“Ahora o nunca”: las cuatro conclusiones urgentes del nuevo informe climático de la ONU

Para reducir el calentamiento global a niveles manejables, el mundo cuenta solo con unos pocos años para dejar de usar combustibles fósiles definitivamente.

Publicado 6 de abr. de 2022 09:43 GMT-3, Actualizado 8 de abr. de 2022 09:17 GMT-3
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Turbinas eólicas en Mojave, California. Un nuevo informe climático de la ONU dice que pasar de los combustibles fósiles a las energías renovables de inmediato es la única forma de reducir los efectos más nefastos del cambio climático en el mundo.

Fotografía de David Guttenfelder, Nat Geo Image Collection

A menos que las emisiones globales de los gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo a más tardar dentro de tres años y se reduzcan a partir de allí a casi la mitad para el año 2030, es probable que el mundo experimente impactos climáticos extremos, según el último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Según el informe Cambio Climático 2022: Mitigación del Cambio Climático, publicado el lunes 4 de abril, si no se toman medidas urgentes, la humanidad no logrará limitar el calentamiento a 1,5 °C, el umbral para un futuro con más incendios, sequías, tormentas y más eventos extremos.

Sin embargo, en sus niveles crecientes actuales, es probable que las emisiones de gases de efecto invernadero generen el doble de calentamiento global: aproximadamente 3,2 °C para el año 2100.

“Es ahora o nunca, si queremos limitar el calentamiento global a 1,5 °C”, expresó Jim Skea, copresidente del grupo de trabajo del IPCC que realizó el informe, en una rueda de prensa. “Sin reducciones inmediatas y profundas de las emisiones en todos los sectores, será imposible”.

Los gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra se encuentran en sus niveles más altos en la historia humana. Las emisiones disminuyeron drásticamente en 2020 como resultado de los confinamientos por la pandemia, pero en 2021 igualaron o incluso superaron el récord de 2019, año en el que fueron aproximadamente un 12% más altas que en 2010 y un 54% más altas que en 1990, cuando se publicó el primer informe del IPCC.

Skea señaló, no obstante, que “hay una mayor evidencia de la acción climática”. La tasa de aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero fue más lenta entre 2010 y 2019 que durante la década anterior; y ahora contamos con tecnologías y políticas que permitirían reducciones drásticas en las emisiones, si existiese la voluntad política para implementarlas.

“Estamos en una encrucijada”, agregó el presidente del IPCC, Hoesung Lee, en la sesión informativa. “Las decisiones que tomamos ahora pueden asegurar un futuro habitable. Tenemos las herramientas y los conocimientos necesarios para limitar el calentamiento”.

Algunas de las conclusiones clave del informe incluyen:

La revolución de las energías limpias se está volviendo mucho más barata 

Para que haya alguna esperanza de limitar el calentamiento a 1,5 °C, el uso de carbón debe reducirse en un 95% en todo el mundo, mientras que el consumo de petróleo y gas debe reducirse en un 60% y un 45%, respectivamente, para 2050. Afortunadamente, para muchas personas en muchos lugares, instalar nueva energía limpia es más barato que operar la energía de combustibles fósiles existente y, a menudo, más barato que instalar nueva infraestructura de combustibles fósiles.

Desde 2010 hasta 2019, el costo tanto de la energía solar como de las baterías de iones de litio disminuyó en promedio un 85%, mientras que el de la energía eólica disminuyó un 55%. Dichas disminuciones han permitido un despliegue significativamente más generalizado de esas tecnologías: por ejemplo, el uso de vehículos eléctricos se multiplicó por 100 durante la misma década y la energía solar ahora es 10 veces más frecuente en todo el mundo, aunque estas cifras varían mucho de un país a otro y de una región a otra.

“Tenemos, al menos en la fase de investigación, desarrollo y demostración, todas las tecnologías que necesitamos para descarbonizar nuestra economía y las que todavía necesitamos desarrollar podrían llevarse a cabo rápidamente con las políticas adecuadas”, señala Genevieve Guenther, directora y fundadora de End Climate Silence y autora del próximo libro The Language of Climate Politics (El idioma de la política climática). “Como vimos en la Segunda Guerra Mundial, cuando al principio algunos de nosotros estábamos usando un caballo y un carruaje y al final estábamos dividiendo el átomo, los seres humanos podemos lograr maravillas cuando nos lo proponemos”.

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La política y la resistencia al cambio son los principales obstáculos

Muchos países han implementado políticas que han mejorado la eficiencia energética, reducido las tasas de deforestación o acelerado el despliegue de tecnología de energía limpia. Otros se han comprometido a reducir las emisiones en virtud del Acuerdo de París.

Sin embargo, los objetivos de muchos países no son lo suficientemente ambiciosos, mientras que otros países han prometido reducir significativamente sus emisiones pero no muestran signos de tomar las medidas necesarias.

“Algunos líderes gubernamentales y empresariales dicen una cosa, pero hacen otra”, afirmó el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en respuesta a la publicación del informe. “En pocas palabras, están mintiendo. Y los resultados serán catastróficos”.

El informe del IPCC argumenta que “sólo por consideraciones tecnológicas y de costos, la mitigación de las emisiones para limitar el calentamiento a 1,5 °C es factible”. Los obstáculos son “las políticas y las relaciones de poder y los intereses del statu quo que bloquean las políticas climáticas, incluida la eliminación gradual de los combustibles fósiles. Esto incluye campañas de desinformación que buscan activamente socavar la fe en la ciencia del clima”.

