El desafío de los inmigrantes indígenas latinoamericanos para atenderse por COVID-19

El limitado apoyo de interpretación en los hospitales de Estados Unidos a las lenguas nativas de América Latina y el Caribe reaviva una problemática ya conocida: la exclusión de las comunidades originarias.

Por Priyanka Runwal
Publicado 13 oct 2022 08:33 GMT-3
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La voluntaria Miriam López Ambrosio, una bailarina folclórica de Oaxaca (México), ayuda a una persona a programar su segunda cita de vacunación en una clínica dirigida a los residentes indígenas centroamericanos el 10 de abril de 2021 en Los Ángeles (Estados Unidos). CIELO, una organización de derechos de los indígenas, puso en marcha esta campaña de vacunación para hacer frente a las barreras lingüísticas, la accesibilidad, la desconfianza en el Gobierno y la desinformación entre los residentes indígenas mexicanos y guatemaltecos. Estos han sufrido de forma desproporcionada durante la pandemia.

Fotografía de Mario Tama Getty Images

En noviembre de 2020, cuando Eulogia Romero fue hospitalizada por una grave infección de COVID-19, temió por su vida. Durante su estancia de 15 días en un hospital de Los Ángeles recuerda que se sintió desorientada y confusa. Su familia no podía visitarla, y rara vez hablaba con ellos por teléfono porque estaba demasiado débil y, algunos días, apenas consciente. La mujer de 69 años no podía comunicarse con el personal médico porque hablaba un idioma que ellos desconocían, y no había ningún intérprete disponible.

Romero creció en un pueblo llamado San Bartolomé Zoogocho, en Oaxaca, uno de los estados más pobres del sur de México y donde viven muchas comunidades nativas. Habla principalmente zapoteco, una lengua considerada en peligro de extinción y que tiene más de 50 dialectos, ninguno de los cuales se parece al español. El de Romero, llamado zapoteco zoogocho, es especialmente raro y solo lo hablan unos pocos miles de personas que viven en México y un pequeño grupo que ha emigrado a Estados Unidos.

Aunque se sintió bien atendida en el hospital mientras recibía el tratamiento para la COVID-19, le hubiera gustado que un intérprete la ayudara a comunicarse con los médicos y las enfermeras. Muchos inmigrantes de lengua indígena como Romero llevan mucho tiempo enfrentándose a este problema cuando buscan atención sanitaria en Estados Unidos, y la pandemia de COVID-19 ha vuelto a exponer su difícil situación.

"Son los mismos problemas a los que nos enfrentábamos antes de la COVID, y se intensificaron durante la pandemia porque había más indígenas en el hospital", cuenta Odilia Romero, hija de Eulogia Romero y cofundadora y directora ejecutiva de Comunidades Indígenas en Liderazgo, una organización sin ánimo de lucro que trabaja con las comunidades indígenas de Los Ángeles. "Pero continúa, porque hay una falta de reconocimiento de nuestra existencia y nuestra lengua".

Sin acceso a información precisa en su propia lengua en los primeros meses de la pandemia, la desinformación de boca en boca llegó primero a los hablantes de lenguas indígenas, señala Eulogio Espinoza del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño, una organización sin ánimo de lucro con sede en California que sirve a las comunidades indígenas de Oaxaca. "Eso indujo una mayor desconfianza que ya existía antes de la COVID".

Al reconocer el problema, grupos de defensa como Comunidades Indígenas en Liderazgo y Endangered Language Alliance (Alianza por los Idiomas en Peligro, en español), con sede en Nueva York, intervinieron y empezaron a recopilar datos sobre dónde vivían los grupos indígenas dentro de la ciudad y las lenguas que hablaban. Tras utilizar los datos para crear un conjunto de mapas, los grupos de defensa consiguieron financiación de los departamentos de salud del condado y de la ciudad, lo que les permitió elaborar información sobre las pruebas, los tratamientos y las vacunas contra la COVID en cada lengua indígena y distribuirla en los barrios correspondientes.

Fue un momento histórico, dice el cofundador de Endangered Language Alliance, Daniel Kaufman. Se reconocía a los indígenas de América Latina y a sus problemas lingüísticos, que habían sido pasados por alto.

