La Antártida Occidental se está derritiendo... y es culpa del comportamiento humano

Un estudio muestra que las huellas del cambio climático, ocasionado por los seres humanos, han llegado a la Antártida.

Por Alejandra Borunda
Publicado 26 ago 2019, 16:17 GMT-3
El glaciar Isla Pine, en la Antártida Occidental, está retrocediendo rápidamente. En 2014, este iceberg, de ...
El glaciar Isla Pine, en la Antártida Occidental, está retrocediendo rápidamente. En 2014, este iceberg, de 32 kilómetros de ancho, perdió su lengua, la cual flotó hacia el océano. Otros trozos de hielo continúan desprendiéndose del glaciar.
Fotografía de Jeff Schmaltz, NASA, Gsfc, Modis Land Rapid Response Team

Los imponentes glaciares de la Antártida Occidental tienen en su poder el futuro de las costas del mundo. Su colapso podría aumentar los niveles del mar, al menos 30 centímetros para el 2100, y, potencialmente, mucho más.

Durante años, los científicos han observado y aprendido que aquellos glaciares se están desmoronando y derritiendo, a una tasa que aumenta con las décadas y pone en peligro la estabilidad de toda la capa de hielo. Pero, aunque la ciencia fue clara y dijo que las influencias humanas en el clima podrían afectar la línea del hielo, se ha hecho difícil dilucidar si el calentamiento global producido por el hombre ya ha afectado el derretimiento en progreso.

Ahora, un equipo ha encontrado evidencia de esa influencia humana. En un estudio publicado en Nature Geoscience, un equipo de científicos mostró que, en el último siglo, el calentamiento global producido por el hombre ha cambiado el carácter de los vientos que soplan en los océanos cerca de la mayoría de los más frágiles glaciares de la Antártida Occidental. A veces, dichos vientos se han debilitado o invertido, lo que a su vez provoca cambios en el agua del mar que relame el hielo y hace que los glaciares se derritan.

“Tenemos pruebas que confirman que las actividades humanas han influido en el aumento del nivel del mar que vemos desde la Antártida Occidental”, señala Paul Holland, autor del estudio y científico polar de British Antarctic Survey.

El océano devora el hielo

La gran capa de hielo de la Antártida Occidental tiene congelada en sus entrañas alrededor de un 6 por ciento del agua dulce del mundo. Si se derritiera, los niveles globales del mar aumentarían alrededor de 300 centímetros o más. Sin embargo, los científicos creen que no es probable que eso suceda rápido, pero algunas partes de la capa de hielo son particularmente vulnerables, y están en peligro de cruzar un “punto de inflexión” fundamental si se retiran muy lejos. 

En las últimas décadas, algunos glaciares en la región han retrocedido sorprendentemente rápido. Los glaciares Isla Pine y Thwaites, por ejemplo, están perdiendo alrededor de 10 mil millones de hielo por año y, en años malos, pierden más. 

Los glaciares han estado retrocediendo porque sus morros se desbordan por los bordes del continente y van a parar al océano, el cual es más cálido que el hielo. El agua cálida derrite el hielo.

Y es muy importante cuán cálido es el océano. Durante décadas, la temperatura del agua ha aumentado y disminuido, en parte por los ciclos climáticos naturales que envían a las diferentes masas de agua cerca del borde de la capa de hielo en momentos diferentes, lo que hace que se produzcan ciclos de frío a un poco menos frío cada cinco años aproximadamente.

Resulta que el punto principal que controla si el agua cálida llega al borde de la capa de hielo es la fuerza de los vientos que se encuentran un poco más alejados de la costa, en el corazón del helado mar Amundsen. A veces, aquellos vientos (primos de los enfurecidos vientos del océano Glacial Antártico conocidos como los Rugientes Cuarenta) disminuyen o hasta se revierten. Cuando lo hacen, más agua cálida termina cerca del borde de la capa de hielo, lo que significa que se derrite aún más hielo. 

“En la década de 1920, los vientos soplaban más uniformemente hacia el oeste”, afirma Holland. “Así que, antiguamente, hacía frío todo el tiempo. Cambiaba drásticamente entre frío y muy frío”.

Pero ahora, dado el lento calentamiento del planeta, el punto de referencia en su totalidad se ha movido. En vez de tener un ciclo que cambia entre frío y muy frío, el cambio es entre cálido y frío.

