día, las islas fantasma son en su mayoría "cosa del pasado", asegura Alex Tait, geógrafo de National Geographic Society. "Dada la plétora de imágenes de teledetección de todo el planeta, tenemos una muy buena idea de qué islas existen en el mundo, y es poco probable que las islas fantasmas persistan en nuestros mapas", añade Tait. Pero subraya que el dinamismo geofísico de la Tierra hace que se creen nuevas islas y que desaparezcan las ya establecidas, debido al vulcanismo, la erosión y el deshielo de los glaciares.

La actividad volcánica creó una de las islas más nuevas del mundo en 2013, a casi 1000 kilómetros al sur de Tokio. La masa de tierra emergió gradualmente del océano Pacífico hasta que se fusionó con la isla de Nishinoshima, más pequeña y establecida desde hacía tiempo. Esta nueva isla fusionada, del mismo nombre, es más de doce veces mayor que la original.

Algunas masas de tierra no cambian de forma tan lineal: surgen, se retiran, surgen, se retiran. Dependiendo del momento en el que un barco lo visite, puede encontrarse con una extensión de océano abierto o con una inmensa plataforma de coral, que asoma sobre el mar como una isla.

El arrecife de Montgomery, frente a la costa australiana de Kimberley, podría considerarse una isla fantasma, ya que la marea la hace emerger o desaparecer. En la actualidad, este espectáculo suele presenciarse en barco o hidroavión.

Fotografía de Janelle Lugge Getty Images

Ese es el caso de la extraordinaria atracción turística de Australia Occidental, el Arrecife Montgomery. Esta maravilla aislada, a unos 1931 kilómetros al norte de la capital australiana de Perth, se convierte regularmente en una isla debido a algunos de los mayores cambios de marea del mundo.

Poblado por dugongos, tortugas, mantarrayas, delfines jorobados y cocodrilos de agua salada, el arrecife de 400 kilómetros cuadrados se levanta del océano Índico con la marea baja. Este espectáculo es presenciado a menudo por barcos de turistas.

En el lado opuesto de Australia se encuentra quizá la isla fantasma más reciente del mundo. Con unos 24 kilómetros de largo y 4 de ancho, la isla Sandy aparecía en Google Maps en el Mar del Coral, al oeste de Nueva Caledonia, hasta 2012. Fue entonces cuando los científicos australianos descubrieron su inexistencia: tras visitar el enclave, solo encontraron océano. Tal vez esa fue la última de las islas espectrales. 

O tal vez los errores, las travesuras o las ilusiones ópticas podrían revivir aún más fantasmas en nuestros mapas.

Ronan O'Connell es un periodista y fotógrafo australiano que vive entre Irlanda, Tailandia y Australia Occidental.

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