Vacunas contra la COVID-19 podrían poner en mayor peligro a los tiburones de aguas profundas

Para potenciar la efectividad de las vacunas se suele utilizar aceite de hígado de tiburón. Sin embargo, una mayor demanda de la sustancia podría afectar a especies en peligro crítico de extinción.

Por Justin Meneguzzi
Published 16 de noviembre de 2020 13:21 GMT-2, Updated 16 de noviembre de 2020 19:38 GMT-2
Tiburones martillo nadan en las islas Galápagos. Esta especie está en peligro crítico por la demanda de ...

Tiburones martillo nadan en las islas Galápagos. Esta especie está en peligro crítico por la demanda de sus aletas y aceite de hígado.

Fotografía de Michele Westmoreland, Nature Picture Library

El tiburón martillo atrapa a sus presas a más de 300 metros bajo la superficie, y puede sobrellevar las enormes presiones de las profundidades gracias a un aceite especial que tiene en su hígado.

El aceite de hígado de tiburón, o escualeno, es una sustancia grasa que le permite a esta especie (y muchas otras) controlar su flotabilidad. Pero también supone una salvación para los humanos, ya que, dadas sus propiedades inmunológicas, actúa como adyuvante (potenciador) en la fabricación de vacunas y logra que sean más efectivas.

Las compañías farmacéuticas de todo mundo están trabajando para conseguir una vacuna anti-COVID-19, y al menos cinco de las 202 vacunas candidatas utilizan el escualeno de tiburones capturados en la naturaleza. Las vacunas de Pfizer y Moderna, que han demostrado un éxito temprano, no necesitan adyuvantes.

Una de las vacunas candidatas se está desarrollando en Australia en la Universidad de Queensland, junto con la compañía biofarmacéutica australiana CSL y su subsidiaria Seqirus. La vacuna, que aún no tiene nombre, incluye el adyuvante de escualeno MF59, que se obtiene de una variedad de especies de tiburones. Los ensayos clínicos en humanos comenzaron a principios de este año y, si esta vacuna es exitosa, se producirán unos 51 millones de dosis iniciales.

Cada año se capturan y se comercializan decenas de millones de tiburones en todo el mundo (tanto de forma legal como ilegal) dada la gran demanda de su carne y aletas. Pero unos tres millones o más también se capturan con el fin de obtener escualeno. Para extraer aproximadamente una tonelada de escualeno, se necesitan los hígados de entre 2.500 y 3.000 tiburones.

Por eso, los conservacionistas temen que la mayor demanda de escualeno para la elaboración de vacunas, entre otros usos, ponga en riesgo aún más a varias especies de tiburones, un tercio de las cuales son vulnerables.

“Esta es una demanda insostenible para un recurso natural tan limitado como son los tiburones”, sostiene Stefanie Brendl, fundadora y directora ejecutiva de Shark Allies, una organización de conservación sin fines de lucro con sede en California. 

Solo un 1% del escualeno se destina a las vacunas, la mayor parte se utiliza en la fabricación de cosméticos como protectores solares, cremas para la piel y humectantes. De todos modos, con el aumento de la población mundial, la vacuna cada vez será más necesaria, señala Brendl, y agrega que algunos expertos creen que, en muchos casos, se requerirá más de una dosis.

"No estamos sugiriendo que se frenen los ensayos de vacunas, pero si seguimos recurriendo a los tiburones porque son el camino más fácil y no consideramos las alternativas disponibles, entonces simplemente se seguirá dependiendo del escualeno para las vacunas", expresa Brendl.

Dada la disminución en el número de tiburones, algunas empresas de biotecnología están buscando otras fuentes de escualeno. La sustancia también se encuentra en plantas como la caña de azúcar, las aceitunas, las semillas de amaranto y el salvado de arroz. Si bien se están probando opciones de origen vegetal en estudios y ensayos clínicos, la Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU., entre otros organismos competentes, aún no las han aprobado como parte de la composición final de una vacuna.

Una industria que crece

Durante siglos, la demanda de aceite de hígado de tiburón ha sido muy alta, principalmente, con fines alimenticios y energéticos (en el siglo XVIII en Europa, las farolas se encendían gracias a esta sustancia). Además, durante mucho tiempo, el aceite se ha utilizado en la industria textil y cosmética, y en la producción de colorantes para los alimentos.

En esta foto histórica, un grupo de pescadores extrae el hígado de un tiburón en Keel Harbour, Irlanda.

Fotografía de Hulton-Deutsch Collection, CORBIS, Corbis via Getty Images

Pero recién en 1997, Chiron, una antigua empresa de biotecnología adquirida por Novartis, utilizó el escualeno como adyuvante en la vacuna contra la influenza FLUAD. Y posteriormente, otras compañías farmacéuticas destacadas, como GSK y Novartis, comenzaron a emplear el escualeno para elaborar sus vacunas contra la gripe estacional y la gripe porcina.

Si bien la gran mayoría de los tiburones quedan atrapados de forma involuntaria por pesquerías a gran escala cuyos objetivos son el atún, el calamar y el salmón, la falta de informes precisos no permite establecer cuáles son capturas incidentales y cuáles actividades de pesca ilegal. La especie de tiburón que se comercializa tampoco suele identificarse en los registros de comercio.

