La guerra en Ucrania podría provocar una escasez mundial de alimentos

Con muchos menos granos y fertilizantes ucranianos y rusos entrando en los mercados globales, los expertos temen que este año llegue un período sombrío de escasez y precios más altos de alimentos.

Por Joel K. Bourne, Jr.
Publicado 31 mar 2022 05:01 GMT-3, Actualizado 31 mar 2022 07:40 GMT-3
Ukraine wheat impact 01

La invasión rusa de Ucrania podría implicar menos pan en las mesas de las familias en Palestina, Líbano, Yemen y en otras partes del mundo árabe, donde millones de personas se encuentran ya en situaciones extremas. La región depende en gran medida del trigo de Rusia y de Ucrania y cualquier escasez de alimentos básicos tiene el potencial de provocar disturbios.

Fotografía de

Jonathan Clibborn en este momento debería estar aplicando nitrógeno en sus campos de trigo, estar recibiendo la entrega de semillas de maíz y girasol y preparándose para comenzar a plantar mañana, 1° de abril. Además, debería estar disfrutando de la primavera en su granja cerca de Leópolis (Lviv) en el oeste de Ucrania con su esposa ucraniana, sus tres hijos y su perro.

En cambio, Clibborn, un inmigrante irlandés, está haciendo lo mismo que casi todos los demás agricultores ucranianos por estos días: manteniéndose en contacto con sus familiares que habitan en las zonas de guerra, protegiendo a las familias que huyen de las bombas y luchando para mantener su granja a flote.

Si no tienen éxito, advierten los expertos, no solo muchos ucranianos pasarán hambre, sino que también lo harán cientos de millones en todo el mundo, lo que puede desencadenar la mayor crisis alimentaria desde la Segunda Guerra Mundial.

Invasión rusa a Ucrania: la producción mundial de trigo en riesgo

Ucrania y Rusia juntas producen casi el 30% del trigo comercializado en el mundo y aportan el 12% de las calorías que genera la industria alimenticia en el planeta anualmente. Sin estos dos países, el aumento de los precios de los alimentos y la escasez de los mismos podrían desencadenar una ola de inestabilidad que el mundo no ha visto desde la Primavera Árabe de 2012.

La guerra casi ha cerrado las exportaciones de granos de ambos países. Y dado que las dos naciones (junto con el aliado sancionado de Rusia, Bielorrusia) también suministran grandes cantidades de fertilizantes, la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin podría afectar a todos los agricultores del mundo este año y en el futuro cercano.

El trigo crece en un campo cerca de Úzhhorod, región de Transcarpatia, al oeste de Ucrania.

Fotografía de

Aun así, Clibborn se considera afortunado. Se mudó a Ucrania hace 15 años con tan solo la camisa que tenía puesta y ahora cultiva 3.000 hectáreas en la región relativamente ilesa al oeste de Leópolis, cerca de la frontera polaca.

“Algunas personas no pueden fertilizar su cosecha porque los rusos están disparando contra todo lo que se mueve”, confirma un Clibborn con un cansado acento irlandés. “Hay informes que dicen que minaron los campos, los caminos a los campos, sin mencionar los varios explosivos sin estallar y los cadáveres. Creo que la producción [del trigo] estará por el piso, tal vez un tercio o un cuarto del rendimiento normal”.

Con el conflicto prolongándose y con el inicio de la temporada de siembra a sólo un día de distancia, el tictac de la bomba de tiempo agrícola suena cada vez más fuerte. Unos 26 países de todo el mundo obtienen más de la mitad de su trigo de Rusia y Ucrania, dice Arif Husain, economista jefe del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Si esta guerra no se resuelve en las próximas semanas, las cosas empeorarán aún más”, afirma Husain. “Eso significa que Ucrania no podrá plantar maíz. El trigo de invierno no será fertilizado y la cosecha se reducirá drásticamente. Eso es un peligro real. Es un país de 40 millones de personas, pero producen alimentos para 400 millones. Esa es la realidad de un mundo globalizado. Estamos todos juntos en esto”.

Ucrania: un granero cerrado bajo llave

Durante la última década, Ucrania, conocida hace mucho tiempo como el granero de Europa, se ha convertido en una potencia agrícola para gran parte del mundo en desarrollo. Mejores semillas, nuevos equipos y mejor agronomía, combinados con una inversión masiva (por parte de compañías como Cargill, Bunge y Glencore) en infraestructura de manipulación de granos y plantas de trituración de semillas oleaginosas en los puertos del Mar Negro, han más que duplicado las exportaciones de Ucrania desde 2012.

