Davi Kopenawa cuenta cuál es la realidad que viven los pueblos indígenas actualmente en Brasil

En una entrevista exclusiva, el chamán y líder yanomami repasa sus creencias ancestrales por las que considera esencial cuidar la naturaleza, alerta sobre las consecuencias del cambio climático y cuenta cuáles son las amenazas que recibe su comunidad.

Publicado 9 de sep. de 2021 15:48 GMT-3
Durante más de una hora, Davi Kopenawa Yanomami se sentó y habló con la periodista Paulina ...

Durante más de una hora, Davi Kopenawa Yanomami se sentó y habló con la periodista Paulina Chamorro en el Parque Municipal de Brasilia, el 8 de agosto de 2021. En la capital brasileña, él participó en la movilización que reunió a más de 6.000 indígenas para protestar contra la tesis del marco temporal que se está juzgando en el Supremo Tribunal Federal (STF).

Fotografía de ANDRÉ DIB

Fue durante la mayor movilización indígena desde la Constitución de 1988 que nos encontramos con el líder y chamán yanomami Davi Kopenawa. La conversación pasó por el momento histórico y decisivo que atraviesa hoy la lucha indígena, la minería ilegal en territorio yanomami y las formas de transmitir el conocimiento a los no indígenas por medio de la literatura y del cine.

Más de 6.000 indígenas se reunieron en el Acampamento Luta pela Vida ("Campamento Lucha por la Vida"), en la Esplanada dos Ministérios (Explanada de Ministerios), en Brasília, para seguir las sesiones del Supremo Tribunal Federal (STF) que juzga la constitucionalidad de la tesis del marco temporal. De ser aceptado por el Tribunal, el marco temporal podría expulsar a miles de indígenas de sus territorios tradicionales.

En medio de esta energía y movilización, nos reunimos en el Parque de la Ciudad, en Brasília, para escuchar al líder indígena.

Entre 2020 y 2021, dos importantes informes, uno sobre el impacto del coronavirus y el otro sobre la minería ilegal, revelaron las amenazas a la Tierra Indígena Yanomami, ubicada en el extremo norte de Brasil, entre los estados de Roraima y Amazonas.

El más reciente, Cicatrices en el bosque: la evolución de la minería, elaborado por la Asociación Hutukara Yanomami y la Asociación Wanasseduume Ye’kwana, señala que los temores que Davi Kopenawa expresó en libros, entrevistas y discursos se acercan. Hay más de 20.000 mineros ilegales en el territorio y un impacto equivalente a 2.000 canchas de fútbol de tierra quemada. De enero a diciembre de 2020, el tamaño del área degradada aumentó en un 30 por ciento.

Durante décadas se ha advertido sobre lo que estamos experimentando hoy (crisis climática, epidemias, destrucción de bosques). “Los blancos enfermarán la tierra y el cielo”, escribe Kopenawa en A Queda do Céu ("La caída del cielo").

Se ha entregado el mensaje del chamán, “para disparar flechas a los corazones de la sociedad no indígena”.

Son los pueblos indígenas los que están impidiendo que el cielo caiga sobre todos.

Davi Kopenawa estuvo en Brasília para acompañar las protestas contra la tesis del marco temporal, cuya constitucionalidad la discute el Supremo Tribunal Federal (STF).

Fotografía de ANDRÉ DIB

Paulina Chamorro, National Geographic: Hoy mismo abrí una página en [el libro] La caída del cielo que decía algo muy parecido a lo que estaba diciendo ahora. Que este bosque de bambú detrás es el que sostiene toda esta tierra aquí, que alrededor está seca. ¿Qué es lo que aún sostiene al planeta? ¿Qué sostiene nuestro estilo de vida, Davi?

Davi Kopenawa: Pey, Inaha thë kua (Bueno, es así) La visión del pueblo yanomami es ver la tierra, nadie mira hacia arriba (en vano)... La visión del pueblo yanomami es vigilar nuestra tierra-planeta. Es muy importante.

Esta es la cultura yanomami, la costumbre yanomami. Mis ancestros que la dejaron, nos la pasaron a los nuevos líderes para vigilar.

