¿Por qué ocurren los varamientos de ballenas? El accionar humano entre las causas

Varias razones pueden explicar por qué montones de ballenas de repente aparecen varadas en las costas: desde los fluctuantes patrones de marea hasta la contaminación acústica y la sobrepesca.

Por Melissa Hobson
Publicado 31 de marzo de 2021 19:54 GMT-3
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Una ballena de aleta (Balaenoptera physalus) varada en la orilla en Holland-on-Sea, una localidad en la costa este de Inglaterra, el 30 de mayo de 2020. Aunque son un fenómeno global, los varamientos de ballenas ocurren con regularidad en las costas poco profundas del mar del Norte.

Fotografía de Rob Deaville, CSIP-ZSL

Cada año, aparecen en las costas de todo el mundo miles de ballenas, delfines y otros animales marinos. Este fenómeno, conocido como varamiento, ocurre cuando los vientos arrastran a los animales, sanos o heridos (o muertos), hacia la tierra. A veces, puede haber varamientos en masa, y en ocasiones, en una región determinada, puede darse un número inusual de varamientos durante un cierto período de tiempo.

En el Reino Unido, el Programa de Investigación de Varamientos de Cetáceos (CSIP, por sus siglas en inglés) de la Sociedad Zoológica de Londres ha registrado más de 12.000 cetáceos varados desde 1990. Los casos más dramáticos, como el varamiento en 2015 de más de 300 rorcuales norteños (Balaenoptera borealis) en la región patagónica del sur de Chile o la cantidad de zifios que aparecieron en las orillas de Guam entre 2007 y 2019, demuestran que se trata de un fenómeno global. Y las causas de los varamientos pueden ser varias.

“Es probable que cada varamiento tenga sus causas específicas”, afirma Kevin Robinson, director de la Unidad de Investigación y Rescate de Cetáceos, una organización benéfica de conservación marina en Escocia. A continuación, presentamos lo que los científicos conocen acerca de las causas de los varamientos: desde costas confusas hasta amenazas de la actividad humana.

Topografía

En algunas regiones, la topografía costera y las amplitudes de la marea pueden configurar trampas para los mamíferos marinos. En lugares como el Farewell Spit de Nueva Zelanda, las costas del mar del Norte y Cape Cod, en el este de Estados Unidos suelen ocurrir varamientos en maso. Nick Davison, coordinador de varamientos del Scottish Marine Animal Stranding Scheme, explica que estas regiones carecen de la profundidad suficiente para que las ballenas se orienten, porque su capacidad de ecolocalización funciona en aguas profundas.

Además, durante un ciclo de marea, el agua puede retroceder varios kilómetros en cuestión de minutos, lo que significa que algunos animales marinos pueden quedar atrapados. Daren Grover, de Project Jonah, explica que, si los animales no saben que están nadando hacia aguas menos profundas, tendrán problemas cuando baje la marea. “El agua desaparece y los deja en la estacada”, comenta.

Causas naturales

Según Dan Jarvis, encargado de desarrollo de bienestar de British Divers Marine Life Rescue, una ballena puede quedar varada por estar enferma o herida, senil, perdida, por no poder alimentarse o tener alguna otra dificultad —por ejemplo, un parto difícil—, o simplemente por tener muchos años. Los animales deteriorados pueden ser arrastrados hasta la orilla, y los que se desorientan pueden adentrarse accidentalmente en aguas menos profundas.

La depredación también puede causar que los animales (tanto depredadores como presas) se acerquen a las costas. Grover recuerda que muchos delfines llegaron hasta la costa huyendo de una orca, y que un grupo de orcas quedó varado mientras cazaba rayas en aguas poco profundas. Lanzarse hacia la orilla es una técnica de caza habitual entre las orcas, pero a veces pueden equivocarse y solo les queda esperar a que aparezca una gran ola que las devuelva al océano. 

Si bien los varamientos de ballenas sanas son comunes, muchas ballenas que llegan a la orilla están enfermas o muertas, como esta ballena de aleta que quedó varada en la costa este de Inglaterra el 30 de mayo de 2020. Se desconoce la causa de su muerte.

Fotografía de Rob Deaville, CSIP-ZSL

Actividades humanas

Los humanos constituyen otra de las causas. La pesca, la contaminación y las colisiones con barcos, entre otras circunstancias, ocasionan muchas heridas (y muertes), que obligan a los animales a quedarse encallados. Es muy común que los cetáceos se enreden con los sedales de pesca y mueran. Robinson sostiene que el delfín baiji se ha extinguido por culpa de la pesca y cree que la inminente extinción de la vaquita se explica de la misma manera. La sobrepesca también priva a los cetáceos de sus principales fuentes de alimento, y los empuja hacia la costa o a aguas mareales para cazar.

