Ecuador: Cómo afecta la COVID-19 a las comunidades nativas de la Amazonía

Nemonte Nenquimo, líder del pueblo Waorani y exploradora de National Geographic, cuenta cómo atravesó la enfermedad, cuál fue el tratamiento de medicina tradicional con plantas que recibió y cómo su comunidad hace frente a la pandemia.

Tuesday, August 11, 2020,
Por Redacción National Geographic
waorani19

Líderes de la comunidad Waorani se alistan para llevar a cabo una rueda de prensa virtual el 21 de mayo 2020, para informar sobre la emergencia de la COVID-19 en su territorio.

Fotografía de Mitch Anderson - Amazon Frontlines

Casi cinco meses han pasado desde que una nueva enfermedad -de la que aún no sabemos todo y, sin embargo, cada día se descubre un poco más- tocó las puertas de América Latina. Al igual que otros países de la región, en el mes de marzo, cuando Ecuador comenzó a hacer frente a la aparición de los primeros casos locales declaró la emergencia sanitaria y llamó a la población a realizar cuarentena para evitar la propagación del virus COVID-19.

La acelerada cadena de contagio que se evidencia en distintas partes del globo, no solo llegó a las grandes urbes, sino que también comenzó a manifestarse en comunidades más alejadas, incluso en los pueblos nativos de la Amazonía. La Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE), una organización indígena regional que representa a cerca de 1.500 comunidades, desarrolló una herramienta online para visualizar el impacto de la pandemia en sus territorios. Según los últimos datos, al momento de publicación de este artículo, estarían alcanzando unos 2.113 casos positivos, unos 623 con sospecha, 33 fallecidos diagnosticados y otros 20 con sintomatología propia de la enfermedad, pero sin un diagnóstico confirmado. 

La líder waorani Nemonte Nenquimo realiza la prueba de COVID-19. El test es administrado por una brigada médica de la Universidad de las Américas de Ecuador (UDLA), en el marco de la toma de muestras a comunidades indígenas en la provincia de Pastaza. La acción fue organizada por la ONG Amazon Frontlines en asociación con Alianza Ceibo, en coordinación con la Organización Waorani del Ecuador NAWE y Organización Waorani de Pastaza CONCONAWEP.

Fotografía de Mitch Anderson - Amazon Frontlines

Nota del editor: aunque hay distintas investigaciones sobre tratamientos, medicamentos y vacunas en curso a nivel mundial y que tanto la medicina occidental como la medicina tradicional han aportado soluciones para aliviar los síntomas leves que ocasiona la enfermedad de COVID-19, hasta el momento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha publicado oficialmente la confirmación de que el uso de cualquier remedio o vacuna permita prevenir o curar el virus del SARS-CoV-2.

En este complejo contexto, dialogamos con Nemonte Nenquimo, líder de la comunidad Waorani y exploradora de National Geographic, quien atravesó las dolencias de la COVID-19, recibió un tratamiento de medicina ancestral a base de plantas y cuenta la realidad que vive su pueblo durante esta pandemia.

N.G. ¿Cómo recibieron la noticia de esta enfermedad?

N.M – En enero de este año, antes de saber sobre la pandemia hubo un incidente raro en nuestro territorio.  Unos jóvenes cazadores encontraron decenas de huanganas (puercos del monte) muertos cerca del río.  Esto, para los Waorani, es una señal de que la muerte viene. Cuando estuvimos en Quito, durante una manifestación contra el extractivismo, había también muchos círculos que se formaban alrededor del sol. Y esto para nuestro pueblo, quiere decir también que la muerte viene. Tiempo después, vimos en noticias que había un virus que estaba matando a personas en todo el mundo. Nosotros sabemos que las grandes industrias están destruyendo la naturaleza en todo el planeta y esto provoca un desequilibrio muy fuerte, y de allí sale la enfermedad.  Así que si hablas con nuestros pikenani (nuestros mayores) ellos aseguran que hay muchas pandemias, no solo Covid-19; también el petróleo, el cambio climático… son amenazas para el ser humano. 

Sabía de esta enfermedad y de un virus nuevo. Por temas de emergencia estuve trabajando mucho con el equipo, tenía muchas cosas que organizar. Tenía que apoyar a las comunidades Waorani. Los primeros contagiados fueron en las zonas donde hay carreteras o empresas petroleras, en las provincias de Napo y Orellana. Después me enteré que las comunidades Waorani de la provincia de Pastaza también estaban enfermando y me involucré para organizar la ayuda. No tenía miedo, estaba tranquila. Siempre respeté las medidas de bioseguridad, con mascarilla y alcohol. Trabajamos durísimo, tuvimos reuniones con el gobierno y con el Ministerio de Salud para tratar de que den apoyo a estos pueblos.

N.G. ¿Cuándo se le presentaron los primeros síntomas?

N.M – Me sentía agotada, cansada. Pensé que era porque había estado con mucho trabajo. Me sentía mal, con dolor de cabeza, tuve decaimiento como tres días. Como había andado con cuidado pensé que no era nada. Y de repente, una noche, me agarró fiebre, dolor en los huesos, en el cuerpo, no podía levantarme. Me acosté en la cama y la fiebre ya era muy alta. Sentía que mi cuerpo se estaba quemando. Mi hermana y mi esposo estaban ahí y trataron de ayudarme poniéndome un trapo húmedo en la cabeza.

N.G. ¿Cómo fue el tratamiento realizado?