Hoy la tierra ya no es como solía ser.

Ahora lo que mantiene nuestro derecho de pueblo de la tierra es la gran alma de la selva amazónica.

Eso es lo que garantiza nuestra vida. Nuestra convivencia. Trabajar con salud, tener comida, agua, frutos del bosque, caza y pesca. La belleza de la naturaleza está relacionada con el pueblo yanomami, el pueblo yekuana y otros pueblos indígenas de Brasil.

La naturaleza es una luz para sostener la cultura de la tierra. La tierra no morirá, pero el bosque, sí, morirá. Cuando los hombres de la ciudad deforesten mucho, acabarán con el bosque. Omama (el creador) que nos protege, Omama que está junto con la naturaleza, con el bosque que sostiene nuestra supervivencia hoy y la de las generaciones futuras. Nuestros hijos seguirán manteniendo el bosque.

P.C.: Vivimos un momento sumamente delicado. Los pueblos indígenas que viven bajo la inseguridad legal, una amenaza en el propio territorio yanomami, diversas denuncias. El informe más reciente muestra el número de actividades mineras dentro del territorio yanomami. ¿De qué tiene miedo hoy? Después de tanto tiempo de lucha, de tanto tiempo de denuncias, la situación [sigue] empeorando. Pero hoy, ¿de qué tiene miedo, Davi?

D.K.: Los viejos líderes, que lucharon primero cuando yo era pequeño, empezaron a luchar, a defender. Esto se acabó y el problema persiste. Y el problema también va en aumento. El problema de la destrucción, la deforestación, la quema de bosques y las enfermedades aparecen cada vez más, y nadie lo sabe.

Tengo miedo y estoy enojado. Y no quería tener tanto miedo. Porque tengo miedo por mi pueblo yanomami. Porque mi pueblo, y los yekuana, no son conscientes del peligro que se avecina. El peligro es corrupto.

El peligro hoy tiene un nombre: PL490 [Proyecto de ley 490/2017].

Este camino se abrirá nuevamente para traer pérdidas, una vez más.

Muchos políticos a los que no les importa nada, solo quieren saber cómo mirar el dinero, cómo extraer riqueza del recurso natural.

¿Qué es el peligro? El peligro es una máquina. Las máquinas pesadas se acercan - el gobierno mohoti (ignorante, en español) quiere colocar máquinas en tierras indígenas. Esto es obra del gobierno. La máquina sale de la ciudad, entrará e invadirá la tierra reconocida y ratificada, que es territorio yanomami. Las máquinas destruyen todo. La máquina es un veneno. La máquina trae muchas cosas malas, enfermedades, gripe, tuberculosis, SIDA, alcohol y drogas. Me temo que traerá hambre a mi pueblo yanomami, así como la destrucción de los ríos de los que bebemos, de los que nos alimentamos. Las máquinas lo dañarán. Por eso tengo miedo, por mi gente.

No quiero permitir que eso suceda. El bosque es nuestro hogar, nuestra vida para vivir siempre con los pueblos indígenas yanomami e yekuana. [Me temo que] robarán nuestra tierra, nos quedaremos sin nada.

Solo un pedacito de tierra [nos nuestra con sus manos] quedará para nosotros y no quiero que sea así. Temo por los demás, por mis descendientes.

Hoy me enfrento a este peligro que está ahí.

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P.C.: Davi, a lo largo de su lucha, y por los testimonios que comparte, dice que desde niño ya ha presenciado este impacto en el territorio yanomami a través de la llegada de la carretera despúes las minas de oro. Hoy, ¿cómo clasifica, cómo entiende el territorio Yanomami a nivel de amenazas? ¿Existe peligro de conflicto con la minería o con las carreteras? ¿Cómo nos contaría lo que está pasando en territorio Yanomami?