Cómo encuentran traductores las comunidades nativas en los hospitales 

Aunque en Estados Unidos los hospitales que reciben ciertos fondos federales (como Medicaid o CHIP) están obligados a proporcionar un intérprete a los pacientes, independientemente de su idioma, eso no suele ocurrir con personas como Romero, que a menudo desconocen que tienen derecho a un intérprete que hable su idioma. 

Basándose en su apariencia, los proveedores de atención sanitaria a veces asumen que los inmigrantes indígenas, al igual que otros procedentes de México, Centroamérica y gran parte de Sudamérica, hablan español y pueden asignarles inicialmente un intérprete en español. Sin embargo, a menudo, estos inmigrantes hablan poco o nada ese idioma y lo piden porque saben por experiencia que es la única opción disponible.

"A pesar de la ley, muchos hospitales no están preparados para ofrecer servicios lingüísticos a tiempo, ni siquiera en lenguas comunes como el español", dice Alicia Fernández, internista general del Hospital General Zuckerberg de San Francisco. Lo que complica aún más las cosas para los hablantes de lenguas indígenas es que el proceso puede requerir a menudo dos intérpretes: uno que traduzca de la lengua indígena al español y otro que traduzca del español al inglés.

Para aquellos que son capaces de aclarar sus necesidades lingüísticas, el hospital suele utilizar una línea telefónica para contactar con proveedores de interpretación médica con acceso a más de 200 lenguas y dialectos, a menos que un empleado o un intérprete contratado hable la lengua. La interpretación por video a distancia también es una opción, pero más cara. A pesar de estos sistemas, encontrar un intérprete para idiomas poco comunes puede requerir horas de espera (tiempo que los médicos o los pacientes pueden no tener) o una agencia de interpretación puede simplemente no ser capaz de acomodar una solicitud de idioma poco común, lo que presenta un desafío cuando los inmigrantes indígenas buscan consejo médico o atención de emergencia.

"Podemos traducir idiomas muy raros si se nos da el tiempo para hacerlo", dice Shari Chevez, subdirectora médica de equidad, inclusión y diversidad de Kaiser Permanente (una de las mayores ONGs de salud de Estados Unidos) en el sur de California. "Pero no estaría disponible en un entorno de emergencia, lo que podría ser un gran problema".

Para Romero, quien emigró a Los Ángeles en 1979 con su marido y su hija, el idioma era con frecuencia un obstáculo a la hora de desenvolverse en la vida, especialmente cuando buscaba atención médica. Sus interacciones sociales se limitaban a una comunidad zapoteca muy unida que había llegado a conocer a lo largo de los años, pero siempre que visitaba a un médico, llevaba a una de sus hijas o a sus nietos para que le ayudaran a traducir. Es muy difícil porque no habla ni entiende el inglés y apenas domina el español, indica.

Elaboración de mapas

Aproximadamente 1.6 millones de indígenas de América Latina residen en Estados Unidos, según la Oficina del Censo de ese país. Pero esa cifra puede ser una subestimación, aclara Odilia Romero, porque puede ignorar a los inmigrantes indocumentados o pasar por alto a los indígenas que no saben leer ni escribir y, por tanto, no rellenan los formularios del censo.

Para identificar a los hablantes de lenguas indígenas en Los Ángeles, el equipo de Romero de Comunidades Indígenas en Liderazgo encuestó a unos 2500 hogares en los que casi 11 000 personas hablaban 17 lenguas originarias de México y América Central. Luego utilizaron los datos para crear un mapa que ilustrara la diversidad lingüística y mostrara la ubicación de estas comunidades en la ciudad. Este mapa ayudó a la organización de Romero a conseguir una subvención del Departamento de Servicios de Salud del condado de Los Ángeles para crear material educativo sobre COVID-19 en al menos 10 lenguas y dialectos indígenas.

