¿Planeta o Plástico?

Pescadores de India convierten el plástico de los océanos en caminos

Recolectan los desechos plásticos del mar; luego, estos se limpian y separan en un centro de reciclaje; para ser vendidos después a grupos constructores que los utilizan para fortalecer el asfalto que se usa para pavimentar. Jueves, 24 Mayo

Por Maanvi Singh

Esta historia forma parte de "Planet or Plastic?"—nuestra iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de residuos plásticos. Aprende qué puedes hacer para reducir el uso de plásticos desechables, y asumir también el compromiso de cuidar el planeta.

KOLLAM, INDIA— Kadalamma—Madre de los mares—es cómo Xavier Peter llama al Mar Arábigo. Su madre le dio la vida, pero Kadalamma le dio un propósito, una forma de vida. Le ha proveído lo que necesitaba: le dio suficiente pescado no solo para alimentar a su familia sino también para vender en el mercado. Y lo ha protegido, al salvarlo de ciclones por partida triple y, una vez, de un tsunami.

Xavier se dedica a la pesca de arrastre de camarones y peces en la costa del sudoeste de India desde hace más de tres décadas, toda su vida adulta. Pero últimamente, cuando echa sus redes al mar, en general se encuentra con más plástico que peces.

"Sacar las redes del agua implica un esfuerzo extra debido a todo el plástico que se enreda", comenta. "Es como tratar de recoger agua de un pozo y que algo haga que el balde pese mucho más", añade.

Él y sus seis tripulantes se pasan horas separando la basura de su pesca.

Para Xavier, todo este suplicio es un recordatorio constante de que Kadalamma está enferma, y que él y su comunidad son los responsables. "Es el mayor fracaso de India", afirma.

Solía solo suspirar y volver a tirar el plástico por la borda. Pero ya no.

Desde agosto del año pasado, él y casi 5000 pescadores y propietarios de botes pesqueros en Kollam, un pueblo pesquero de 400.000 en el estado más meridional de India, Kerala, han estado remolcando a tierra todo el plástico que encuentran en el mar. Gracias a la ayuda de varias agencias gubernamentales, también han podido establecer el primer centro de reciclaje de la región, para limpiar, clasificar y procesar todas las bolsas, botellas, sorbetes, sandalias y muñecas barbies ahogadas (todo plástico) que fueron arrojados al mar y que ellos vuelven a pescar. Hasta ahora, han recogido alrededor de 65 toneladas métricas (71 toneladas cortas; unos 65 mil kilogramos) de basura plástica. 

Olas de frustación

"No es muy difícil convencer a las comunidades costeras acerca de los peligros del plástico", dice Peter Mathias, dirigente de un sindicato regional de propietarios y operadores de botes pesqueros. "Durante años, los pescadores se han estado quejando con él sobre el plástico que se atasca en los motores de sus embarcaciones", añade.

Y esto no es lo peor del caso. Hace una década, una tripulación pequeña como la de Xavier podía sacar hasta cuatro toneladas de pescado durante el transcurso de una expedición de 10 días. Hoy en día, es afortunado si consigue sacar un quinto de eso. A pesar de que muchos factores afectan a los cardúmenes, factores entre los que se incluye el cambio climático y la pesca indiscriminada, el plástico es el mayor culpable.

Muchos peces confunden el plástico con una presa, y los estudios muestran que, como resultado, pueden morir por envenenamiento o malnutrición. Otros seres vivos marinos quedan atrapados dentro de redes de pesca de nylon abandonadas, y resultan estrangulados. Grandes pedazos de plástico que caen al fondo del océano bloquean el acceso de algunas especies a sus zonas de reproducción y cría.

“Esto afecta nuestro trabajo”, dice Mathias. “Por ende, en este sentido, es nuestra responsabilidad; y es necesario mantener el mar limpio para nuestra supervivencia como pescadores”, agrega.

Defender esta idea de responsabilidad, sin embargo, ha resultado ser un poco más complicado que lo que Mathias había anticipado inicialmente. Los pescadores estaban desenterrando plástico sin siquiera planearlo; pedirles que lo hicieran adrede era un obvio próximo paso. El problema era que su región no contaba con un sistema municipal para la recolección de basura, y ni hablar de un programa de reciclaje. Cuando los habitantes de una aldea cercana en Kerala, aldea conocida por sus recolectores de almejas, intentaron empezar un programa similar para limpiar los Backwaters de Kerala, se dieron cuenta de que no tenían forma de desechar todos los residuos que juntaban. Estaban tan solo transfiriendo la basura del lago y las orillas del río a tierra.

