Salud mental y acceso a derechos: avances y desafíos de la comunidad LGBTQ+

Hace 33 años, la homosexualidad dejó de considerarse un trastorno mental. Sin embargo, la OMS señala que la discriminación y la falta de atención médica aún continúan.

Los prejuicios y la discriminación atentan directamente contra los derechos de acceso a la salud de la comunidad LGBTQ+. En la foto se observa un testeo realizado durante una campaña de salud para mujeres lesbianas en Salvador, Brasil. 

Fotografía de Jefferson Peixoto Secom
Por Redacción National Geographic
Publicado 28 jun 2023, 08:37 GMT-3

Hace poco más de 30 años la homosexualidad dejó de estar clasificada como trastorno mental por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde entonces, la  salud de la población LGBTQ+ se ha convertido en un campo de estudio en expansión aunque su acceso sigue presentado múltiples desafíos. 

En línea con ello, la comunidad queer sigue siendo la menos propensa a acceder a los servicios sanitarios y a buscar activamente tratamiento, afirma la OMS. Entre los motivos, la entidad cita la fuerte estigmatización y discriminación que sufren en la atención sanitaria. 

Quienes se identifican como gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, personas transgénero, personas no binarias y otras expresiones de la sexualidad y el género tienen más probabilidades de sufrir violaciones de los derechos humanos, como violencia, tortura, criminalización, procedimientos médicos involuntarios y discriminación, sostiene la OMS.

Además, la población LGBTQ+ se enfrenta a la negación de la atención, a actitudes discriminatorias y a una patologización inadecuada en los entornos sanitarios. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), este panorama tiene efectos negativos tanto en la integridad física como en la salud mental de esta comunidad. 

Las encuestas mundiales indican que la comunidad LGBTQ+ experimenta mayores disparidades sanitarias y peores resultados en materia de salud que los heterosexuales, señala la OPS. Esto repercute en tasas más elevadas de infección por VIH, depresión, ansiedad, consumo de tabaco, abuso de alcohol, suicidio e ideación suicida como consecuencia del estrés crónico, así como aislamiento social y falta de conexión con diversos servicios sanitarios y de apoyo.

Cuándo "ser gay" dejó de ser una "enfermedad"

Este escenario revela los vestigios de una visión de la homosexualidad y otras expresiones de género como una condición “anormal”.  

En 1990 se modificó el estatus de la homosexualidad en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud (CIE), una guía estándar utilizada en todo el mundo como base de las estadísticas sanitarias con implicaciones para la financiación de los servicios sanitarios y los seguros médicos. 

Una hija y un padre transgénero sostienen retratos de su identidad de género anterior. New Baltimore, Mississippi.

Fotografía de Lynn Johnson

Hasta entonces, los comportamientos que no encajaban como heterosexuales se clasificaban como "homosexualidad", utilizando el sufijo -ismo que hace referencia a "patología" y "enfermedad". 

A partir de ahí, dice la OMS, se construyó un consenso general de que la homosexualidad es una variante natural del ser humano. Aunque este avance se produjo hace más de 30 años, algunos miembros de la sigla quedaron fuera y, hasta hace poco, seguían siendo encuadrados como "enfermos". 

Esto se debe a que, solo en 2019, una nueva edición de la CIE, conocida como CIE-11, introdujo cambios para reflejar una comprensión moderna de la salud sexual y la identidad de género. En concreto, el transexualismo ha sido sustituido por un nuevo concepto de "incongruencia de género", definido como una afección relacionada con la salud sexual en lugar de un trastorno mental y conductual.

¿Cómo afecta esta clasificación a la salud de las personas queer?

De acuerdo a la explicación de la OMS, la forma en que se clasifica una afección o enfermedad en la CIE puede marcar una diferencia significativa en la forma en que los sistemas sanitarios y las comunidades la entienden y responden a ella.

Por ejemplo, la eliminación de la homosexualidad de la CIE ha supuesto que las "terapias de conversión", destinadas a cambiar la orientación sexual de una persona, hayan pasado a ser rechazadas por la comunidad médica internacional

En la actualidad, de acuerdo con la OMS, estos tratamientos "carecen de justificación médica y científica y representan una grave amenaza para la salud y el bienestar de las personas sometidas a ellos".

Otro punto que afecta la clasificación es la recolección de información sobre las necesidades de salud de esta población. Aún hoy, reconoce la OPS, existen lagunas en los sistemas de información sanitaria respecto a variables como la orientación sexual o la identidad de género. "Esto significa que las personas LGBTQ+ son a menudo invisibles en los sistemas de salud, con graves consecuencias para la salud individual y pública", enfatiza la institución. 

Otro reto que se remonta a la visión de las personas LGBTQ+ como enfermos, señala la agencia panamericana, es la falta de capacidad de los profesionales de la salud para comprender y abordar los problemas específicos de este colectivo. 

En el caso de las personas transgénero, la clasificación anterior creaba barreras adicionales a la atención. Por ejemplo, las personas debían ser diagnosticadas como enfermas mentales para acceder a la atención sanitaria de afirmación de género. 

El acceso a la atención sanitaria es un derecho humano

La OMS refuerza que la adopción de la CIE-11, por la que ya no se considera trastorno a ninguna expresión de género, es un primer paso vital para eliminar las barreras legales a la atención. "Esto ayudará a acabar con el estigma y la discriminación y a acelerar el avance hacia una verdadera cobertura sanitaria universal”. 

Por último, la OMS subraya que las barreras a la atención sanitaria a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales y otras expresiones de género y sexualidad constituyen un incumplimiento de los derechos humanos. Además, contribuyen a aumentar la vulnerabilidad sanitaria de este colectivo que representa cerca del 9% de la población mundial. 

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