D.K.: Yo les contaría la historia, como sucedió, con invasores de la sociedad y del gobierno. La comisión límite llegó primero para hacer la frontera entre Brasil y Venezuela. Fue ella la que abrió el camino a los invasores. Luego vino la enfermedad. En 1973, llegó la carretera, entró en tierra yanomami. Llegó otra enfermedad, el sarampión. Y mató a mi gente. Posteriormente llegaron invasores de la minería, en 1986.

Lo que pasó fue muy malo para mí y para mi gente.

Bueno, ya se ratificó la tierra de los yanomami. [Un] gobierno brasileño anterior, creo que fue el gobierno de José Sarney, [que] estaba haciendo 19 islas (una propuesta para demarcar el territorio yanomami en 19 pequeñas áreas indígenas discontinuas) junto con el presidente de la Fundación Nacional de los Indígenas (FUNAI). Eso ya se ha cambiado. Y no me gustó. Una pequeña parcela para cada (grupo) yanomami. La ratificación de la tierra yanomami no está garantizada. No tengo este documento de ratificación. El registro de la ratificación está en manos del gobierno. Por ello, están hablando ahora.

Luchamos, yo luché por una tierra única, grande para que vivieran los yanomamis.

El gobierno de Bolsonaro quiere disminuir la tierra, robar nuestras tierras. La tierra ya es reconocida por el pueblo brasileño y por los extranjeros. Así que quería que la tierra fuera reconocida y respetada, pues ya lo hemos logrado, devolvérsela a mi pueblo yanomami.

Quiero que se respete la tierra yanomami, el territorio yanomami. El pueblo yanomami son seres humanos de la tierra.

P.C.: Davi, [...] ahora hablemos sobre el xawara, COVID-19, que impactó enormemente el territorio yanomami, uno de los lugares más vulnerables, hasta el año pasado, en la región amazónica. ¿Cómo ven lo que está sucediendo con COVID-19 según el pensamiento yanomami?

D.K.: Nosotros, los yanomami e yekuana, estamos en la punta de la base de la ciudad y de la comunidad forestal.

Entró un gran grupo de mineros. Y la invasión llega como un animal.

[Los mineros] creen que tienen derecho a entrar de cualquier manera.

Como vemos los yanomamis: los hombres llegan hablando, llevan mensajes, hacen trampa, dan comida, dan ropa vieja y ofrecen rifles, armas de fuego, dinero.

¿Y luego qué pasa? Resulta que llega la enfermedad. Trae enfermedades del cuerpo del hombre. El hombre de ciudad con cuerpo enfermo. Pasa un mes viviendo cerca de la comunidad y el mosquito toma su sangre y se la transmite. Y luego comenzará la enfermedad de la malaria. Para nosotros, la enfermedad de la malaria es muy, muy fuerte. Y luego está otra enfermedad, la tuberculosis. El minero que llega con tuberculosis y le da las sobras de alimentos a los indígenas, que también contraen la enfermedad. Y los mineros llegan sin esposa, sin familia, y necesitan una mujer. Entonces empiezan a mirar a las indígenas, las encontrarán hermosas y querrán usarlas. Esto no es bueno. Los mineros las invitarán a acostarse en su hamaca, juntos, y eso trae más enfermedades, como gonorrea, SIDA, todo el mundo lo sabe.

Ahora hay esta otra enfermedad que ha aparecido, se llama Xawara Krukurisikɨ wai, es muy peligrosa y fuerte. Se llama coronavirus. Estaba escondida en la parte de la tierra, mis ancestros ya la dejaron en lo profundo de la tierra. Y la minería sigue cavando agujeros y la encontró. Eso es la enfermedad de los murciélagos. Es muy peligroso para los blancos y también para nosotros, el pueblo yanomami. Ya la tuvimos, yo la tuve, pero no estuve tan mal. No quería ir al hospital. Pero reaccioné, luché para que el murciélago no se metiera conmigo y con los yanomamis. Eso es la enfermedad. Otra enfermedad que también es muy mala para todos es el alcohol. La bebida alcohólica es para que el hombre blanco mate más rápido a mis indígenas. Se enferman más, queman el corazón, queman el estómago, se enferman rápidamente y mueren.

P.C.: ¿Entran en conflicto?

