La apariencia “alienígena” de momia diminuta es finalmente explicada

Los investigadores esperan que su nuevo estudio resuelva el debate sobre los orígenes de Ata, una niña momificada naturalmente, que fue encontrada en el desierto de Chile.

Por Erika Check Hayden
Publicado 26 de marzo de 2018 16:41 GMT-3, Actualizado 5 de noviembre de 2020 04:28 GMT-2
Ata, la momia de quince centímetros (seis pulgadas) encontrada en el desierto de Atacama de Chile.
Ata, la momia de quince centímetros (seis pulgadas) encontrada en el desierto de Atacama de Chile.
Fotografía de Emery Smith

Ata tiene solo quince centímetros de altura, y una cabeza con forma cónica y huesos excepcionalmente duros para su tamaño. Algunos han afirmado que se trata de un alienígena. Pero un nuevo estudio publicado el pasado 22 de marzo, en la revista Genome Research no solo sigue refutando la teoría alienígena, sino que revela una explicación científica para su apariencia supuestamente extraterrestre.

El debate comenzó en 2003 cuando los restos naturalmente momificados de Ata fueron descubiertos cerca de un pueblo fantasma en el desierto de Atacama, en Chile. Un empresario español, Ramón Navia-Osorio, compró la momia y en 2012 le permitió a un doctor llamado Steven Greer utilizar imágenes de Rayos X y tomografía computada (TC) para analizar el esqueleto.

Greer es el fundador de The Disclosure Project (Proyecto Revelación), que está “trabajando para revelar por completo los hechos sobre ovnis, inteligencia extraterrestre, y sistemas avanzados de energía y propulsión clasificados”, según su sitio web.

Ata tiene la longitud de un feto humano. Pero un radiólogo que analizó las imágenes afirmó que los huesos de Ata eran tan maduros como los de un humano de seis años.

En ese momento, Greer también proporcionó muestras de la médula ósea de Ata al inmunólogo Garry Nolan, de Stanford University en Palo Alto, California. El equipo de Nolan secuenció el ADN de Ata y concluyó que su material genético provino de origen humano, no alienígena, pero no pudo explicar cómo una persona tan pequeña podía presentar esa insólita apariencia física.

Ata tiene la longitud de un feto humano, pero sus huesos son tan maduros como los de un niño de seis años.
Fotografía de Emery Smith

“Una vez que comprendimos que era humana, el siguiente paso fue comprender cómo algo podría lucir así”, explica Nolan.

Entonces, Nolan trabajó con investigadores de genética de Stanford y con el equipo del biólogo computacional Atul Butte de la University of California, en San Francisco, para analizar el genoma de Ata. Según su nuevo estudio, hay mutaciones presentes en siete de sus genes que están relacionadas con el crecimiento humano. Ahora, Nolan cree que esta combinación de mutaciones le causó las graves anormalidades óseas, incluyendo su insólitamente rápido crecimiento óseo. Explica que lo más probable es que Ata sea un feto humano que nació muerto o murió poco después del nacimiento.

Pero aquellos que creen que Ata es extraterrestre no cambian de opinión, sin importar las nuevas revelaciones científicas.

“No sabemos qué es, pero definitivamente no es un humano deformado”, afirma Greer, quien está al tanto de la nueva investigación.

Los científicos, sin embargo, dicen que, en vista del nuevo análisis, llegó el momento de enterrar la controversia sobre Ata.

“La teoría alienígena fue pseudociencia sin sentido promocionada para obtener la atención de los medios”, afirma el paleo-antropólogo y anatomista William Jungers, un profesor emérito de la Stony Brook University Medical Center. “Este estudio le da un descanso a esa tontería y a la pobre pequeña Ata”, agrega.

Los doctores que tratan a niños con trastornos genéticos óseos raros también creen que el debate resalta cómo los arqueólogos y otros científicos pueden confundirse con los trastornos genéticos que causan rasgos físicos poco comunes. Por ejemplo, el genetista Fowzan Alkuraya señala la controversia que rodea a los “hobbits”, pequeñas criaturas que fueron descubiertas hace 15 años en Indonesia. Los científicos aún están envueltos en el debate sobre si los diminutos seres son familiares de los humanos modernos, o son simplemente humanos con tamaño excepcionalmente pequeño.

“Este estudio sirve como un recordatorio de la naturaleza exótica de muchos trastornos genéticos”, afirma Alkuraya, genetista del King Faisal Specialist Hospital and Research Center en Riyadh, Arabia Saudita.

Todos los humanos, Ata incluida, pueden tener muchas mutaciones genéticas diferentes. Pero, generalmente, solo una de estas mutaciones causa realmente una enfermedad en los niños. Es “prácticamente insólito” que haya siete mutaciones, explica Alkuraya; él piensa que una, o como máximo dos, de las mutaciones probablemente causaron los problemas de crecimiento de Ata.

Nolan no está de acuerdo: “Esa pobre niña lamentablemente tuvo mala suerte siete veces seguidas”, afirma.

Pero sería difícil, si no imposible, determinar cuáles de los defectos genéticos de Ata causaron sus síntomas. Esto se debe a que los científicos no tienen información sobre los familiares de Ata. Si tuvieran el ADN de sus padres, por ejemplo, podrían comprobar cuáles de las mutaciones de Ata también estuvieron presentes en la madre y el padre. Algunas de ellas podrían ser inofensivas, ya que, a diferencia de Ata, sus padres vivieron lo suficiente para concebir un bebé.

Aunque nadie sabe nada de sus progenitores, Nolan piensa que alguien cuidaba a Ata cuando murió hace 40 años. Él señala la manera en que estaba cuidadosamente recostada en el suelo, envuelta en un saco de cuero.

“No la tiraron simplemente; alguien pensó que era importante. Era su hija”, dice Nolan.

Al igual que Jungers, Nolan ahora quiere que devuelvan a Ata a Chile para que pueda volver a descansar.

“Creo que la gente no debería andar trasladando cadáveres humanos y diciendo que son alienígenas para obtener beneficio económico”, sentencia Nolan.

 

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