Ucrania se encuentra ahora entre los cinco principales exportadores de varios granos y semillas oleaginosas importantes, que van desde el 10% de las exportaciones mundiales de trigo hasta casi la mitad del aceite de girasol.

A medida que avanza la guerra, Rusia está bloqueando los puertos y destruyendo las ciudades portuarias; un misil ruso golpeó un barco fletado por Cargill en la primera semana de la invasión. Al mismo tiempo, las exportaciones rusas se ven obstaculizadas por las restricciones bancarias y las astronómicas primas de seguro en tiempos de guerra para los buques de granos.

Como resultado, los precios del trigo, el maíz y la soja ya se están disparando más arriba que en las últimas crisis mundiales de precios de alimentos de 2012 y 2008, con el trigo saltando un 60% desde principios de febrero.

El pastor español Cristóbal Jesús Calle López, de 39 años, alimenta con trigo a sus ovejas en Montejaque el 11 de marzo. La invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin y las sanciones resultantes se están extendiendo a la economía mundial, inflando los costos de productos básicos clave como el trigo y los fertilizantes.

Fotografía de Jorge Guerrero

Las crisis anteriores provocaron disturbios internacionales por alimentos, derrocaron gobiernos en Madagascar y Haití, y encendieron los levantamientos de la Primavera Árabe en el Medio Oriente. El mundo es aún más volátil hoy en día, alerta Husain, cuya agencia el año pasado alimentó a 128 millones de personas, la mayor cantidad en sus 60 años de historia.

“En 2008 no tuvimos al COVID”, dice. “No tuvimos guerra en Yemen o Siria o en Etiopía o el noreste de Nigeria. Debido al COVID, los gobiernos están agotados; los niveles de deuda son más altos que nunca en muchos países pobres. La inflación está a niveles récord. Incluso antes de que Ucrania fuera invadida, los precios de los alimentos estaban en sus máximos de 10 años y los precios del combustible estaban en sus máximos de siete años. Si a esto le sumas la pérdida de empleos y la pérdida de ingresos combinados con los precios altos, la gente está siendo acorralada por ambos lados. Esta crisis no podría haber llegado en peor momento”.

El PMA planea alimentar a un récord de 140 millones de personas este año, incluidos más de tres millones de ucranianos desplazados, así como a otros 44 millones en 28 países que se tambalean al borde de la hambruna. Muchas de esas naciones dependen de las importaciones de granos de Ucrania. Estas incluyen Yemen, Afganistán, Siria, Etiopía y casi una docena de otros países de Medio Oriente y África.

Para empeorar las cosas, los costos del PMA se dispararon después de la invasión, aumentando en 71 millones de dólares por mes y creando un déficit de 10 mil millones de dólares para el próximo año. Esto los ha obligado a comenzar a racionar los suministros de alimentos para las personas que más lo necesitan.

Una amenaza mayor: la crisis de los fertilizantes

Actualmente, unas 13,5 millones de toneladas de trigo y 16 millones de toneladas de maíz de la cosecha del año pasado de Ucrania y Rusia están atascadas debido a la guerra y las sanciones. Parte de ese déficit podría compensarse con mayores exportaciones de Australia o India, que obtuvieron excelentes cosechas de trigo el año pasado. Pero es el destino de la cosecha de Ucrania de este año lo que preocupa a los economistas.

Carga de trigo en un granelero en el puerto de Geelong, Victoria, Australia, el 4 de marzo. Los precios del trigo se han disparado al nivel más alto desde 2008 debido a los crecientes temores de una escasez mundial como resultado de la guerra de Rusia contra Ucrania.

Fotografía de

“No solo estamos perdiendo seis millones de toneladas de grano” de la cosecha del año pasado de Ucrania, advierte David Laborde, analista senior del Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimentarias de Washington, D.C., “sino potencialmente 60 millones de toneladas. Perder la próxima cosecha será una falta crítica que nadie podrá compensar”.

Y ese ni siquiera es el mayor problema potencial, dice. Ucrania, Rusia y Bielorrusia también exportan grandes cantidades de fertilizantes de nitrógeno y potasio a todo el mundo.

“La mayor amenaza que enfrenta la industria alimenticia es la interrupción del comercio de fertilizantes”, añade Laborde. “El trigo afectará a algunos países. El problema de los fertilizantes puede afectar a todos los agricultores de todo el mundo y causar disminuciones en la producción de todos los alimentos, no solo de trigo”.