D.K.: Conflicto.

P.C.: ¿Todo por el territorio?

D.K.: Es por el territorio. Porque nos atacaron para extraer riquezas de la tierra yanomami. No llegarán allí y nos matarán. Buscan tomar el oro que está por debajo de nuestra comunidad. Por eso, nos atacaron. Esto es muy malo para nosotros. Muy malo.

P.C.: Sobre la crisis climática que ya la estamos sintiendo... Ya nos ha advertido durante mucho tiempo en el libro y en sus entrevistas. Recientemente, se publicó otro informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), que [muestra] lo que la ciencia también ha estado advirtiendo desde hace mucho tiempo sobre las consecuencias medioambientales. ¿Están sufriendo y evidenciando esto en territorio yanomami?

D.K.: No. Nosotros, los yanomami e yekuana, no estamos. El territorio yanomami tiene una energía muy fuerte. Protege nuestras vidas, la del pueblo yanomami. Todavía no ha pasado nada. Nuestro creador, nuestro creador yanomami, se llama Omama. Él nos protege. Somos sus hijos, hijos de Omama. Entonces nuestro padre, creador, junto con la naturaleza, junto con los chamanes, nos está protegiendo. Eso es una parte.

La otra parte, donde hay invasores de las minas, está arruinando nuestros ríos. Este es un sufrimiento para mi pueblo. La otra parte, que vive en Río Grande, tiene mucha dificultad. Se enferman, los niños que se bañan en el río se les cae el pelo, esto es consecuencia del veneno del mercurio. Y sufrimos de malaria. Padecemos y lo aguantamos, luchamos para no morir por todos. Lucho por la salud, que es responsabilidad de SESAI [Secretaría Especial de Salud Indígena], que nos cuida. El gobierno también tiene responsabilidad [sobre] la Tierra, el planeta Tierra. Usted me preguntó "¿está cambiando mucho el cambio climático?"... Sí, porque el bosque se está acabando. Se está acabando el bosque de San Pablo, Brasilia, Manaos, donde está la gran ciudad. Cortan mucho, dividen la tierra, acaban con todo, destruyen. Los agricultores talan miles de árboles. Por eso, se acerca el cambio climático, para pisar a nuestra madre tierra. Por eso está cambiando. El clima está demasiado fuerte para permitir que la gente de la ciudad sufra.

P.C.: Algo que dice la ciencia del hombre blanco y lo que dice el conocimiento indígena es exactamente eso, ¿verdad? Los territorios indígenas son los que sostienen todo esto.

D.K.: Es verdad. La gente de la ciudad, el político mohoti, siempre dice: "La tierra es muy grande y hay pocos indios". Son esos pocos indígenas que sostienen el planeta Tierra. Si no hay indígenas, no se sostiene, se hunde, porque el chamán está frenando la caída del cielo para que no se caiga sobre nosotros. El chamán lo sostiene para mantener el equilibrio. Nuestro trabajo, del chamán yanomami, es otra cosa. El trabajo es proteger a la gente de la tierra. El chamán yanomami no está ganando dinero, no está robando la tierra del otro. La gran alma de la Amazonía, junto a mi gente, junto a los xapiri pë (espíritus auxiliares, en español) junto con nuestro creador Omama, sostiene nuestra selva amazónica. Siempre decimos eso. Hablamos mucho, no es solo ahora. Ahora estamos hablando cada vez más, incluso los blancos de la ciudad, la gente de la mercadería, entienden, escuchan y respetan.

P.C.: Escuchar, ¿no es cierto, Davi?

D.K.: Escuchar, sentir y pensar en su próxima generación, como hacemos nosotros. El pueblo yanomami piensa en el futuro de otra generación para vivir, para usar el bosque vivo. Este es nuestro trabajo, el liderazgo tradicional, el conocimiento yanomami.

P.C.: ¿Necesitan los blancos volver a soñar? ¿Soñar con el bosque, soñar que es posible hacer algo por lo colectivo?