“Esta es la primera vez que veo que se le da tanta importancia a la desinformación en un informe del IPCC”, señala Alexander Barron, profesor asistente de Ciencias y Políticas Ambientales en el Smith College de Massachusetts. “Como científico que trabaja en la política climática, he visto a supuestos expertos cuyo mensaje ha sido amplificado por grupos de expertos financiados por think tanks de la industria de los combustibles fósiles. He visto actores contratados para presentarse en reuniones comunitarias; para mí, es difícil exagerar hasta qué punto ha habido una oposición activa para avanzar en las direcciones que necesitamos”.

Además, el informe señala que la financiación de las energías renovables “está muy por debajo de lo que se necesita” y, de hecho, sigue palideciendo en comparación con los subsidios otorgados a los combustibles fósiles. Concluye que sólo con poner fin a estos subsidios, se podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 10% para 2030.

Observa cómo el CO2 que calienta el planeta se mueve en la atmósfera terrestre
Las concentraciones de CO2 atmosférico han aumentado en más del 40% durante los últimos dos siglos, en gran parte debido a las actividades humanas. Publicado originalmente el el 19 de abril de 2017.

Los recortes profundos y rápidos en las emisiones de metano son críticos 

Aunque tiene una vida más corta y es menos abundante en la atmósfera que el dióxido de carbono (CO2), el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente. Se proyecta que para mediados de siglo, éste represente el 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero, excluyendo al CO2. No obstante, debido a que es menos persistente en la atmósfera, los recortes profundos en sus emisiones pueden reducir rápidamente su impacto en el calentamiento global.

Una de las formas más efectivas de hacerlo es apuntar a las emisiones “fugitivas”: el metano que se escapa a la atmósfera durante la extracción y el transporte de gas natural o de los pozos de petróleo abandonados hace mucho tiempo. El IPCC calcula que las emisiones fugitivas representan alrededor del 32% del metano liberado a la atmósfera a nivel mundial y el 6% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero.

La eliminación del CO2 será un recurso provisional clave, con advertencias

Dado el lento progreso hacia la reducción de la cantidad de gases de efecto invernadero que se arrojan a la atmósfera, el informe argumenta que mientras tanto será vital eliminar algunos de los que ya están allí. Algunas estimaciones afirman que 10 gigatoneladas de CO2, más que la producción total de los Estados Unidos en un año, deberán eliminarse de la atmósfera anualmente para mediados de siglo. Sin embargo, es probable que algunos de los métodos a implementarse presenten mayores inconvenientes potenciales que otros.

“Nos ha tomado tanto tiempo tomar el tipo de acciones tan necesarias, que no sorprende que algunos de estos modelos estén jugando un papel en la eliminación de dióxido de carbono, especialmente si queremos mantener los aumentos de temperatura por debajo de 1,5 °C”, afirma Barron. “Casi siempre es más fácil no emitir dióxido de carbono en primer lugar. Pero hay muchas cosas en la lista del informe, como la reforestación, la gestión forestal mejorada, mejores prácticas agrícolas, la protección de los ecosistemas costeros, que capturan naturalmente el dióxido de carbono y también son buenos para la biodiversidad y los medios de vida locales, que probablemente querríamos hacer de todos modos. Cuando surgen problemas, la gente espera que una tecnología mágica los solucione”.

Con este fin, el informe señala que algunos esfuerzos de remoción de carbono, como la forestación (plantar bosques donde antes no los había) y reconvertir la tierra para el cultivo de biocombustibles, pueden tener impactos negativos en la biodiversidad y en los medios de vida locales, mientras que la fertilización de los océanos (siembra de las capas superiores del océano con nutrientes para promover el crecimiento del plancton) podría causar cambios en el ecosistema y acidificación en aguas más profundas.

Para alcanzar una probabilidad de dos tercios de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 ºC, concluye el informe del IPCC, los modelos proyectan que a partir de ahora y hasta el año 2100 necesitaremos bombear entre 170 mil millones y 900 mil millones de toneladas de dióxido de carbono fuera de la atmósfera, utilizando una o ambas de las dos tecnologías propuestas. 

La primera de ellas consiste en la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS, por sus siglas en inglés). Así, mediante un proceso de combustión, el CO2 resultante es capturado y almacenado bajo tierra, lo que lleva a una eliminación neta del CO2 de la atmósfera. En la segunda tecnología, llamada captura directa de aire (DAC, por sus siglas en inglés), las máquinas literalmente extraen CO2 del aire mediante una reacción química.

Ambas tecnologías tienen serios inconvenientes, según los críticos: la creación de suficientes plantas bioenergéticas con tecnología BECCS desviaría enormes extensiones de tierras de cultivo al biocampo. Por otro lado, la tecnología DAC sigue siendo extremadamente cara.

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Urgente pero no imposible

Calificando el informe como “un momento decisivo para nuestro planeta”, el enviado presidencial especial de los Estados Unidos para el clima, John Kerry, afirma que el reporte muestra que “actualmente nos estamos quedando cortos en nuestra batalla para evitar las peores consecuencias de la crisis climática”. Sin embargo, asegura que “tenemos las herramientas que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para el 2030, alcanzar el cero neto para el 2050 y asegurar un planeta más saludable y limpio”.

A pesar de la urgencia inherente a las conclusiones del informe, Barron advierte que no se debe asumir que, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando más allá del 2025, la batalla está esencialmente perdida.

“Incluso si superamos los 1,5 °C, cada décima de grado que consigamos mantener por debajo de los 2 grados conducirá a una tremenda reducción en la cantidad de sufrimiento humano”, señala. “Realmente necesitamos acelerar drásticamente lo que estamos haciendo en todos los frentes y cuanto más esperemos, más daño climático sufriremos”.

La mayor incertidumbre en el informe del IPCC, en palabras de Barron, “es qué va a hacer la gente y eso no no es algo que escape a nuestro control. Podemos optar por ir por un camino o por el otro. La pregunta es cuánta gente se va a sumar a la luchar”.

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