N.M - No tomé nada de medicina, solo empecé a tratarme con plantas medicinales: ajo de monte, limón, jengibre… Traté de cocinar y tomar todas las plantas que me dieron en la comunidad misma en la que estuvieron enfermos, con eso se curaron. Esta enfermedad es muy difícil, no me podía levantar, me dolía la cabeza, no podía toser porque dolía garganta, tenía la garganta seca. Tampoco podía tomar agua o tragar comida. Luego, me salieron unos puntitos rojos adentro de la garganta. Al tercer día se me empezó a cortar la respiración y estaba muy asustada. Me acosté boca abajo, tenía la nariz muy tapada. Después perdí el olfato y el sabor. No podía reconocer el limón o el jugo de naranja. Estaba muy preocupada de perder el sabor y el olfato para siempre. Cociné unas plantas con sus hojas y absorbí el vapor que me entraba por la boca y eso iba al pulmón y me ayudó a retomar la fuerza. A los siete días decía “ya me siento mejor, voy a trabajar”. Abrí la computadora, me puse a ver los correos. Yo estaba preocupada por los mayores, porque esos síntomas son muy fuertes para un abuelo. Quería ayudar.  Y cuando pensé “listo lo superé, soy una mujer muy fuerte”, otra vez me empezaron a dar escalofríos. Volví a la cama, se me volvió a tapar la nariz y me dio una tos muy fuerte y seca. También me empezó a doler el pecho. Al día siguiente tuve dolor de panza y me desmayé. Mi hermana me pasó jengibre con limón por la nariz y con esa picazón reaccioné.

Plantas medicinales cosechadas por miembros del pueblo Waorani en tiempos de pandemia.

Fotografía de Mitch Anderson - Amazon Frontlines

N.G. ¿Qué tipos de plantas se utilizan en estos casos?

N.M - En la selva hay miles de plantas que los Waorani usamos diariamente. Ya sea para la construcción de casas, para hacer canoas, para hacer canastas, para alimentarnos, para cuestiones de belleza, para la espiritualidad, y también para curarnos. Por miles de años los Waorani hemos estado curándonos con las plantas medicinales, y siempre estamos haciendo nuevas combinaciones, intentando encontrar mejores formas de curarnos.  Así que ahora, con esta pandemia, también estamos utilizando decenas de plantas, y haciendo nuevas mezclas para combatir los síntomas de Covid-19.  Por ejemplo, estamos combinando plantas que bajan la fiebre con plantas que curan el hígado, con otras que son para el mareo y el dolor de cabeza. Estamos usando lianas, hojas, raíces, frutas y cortezas. Se usan tanto como un té o para hacerse vapores. Cuando me daba dolor de cabeza empezaba a pasar hojas de ortiga en la cabeza y en el cuerpo. La planta tiene como unas espinas y cuando la pasas por la piel pica, y ese líquido como que te quema y te alivia el dolor. Su raíz también se cocina para aliviar el dolor en el cuerpo.

El ajo de monte se usa para bañarse y aliviar el dolor del cuerpo, y la hoja cruda se licúa para tomar para la tos. La uña de gato también se usa para dolor de cuerpo, inflamación de hígado o riñón y malestares estomacales. Y hay otras plantas que son para la diarrea o los cólicos y para bajarse la fiebre.  Todos los nombres lo sé en Waorani, pero realmente no sé muchos nombres en español. 

Nemonte Nenquimo práctica una curación con plantas medicinales para tratar la COVID-19. 

Fotografía de Mitch Anderson - Amazon Frontlines

N.G. ¿Has realizado algún tipo de test para confirmar el diagnóstico?

N.M - Los doctores del Ministerio de Salud Pública vinieron a mi casa a tomar una prueba en mi dedo y un PCR pero nunca me dieron el resultado. Esa era mi preocupación, que no me dieran la respuesta. Nosotros como organización buscamos un laboratorio privado. Con la Universidad de las Américas (UDLA) de Ecuador hicimos nuevas pruebas de sangre y PCR. Y Ahí me dijeron que sí, que había tenido COVID-19.

N.G. ¿Cuántos contagios registraron en la comunidad Waorani?

N.M – Según los PCR y pruebas rápidas que hicimos de forma privada con los doctores de la UDLA, unos 330 contagiados. En Orellana fallecieron dos personas y en Napo 1. En Pastaza también falleció un niño, cuyos padres habían sido diagnosticados, entonces probablemente también haya sido COVID-19.

N.G. Su comunidad tiene mucho respeto por las personas mayores como cuidadores de la sabiduría ancestral. En esta enfermedad, según los datos que se conocen a nivel mundial, suelen ser los mayores afectados, ¿cómo le hacen frente a la situación?

N.M – Están superando mucho la enfermedad. Agradezco la sabiduría de los ancianos, tienen un conocimiento de siglos y siglos. Tienen plantas medicinales propias y no son puntualmente para esta enfermedad. En 1940, cuando vinieron a evangelizar y los Waorani tuvieron contacto con el hombre blanco se enfrentaron a muchas enfermedades nuevas: polio, hepatitis, tuberculosis. Estoy muy agradecida a los abuelitos y a su sabiduría. (…) Los Waorani siempre utilizan sus prácticas medicinales. Sabemos que para esta enfermedad aún no hay un cura o tratamiento. La medicina occidental solo da calmantes para el dolor de cabeza. Además, se manifestó con distintos síntomas. A algunos les dio bastante gripe y tos seca. A otros, fiebre; a otros, diarrea; a otros vómitos; a otros, decaimiento… Por eso se utilizaron distintas plantas; depende del síntoma. Las plantas tienen un efecto potencial muy fuerte. Solo los ancianos sabios las saben preparar. Ninguno de los afectados fue trasladado al hospital. Ellos sabían que si iban al hospital podían morir allí. Ellos se quedaron en las comunidades y confiaron en sus plantas medicinales.

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