Un escaño, múltiples representantes: un proyecto político colectivo toma fuerza en Brasil

Los colectivos sociales, políticos y culturales históricamente marginalizados se están uniendo para acceder de manera compartida a espacios de decisión política.

Publicado 5 de may. de 2022 09:45 GMT-3
Paula Nunes, que en la imagen aparece dirigiéndose a la multitud en una protesta en São ...

Paula Nunes, que en la imagen aparece dirigiéndose a la multitud en una protesta en São Paulo, pertenece a uno de los crecientes colectivos políticos de Brasil. Los colectivos políticos ponen el nombre de un miembro en la boleta electoral, pero hacen campaña y sirven a sus electores como un grupo.

Fotografía de Gabriela Portilho, National Geographic

São Paulo, Brasil. Mientras Paula Nunes camina cuidadosamente a través de los estrechos pasadizos entre las viviendas improvisadas del asentamiento de Buracanã, los residentes la llaman por su nombre.

Esta comunidad improvisada, situada entre la favela de São Remo y el Hospital Universitario de São Paulo, es un lugar de último recurso. La mayoría de las 400 familias que viven aquí perdieron sus medios de vida durante la pandemia de COVID-19 y su capacidad de pagar el alquiler.

Esta fotogalería muestra las dificultades de las madres solteras de Brasil durante la pandemia de COVID-19:

Nunes es su representante en el Concejo Municipal, o más bien una de las cinco mujeres que comparten un solo escaño en el Consejo desde que fueron elegidas en 2020 como parte de un colectivo político llamado Bancada Feminista (se llama bancada a los bloques parlamenterios o legislativos en Brasil). Aunque no son reconocidos formalmente por el gobierno, los escaños políticos de ejercicio del poder compartido son parte de una tendencia creciente que busca ampliar el alcance de la representación y aumentar el número de mujeres y minorías en cargos. 

Miembros del colectivo político Bancada Feminista, vestidas con camisetas moradas, se reúnen con residentes del empobrecido asentamiento de Buracanã. Las cinco mujeres que pertenecen al colectivo comparten un escaño en el consejo de la ciudad de São Paulo.

Izquierda: Arriba:

Mientras que sus colegas de Bancada Feminista se han centrado en otros temas, Paula Nunes, abogada, ha podido visitar Buracanã muchas veces para consultarle a los residentes sobre sus necesidades. “Si hubiese solo un representante ocupando este escaño, muchas personas de nuestra comunidad habrían quedado abandonadas”, dice ella. 

Derecha: Abajo:

Silvia Ferraro, profesora de Historia, es la portavoz de Bancada Feminista, lo que significa que es la única oficialmente autorizada a hablar y votar en las reuniones del Consejo de la Ciudad.

La obtención de representación política es un desafío que enfrentan en todo el mundo las mujeres, los afrodescendientes, los pueblos originarios, la comunidad LGBTQIA+ y otras minorías. Sin embargo, Brasil se destaca por el hecho de que tantos activistas de base (como las miembros de Bancada Feminista) se hayan dedicado a compartir extraoficialmente escaños electos como una forma de amplificar el poder de los sectores marginados.

La forma en que funciona es sencilla: el colectivo político pone el nombre de un miembro en la boleta, pero hace campaña como grupo. La persona en la boleta sirve como portavoz del grupo y, como el único representante elegido oficialmente, es quien habla y vota en las reuniones del Consejo de la ciudad o de la Asamblea Legislativa. Los otros miembros sirven a los electores o aportan su experiencia profesional en áreas específicas; las decisiones sobre cómo votar se toman como grupo.

Mientras que sus colegas del colectivo se centran en otros problemas que afectan a la gente de esta ciudad de más de 12 millones de habitantes, Nunes ha podido pasar tiempo con aquellos que viven en Buracanã. Ella quiere ayudar a los residentes del asentamiento a obtener lo que más necesitan: comida, trabajo y vivienda asequible.

