Los colibríes ven colores que los humanos no pueden percibir

Estas pequeñas aves ven colores que los humanos no pueden ni siquiera imaginar. “Es una de las cosas más asombrosas que he investigado", señala la bióloga responsable del estudio.

Friday, June 26, 2020,
Por Virginia Morell
Este colibrí coliancho macho participa de un estudio (en Colorado) sobre cómo perciben el color estas ...

Este colibrí coliancho macho participa de un estudio (en Colorado) sobre cómo perciben el color estas aves.

Fotografía de Noah Whiteman, University of California, Berkeley

Un colibrí macho sobre una rama, desplegando su plumaje colorido e iridiscente es, sin duda, una imagen fascinante. Pero parece que los humanos no apreciaríamos el cuadro completo, ya que, según un nuevo estudio, los colibríes ven colores que los humanos no podemos percibir.

Los científicos ya han notado que las aves tienen una visión en color más sofisticada que los humanos. Al igual que la mayoría de los primates, los humanos somos tricromáticos, es decir, nuestra retina cuenta con tres tipos de receptores o conos para percibir los colores (azul, verde y rojo). En cambio, las aves tienen cuatro conos de color, lo que significa que son tetracromáticas.

Con nuestros tres conos podemos ver los colores del arcoíris: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, cian y violeta, los denominados tonos espectrales. Podemos ver también un color puro no espectral (es decir, que no está en el arcoíris): el púrpura, porque se activan a la vez los conos rojo y azul.

En teoría, los cuatro conos de color de las aves les permiten distinguir un abanico de colores más amplio, incluido el espectro ultravioleta, que comprende colores como el verde UV y el rojo UV. Pero hasta ahora no se había estudiado en detalle qué es lo que pueden ver realmente las aves.

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Conoce al colibrí magnífico. También conocido como el colibrí de Rivoli, es una de las más de 340 especies de colibrí en el mundo. Al girar sus alas en un movimiento de figura 8, los colibríes pueden flotar en el aire, una hazaña increíble que usan para beber el néctar de las flores.

Por eso, Mary Stoddard, bióloga evolutiva de Princeton University, se propuso realizar, junto con un grupo de colegas, una serie de ensayos con colibríes colianchos salvajes en el área del Rocky Mountain Biological Laboratory en Colorado. Los resultados revelaron que las aves eran capaces de discernir comederos de color espectral de los de color no espectral.

“Haber presenciado esto fue una de las cosas más asombrosas que me ha tocado vivir como investigadora”, afirma Stoddard, cuyo trabajo se publicó en la revista Proceedings of National Academy of Sciences.

Según Trevor Price, biólogo evolutivo de la Universidad de Chicago, que no participó en la investigación, el estudio significa “un gran avance”, ya que constituye el análisis más exhaustivo, hasta la fecha, de cómo las aves distinguen los colores.

“En realidad, recién ahora estamos empezando a entender la visión en color de los animales”, afirma.

Un estudio muy audaz

Para llevar a cabo el estudio, Stoddard y su equipo colocaron varios comederos tubulares y dispositivos LED cerca del laboratorio. Programaron los dispositivos de modo que proyectaran en la superficie dos colores diferentes, uno para un comedero que contenía agua con azúcar y otro para el que tenía solo agua.

“Es importante que las pruebas se realicen en el medio natural para poder entender la experiencia sensorial del mundo que tienen estas aves”, explica Stoddard.

Los colibríes, que se alimentan del néctar de las flores, enseguida asociaron uno de los colores con el más gratificante comedero de agua azucarada y el otro, con el de agua común.

Durante los tres veranos desde 2016 a 2018, los investigadores llevaron a cabo 19 experimentos y registraron unas 6.000 visitas de colibríes. Habiendo rastreado estas visitas, pudieron demostrar que los colibríes elegían sistemáticamente el comedero con el agua azucarada, cuando se correspondía con un tono espectral o no.

“Por ejemplo, las aves tenían que optar entre un comedero de color verde UV y otro verde normal, y en efecto, podían notar la diferencia; para nosotros esos colores se ven iguales”, afirma Stoddard.

"Fue un enfoque experimental muy audaz", expresa Karen Carleton, bióloga evolutiva de la Universidad de Maryland, College Park. El estudio demuestra que, "ante los ojos de un colibrí, el mundo se ve totalmente diferente".

A puro color

La visión en color ayuda a los animales a elegir comida y pareja y a evitar a los depredadores. Por ejemplo, las abejas pueden ver patrones ultravioletas en flores amarillas que las guían hacia el néctar. Cuando nosotros vemos la misma flor, solo vemos pétalos amarillos.

Para determinar por qué los colibríes son capaces de ver una variedad de colores tan amplia, Stoddard y sus colegas analizaron datos existentes sobre los colores del plumaje de varias aves y los colores de las plantas. Determinaron que los colibríes podrían ver un 30 por ciento de los colores del plumaje de las aves y un 35 por ciento de los colores de las plantas en tonos no espectrales, colores que “los humanos no podemos ni imaginar”, señala Stoddard. Es probable que esta capacidad sirva para que estas aves puedan localizar una amplia variedad de plantas y su néctar.

Stoddard y su equipo creen que los resultados se aplican a todas las aves con visión tetracromática que están activas durante el día, así como a diversos peces, reptiles e invertebrados. Y este nivel de agudeza en la visión también podría haber sido un rasgo característico de los dinosaurios que, según se cree, tenían plumas de colores.

Los mamíferos evolucionaron como seres nocturnos, y no tuvieron necesidad de distinguir los tonos del mundo diurno; por eso la mayoría de ellos—como los perros y gatos— son dicromáticos y solo tienen conos azules y verdes. Los humanos contamos con un tercer cono (rojo), probablemente debido a que los primates primitivos desarrollaron una atracción por los frutos hiper maduros.

“Si queremos llegar a comprender la diversidad de colores en la naturaleza, está claro que tenemos que entender las diferencias entre las especies con respecto a su percepción del color”, añade Price. “Este estudio nos muestra qué camino hay que tomar”.

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