El mercado de fertilizantes ya estaba en crisis antes de la invasión rusa de Ucrania. Las exportaciones de potasa de Bielorrusia estaban bajo sanciones después de que el gobierno de ese país obligara a aterrizar a un vuelo de Ryanair el año pasado y arrestara a un disidente que se encontraba a bordo.

El COVID-19 interrumpió las cadenas globales de envíos y de suministro. El año pasado, el huracán Ida derribó dos grandes plantas de fertilizantes en la costa del Golfo de los Estados Unidos a las que les ha costado volver a su capacidad de producción, mientras que otra planta, en Carolina del Norte, fue destruida por un incendio. Muchos fabricantes europeos redujeron la producción de fertilizantes nitrogenados después de que el precio del gas natural (un ingrediente importante) se disparara el año pasado. Los países europeos, sudamericanos y africanos dependen en gran medida de los fertilizantes importados de la región del Mar Negro.

Agravando la situación, las reservas mundiales de trigo, maíz y soja están en su nivel más bajo de más de una década, dice Laborde, mientras que están comenzando a surgir de nuevo las prohibiciones de exportación que causaron interrupciones tan masivas en el mercado en 2008.

El otoño pasado Rusia ya había prohibido las exportaciones de fertilizantes;  China, otro importante exportador, también lo ha hecho. En 2021, el gigante asiático hizo una gran ola de compras de granos y soja para reconstruir sus propias existencias, así como su industria porcina, que perdió aproximadamente 100 millones de cerdos por un brote de gripe porcina africana.

A principios de este año, China anunció que anticipaba su peor cosecha de trigo de la historia y expertos independientes han confirmado su mal estado. Se espera que Beijing también importe más granos este año, solo para satisfacer la demanda, dice Arnaud Petit, director ejecutivo del Consejo Internacional de Granos, que monitorea el comercio de granos en todo el mundo.

“El mercado de granos está más ajustado que en 2008 o 2013”, dice Petit. Debido a la alta demanda de las poblaciones en crecimiento y las dietas cambiantes, “no esperamos ninguna reconstrucción de las existencias en los próximos cinco años. Por lo tanto, tendrá impacto cualquier conflicto o shock climático”.

Todo esto hace que una buena cosecha en el resto del mundo sea aún más importante.

“Lo que no podemos permitirnos ahora es una gran sequía en Kazajstán, Europa o Argentina”, dice Laborde del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI). “Los mercados explotarán. No quiero pintar un panorama sombrío. Si el planeta es generoso con nosotros este año, deberíamos estar bien. Pero un mal shock en este momento podría llevarnos al borde de una gran crisis alimentaria”.

Más banderas rojas

Jerry Hatfield pasó los últimos 30 años estudiando este tipo de eventos como director del Laboratorio Nacional de Agricultura y Medio Ambiente del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de Ames, Iowa. El preeminente climatólogo agrícola, ahora jubilado, está viendo banderas rojas en varias partes del mundo.

“Si este año sufrimos un choque climático en uno de los graneros del mundo, será catastrófico”, dice Hatfield. “Hará que 2008 y 2012 palidezcan en comparación”.

Uno de esos graneros está muy cerca de Hatfield. “En todo el Medio Oeste (de los Estados Unidos) estamos en la antesala de un período seco como el que vimos en la década de 1950, tal vez incluso en la década de 1930”, dice Hatfield. “Todavía no estoy diciendo Dust Bowl (un período de sequía combinado con tormentas de arena que azotó gran parte de América del Norte en la década de 1930). Pero no está fuera de discusión”.

“Creo que tendremos algunos shocks reales de producción a nivel mundial”, advierte. “Tenemos agitación política, agitación climática, problemas en la cadena de suministro para obtener fertilizantes y combustible. Quiero decir: ¿Qué más podría salir mal?”

Muchos agricultores estadounidenses ya están sintiéndose inquietos. Justin Bruch pasó siete años lidiando con problemas en la cadena de suministro como agricultor corporativo en Ucrania, administrando hasta 60.000 hectáreas antes de regresar a su casa en 2014 después de que Rusia invadiera Crimea y las regiones de Donbás.

Actualmente dirige una empresa de capital de riesgo agrícola en Omaha, Nebraska, mientras ayuda a su hermano a administrar la granja familiar cerca de Emmetsburg, Iowa.