Algunas causas, como la contaminación, de a poco van produciendo graves efectos negativos. Todas las sustancias químicas acaban en el océano y provocan muchas complicaciones. Rob Deaville, gestor de proyectos del CSIP, dice que los animales enfermos tienen niveles más altos de contaminantes químicos que los sanos, aunque cuesta demostrar la causalidad. Por su parte, los plásticos también pueden atrapar a los animales, ahogarlos o dañarlos si los ingieren.

Finalmente, la posibilidad de chocar con barcos supone un problema en particular para especies lentas como las ballenas francas glaciales. Las colisiones pueden causar heridas graves (o la muerte) y provocar varamientos.

Un océano ruidoso

La contaminación acústica, como los pulsos de sonido por el uso del sónar y los estudios sísmicos, interfieren con la capacidad de comunicación y orientación de las ballenas, y al quedar sordas, desorientadas y asustadas, acaban en la orilla. Las especies de aguas profundas en mar abierto, como los zifios, son especialmente susceptibles al sónar, incluso a kilómetros de distancia. Se cree que el uso del sónar naval tuvo que ver con la serie de varamientos de zifios en Guam, por ejemplo. Robinson señala que las ballenas “quizá tengan el oído más delicado del planeta”. Como el sonido viaja más rápido por el agua que por el aire y mantiene su intensidad durante más tiempo, los sonidos pueden causar graves lesiones auditivas.

“Cuando la ballena trata de sumergirse no puede soportar la presión”, explica Robinson. Y al no poder sumergirse, no puede cazar, sufre desnutrición y deshidratación, porque el alimento le provee agua. Debilitada, se deja llevar por la corriente y, a la larga, acaba en la orilla.

Varamientos masivos

Los varamientos masivos se definen como cualquier fenómeno que involucre de dos animales —excepto madre y su cría— a un grupo entero, que puede oscilar de unas cuantas hasta cientos de ballenas. Por lo general ocurren en especies muy sociables, como las ballenas piloto y los calderones pequeños. Por instinto, las familias de ballenas tienen a permanecer unidas, lo que explica que muchas veces queden varadas en grupo por intentar ayudar a un pariente enfermo o afectado.

El vínculo es tan fuerte que si un animal sano es liberado en el mar y escucha que un miembro del grupo lo llama desde la orilla, volverá a vararse para estar con ese individuo. Para impedirlo, los rescatadores deben asistir al animal herido antes de reflotar al grupo.

Probabilidades de supervivencia

Cuando una ballena se queda varada, es una carrera contrarreloj. El peso corporal de una ballena, normalmente sostenido por el agua, no se comporta igual en tierra. Al tener una menor circulación, acumula toxinas que acaban envenenando al animal. Fuera del agua, la grasa de la ballena también puede provocar un gran aumento de su temperatura. Como otros mamíferos, las ballenas respiran aire, así que pueden ahogarse si se quedan varadas y el agua les entra en el espiráculo durante la marea alta.

Si encuentras una ballena varada, no intentes moverla. Arrastrar al animal al agua es “la peor acción", señala Robinson, ya que puede dañar las delicadas aletas de la cola y puede resultar letal si el animal necesita tratamiento veterinario antes de ser liberado. Las organizaciones benéficas marinas, los guardacostas o los servicios de emergencias pueden ayudar mientras se aguarda la llegada de veterinarios y voluntarios preparados. El animal debe mantenerse erguido, mojado (sin agua en el espiráculo) y tapado para prevenir quemaduras.

Así y todo, los índices de supervivencia son bajos. Los equipos de rescate solo intentan reflotar a un animal si está lo bastante sano como para sobrevivir. Las únicas alternativas son poner al animal en cautiverio —en los países que lo permiten— o la eutanasia. Aunque es desgarrador, Jarvis dice que es la mejor decisión para su bienestar, antes que someter al animal salvaje a vivir en cautividad.

Aspectos positivos

Los varamientos ayudan a los científicos a entender mejor a estos animales, sobre todo a especies difíciles de estudiar como los zifios. Las necropsias informan sobre la causa de muerte, pero también revelan cómo vivía: dónde ha estado, qué ha comido, cómo se ha visto afectado por el plástico o la contaminación química y cuántas veces ha estado embarazado. “La información no es solo sobre la muerte. Se puede conocer mucho acerca de sus vidas”, afirma Deaville.

Deaville también señala que los varamientos pueden indicar que hay poblaciones más sanas: básicamente, si hay más animales en el mar, es más probable que quede varada una mayor cantidad de ballenas por causas naturales, aunque se minimicen otras amenazas. En Escocia, la falta de varamientos de orcas refleja los pocos ejemplares que quedan de una población en peligro de extinción, mientras que el aumento de los varamientos de ballenas jorobadas en el Reino Unido indica la recuperación de la población desde que se prohibió la caza de ballenas.

“Paradójicamente, es una mala noticia para el individuo, pero resulta una buena noticia para la población”, dice Deaville.

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