Protección urgente para los océanos: presentan un nuevo proyecto que podría ayudar a los países a alcanzar sus metas

Brindar al océano un espacio para sobreponerse ayudaría a las especies de peces que están disminuyendo a recuperarse, restaurar su hábitat y salvar el clima según un nuevo plan para preservar los océanos.

Publicado 18 de mar. de 2021 15:03 GMT-3
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Estos peces coloridos se acercan a la cámara durante una expedición Pristine Seas en Islas Desventuradas (Chile).

Fotografía de Enric Sala, Pristine Seas National Geographic

La campaña para proteger el 30 por ciento de los mares el mundo para el 2030, respaldada por más de 70 países, es conocida por su alto nivel de expectativa y sus escasos logros hasta la fecha. Solo el 7 por ciento de los mares están protegidos y solo el 2,7 por ciento gozan de las máximas protecciones.

“Pensar que alcanzaremos el ‘30 en 2030’ es muy optimista”, señala Patricia Majluf, científica peruana especialista en pesquerías que ha trabajado para crear un área de protección de aguas profundas en su país ante la sólida resistencia de la industria pesquera. Perú ha protegido menos de la mitad de sus aguas marítimas. Se espera que pronto se logre declarar a la dorsal de Nazca como Área Marina Protegida (AMP). La zona se encuentra ubicada en una cordillera montañosa submarina que se extiende al Pacífico desde la costa peruana. Así, las aguas protegidas de Perú aumentarían a un 8 por ciento. 

Los pescadores advierten que reservar casi un tercio de los océanos es una utopía que los países en vías de desarrollo de América del Sur no pueden permitirse. Dicho argumento contra la gran expansión de las AMP se escucha en todo el mundo, y la brecha entre los conservacionistas y los intereses pesqueros es cada vez más grande a medida que las existencias de peces disminuyen y el apetito por la comida de origen marino crece junto con la población mundial.

Una investigación publicada en la revista Nature busca cambiar ese relato radicalmente. El estudio sugiere que proteger el 30 por ciento de los océanos no solo podría restaurar la diversidad biológica y los hábitats del océano, sino también aumentar la pesca global anual en 8 millones de toneladas (alrededor de un 10 por ciento de la pesca de hoy). Y, como valor adicional, brindaría una "solución natural y barata" al cambio climático, ya que reduciría la cantidad de carbono en el fondo marino emitido por los barcos pesqueros de arrastre.

“La única manera de obtener más alimento del océano es protegerlo más", explica el autor principal Enric Sala, ecólogo marino y explorador en residencia de National Geographic Society, que, en parte, garantizó el estudio. "La pesca ha disminuido desde mediados de la década de 1990 y esta protección aportaría un beneficio eterno".

Focalizar la protección

En el estudio, un equipo internacional de 26 científicos analizó las aguas oceánicas no protegidas del mundo para calcular cuáles están amenazadas por la pesca excesiva, la destrucción del hábitat y la emisión de carbono. El equipo -que incluyó economistas y científicos marinos y climáticos-, luego trazó un mapa de las ubicaciones globales donde las protecciones otorgarían los mayores beneficios a las poblaciones de peces, la diversidad biológica y el clima.

Saint Joseph Atoll, una reserva natural con un área marina protegida.

Fotografía de Thomas P. Peschak, Nat Geo Image Collection

Los hallazgos crearon un marco que los científicos señalan puede usarse por las naciones para abordar los tres desafíos por separado o combinados, como las prioridades nacionales dictaminen. Y los especialistas explican que solucionar los tres por completo requeriría, al menos, que se protejiera un 30 por ciento de los océanos. Pero las naciones todavía podrían conseguir protecciones importantes si se centraran en áreas clave y la cooperación mundial para ubicar estratégicamente las áreas protegidas podría ser casi dos veces más efectiva que lo que lograrían las naciones trabajando en soledad.

Emisiones de carbono

La investigación es el primer esfuerzo por analizar la potencial emisión de dióxido de carbono en los océanos como resultado de la pesca de arrastre y el dragado para hallar invertebrados como las vieiras. Según el estudio, los sedimentos marinos son la "piscina de carbono orgánico más grande" de la Tierra y un reservorio clave para el almacenamiento a largo plazo.