“Si hubiese solo una persona ocupando este escaño, muchas personas de nuestra comunidad habrían quedado abandonadas”, dice Nunes, quien es abogada. “Esa persona estaría atrapada en las reuniones del Consejo, votando sobre temas que afecten a personas que ni siquiera tendría tiempo de conocer”.

“Es lo que la gente quiere”

En Alto Paraíso de Goiás, una pequeña ciudad en el borde del Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, en el centro de Brasil, un colectivo político ganó un escaño en el consejo de la ciudad en 2020 con 280 votos, el número más alto jamás emitido para un candidato en la historia de la comunidad. Los cuatro miembros de Mandato Coletivo Permacultural (dos mujeres y dos hombres) son educadores ambientales que quieren que el municipio integre mejor la naturaleza y los problemas ambientales en sus políticas.

Todo lo que hace el colectivo está dividido en partes iguales. Si bien Henny Freitas es su portavoz ante el Consejo de la Ciudad, durante las reuniones ella conversa continuamente con los otros miembros por WhatsApp para asegurarse de que no sea solo su voz la que se escuche.

“Esto puede no estar reconocido legalmente todavía, pero es legítimo, porque es lo que la gente quiere”, dice.

En Alto Paraíso de Goiás, una pequeña ciudad en el centro de Brasil, los miembros del colectivo político Mandato Coletivo Permacultural se centran en temas ambientales, lo que incluye la organización de un esfuerzo semanal de siembra y limpieza. 

Izquierda: Arriba:

Henny Freitas es la portavoz de Mandato Coletivo Permacultural. Durante las reuniones del consejo de la ciudad, consulta continuamente a los otros miembros por WhatsApp para asegurarse de que no sea solo su voz la que se escuche.

Derecha: Abajo:

Augusto Schneider también pertenece a Mandato Coletivo Permacultural, el cual ha abierto un puesto que va rotando entre los ciudadanos interesados a medida que las necesidades de la comunidad van cambiando.

Los miembros de Mandato Coletivo Permacultural se reúnen con Luís José Cunha Lima, un ex recolector de flores nativas y uno de los residentes más longevos de la localidad. Están desarrollando un proyecto para rescatar la memoria y la cultura local.

La también miembro Christiane Catalão agrega: “Es una forma de separarse del papel tradicional de un funcionario electo. La idea de los colectivos políticos surgió como una respuesta orgánica de la parte de la comunidad que tradicionalmente no está involucrada en la política y que quiere verse representada”.

Los colectivos políticos aparecieron por primera vez en las boletas electorales de Brasil en 1994, cuando las elecciones aún eran relativamente nuevas después de más de dos décadas de dictadura militar. Durval Ângelo, candidato del Partido de los Trabajadores (PT) a representante del estado de Minas Gerais, en el sureste de Brasil, fue el pionero de la idea al invitar regularmente al público a participar en la evaluación de sus planes y propuestas y a trabajar con él para decidir qué hacer a continuación. Ejerció seis mandatos consecutivos.

Poco a poco la idea evolucionó hacia la ocupación compartida de escaños. De 1994 a 2018, 94 candidatos de colectivos políticos participaron en las elecciones del país en 110 campañas. Pero tan solo en las elecciones municipales de 2020, se postularon 313 colectivos y 22 de ellos ganaron.

Entre ellos estaban Bancada Feminista y Quilombo Periférico, un grupo negro con representantes masculinos, femeninos y LGBTQIA+ en São Paulo (los quilombos son comunidades reconocidas por el Estado, formadas en su mayoría por descendientes de esclavos negros que, fugados o libertos, fundaron ciudades libres en las selvas). En Fortaleza, la capital del estado de Ceará, en el noreste de Brasil, está Nossa Cara, compuesta por tres mujeres de la periferia de la ciudad, y en Salvador, la capital del estado de Bahía, también en el noreste, tres mujeres negras forman parte de un colectivo conocido como Pretas por Salvador.

