¿Quién ha asesinado a esta familia indígena en la Amazonía peruana? ¿Y por qué?

Miembros de una tribu que alguna vez vivieron sin contacto externo fueron asesinados. El peligro que puede presentar salir del aislamiento.

Por Chris Fagan
Fotografías de Charlie Hamilton James
Publicado 30 de noviembre de 2020 11:11 GMT-2
Shuri y su mujer Janet frente a su maloca, una vivienda con tejado de palmas, en ...

Shuri y su mujer Janet frente a su maloca, una vivienda con tejado de palmas, en mayo de 2017. El 11 de noviembre, los cuerpos de Shuri, su otra mujer, Elena, y su suegra, María, fueron hallados aquí con disparos de flechas, junto a sus perros. No han encontrado a Janet, pero la han dado por muerta.

Fotografía de CHARLIE HAMILTON JAMES, NATIONAL GEOGRAPHIC

El brutal asesinato de una familia indígena de la tribu mastanahua en la Amazonía peruana ha causado gran conmoción entre las tribus locales. Las autoridades están tratando de resolver el caso.

Hace unas semanas, se encontraron los cuerpos de Shuri, su esposa Elena y su suegra, María, acribillados con flechas junto a los vestigios carbonizados de su maloca, o refugio con techo de palma, cerca del río Curanja en la región peruana de Alto Purús. La segunda esposa de Shuri, Janet, no ha sido encontrada, pero se cree que también ha muerto.

Shuri era su nombre mastanahua, pero también lo llamaban Epa. Las mujeres fueron bautizadas con sus nombres por misioneros cristianos. A las tribus que habitan en lo más hondo del bosque, aisladas del mundo exterior, y que solían denominarse “no contactadas”, ahora se las conoce como tribus aisladas.

Shuri frente a un letrero que indica el puesto de control de la Reserva Indígena mashco piro para tribus aisladas, administrada por el Ministerio de Cultura de Perú e integrada por agentes de protección de las tribus locales huni kuin. Shuri y su familia vivían a una hora a pie del puesto de control y lo visitaban asiduamente para pedir comida o ayuda médica. (Las personas que se muestran en el letrero no son miembros de la tribu mashco piro).

Fotografía de Charlie Hamilton James, National Geographic

La familia de Shuri vivía cerca del límite de la Reserva Indígena Mashco Piro para tribus aisladas. Parte de la reserva se encuentra en el Parque Nacional Alto Purús, el parque más grande de Perú, y que protege algunos de los ecosistemas más remotos e intactos de toda la Cuenca Amazónica.

En esta región se encuentra la mayor aglomeración de pueblos aislados de la Tierra. Los mashco piro, la tribu aislada más grande de Perú, con unos 700 miembros, representan la gran mayoría.

Un equipo conformado por miembros del Ministerio de Cultura de Perú, la policía, líderes indígenas y otras autoridades se han trasladado al río Curanja para buscar pistas sobre los asesinatos. Los investigadores aún no han revelado ningún dato. Pero los testimonios no oficiales de los aldeanos de huni kuin, que viven río abajo y descubrieron los cuerpos, afirman que observaron pisadas de 50 atacantes y las flechas típicas de los mashco piro.

Janet, la esposa más joven de Shuri, solía acompañarlo en sus visitas al puesto de control de la reserva y a las comunidades huni kuin río abajo en el río Curanja. En la foto, se observa su rostro pintado con el jugo de la fruta huito.

Fotografía de Charlie Hamilton James, Nat Geo Image Collection

Cuando los misioneros entraron en contacto con algunos miembros de la tribu mastanahua en 2003, solo Shuri y su familia inmediata decidieron romper su aislamiento. Comerciaron con los aldeanos locales e interactuaron con los aproximadamente 20 miembros migratorios de su grupo.

Fotografía de Charlie Hamilton James, Nat Geo Image Collection

Los mastanahua y mashco piro han estado en conflicto desde hace varias generaciones. El propio Shuri había sobrevivido a un ataque de flecha por parte de los mashco piro, que le había costado una gran cicatriz en las costillas con la que podía confirmarlo.

