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Los océanos

Aprende la información esencial sobre el hábitat más grande del planeta. Lunes, 11 Junio

Por Redacción National Geographic

Estas vastas masas de agua que rodean los continentes son fundamentales para la humanidad. Pero la sobrepesca y el calentamiento global amenazan con devastar estos hábitats vitales.

El océano es una masa de agua salada continua que cubre más del 70 por ciento de la superficie terrestre. Las corrientes oceánicas rigen la meteorología del mundo y contienen un caleidoscopio de vida. Los humanos dependen de estas prolíficas aguas para su bienestar y su supervivencia, pero el calentamiento global y la sobrepesca amenazan con alterar y vaciar el océano.

Los geógrafos dividen los océanos en cuatro secciones principales: el Pacífico, el Atlántico, el Índico y el Ártico. Las regiones oceánicas más pequeñas reciben el nombre de mares, golfos y bahías, como el mar Mediterráneo, el golfo de México o la bahía de Bengala. Las masas de agua salada aisladas, como el mar Caspio y el Gran Lago Salado, son independientes de los océanos del mundo.

Los océanos contienen 1.350 millones de kilómetros cúbicos de agua, que es aproximadamente el 97 por ciento del suministro de agua de la Tierra. El agua es un 3,5 por ciento sal y contiene restos de todos los elementos químicos que se encuentran en el planeta. Los océanos absorben el calor del sol, transfiriéndolo a la atmósfera y distribuyéndolo por el mundo mediante sus corrientes oceánicas en movimiento. Esto rige los patrones meteorológicos globales y actúa como un calefactor en invierno y el aire acondicionado en verano.

La vida marina

La vida comenzó en el océano, que sigue siendo el hogar de la mayoría de las plantas y los animales de la Tierra, desde diminutos organismos unicelulares a la ballena azul, el mayor animal vivo del planeta.

La mayor parte de la vida vegetal de los océanos son algas microscópicas denominadas fitoplancton que flotan en la superficie y, a través de la fotosíntesis, producen aproximadamente la mitad del oxígeno que respiramos los humanos y el resto de criaturas terrestres. Las macroalgas y el kelp son algas grandes que se distinguen fácilmente a simple vista. Las plantas marinas con raíces, como las praderas marinas, solo pueden sobrevivir a profundidades en las que los rayos del sol puedan sustentar la fotosíntesis: a unos 200 metros. Casi la mitad del océano tiene más de 3.000 metros de profundidad.

Se creía que las zonas de máxima profundidad del océano carecían de vida, pero existen puntos calientes biológicos en torno a lugares como fuentes hidrotermales y en otras zonas abisales. Estas estructuras parecidas a chimeneas escupen gases y agua rica en minerales del interior de la corteza terrestre. Los gusanos tubo y los mejillones se acumulan en torno a las fuentes hidrotermales para alimentarse de bacterias adeptas al calor. En las aguas circundantes acechan peces con ojos sensibles, dientes translúcidos y cebos bioluminiscentes.

Otros peces, pulpos, calamares, anguilas, delfines y ballenas nadan en mar abierto mientras cangrejos, langostas, estrellas de mar, ostras y caracoles se arrastran por el lecho marino. Las criaturas como las medusas carecen de un modo de desplazamiento propio y la mayoría se deja llevar por el impulso del viento y las corrientes. Los mamíferos, como las nutrias, las morsas e incluso los osos polares, dependen del océano para sobrevivir y entran y salen de él según exija su biología.

Las colonias de pólipos forman arrecifes de coral cuando mueren. Los arrecifes suelen encontrarse en aguas tropicales poco profundas y albergan un brillante mosaico de pólipos, plantas y peces. Los arrecifes de coral también son las víctimas visibles de la actividad humana. El calentamiento global, la colmatación, la contaminación y otros fenómenos estresan a los corales hasta que mueren, y los pescadores con exceso de celo atrapan más comida de la que los arrecifes pueden reponer.

El impacto humano

Las actividades humanas afectan a casi todas las partes del océano. Las redes perdidas y desechadas que van a la deriva suponen una trampa mortal para peces, aves marinas y mamíferos marinos. Los buques derraman combustible y desechos y transportan criaturas a hábitats extraños que no están preparados para su llegada. Los manglares se talan para construir casas y dejar espacio para la industria. Más de la mitad de la población de Estados Unidos vive en zonas costeras y vierte basura y aguas residuales al océano. La escorrentía de los fertilizantes de las granjas convierte amplias extensiones del océano en zonas muertas, entre ellas un área en el golfo de México en cuya superficie podría caber 15 veces la Ciudad de México. El dióxido de carbono, gas de efecto invernadero, acidifica las aguas del océano, y la afluencia de agua dulce de los glaciares que se derriten amenaza con alterar las corrientes.

Los conservacionistas insisten en la necesidad de implementar protecciones internacionales para proteger y reabastecer las poblaciones menguantes de peces, así como en la reducción de gases de efecto invernadero para frenar el cambio climático.

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