“Los colectivos políticos son una forma creativa de construir representación”, comenta Debora Rezende de Almeida, politóloga de la Universidad de Brasilia, especialmente, añade, cuando los intentos oficiales han fracasado.

Brasil incorporó las cuotas de género en su ley electoral federal hace 20 años. En países como Ruanda, Nepal, Italia y Costa Rica, tales cuotas han sido efectivas para aumentar el número de mujeres en cargos públicos, pero no en Brasil, según los expertos. Desde marzo de 2022, Brasil ocupa el puesto 145 de 192 países en el ranking de la Unión Interparlamentaria de Mujeres en Parlamentos Nacionales. Los Estados Unidos, por ejemplo, empatan con la República Dominicana en el puesto 72.

Izquierda: Arriba:

En 2021, cuando estallaron grandes protestas en São Paulo exigiendo “una vacuna en el brazo y comida en el plato”, las miembros de la Bancada Feminista se unieron a las manifestaciones en nombre de sus electores.

Derecha: Abajo:

Henny Freitas da una entrevista en la radio local. La comunicación es una parte indispensable de la misión de Mandato Coletivo Permacultural.

El problema principal: los partidos políticos reclutan mujeres para postularse para un cargo con el fin de cumplir con la cuota, pero financian sus campañas a niveles mucho más bajos de lo que financian a los hombres que se postulan para los mismos puestos. Con poco respaldo financiero, las posibilidades de ganar de las mujeres son escasas.

Los resultados hablan por sí solos: con una población de 212,6 millones de personas, solo el 15% de los diputados federales y el 12,4% de los senadores del país son mujeres. De las 5.568 ciudades del país, 900 no eligieron ni a una sola mujer para el concejo municipal en 2020. En comparación, las mujeres en los Estados Unidos (con una población de 329,5 millones de personas) ocupan el 27% de los escaños del Congreso. Eso representa un aumento del 50% en comparación con una década atrás, según un análisis del Centro de Investigación Pew.

En Brasil, las mujeres logran una representación mucho mayor en los colectivos políticos, según un estudio de las elecciones municipales de 2020 coescrito por Almeida. Las mujeres blancas representan el 36% de los miembros electos de los colectivos políticos, en comparación con menos del 10% de todos los concejales electos de la ciudad. Para las mujeres negras, la diferencia es aún más marcada: 27% de representación frente a apenas un 1%.

Algunas complicaciones

Por lo general, Nunes se dirige sola a Buracanã, pero en esta visita se le unieron otros dos miembros de Bancada Feminista: Silvia Ferraro, profesora de Historia y portavoz del grupo, y Natália Chaves, activista de los movimientos negro y ambiental. Los otros dos miembros son Carolina Iara, quien se enfoca en la salud y en las comunidades negra y LGBTQIA+, y Dafne Sena, una abogada que se enfoca en los derechos laborales y el activismo ambiental.

Cuando las tres mujeres llegan a la cocina común de la comunidad para almorzar, Ferraro se detiene para hablar con Fabiana Batista da Silva, una residente que está preocupada porque uno de sus hijos no ha recibido la tablet que necesitaba para el aprendizaje remoto durante la pandemia. Como maestra de escuela pública, Ferraro sabe cómo navegar por el sistema educativo y obtener los recursos que necesita.

Silva dice que solo se enteró sobre Bancada Feminista después de las elecciones, pero como madre soltera que dirige un hogar con siete hijos, desearía haber votado por ellas.

“Es la primera vez que me siento apoyada”, confiesa. “Tienen empatía, son humanas. Te hacen sentir importante. Eso es todo lo que siempre hemos querido aquí”.

Para los expertos que observan el aumento de los colectivos políticos en Brasil, es esa capacidad de conectarse con los votantes, especialmente aquellos que a menudo son olvidados o marginalizados, lo que les ha traído tal éxito.

