Nuevos fósiles dan un panorama de cómo fue la vida luego de la extinción masiva

El hallazgo de cientos de huesos muestra el crecimiento acelerado de los mamíferos tras el impacto que acabó con los dinosaurios.miércoles, 27 de noviembre de 2019

Cientos de fósiles encontrados en Colorado nos ofrecen un panorama de cómo la vida estaba repuntando en el periodo posterior a la extinción masiva que terminó con la era de los dinosaurios, informan los paleontólogos. El descubrimiento incluye los restos excepcionalmente conservados de, al menos, 16 especies de mamíferos, así como también de muchas tortugas, cocodrilos y plantas que vivieron durante los primeros millones de años luego de la devastación global.

La repentina desaparición de muchas especies fósiles muestra que la vida en la Tierra sufrió un fuerte impacto luego de que un gran asteroide chocara con el planeta hace 66 millones de años. Aproximadamente tres cuartos de todas las especies se extinguieron en el periodo posterior, entre las cuales estaban casi todos los dinosaurios que habían dominado el planeta.

Sin embargo, para frustración de muchos paleontólogos, la vida en el periodo inmediatamente posterior a la extinción ha sido muy poco documentada en los registros fósiles... hasta ahora. 

Descrita en la revista Science, la nueva bonanza fósil ya está revelando algunos detalles fundamentales sobre cómo resurgió la vida. Eso incluye una nueva visión de la sorprendente racha de crecimiento que experimentaron los mamíferos en los primeros 300.000 años que siguieron a la catástrofe.

Un cráneo en la roca

La clave de este tesoro oculto fue una forma de buscar los fósiles que el coautor del estudio Tyler Lyson, paleontólogo del Museo de Ciencia y Naturaleza de Denver, aprendió de un colega sudafricano. En las llanuras azotadas por el viento del oeste de América de Norte, los cazadores de fósiles encontraban huesos desgastando el suelo. Pero los paleontólogos también pueden buscar concreciones, o rocas que se forman alrededor de los centros de huesos antiguos.

Cuando comenzaron a prestar atención a estas rocas, Lyson y el coautor Ian Miller, botánico paleontólogo del museo de Denver,  encontraron lo que buscaban en un sitio denominado Corral Bluffs, un afloramiento en la cuenca de Denver, justo al este de Colorado Springs, donde previamente no habían encontrado nada.

“Partí una concreción y vi un cráneo de mamífero que me sonreía”, recuerda Lyson. “Y luego observé mi alrededor y vi residuos de concreciones por todo el lugar. Encontramos cuatro o cinco cráneos de mamíferos en minutos”.

De regreso en el laboratorio, una cosa que se volvió exquisitamente evidente es que los mamíferos crecieron un montón en los primeros millones de años que le siguieron a la extinción masiva.

Los mamíferos más grandes que escaparon a la muerte global pesaban no más de medio kilo. Pero, solo 100.000 años después, las especies más grandes de sus descendientes pesaban alrededor de 6 kilos, tan pesados como un mapache moderno. Y, después de otros 200.000 años, “los mamíferos más grandes habían triplicado su peso a alrededor de 20 kilogramos”, explica Lyson. Eso es tan pesado como un castor americano, y mucho más pesado que los mamíferos previos a la extinción.

Este patrón tiene algo de sentido dado que aquellos mamíferos no tenían que competir más, o esconderse, de los hambrientos dinosaurios. Pero los fósiles de las plantas encontrados en Corral Bluffs revelan una historia aún más rica.

Frutos secos y frijoles

Durante la extinción masiva, la mitad de las especies de plantas se extinguieron. Los mamíferos pequeños que sobrevivieron eran, probablemente, omnívoros y se alimentaban de insectos dado que los muchos helechos que se encontraban dentro de las primeras plantas que emergieron no eran para nada nutritivos.

Las palmeras fueron las que reaparecieron luego, pero es probable que la diversificación de árboles de la familia de los frutos secos fuera la que les permitió a los animales superar a sus ancestros; el aumento en el peso corporal de los mamíferos que sucedió 300.000 años después del desastre concuerda con la aparición de polen fósil de este grupo.

El mamífero más grande de este periodo encontrado en la cuenca de Denver fue el Carsioptychus, un pariente remoto de los que son hoy los mamíferos con pezuñas.

“Sus premolares eran muy largos y aplanados, con muchos pliegues extraños, así que se ha especulado con que podrían haberse alimentado de objetos duros, como los frutos que producen los árboles de esta familia”, cuenta Lyson.

Alrededor de 400.000 años después, otra racha de crecimiento dio lugar a mamíferos aún más grandes que pesaban más de 45 kilogramos, o tanto como un antílope americano. Su llegada se dio conjuntamente con la aparición de fósiles de los primeros representantes de la familia de los frijoles, entre los que se encontraban las hojas y semillas de vainas ricas en proteínas buscadas por muchos herbívoros.

“Nos sorprendió lo bien que se alineaba todo”, menciona Lyson.

Un análisis de las hojas fósiles encontradas en Corral Bluffs también sugirió que hubo tres periodos de calentamiento significativos en los millones de años que siguieron a la extinción masiva. Al menos dos de ellos parecían estar relacionados con los notables cambios en vegetación que podían haber precedido los mayores cambios en el tamaño del cuerpo de los mamíferos.

“La idea de que los mamíferos aumentaron el tamaño de su cuerpo alrededor de 300.000 años después (de la extinción masiva) no es nueva”, señala Jaelyn Eberle, paleontóloga del Museo de Historia Natural en Boulder, Colorado, quien no participó del estudio. “Pero una de las preguntas más importante fue por qué, y la correlación que el estudio revela entre el tamaño del cuerpo, la diversidad floral y el calentamiento nos acerca a comprenderlo”.

“La lección principal es que no podemos entender las extinciones o la recuperación si miramos solo un componente del sistema de la Tierra”, agrega Courtney Sprain, geocronóloga de la Universidad de Florida.

Esperando aves

David Archibald, paleontólogo de la Universidad Estatal de San Diego, califica a los descubrimientos como realmente extraordinarios y cree que las conclusiones de los autores son acertadas. Pero advierte que “siendo tan notables, estos resultados son de un área geográfica limitada. Tal vez nos tiente extenderlos globalmente, pero sería prematuro”.

El aumento del interés por las concreciones en los yacimientos fósiles de todo el mundo podría ayudar a fortalecer el caso, señala Lyson.

“Un colega experimentado que llevé al yacimiento fósil, alguien que ya había encontrado una tonelada de fósiles sorprendentes, dijo: ‘Oh, cielos, esto me hace querer volver a todas mis zonas de campo para hacerlo bien’”, recuerda. “Creo que, si las personas prestaran más atención a las concreciones, encontraríamos más en otros lugares”.

Mientras tanto, él y sus colaboradores estarán ocupados por años describiendo algunas de las nuevas especies, entre las cuales hay dos mamíferos que han sido identificados, y buscando fósiles en los cientos de concreciones que todavía no se han abierto.

“Me encantaría encontrar aves dado que este fue un periodo importante para ellas también”, menciona Lyson. “Quién sabe, tal vez ya las tenga en mi oficina”.

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