En caso de que se tratara de un asesinato causado por la tribu mashco piro, este podría ser su último ataque contra enemigos mortales, o un intento de defender lo que queda de su territorio y las fuentes de alimento del bosque.

Pero esas no son las únicas explicaciones posibles. Quizás Shuri y su familia hayan sido atacados por los narcotraficantes que operan río arriba, o por una tribu aislada con la que tenían buena relación, e incluso estaban emparentados. Quizás los mataron porque Shuri ya no podía proporcionar los machetes u otros productos que fabricaba y con los que la tribu contaba para mantener su modo de vida.

Durante las últimas dos décadas, he trabajado en el río Curanja con el pueblo huni kuin. Los hemos ayudado a desarrollar habilidades de vigilancia, como el uso de tecnología GPS para proteger sus tierras de los madereros y otros invasores, y les hemos dado consejos para administrar sus abundantes recursos (tortugas, peces, resinas de árboles medicinales) de manera sostenible y rentable.

He sido testigo de la endeble relación entre los grupos indígenas que compiten por recursos. Entre estos pueblos se encuentran los huni kuin, que han vivido en aldeas colonizadas durante décadas; el aislado pueblo mascho piro; y otros como Shuri y su familia, que se encuentran en las primeras etapas de contacto con el mundo moderno.

También he tenido el privilegio de visitar a Shuri y su familia de vez en cuando y ser testigo de la impresionante -y muy difícil- transición de cazadores y recolectores aislados a habitantes asentados, pero al margen de la sociedad moderna.

Conocí a Shuri y su familia no mucho después de 2003, cuando grupos de misioneros evangélicos de Estados Unidos los fueron sacando del bosque. No tenía puesto nada más que un cinturón de corteza de árbol alrededor de la cintura, cuentas en la parte superior de los brazos y debajo de las rodillas, y un emblema de metal redondo fabricado con una cuchara, que colgaba de su nariz. Llevaba solo un arco y dos flechas de 2 metros, que parecían enormes al lado de su contextura de apenas 1 metro y medio.

También conocí a la más joven de sus esposas, Janet. De su espalda colgaban una enorme tortuga y una canasta aún más pesada de raíz de mandioca, que se sostenían gracias a una enredadera que le rodeaba la frente. Más tarde supe que Shuri debía llevar los brazos libres para poder disparar una flecha cuando fuese necesario, por eso Janet tenía el trabajo más duro de cargar todo el peso.

“Ellos pepresentaban perfectamente las complejidades de entrar en contacto"

Shuri vivía escindido entre dos mundos diferentes. Entregaba tortugas, pecaríes y otras carnes de la selva con el pueblo vecino huni kuin a cambio de codiciados artículos como ropa y machetes. Pero también caminaba durante días para llegar hasta lo más hondo del bosque y visitar a los miembros restantes de su tribu mastanahua que aún vivían aislados, y ya no eran muy numerosos. Shuri representaba la conexión con la sociedad moderna.

En 2017, el fotógrafo de National Geographic Charlie Hamilton James llegó al Curanja para trabajar conmigo, y fotografió a Shuri para la nota de portada sobre las amenazas a tribus aisladas en el Amazonas y el proceso de contacto, que la revista publicó en octubre de 2018. Charlie tiene una amplia experiencia de trabajo en Perú y una mirada única acerca de los desafíos que deben afrontar los pueblos indígenas al romper con su aislamiento en las profundidades del bosque. 

En la región de las cabeceras del río Curanja cerca del Parque Nacional Alto Purús y la Reserva Indígena Mashco Piro vive una de las mayores concentraciones de tribus aisladas en la Amazonía.

Fotografía de Charlie Hamilton James, National Geographic

“Cuando conocí a Shuri y Janet sentí que eran un típico ejemplo de las complejidades de entrar en contacto”, dice Hamilton James. “Habían huido del bosque, donde temían por su vida, para entrar en un mundo que tenía poco que ofrecerles y donde la protección era confusa y deficiente”. La familia quería disfrutar de los beneficios de la vida moderna, pero no tenían cómo hacerlo y no habían recibido apoyo por parte de las autoridades”.