“Desde hace algún tiempo, los partidos políticos han tenido poca conexión con la población”, comenta Soraia Marcelino Vieira, politóloga de la Universidad Federal Fluminense. “Los ciudadanos generalmente están descontentos, están desanimados, no creen en el sistema político, especialmente cuando se trata de partidos políticos. Con estos colectivos políticos hay un nuevo sentido de movilización. La gente siente que tiene una oportunidad, como si finalmente tuviera opciones en política aparte de los candidatos individuales de siempre”.

Pero estos colectivos vienen con algunas complicaciones potencialmente paralizantes. No están reconocidos legalmente ni regulados (un proyecto de ley para rectificar esta situación está en suspenso desde 2017). Si el vocero decide renunciar, todo el colectivo pierde su lugar en el gobierno, tal como le sucedió a un grupo en la ciudad de Belo Horizonte, estado de Minas Gerais, solo tres meses después de haber sido electo en 2020.

Y si el vocero o el resto del grupo decide expulsar a un miembro, como sucedió con un colectivo paulista de diputados estatales, esa persona no tiene recurso y tampoco los que votaron por todo el grupo.

Los miembros de Bancada Feminista dicen que los desacuerdos y los conflictos internos no han sido un problema para ellos, porque no surgieron de su partido, el izquierdista Partido Libertad y Socialismo, sino que se conocen desde hace años. No siempre están de acuerdo, confirman, pero saben cómo llegar a una decisión que mejor los represente a todos y, lo más importante, a sus electores.

Al menos, la membresía colectiva puede ser fluida. Cuando uno de los miembros de Mandato Coletivo Permacultural decidió ocupar otro puesto en el palacio municipal, los otros tres abrieron el cuarto puesto al público, entrevistando a los interesados y rotando el escaño entre ellos cada tres meses. Cuando el miembro original regresó, se adaptaron nuevamente, abriendo una quinta silla, que rota entre personas con un interés especial o experiencia en el área de enfoque del colectivo durante ese trimestre.

Bancada Feminista también ha tenido que ser flexible. Nunes e Iara se fueron recientemente para unirse a otras dos mujeres negras para postularse como la versión estatal del colectivo en las elecciones de octubre de este año. Como ninguna de las dos era portavoz del colectivo municipal, han mantenido su escaño en el palacio municipal.

Aun así, el colectivo ha mantenido su misión de servir a los desatendidos. Recientemente, un proyecto de ley que Bancada Feminista escribió para crear un programa municipal para combatir la violencia obstétrica (el maltrato de personas en trabajo de parto o durante el parto) pasó su primera votación. Mientras avanza hacia la segunda, el colectivo está creando un dossier para ser presentado a la Secretaría Municipal de Salud que incluirá historias de electores que han sido víctimas de violencia obstétrica en la ciudad.

Después del almuerzo en la cocina común de Buracanã, algunas de las mujeres se quedaron, juntándose para escuchar a sus co-concejalas hablar. Ferraro habla de la importancia de las mujeres en comunidades como la suya, donde las mujeres constituyen la mayoría de los residentes y son las que organizan la vida comunitaria.

Chaves retoma el hilo a continuación, comparando la naturaleza colectiva de lo que hace Bancada Feminista con cómo funciona Buracanã, con los residentes cuidando a los hijos de los demás, asegurándose de que haya suficiente comida para todos y ayudando a los recién llegados a construir viviendas con chatarra de madera y lonas de plástico.

“No somos superheroínas”, dice, “pero sabemos que podemos lograr que las cosas se hagan si trabajamos juntas”.

Jill Langlois es una periodista independiente radicada en São Paulo, Brasil. Su trabajo se centra en los Derechos Humanos, el medio ambiente y el impacto de las cuestiones socioeconómicas en la vida de las personas.

Gabriela Portilho es una fotógrafa documental y periodista brasileña que actualmente reside entre São Paulo y Río de Janeiro. Puedes concoer más de su trabajo en su sitio web o siguiéndola en Instagram

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