El carbono emitido cuando las redes pesadas son arrastradas por el fondo marino levantando los sedimentos “podría aumentar la acidificación del océano", afirma el estudio. También podría reducir la capacidad de los océanos de absorber CO2 del aire, y así aumentaría la acumulación atmosférica que impulsa el calentamiento global.

Sala y sus colegas reconocen que no se sabe cuánto más aumenta el CO2 atmosférico por la pesca de arrastre. Pero señalan que, como la huella global del arrastre es pequeña, proteger solo el 3,6 por ciento del océano eliminaría el 90 por ciento del riesgo. Las áreas más vulnerables a las emisiones de carbono se hallan en las plataformas continentales e incluyen la zona económica exclusiva china, las áreas costeras del Atlántico en Europa y la dorsal de Nazca en Perú.

En miras a la reunión de mayo de la Convención sobre Diversidad biológica de las Naciones Unidas en Kunming, China, los científicos siguen pidiendo una mayor cooperación global en lo que respecta a la protección marina. En Kunming, las Naciones Unidas esperan que 190 naciones finalicen un acuerdo sobre diversidad biológica con un plan "30 en 2030" como principal objetivo.

“Es una de las razones por las que hicimos esto”, explica Sala, que dirige el programa Pristine Seas en National Geographic Society. "Tenemos que asegurarnos de que la ciencia sea muy clara y que no prevalezca ninguna maniobra política sobre cuánto le vamos a dejar a la naturaleza. Ahora estamos en un momento en el que tenemos que reducir. El océano no puede absorber lo que nosotros generamos. No puede seguirnos el ritmo. Tenemos que darle al océano más espacio para que pueda seguir proveyéndonos y también al resto de la vida en el planeta".

Los científicos señalan que la mayoría de lo que creen son ubicaciones prioritarias se hallan en las zonas económicas exclusivas de las naciones costeras, el término utilizado para las áreas que se extienden a las 200 millas náuticas desde la costa. Una gran cantidad de áreas de protección marina en alta mar, donde las aguas son gobernadas por el derecho internacional, también podrían ayudar a recuperar los hábitats y las poblaciones de peces. Esto incluye la meseta de las Mascareñas en el océano Índico, la cordillera india sudoccidental entre África y la Antártida, y un par de enormes cordilleras submarinas, la dorsal mesoatlántica y la dorsal de Nazca en Perú.

Las aguas más productivas del mundo

La protección de la dorsal de Nazca, que es una cadena montañosa submarina formada por actividad volcánica, protegería a la diversidad biológica en algunas de las aguas más productivas del planeta. La dorsal de Nazca es hogar de tiburones de aguas profundas, funciona como criadero para los peces espada y los jureles chilenos, y es una parada migratoria y zona de reproducción de las ballenas azules. Más del 40 por ciento de los peces e invertebrados que viven en la dorsal o cerca de ella no se encuentran en ningún otro lado de la Tierra, y la zona elegida como nueva área marina protegida contiene muchas especies amenazadas, en peligro de extinción o cuyas poblaciones están disminuyendo; además, también hay hábitats frágiles y difíciles de recuperar cuando son alterados por los seres humanos.

El APM propuesta tiene casi 70.000 kilómetros cuadrados, y cubre el 7,3 por ciento de las aguas peruanas. Majluf, que también es vicepresidente de Oceana, una organización de conservación sin fines de lucro, en Perú señala que proteger el área evitaría un posible daño a los montes submarinos si el área se abriera a la pesca de la merluza negra, que se publicita como mero chileno y se atrapa con palangres de fondo. En la actualidad, menos del siete por ciento de la pesca de merluza negra cae dentro de las fronteras del área protegida propuesta.

Proteger la dorsal también permitiría que las flotas chinas se mantuvieran alejadas de las aguas peruanas; dichas flotas pescan calamar en América del Sur, cuenta Majluf, que no participó del informe de Nature.

Si se completara la decisión sobre considerar a la dorsal de Nazca como área protegida, a Perú solo le quedaría proteger el 2 por ciento de sus aguas (su compromiso es del 10 por ciento). Majluf concluye: "Nuestro futuro son APM más pequeñas, más cerca de la costa y dar batalla a otras actividades humanas".

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