Disminuye el contagio del cáncer que afecta a los demonios de Tasmania

Nuevos análisis genéticos revelan que la transmisión de esta enfermedad, que provoca enormes tumores faciales, ha reducido con respecto a 10 años atrás.

Publicado 22 de diciembre de 2020 13:46 GMT-2
Un demonio de Tasmania cautivo posa sobre un tronco en el Something Wild Animal Sanctuary en ...

Un demonio de Tasmania cautivo posa sobre un tronco en el Something Wild Animal Sanctuary en Tasmania, 2008. Muchos de los animales en este santuario fueron apartados de padres que padecían cáncer facial.

Fotografía de Dave Walsh, Alamy

Desde que aparecieron los primeros casos de COVID-19 hace casi un año, no hemos dejado de hablar de virus. Pero los demonios de Tasmania vienen padeciendo su propia pandemia hace tres décadas: un cáncer facial espantoso que se contagia cuando estos animales se muerden.

Los tumores del marsupial australiano causan lesiones graves en la boca que dificultan o impiden que el animal pueda alimentarse, lo que eventualmente provoca muerte por inanición. Y a diferencia de casi todos los demás cánceres, este es contagioso.

El tumor facial del demonio de Tasmania ha provocado que esta especie, que contaba con 140.000 ejemplares, hoy tenga solo unos 20.000. La enfermedad se transmite velozmente porque es muy común que estos animales feroces se mordisqueen entre sí durante la temporada de reproducción o al despedazar los cadáveres de sus presas, que constituyen su principal fuente de alimento.

Algunos expertos temen que, si la propagación de este cáncer continua así, la especie, que ya se encuentra en peligro, acabará extinguiéndose. Por eso, los científicos han comenzado a criar demonios de Tasmania en cautiverio y, a principios de este año, reintrodujeron 26 ejemplares en Australia continental. En el pasado, estos carnívoros de 75 centímetros de largo eran una especie abundante en todo el continente de Australia y en la isla de Tasmania; hoy, en cambio, solamente quedan ejemplares en Tasmania.

Pero un nuevo estudio de la genómica del cáncer, publicado hoy en la revista Science, ha aportado un dato esperanzador: la tasa de infección entre los demonios salvajes ha mostrado una enorme disminución desde la primera vez que se registró la enfermedad, lo que indica que los demonios de Tasmania no se extinguirían debido a este cáncer.

“Esto es una gran noticia, porque significa que la enfermedad no se estaría propagando por las poblaciones autóctonas como solía hacerlo”, explica el líder del estudio Austin Patton, biólogo evolutivo de la Universidad de California, Berkeley. "El contagio está desacelerando".

Disminución del contagio

La enfermedad se descubrió por primera en 1996, aunque es probable que se haya originado en las décadas de 1970 o 1980. En 2015, los investigadores concluyeron que la enfermedad del tumor facial del demonio de Tasmania, en realidad, es la combinación de dos condiciones diferentes, conocidas como DFT1 y DFT2. Aunque ambas enfermedades provocan tumores prácticamente iguales y conducen a la muerte por inanición, genéticamente, los cánceres son distintos. Y además, tienen un origen diferente: la DFT2 surgió en un demonio de Tasmania macho en el extremo contrario de la isla donde se originó por primera vez la DFT1, en una hembra.

"Haber descubierto la DFT2 fue una gran sorpresa para nuestro grupo de investigación, ya que los tumores transmisibles en los vertebrados son muy raros", cuenta Bruce Lyons, inmunólogo de la Universidad de Tasmania y coautor del estudio, publicado en Proceedings of the National Academia de Ciencias.

Se han registrado muy pocos cánceres infecciosos en la naturaleza, entre estos, el que afecta a los perros domésticos y el que padece un tipo de almejas. 

Para saber cómo se propaga la DFT1 en la población de demonios de Tasmania, Patton y sus colegas recurrieron a una técnica conocida como filodinámica, que suele emplearse para estudiar virus.

Mediante un análisis genético, los enfoques filodinámicos reconstruyen el modo en que un patógeno se propaga y evoluciona a lo largo del tiempo. Para llevar a cabo el análisis, el equipo de Patton utilizó muestras de 51 tumores del diablo de Tasmania que comenzaron a recolectar hace dos décadas.

Alrededor de 2003, cuando comenzó el muestreo, el equipo encontró que el índice de propagación del cáncer era de 3,5, explica Patton. Esto significa que, por cada demonio de Tasmania infectado, había 3,5 animales potencialmente afectados.

Un demonio de Tasmania con cáncer facial junto a un cadáver en Tasmania en la década de 1990.

Fotografía de Dave Watts, Nature Picture Library

Sin embargo, en 2018, cuando se tomó la última muestra, Patton y sus colegas encontraron que este número se había reducido a 1, lo que significa que es poco probable que este cáncer determine la extinción de la especie, comenta.

Pero tampoco se trata de una buena noticia, advierte. Esta reducción en el índice de contagio puede deberse simplemente a que, al quedar tan pocos demonios de Tasmania, el cáncer no puede propagarse con la misma eficacia que antes. Hay que aclarar, además, que el estudio no analizó la DFT2, cuya tasa de infección sigue siendo desconocida.

Complejidades del cáncer

Otro estudio, publicado en PLOS Biology en noviembre, sugiere que la historia del cáncer de los demonios es aún más complicada.

Elizabeth Murchison, genetista de la Universidad de Cambridge, y sus colegas encontraron que la DFT1 tiene cinco manifestaciones  diferentes, y todas podrían infectar al mismo animal. Algo así como lo que sucede cuando el cáncer de mama se propaga al cerebro, los pulmones y el hígado, explica Murchison en un correo electrónico: "Podría decirse que la DFT1 ha hecho metástasis en la población de demonios de Tasmania".

Y estas diferencias genéticas pueden determinar el modo en que la especie puede recuperarse.

Lyons, por ejemplo, se encuentra trabajando en una vacuna para evitar que los demonios propaguen la enfermedad, pero debe tener en cuenta esas complejidades genéticas, porque incluso podrían empeorar las condiciones.

Del mismo modo, reintroducir demonios de Tasmania en la naturaleza podría ser contraproducente si estos animales criados en cautividad carecen de ciertas adaptaciones evolutivas que los ayuden a combatir la enfermedad. 

Por este motivo, justamente, desde 2016 no se liberan más demonios de Tasmania, comenta Carolyn Hogg, especialista en biología de la conservación de la Universidad de Sydney. Por lo pronto, los que se han liberado recientemente en Australia continental no han entrado en contacto con el cáncer.

“La enfermedad persiste, pero las poblaciones están sobreviviendo”, cuenta Hogg. Y agrega que los animales también se enfrentan a otras amenazas, como la endogamia, la fragmentación del hábitat, los choques de vehículos, entre otras.

A pesar de todo, los conservacionistas no se dan por vencidos: "Los que vienen trabajando con demonios de Tasmania hace tiempo han sido siempre muy optimistas", expresa Hoggs.

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