Los científicos sabían que la fuerza de los vientos en esta región del mar Amundsen afectaba la temperatura del agua. Solo hay registros de la fuerza y la dirección del viento desde 1979. Pero los patrones de esta región coinciden casi perfectamente con las condiciones lejanas que se dan en el océano Pacífico tropical, donde sí hay registros mejores y más antiguos, por lo que el equipo pudo extrapolar las conclusiones y ver cómo los vientos de la región polar han cambiado en el último siglo.

Usaron un conjunto de modelos climáticos para ver cómo los patrones del viento podían haber evolucionado en los últimos 100 años si no hubiese estado en juego el calentamiento global provocado por los seres humanos y lo compararon con lo que verdaderamente hicieron los vientos. El patrón de hoy, con vientos tanto del este como del oeste, significa que la región entera terminó un poco más cálida que lo que era hace 100 años, cuando el viento soplaba hacia el oeste la gran parte del tiempo.

El hielo fuera de equilibrio

En el pasado, e incluso hasta en los primeros registros que observaron los científicos en la década de 1920, el hielo se derritió en las fases más cálidas y creció nuevamente en las fases frías. Pero, en el último siglo, no se ha llegado a ese equilibrio. Los cambiantes vientos y las fases cálidas del océano han corroído el hielo más rápidamente de lo que lo han podido remplazar.

Varios momentos particularmente notables del cambio de viento, como en la década de 1970, coincidieron con los mayores retrocesos de los glaciares Isla Pine y Thwaites.

Esos glaciares son particularmente sensibles al derretimiento en sus morros. El suelo debajo de ellos es cóncavo, como un bol. El hielo del glaciar está unido al “borde” del bol, pero, si se derrite más allá de ese borde, el agua cálida del océano puede desparramarse debajo y derretirse aún más rápidamente desde el fondo.

En 1974, uno de esos poderosos momentos de derretimiento empujó a los glaciares más allá de esos “bordes”, y, desde entonces, el glaciar se ha derretido mucho más rápido de lo que lo hacía anteriormente (al menos, 50 por ciento más derretimiento que antes), señala Eric Steig, científico atmosférico y de núcleo de hielo de la Universidad de Washington y autor del informe.

El sospechoso ha sido identificado... somos nosotros

Se dieron cuenta de que la máxima causa del patrón de los vientos es el cambio climático ocasionado por los humanos. Los gases de efecto invernadero que los humanos han arrojado a la atmósfera en los últimos cientos de años han cambiado la manera en que el calor se mueve por el planeta tan minuciosamente que han modificado la forma de los patrones de vientos básicos en los polos.

La capa de hielo de la Antártida está más o menos estable en lo que respecta a su forma y su tamaño por muchos miles de años. Pero, hace un siglo, las piezas de la capa comenzaron a retroceder en gran medida. Eso encaja justo en la época en que el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero habían comenzado a acumularse densamente en la atmósfera, por lo que parecía lógico pensar que la influencia humana estaba afectando el hielo. Pero la Antártida es un lugar complicado que cambia mucho dada su variabilidad natural, así que identificar la magnitud de la influencia humana en los cambios ha sido un gran desafío.

“Era muy difícil imaginar que el hielo se iba a quedar a esperar feliz por milenios y luego iba a decidir retroceder naturalmente justo cuando los seres humanos comenzaron a perturbar el sistema, pero las pruebas del impulso por la variabilidad natural eran sólidas”, escribe en un correo electrónico Richard Alley, científico de clima de la Universidad Estatal de Pensilvania.

No obstante, un planeta en calentamiento ha cambiado muy claramente la manera en que los vientos se mueven alrededor de la Antártida, y es probable que ese cambio continúe, a menos que algo drástico suceda para retrasar o revertir el proceso de calentamiento.

“Si seguimos con este patrón, tal vez nos movamos hacia una situación en la que el cambio sea entre cálido y muy cálido”, indica Holland. Y eso podría ser devastador para el hielo.

Pero el futuro no está escrito todavía, subrayó Steig. Mantener a las futuras emisiones de gases de efecto invernadero bajo control contribuiría considerablemente a que aquellos cruciales vientos no se debiliten aún más, el agua bajo el borde del hielo se enfríe y el hielo se congele.

“El derretimiento [de la capa de hielo de la Antártida Occidental] nos afectará a todos”, señala Steig “Los efectos serán globales porque el nivel del mar aumentará globalmente”.

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