Animales

El loro africano más amenazado lucha por sobrevivir

Hay menos de 2000 loritos robustos en los húmedos bosques del sur de Sudáfrica. Lunes, 28 Mayo

Por Christine Dell'Amore

HOGSBACK, SUDÁFRICA - El Bosque estatal Hogsback es una reserva mágica de húmedos helechos y árboles gigantes cubierta por un lichen enmarañado denominado la barba del hombre.Se dice que J.R.R. Tolkien, el autor de “El Señor de los anillos”, se inspiró en las húmedas montañas de la región y las abruptas cataratas para escribir la trilogía.

Hogsback es el refugio del árbol nacional de Sudáfrica, el afrocarpus (yellowwood). Las empresas madereras lo utilizan para hacer muebles, y, desde finales de 1800, han arrasado con el 60 por ciento de los bosques de afrocarpus del país.

La gran pérdida de estos árboles nativos ha tenido tremendas consecuencias para el único loro originario de la zona, el lorito robusto, que cuenta con los afrocarpus para comer y hacer su nido. La enfermedad del pico y las plumas de las psitaciformes, causada por un virus, por lo general, letal, también ha hecho mella en el lorito. Todavía, se siguen debatiendo los orígenes del virus, pero los investigadores sugieren que los loros salvajes se lo podrían haber contagiado de las aves en cautiverio en pajareras.

Hoy en día, el lorito robusto lleva el cuestionable título de loro más extraño de África, con una población sobreviviente esparcida en tres pequeños y aislados bosques en las provincias sudafricanas de Cabo oriental, Limpopo y KwaZulu-Natal. Sin embargo, un equipo de investigadores especializado está trabajando para entender mejor esta especie muy poco conocida y revertir su espiral decreciente.

La pareja del Lorito Robusto 

Balanceándose alto en el borde el hueco de un árbol, un lorito robusto macho mueve su cabeza amarilla, brillante bajo la luz de la mañana. “Nos está observando", afirma Cassie Carstens, gerente de investigaciones del Proyecto del lorito robusto de Wild Bird Trust ((organización para el cuidado de aves salvajes), mientras nos sentamos sin mover un pelo en una arboleda de afrocarpus en el Bosque estatal Hogsback. Un destello de plumas esmeralda y el macho desaparece en una cavidad oscura en la que su pareja está incubando sus huevos.

Cassie y su esposa, Kate Carstens, son la pareja poderosa de la investigación del lorito robusto. Se abren camino por la vegetación espinosa para encontrar nidos escondidos y se enfrentan al frío de las 4 a.m. para seguir los graznidos de los pájaros, observar sus rituales de cortejo y estudiar su comportamiento diario.

Constantemente a la caza de semillas de afrocarpus, los loritos robustos vuelan grandes distancias (tranquilamente casi 97 kilómetros por día) para encontrar árboles que estén floreciendo. Pero cuando su comida favorita no está disponible, se adaptan y comen hasta 30 tipos distintos de semillas, nueces y frutas, aunque se desconoce si esos substitutos son tan nutritivos como su alimento principal.

En una pequeña huerta de nueces a casi una hora de Hogsback, Cassie me entrega una cáscara de nuez que un loro ha dejado abierta muy hábilmente. Me demuestra, imitando con su mano, cómo el ave sujetó la nuez con su garra izquierda, la volteó y la masticó.

Mientras caminamos por el bosquecillo de árboles desnudos haciendo crujir las cáscaras de nueces con nuestros pies, Carstens recuerda, con mucha felicidad, ese día de febrero en el que vio casi 600 loritos robustos elevarse sobre la huerta.

Pero este lugar también le trae recuerdos de experiencias preocupantes. En los últimos años, siete loros han sido encontrados muertos. Carstens afirma que algunos tal vez fueron aniquilados por aves de rapiña como el gavilán común, pero otros pudieron ser víctimas de cazadores.