En Nueva York, Endangered Language Alliance, una organización sin ánimo de lucro que trabaja con comunidades indígenas e inmigrantes, creó un mapa que superpone los casos de COVID-19 a principios de 2020 y la diversidad lingüística. El solapamiento entre los barrios en los que se hablan muchas lenguas nativas y las zonas que albergan un elevado número de casos de COVID era bastante sorprendente, expresa Kaufman. "La comunidad se vio muy afectada por la COVID pero muchos de sus miembros viven en la sombra", afirma.

La organización de Kaufman recibió una subvención del Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad de Nueva York en 2021 para concienciar sobre las vacunas en lenguas indígenas a las poblaciones que viven en el barrio neoyorquino de East Harlem.

En el condado californiano de Alameda, Erik Andersen, especialista en medicina de urgencias del Hospital Highland de Oakland, y sus colegas observaron un elevado número de casos de COVID-19 en mayo de 2020 en la comunidad maya local. Aproximadamente 10 000 mayas, muchos de los cuales hablan una lengua indígena llamada mam, viven en Oakland, pero a menudo son clasificados erróneamente como hispanohablantes cuando buscan atención de COVID-19 en los hospitales.

"Estos focos de aislamiento lingüístico no eran fácilmente visibles para los médicos o los agentes de salud pública", dice Fernández. "Empezamos a ver que la población mam necesitaba su propia divulgación en mam".

Esa constatación llevó a los funcionarios locales y a las organizaciones comunitarias a colaborar y desarrollar información lingüísticamente apropiada sobre la COVID-19 para la comunidad maya y a contratar más rastreadores de contactos e intérpretes que hablaran en mam.

Retos de la interpretación

En 2020, los hospitales tuvieron dificultades para encontrar intérpretes de lenguas indígenas, especialmente cuando los centros médicos se vieron desbordados por los pacientes de COVID-19 y hubo más inmigrantes indígenas que buscaron atención hospitalaria. En  East Bay (San Francisco), por ejemplo, no hay muchos intérpretes médicos certificados para los diversos dialectos mam que se hablan allí, advierte Andersen.

Ese año, Próspero Martínez, un intérprete neoyorquino de mixe, una lengua indígena de México, se vio en apuros para ayudar a un paciente de COVID-19 en un hospital de Oklahoma. El dialecto mixe que el paciente y su familia hablaban era algo diferente al que él habla. Pero Martínez fue capaz de captar una buena parte de la conversación por teléfono y tradujo en la medida en que pudo porque sabía que el hospital ya estaba teniendo dificultades para encontrar el intérprete adecuado.

Salustia Avila, intérprete de mixteco (otra lengua indígena hablada en México), reside en Santa María, California, y se dio cuenta de que había problemas similares. Se unió a otros nueve intérpretes de mixteco que hablaban distintas variantes de la lengua para crear un glosario con los términos más comunes de la COVID-19. También crearon una base de datos de audio para asegurarse de que cada intérprete pronuncie las palabras correctamente.

Pero la pandemia de COVID-19 ha llamado la atención sobre la necesidad de contar con más intérpretes médicos formados que hablen lenguas y dialectos indígenas. También ha creado una oportunidad para que los proveedores de atención médica y los funcionarios de salud pública reconozcan y se preparen para los desafíos lingüísticos únicos que enfrentan los inmigrantes indígenas cuando buscan atención, dice Odilia Romero. En el último año, reconoce ella y otros, han visto un mayor interés e inversión por parte de las agencias de salud federales y algunas locales para proporcionar formación en conciencia cultural, incluyendo la diversidad lingüística, para las agencias de salud pública. Para ella, es un paso en la dirección correcta.

"Realmente tienen que ser conscientes de las comunidades a las que sirven, saber qué idiomas hablan y conseguir intérpretes que puedan entenderlas", asegura Griselda Reyes Basurto, Directora de Respuesta Rápida COVID-19 en el Proyecto de Organización Comunitaria Mixteco Indígena, sin ánimo de lucro, con sede en Oxnard, California. "Al hacerlo realmente salvarán vidas".

Este reportaje se ha realizado con el apoyo del Fondo de Impacto 2022 del Centro Annenberg de Periodismo sobre Salud de la USC para informar sobre la equidad sanitaria y los sistemas de salud. Myriam Vidal Valero y Lilia Morales ayudaron con la interpretación al español y al zapoteco.

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