Más arcoíris en el futuro: ¿por qué es un mal presagio?

En muchas culturas, los arcoíris representan riesgo en lugar de esperanza. Esta perspectiva coincide con un nuevo estudio que vincula el surgimiento de más arcoíris al cambio climático.

Un espectacular arco iris doble sobre rocas rojas cerca de Sedona (Arizona).

Fotografía de Derek Von Briesen National Geographic Image Collection
Por Alejandra Borunda
Publicado 7 dic 2022 07:25 GMT-3

Una mañana, hace algunos años, la científica Kimberly Carlson miró por la ventana de su casa en el Valle de Mānoa (Oahu) y encontró un arcoíris tan brillante y colorido que quedó maravillada.

Pero no era algo inesperado: Hawái es hoy quizá el mejor lugar del mundo para encontrar arcoíris, y Mānoa, en especial, cuenta con condiciones ideales para formar arcos coloridos: lluvias frecuentes y luz solar.

Pero Carlson, quien es profesora de Ciencias Ambientales en la Universidad de Nueva York, se dio cuenta de que no sabía responder una pregunta muy simple: ¿Afectaría el cambio climático a los increíbles arcoíris de Hawái (y de todo el planeta)? La experta le planteó este interrogante a algunos colegas, y se sintieron tan intrigados que convocaron a una clase masiva para investigar. En noviembre, publicaron sus hallazgos.

El cambio climático está afectando a los arcoíris; ahora podemos afirmarlo”, advierte Carlson, autora principal del artículo, quien utilizó modelos informáticos para simular condiciones futuras que den origen a estos arcos. A medida que los principales patrones climáticos se alteran debido al cambio climático, muchas partes del mundo, en particular los lugares más cercanos a los polos, como Alaska o Siberia, recibirán más lluvia, lo que podría sumar decenas de días con arcoíris para fines de siglo. 

“Pero también tenemos la otra cara de la moneda”, señala la investigadora. Se pronostica que, en el futuro, el Mediterráneo, el sur de África e incluso partes de América del Sur tropical se volverán más secas y para 2100 podrían perder una buena parte de los días que propician arcoíris.

Y aunque los arcoíris suelen inspirar momentos alegres como los que ella misma vivió en Mānoa, los cielos multicolores son en realidad una señal de problemas graves en todo el mundo.

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¿Cómo se forman los arcoiris?

“Los arcoíris son como las malas hierbas: surgen en el lugar que sea, pequeños o grandes, brillantes o, a veces, insignificantes”, cuenta Raymond Lee Jr., experto en óptica y meteorología de la Academia Naval de EE. UU. en Annapolis (Maryland). Eso se debe a que sus ingredientes básicos son comunes y se rigen por una física relativamente sencilla.

La receta o condición básica para que exista cualquier segmento del arcoíris es que haya lluvia que reciba la luz del sol”, sostiene el especialista.

Primero, se necesitan gotas de lluvia: según Lee, cuanto más grandes, mejor, ya que las gotas más pequeñas reflejan y refractan la luz solar de un modo tal que produce que las ondas de luz que emergen interfieran entre sí, lo que atenúa el brillo de los arcos. Por lo tanto, la luz solar debe cruzar la atmósfera en un ángulo menor a 42 grados desde el ojo del observador, lo que ocurre durante la mañana o la tarde en la mayor parte del mundo. Finalmente, el cielo debe estar lluvioso, y no cubierto de nubes.

Carlson y sus colegas descubrieron que podían buscar esas condiciones exactas en los modelos climáticos, por fugaces y efímeros que fueran, y compararlos con observaciones reales de los arcoíris para confirmar que los modelos eran capaces de predecir el fenómeno de forma precisa.

Decidieron entrar en Flickr, un sitio web para compartir fotos, y buscar fotos etiquetadas con la palabra “arcoíris” en cualquier parte del mundo, durante un período de aproximadamente 10 años. Luego los compararon con lugares que los modelos climáticos predijeron tendrían las condiciones adecuadas para formar arcoíris: una cantidad de lluvia adecuada y ausencia de nubes en determinados momentos del día y del año. La mayoría de los modelos coincidieron con las observaciones, lo que indica que eran útiles para predecir futuros arcoíris.

Sin embargo, Lee, que no participó en el estudio, señaló que los modelos no pudieron predecir los arcoíris durante las ráfagas de lluvia intensa, justo cuando la física dictaría que aparecen los arcos más espectaculares por el mayor tamaño de las gotas.

Los arcoíris surgen a partir de una simple combinación de ingredientes: el ángulo correcto del sol y un cielo cargado de lluvia, más un observador que mira con el sol a sus espaldas. El resultado puede ser sorprendente, pero en muchas culturas, un arcoíris es señal de peligro o riesgo en lugar de júbilo.

Fotografía de Delvin Gandy National Geographic Image Collection

Más arcoíris en el futuro

Cuando el equipo de Carlson expandió los modelos climáticos hasta 2100 y buscó las mismas condiciones para la formación de arcoíris, surgió un patrón claro: en términos generales, una Tierra más calurosa implica más cantidad de arcoíris.