Aumenta el apoyo

El verano pasado, Mathias se acercó a J. Mercykutty Amma, ministra estatal de pesca y nativa de Kollam, para pedirle ayuda. “Le dije: si nosotros nos encargamos de recolectar el plástico del mar y traerlo a tierra, ¿puede ayudarnos luego con eso?”, cuenta.

Dijo que por supuesto, pero que era probable que no pudiera solucionarlo por sí misma. Por eso, alrededor de un mes después, habló con otras cinco agencias del gobierno, entre ellas el departamento de ingenieros civiles, que se comprometió a ayudar a construir una instalación de reciclaje, y el departamento de fortalecimiento de la mujer. Este organismo se encarga de mejorar las oportunidades laborales de las mujeres en un área en la que hace tiempo muchos espacios, como por ejemplo la pesca, son dominados por los hombres. Es por esto que dicha agencia ayudó a contratar un equipo solo conformado por mujeres para trabajar en el proyecto.

Durante los últimos meses, un grupo de 30 mujeres ha estado trabajando, a tiempo completo, para lavar y separar meticulosamente el plástico que los pescadores recogen. La mayor parte está muy dañado y erosionado como para reciclarlo mediante métodos tradicionales. En lugar de eso, se lo tritura finamente y se vende a grupos de construcción locales que lo utilizan para fortalecer el asfalto que usan para pavimentar caminos. Las ganancias, junto con los subsidios del gobierno, cubren el salario de estas mujeres: alrededor de 350 rupias (USD 5) por día. El sistema no es autosuficiente por completo, pero Mathias sueña con que el año que viene sí lo sea

“Juntamos a tantos grupos, tan rápidamente, para hacer esto”, dice. Pero se enorgullece del hecho de que “es nuestra iniciativa, la iniciativa de los pescadores”.

Ya han ayudado a un par de comunidades pesqueras cercanas, entre las que se incluyen los recolectores de almejas antes mencionados, a conseguir financiamiento para empezar sus propios programas de recolección y reciclaje de plásticos. Pronto, señala, los pescadores “en toda Kerala, en toda India, y en todo el mundo se nos van a unir”.

“Es una declaración fuerte, pero su confianza no está necesariamente fuera de lugar”, dice Sabine Pahl, una psicóloga del International Marine Litter Research Unit (Unidad de Investigación de Desechos Marinos Internacionales) de la Universidad de Plymouth, Reino Unido. Pahl, quien se encarga de hacer investigaciones acerca de cómo convencer a la gente para que cuiden más al planeta, dice que el hecho de involucrar a las comunidades pesqueras en la lucha contra la contaminación marítima tiene sentido, y que en el pasado ha funcionado. Desde el año 2009, el grupo KIMO, grupo ambiental del norte de Europa, ha estado reclutando pescadores en zonas del Reino Unido, los Países Bajos, Suecia y las Islas Faroe para un programa similar, llamado Fishing for Litter (Pescando Basura).

Corriendo la voz

Puede que el programa indio tenga un potencial más amplio, si nos basamos en "el hecho de que son los pescadores los que toman la iniciativa", afirma Pahl. En su investigación, ha descubierto que las iniciativas medioambientales más efectivas son las que la propia comunidad lleva a cabo y las que están intrínsecamente motivadas; esto quiere decir que los motiva el altruismo y el amor por la naturaleza y la vida silvestre.

"Es realmente poderoso, porque los pescadores están en una muy buena posición para convencer al resto de la comunidad (sus familias, vecinos) de los peligros del plástico", explica.

Y eso es exactamente lo que están haciendo. Muchos de los pescadores del puerto de Kollam afirman que nueves meses del programa ha reducido notablemente la cantidad de desechos que quedan atrapados en sus redes. Y esperan, en última instancia y en comunidad, frenar el flujo de plástico que va a parar al océano. A fin de lograrlo, los 5000 se han comprometido a reducir el uso personal de plástico, o como mínimo, a asegurarse de que termine en una planta de reciclaje y no en el océano. Mathias y Xavier dicen que tampoco se oponen a que se use la culpa estratégicamente para que la gente deje de arrojar basura.

"Les digo que si siguen contaminando el océano con plástico, nuestro modo de vida como pescadores va a dejar de existir", menciona Mathias. "Y eso los hace reaccionar", reconoce.