Hay informes que establecen que niños de un pueblo cercano utilizaban gomeras para bajar a los pájaros y venderlos vivos por 200 rand o, por alrededor de 15 dólares estadounidenses. Los defensores de esta ave aseguran que estos incidentes pusieron en descubierto la falta de conciencia y valoración que hay sobre el lorito robusto; un ave que, según ellos, debería valorarse como tesoro nacional.

La pareja Carstens vive en la aldea de Hogsback, que alberga a 1000 personas y cientos de loritos robustos. Se pueden ver bandadas de estos extraños animales y oír su aleteo al amanecer y al anochecer.

Mientras desayuno en el hotel de Hogsback, converso con un grupo de turistas que están explorando los jardines del pueblo, que tienen nombres extravagantes como el Reino de las hadas, el Laberinto, y el Jardín y Galería de los espejos. Los visitantes nunca antes han escuchado sobre el lorito robusto y se sorprenden al enterarse de que esos extraños pájaros se ven en los jardines varias veces al día.

Cuando se lo menciono a Kate Cartstens, la veo visiblemente frustrada.

"Este lugar es conocido como un lugar místico de hadas y bosques", explica. "Y he aquí esta mágica ave endémica de Sudáfrica, y muchas personas ni siquiera saben que existe".

Registro genealógico

Para ayudar a aumentar la conciencia sobre la presencia del lorito robusto, Colleen Downs, un zoólogo de University of KwaZulu-Natal (Universidad de KwaZulu-Natal ), fundó el Día para observar al lorito robusto.

Hoy, en su vigésimo aniversario, el evento anual envía voluntarios y niños de distintas escuelas a los bosques costeros para buscar a las extrañas aves o algún signo de su presencia. En mayo de 2017, se contaron 1500 aves.

"Los números se han mantenido estables en los últimos 10 años, algo que no esperábamos", afirma Downs, quien ha estudiado a las aves por décadas.

Esa estabilidad se debe, en parte, a las leyes que exigen que se debe obtener un permiso especial para tener un lorito robusto como mascota. Sin embargo, Downs explica que no significa que no los quieran.

Para controlar a las aves cautivas y sus orígenes, Downs se unió con el genetista Sandi Willows-Munro para crear un registro genealógico oficial del lorito robusto. Willows-Munro ha identificado marcadores moleculares en el ADN de las aves que le permiten identificar a los loritos individualmente.

"Al combinar los análisis genéticos con un buen registro genealógico, se podrá determinar si un ave ha nacido en cautiverio o es un ave silvestre", explica Willows-Munro.

Esperanza arraigada 

"A fin de darles a los loritos robustos la posibilidad de recuperar la especie, Sudáfrica necesita proteger, por lo menos, al 18 por ciento de sus bosques de afrocarpus", afirma Steve Boyes, director científico de Wild Bird Trust. Boyes, quien también es explorador de National Geographic, está trabajando para crear un refugio para las aves de 182 km² aproximadamente.

Mientras tanto, el Proyecto del lorito robusto tiene varios viveros de afrocarpus en el Bosque estatal de Hogsback, que proporciona semillas y plantines a los productores del pueblo lindero y compra plantines cuando ya son lo suficientemente grandes como para plantarse en el suelo.

Una tarde, Cassie camina muy orgullosa por un vivero en el pueblo Sompondo, un grupo de casa pequeñas en un valle debajo de Hogsback. El lugar está rodeado por crestas de bosque altas, un mosaico de verdes interrumpido por ocasionales cataratas.

En el sombreado invernadero, cada propietario se ocupa de su pequeña porción de afrocarpus bebés en los diferentes niveles de desarrollo. En este momento, la mayoría son brotes con hojas de 30 centímetros de alto, alineados en macetas.

Pero muy pronto, estos pequeños árboles echarán raíces en las laderas a nuestro alrededor, y crecerán altos y fuertes hasta el tan ansiado día en que sus copas de llenen de graznidos del loro nativo de Sudáfrica.

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