En promedio, en el futuro habrá un pequeño aumento de arcos coloridos: se sumarán al año, aproximadamente de cuatro a cinco días de arcoíris, además del promedio actual de 108 a 117, según los modelos que se tomen de referencia. Pero los incrementos más notables se concentran en unos pocos lugares.

“Los modelos predicen aumentos enormes en la cantidad de días de arcoíris para Rusia, Canadá, Alaska y en lugares que tienen elevaciones muy altas, como la meseta del Himalaya”, explica Carlson, y afirma que por año habrá 30, 40 e incluso 50 días de arcoíris adicionales.

Pero si aparece un arcoíris en el cielo y nadie lo ve, ¿ocurrió realmente? Se prevé que la parte del mundo con más arcoíris, como el Mediterráneo y muchas islas, tendrán menos arcos coloridos. Los lugares con más arcoíris en el futuro “no son donde hoy vive un gran número de personas, ni donde es probable que vivan en el futuro”, indica Carlson.

Los cambios derivan de patrones más amplios del cambio climático; de hecho, estas alteraciones ponen de relieve algunos de los mayores riesgos y peligros. Es probable que los aumentos en el Ártico, por ejemplo, se manifiesten porque en un futuro más caluroso, el agua que solía caer en forma de nieve caerá con mayor frecuencia en forma de lluvia. Y se predice que el Amazonas actual, con abundantes arcoíris, se verá más afectado por las sequías, tanto porque el bosque, que hoy crea su propia lluvia, perderá esa superpotencia al perder tamaño, como porque el cambio climático en todo el planeta está cambiando y transformando los patrones del clima que originan las lluvias tropicales.

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Modelos climáticos: una herramienta secreta

Cuando Andrew Gettelman, científico climático del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico, tomó conocimiento del artículo de Carlson, enseguida le envió un correo electrónico. Gettelman había estado trabajando en un proyecto similar, pero con un propósito diferente: averiguar cómo estaban funcionando los modelos climáticos.

Los modelos climáticos son excelentes en muchos aspectos, pero aún tienen dificultades para reproducir con precisión algunas de las partes de la receta del arcoíris: lluvias y nubosidad (que determina si el sol puede asomarse). Entonces, “observar si los modelos reproducen bien los arcoíris sirve para ver si el sistema está funcionando”, explica Gettelman. Hasta ahora, los modelos han predicho con precisión la aparición de arcoíris y coinciden con los resultados de Carlson.

“Lo que probablemente suceda [en el futuro] es que haya menos nubes y un poco más de lluvia, lo que significa que habrá más oportunidades de ver arcoíris dada la reducción de nubosidad”, detalla el experto. Lo que sugieren los modelos y esta investigación es que “en el futuro las nubes serán un poco menos frecuentes y un poco más delgadas”.

Y aclara que un porvenir con muchos arcoíris y menos nubes podría ser un signo de graves problemas en el planeta porque las nubes, en especial, las de posición baja, ayudan a enfriar el planeta al refractar la luz solar.

Significado de los arcoíris: esperanza, horror y otras representaciones

En ese sentido, un futuro con más arcoíris podría conectarse con la visión que tienen muchas culturas en todo el mundo, que tradicionalmente conciben este fenómeno como una señal de peligro o riesgo en lugar de un presagio positivo. 

“Pensemos: un aguacero intenso que se desplaza rápido y al que se le intercala la luz del sol suele asociarse a condiciones climáticas extremas”, dice Lee, y agrega: “Lo que sería un signo de condiciones precarias y peligrosas”.

En algunas comunidades nativas de Australia, los arcoíris representan a la Serpiente Arcoíris, una fuerza creadora pero también destructiva. Su aparición, en forma de arcoíris, está ligada a los ciclos estacionales del monzón: se va durante la estación seca y resurge, con fuerza en general, durante la estación lluviosa.

En Grecia, la diosa menor Iris representa el arcoíris. Solía servir de mensajera entre dioses y mortales, llevando mensajes de guerra o conflicto, o como puente entre la Tierra y el más allá.

Y en la antigua Babilonia, muchas calamidades, como la derrota de un famoso líder en el 651 a. C., fueron anticipadas por dramáticos arcoíris, lo que cimentó la idea de que constituyen un presagio peligroso.

En otros lugares, como Hawái, los arcoíris son prácticamente parte del paisaje. Los hawaianos nativos tienen una enorme cantidad de palabras para describir los arcos coloridos: pūloʻu describe un arco iris que no toca el suelo; kahili es un fragmento vertical que se eleva hacia el cielo; y punakea es un arco que apenas aparece, formado por pequeñas gotas que crean solo una leve mancha de color.

Los modelos, sin embargo, aún no muestran cambios importantes en el paisaje del arcoíris hawaiano. Pero “la tendencia general es que las islas experimenten sequías”, explica Steven Businger, coautor del artículo de la Universidad de Hawái, Mānoa.

Hasta que eso ocurra, Businger se aferra a un pequeño hilo de esperanza: “El cambio climático suele implicar sequías, desastres, destrucción, pero aquí tenemos esta forma de verlo que es más etérea”.

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