D.K.: Solo sueñan con la reforestación. La reforestación no es buena, no tiene fuerza. El bosque original tiene más fuerza. [Si] se tala el bosque y se lo reforesta, no tiene la fuerza para hacer que el agua regrese.

P.C.: Eso es interesante. Entonces, la reforestación no se sustenta, ¿no devuelve la vida que existía allí?

D.K.: No se sostiene para traer de vuelta nuestra vida, nuestra supervivencia como fue en el pasado. No traerá más felicidad, vivir bien, alegría, bañarse en agua limpia.

P.C.: La existencia de todos los animales...

D.K.: Los animales aquí... ya no hay nada. No hay animales. No los traen más. Solo traerá otros climas. ¿Cómo dicen?

P.C.: Desierto.

D.K.: Desierto. Es eso lo que se acerca. Por eso, el planeta se calienta. Y la gente que está aquí en la ciudad se queja. Hace mucho calor, porque el bosque se acabó y ahora están jugando en mi casa. No se puede. De ninguna manera.

P.C.: Por eso la película A Última Floresta ("El último bosque", de la cual Kopenawa es coguionista) ha sido muy importante. Mi última pregunta es sobre esto. La película es excelente para adentrarse en el universo, en lo que es el conocimiento y la vida yanomami. Nos trae los elementos de la minería, las amenazas y un poco de lo que nos contó sobre Omama, para que comprendamos la importancia de mantener el bosque vivo. [La película] está resonando en todo el mundo. ¿Puede decirme lo importante que es para este "grito" yanomami hacer cosas como este film, entrevistas, el libro? ¿Qué relevancia tiene poder hablar con otros entornos, Davi?

D.K.: Bueno, de verdad es muy importante [escribir] mis pensamientos, mi sueño que hice realidad, en el papel. Yo con Bruce [Albert, coautor de La caída del cielo] primero, ¿no? Porque yo solía hablar sin libro, en una reunión pública. Uno lo escucha, pero luego no lo recuerda. A los blancos les gusta leer, leen un poco y luego lo guardan. Entonces pensé en hacer y escribir un libro. Primero escribimos La caída del cielo. En segundo lugar, pensamos en crear la Hutukara Asociación Yanomami, que es nuestra arma para redactar documentos para las autoridades. En tercer lugar, pensamos, y pensé yo, en invitar a Luís Bolognesi a hacer una película. Hay muchas películas aquí en la ciudad. No trae ningún beneficio, solo sigue mirando a las personas que viven en la ciudad, solo las miran. ¿Dónde está el resultado? No llega el resultado. Entonces pensé en el último bosque, que está en la Amazonía, donde vivo. Otros ya se acabaron. Europa ya no tiene bosques. En Japón, ya no hay bosques. Aquí no hay más bosques. El bosque es esto, muy pequeño. 

La película se pensó [así]: qué más le voy a mostrar a la gente de la ciudad, qué es lo que quieren. Lo que piensan que escucharán, creerán y respetarán. Y sentir y luego lamentar su error. Entonces vamos a hacer la película El último bosque en mi casa. Esto fue muy importante, lo pensé bien. No es para ganar dinero. [Es para] pensarlo bien, a que hablen más los yanomamis y que nos cuenten sobre la belleza del bosque que tenemos. Pensamos así: vamos a promocionar [él dice esparcir]. Esparcir, [para que] mucha gente mire nuestra imagen, del pueblo yanomami, que ha vivido allí muchos años, que baila, canta, se pinta, cuida su propio bosque, sin destruirlo. Estamos mostrando nuestra inteligencia, nuestra sabiduría, que tenemos. Nuestro conocimiento tradicional, originario, nuestro pensamiento, que es diferente. Nuestro trabajo es diferente. Pero los blancos, no. Los blancos destruyen todo. En la película El último bosque, mostramos la ciudad y también el pueblo, para que lo pensaran. Y que la gente de la ciudad reconozca el derecho del pueblo yanomami e yekuana, que aún existe. Los verdaderos yanomamis existen dentro, en el borde, en el último bosque. Allá están.

P.C.: ¡Eso es! Gracias, Davi.

D.K.: De nada.

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