Para poder satisfacer la demanda de hígados de tiburón, se ha desarrollado, en Indonesia e India principalmente, una industria especializada conformada por pescadores, productores y comerciantes. En un proceso que denominan "extracción de hígado", los pescadores matan a un tiburón para quitarle el hígado y luego desechan el resto del cadáver por la borda.

En las instalaciones de procesamiento, los hígados se trituran, se hierven y se colocan en tanques, donde se centrifugan para separar el aceite de cualquier residuo. Luego, se envasa y se distribuye a todo el mundo. Una tonelada de aceite de hígado de tiburón puede costar miles de dólares, según la cantidad de escualeno que contenga.

En un informe de 2014, la organización sin fines de lucro WildLifeRisk advirtió que una fábrica en el sureste de China procesaba por año y de forma ilegal 600 tiburones ballena (especie protegida) y tiburones peregrinos.

“Los glóbulos blancos del mar”

Si bien el escualeno se encuentra en todos los tiburones, los pescadores suelen apuntar a las especies de aguas profundas, ya que tienen hígados más grandes y, por lo tanto, mayor concentración de aceite. La sobrepesca es una gran amenaza para estos tiburones, que al tener una maduración muy lenta, pueden tardar hasta una década en comenzar a reproducirse.

Como consecuencia, casi la mitad de las 60 especies de tiburones más requeridas por sus hígados (entre estas, el tiburón martillo , el carite, y el tiburón ballena) se encuentra en un estado muy vulnerable según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el organismo que establece el estado de conservación de animales y plantas silvestres.

Muchas de esas especies están protegidas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que restringe o prohíbe la pesca de ciertas especies marinas como tiburones y rayas.

Joanne Cleary, vocero de Seqirus (que emplea el adyuvante MF59 que contiene escualeno) contó a National Geographic que el escualeno que utilizan proviene de especies de tiburones que no están protegidas por la CITES. Más tarde, se consultó a Cleary si los proveedores de Seqirus cumplen con los estándares de pesca sostenible establecidos por el Marine Stewardship Council, pero no hubo respuesta.

Según Brendl, de Shark Allies, “el hecho de que una pesquería evite las especies protegidas no significa que sea sostenible. Solo un número muy pequeño de especies están protegidas de forma oficial, y la inclusión de nuevas especias en la lista puede demorar muchos años".

La pérdida de los principales depredadores marinos, como el tiburón martillo, podría ser una fatalidad para el medio ambiente, sostiene Austin Gallagher, explorador de National Geographic y científico principal de Beneath the Waves, un grupo conservacionista de tiburones con sede en Virginia.

“Los tiburones son como los glóbulos blancos de nuestros mares”, expresa Gallagher. “Al alimentarse de animales enfermos, heridos o no aptos para transmitir genes, mantienen los ecosistemas saludables. Serían algo así como agentes sofisticados de la selección natural”.

Una cuestión de pureza

Brendl sostiene que son las empresas farmacéuticas las que deben comenzar a desarrollar y proponer alternativas viables para evitar el uso de escualeno. La empresa estadounidense Novavax, por ejemplo, ya está utilizando un adyuvante alternativo (Matrix-M) en los ensayos clínicos para una vacuna anti-COVID-19. Matrix-M se elabora con la corteza del quillay (Quillaja saponaria), un árbol nativo de Chile.

Aunque la compañía considera que este adyuvante es seguro, aún no ha sido evaluado por la Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU. como componente de un producto final.

Cleary, vocero de Seqirus, expresa: "por ahora, los organismos reguladores no aprueban escualenos alternativos para su uso en vacunas debido a los altos niveles de pureza que se exigen".

Sin embargo, el Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas (IDRI) encontró que el escualeno de calidad farmacéutica producido por la empresa estadounidense de biotecnología Amyris cumplía, y en algunos casos superaba, los requisitos de seguridad y pureza para el escualeno extraído del hígado de tiburón, según Chris Paddon, científico principal de Amyris.

Amyris ha recurrido a la caña de azúcar como reemplazo del escualeno proveniente de tiburones, señala Paddon. La empresa está cultivando miles de hectáreas de caña de azúcar para preparar escualeno sintético. La cosecha de unas 10 hectáreas alcanzaría, en teoría, para producir el escualeno necesario para mil millones de vacunas anti-COVID-19.

Paddon explica que, como los productores pueden controlar la forma en que se cultiva y cosecha la caña de azúcar, es posible garantizar la calidad del escualeno. "Cuando utilizas productos animales, suele haber un grado de impureza por el medio ambiente en el que se crían y los lugares donde se procesan". Además, Paddon afirma que el cultivo de caña de azúcar es más barato que la pesca de tiburones y la extracción de hígados.

Gallagher de Beneath the Waves agrega que, debido a la pandemia, la sociedad está más involucrada en el proceso de desarrollo de vacunas y la composición de los medicamentos.

"Y otro efecto positivo de la pandemia es que ha permitido visibilizar el gran problema ambiental que significa la pérdida de tiburones en los mares de todo el mundo”, expresa.

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