El precio del fertilizante nitrogenado se ha más que duplicado, dice Bruch. Amigos agricultores de Brasil le dicen que tienen miedo de no obtener el fertilizante que necesitan. Uno de sus amigos de Iowa, con miedo de quedarse sin diésel, compró un camión cisterna para poder recibir todo el combustible que necesita para el año.

El propio Bruch no puede encontrar una rueda de pivote central en ninguna parte, que es una pieza de repuesto crítica para la temporada de riego. Más preocupantemente, dice, la humedad del suelo previa a la siembra es la más baja que ha visto en mucho tiempo.

“Un amigo mío el otro día cavó un metro y medio para arreglar una línea de riego”, comenta Bruch. “Me dijo que estaba completamente seco como la pólvora. Si nos encontramos con una situación en la que Brasil se queda sin fertilizantes, Ucrania no está produciendo alimentos y que haya una sequía en Estados Unidos, esto podría volverse ridículo”.

¿La historia se repite?

Aun así, la preocupación inmediata de Bruch es por sus amigos que todavía cultivan en Ucrania. Trató de convencer a su antiguo agrónomo, Vladimir Bubnov, para que viajara a los Estados Unidos días antes de la invasión, pero el ucraniano se negó.

Bubnov ahora dirige la antigua operación de Bruch cerca de Leópolis (Lviv), y habiendo rescatado a los miembros de su familia de la zona de guerra, se está preparando para plantar en la granja. Está en una mejor posición que Jonathan Clibborn; Bubnov envía correos electrónicos diciendo que tienen suficientes suministros para sembrar la granja esta primavera y, mientras la guerra no los alcance, dice que deberían poder cosechar sus cultivos. Pero es menos optimista sobre los agricultores que se encuentran más al este.

“La tierra que se encuentra bajo actividades de guerra: ninguna parte de ella será plantada, en mi opinión”, escribe Bubnov. “Y con la situación climática actual (siendo que el conflicto se desarrolla en gran parte en las fértiles zonas del sur y del sureste) muy pronto será demasiado tarde para plantar de todos modos. Todo esto disminuirá la potencial capacidad total de exportación de granos e incluso si nosotros, como país, producimos un poco menos de lo habitual, ¿cómo lo enviaremos? Las infraestructuras portuarias marítimas están siendo destruidas y la capacidad ferroviaria de todos modos no es suficiente para grandes cantidades de grano”.

A pesar de esto, Bubnov, un orgulloso ucraniano que creció cerca de Kiev, está haciendo todo lo posible por cultivar alimentos para su país, al igual que Clibborn lo está haciendo para su patria adoptiva.

Clibborn ha estado hablando con personas en el este del país. “Los rusos están volando los elevadores de granos”, dice que ellos le cuentan. “Están golpeando las instalaciones de almacenamiento en frío. Incluso hay informes de que están destruyendo equipos agrícolas. Hay un objetivo muy específico en lo que están haciendo”.

La situación suena inquietantemente similar al Holodomor, la hambruna planificada por Iósif Stalin a principios de la década de 1930 para aplastar la resistencia ucraniana a la colectivización agrícola. Stalin ordenó al ejército soviético que despojara a los campesinos ucranianos de cualquier almacén de alimentos que tuvieran, incluso el de sus mascotas. Se estima que murieron 3,9 millones de personas.

“Los paralelismos son aterradores”, reflexiona Clibborn. “Es realmente difícil de comprender, pero eso es lo que está sucediendo”. Envió a su esposa e hijos a quedarse con su familia en Irlanda, pero se preocupa por los parientes de su esposa que están en las aldeas del este de Ucrania.

“Creo completamente en Ucrania”, dice Clibborn. “Es deplorable lo que los rusos están haciendo aquí, pero el desafío y la voluntad de la gente es simplemente increíble. La gente dice que el ejército ucraniano es tan sólo de 200.000 hombres alistados. Pero en realidad es un ejército de 36 millones. Todos los que todavía están aquí están haciendo algo en cierta escala para ayudar en la defensa del país. No soy un soldado. Así es como ayudamos. Plantamos la granja para poder alimentar a la gente de Ucrania y, después de eso, al resto del mundo”.

Clibborn hace una pausa por un segundo y luego agrega: “¿Sabes? Putin ha hecho más por Ucrania que cualquiera de nuestros presidentes. Nos quitamos el velo y ahora estamos unidos. Ucrania occidental nunca olvidó lo que los rusos hicieron en el Holodomor. El lado oriental podría haber ido en cualquier dirección. Pero ahora, nadie tiene dudas. El país está unificado y de aquí saldrá una nación”.

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