“Conocerlos fue una experiencia sombría”, cuenta. “Expresaban que tenían hambre y se quejaban de los gusanos. Querían medicinas para curar sus enfermedades, y todos sus perros habían muerto, por lo que se sentían solos y angustiados”.

Su historia replica la de tantos pueblos indígenas que salen del aislamiento: “Están abandonados en un mundo en el que no cuentan con los elementos para moverse hábilmente. El resultado es que ingresan en una sociedad desde su nivel más bajo y deben enfrentan abusos descomunales".

Shuri me confesó que el miedo al mashco piro era la razón principal por la que la familia había decidido abandonar el bosque y unirse a los misioneros.

Shuri, Janet, Elena y María solían visitar a otros miembros de su familia mastanahua, aún aislada, en esta remota aldea cerca de la frontera entre Perú y Brasil, a la que llegaban luego de caminar algunos días desde su maloca en el río Curanja.

Fotografía de Charlie Hamilton James, National Geographic

El aislamiento ha sido la estrategia de supervivencia de los mashco piro. Es probable que haya surgido hace más de un siglo cuando los indígenas buscaron escapar de la violencia y las enfermedades provocadas por los extractores de caucho que casi eliminan a la tribu.

Hoy, su territorio vuelve a estar asediado. Las imágenes satelitales revelan las emergentes plantaciones de coca creadas por los agricultores migrantes de la región de la selva central de Perú, y las pistas de aterrizaje clandestinas. Debido a esto seguramente los mashco piro deben migrar a áreas menos remotas y más pobladas, como las que se encuentran a lo largo del río Curanja. Y naturalmente, este desplazamiento desencadenará violencia entre los diferentes pueblos a la hora de buscar alimentos: animales como tapires y pecaríes, y huevos de tortuga.

Un personaje de otra era

Las trágicas muertes de Shuri, Elena, María y probablemente de Janet ponen de manifiesto la vulnerabilidad de los pueblos indígenas de la región.

Brasil y Perú planean destinar más áreas de la Amazonía para la construcción de rutas e industrias extractivas, lo que implica una amenaza directa para algunas de las últimas tribus aisladas que quedan en el mundo. Si esta tendencia continúa, será un calvario para la vida de las tribus en áreas remotas donde los servicios gubernamentales como la policía, el ejército o los guardias de áreas protegidas son escasos o inexistentes.

La suegra de Shuri, María, con sus dos perros en el refugio que construyó detrás del puesto de control de la Reserva Mashco Piro.

Fotografía de Charlie Hamilton James, National Geographic

Para mí, Shuri era la personificación de otro tiempo, otra época.

Recorrer la jungla junto a él será para siempre uno de los momentos más memorables de mi vida. Me gustaba observar cómo avanzaba con sus pies anchos cuidadosamente por el suelo del bosque mientras buscaba en el dosel y olfateaba el aire para identificar si había animales cerca. Y era increíble ver cómo reaccionaba de distinta manera a los diferentes cantos de pájaros y ramas que se iban quebrando en el sotobosque, al tiempo que iba señalándome el camino para evitar tropezarnos con espinas. En un momento, hasta me alertó de que había una hormiga bala, conocida por su dolorosa picadura, en un árbol a unos centímetros de mi cabeza.

Shuri representaba la más íntima conexión con la naturaleza que los pueblos indígenas han desarrollado durante varias generaciones, una conexión que se ha perdido en la mayoría de nosotros.

Estar con Shuri me daba esperanza.

Chris Fagan es el fundador y director ejecutivo de Upper Amazon Conservancy. Ha trabajado para proteger a los pueblos y los bosques de la Amazonía peruana desde 2002. 

Charlie Hamilton James es un fotógrafo, cineasta y conservacionista que ha documentado la vida en el Amazonas durante más de 20 años.

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