Animales

Amazonas: ¿Cómo una comunidad busca atraer visitantes evitando el turismo de vida silvestre ilegal?

Puerto Alegría, Perú, era famoso por ofrecer encuentros con animales salvajes que eran ilegales. Ahora, la comunidad local está intentando reemplazar a los osos hormigueros de cautiverio por otras estrategias culturales. Pero, atraer turistas cuesta.jueves, 15 de agosto de 2019

Por Natasha Daly
Fotografías de Kirsten Luce
Un niño y un gato se detienen en un camino en Puerto Alegría, una pequeña comunidad peruana en el río Amazonas. La ciudad fue un destino para encuentros de vida silvestre exótica hasta que la policía intervino en diciembre de 2018. Ahora, muchos en la comunidad están decididos a forjar un nuevo futuro.

Hasta el pasado mes de diciembre, antes de que todo cambiara, Jorge Chavez tenía animales salvajes en su casa.

“Teníamos guacamayos, papagayos, un perezoso, boas”, señala.

Al hablar desde un “nosotros”, Chavez se refiere a él y su familia, pero también hace referencia al pueblo. Puerto Alegría, una diminuta comunidad peruana encaramada a orillas del río Amazonas, durante mucho tiempo había sido un destino turístico por los encuentros cercanos con fauna exótica. La gente del pueblo conseguía los animales, a los que cazaban furtivamente en la selva. Los turistas les pagaban con propinas. 

Pero, en diciembre, llegó la policía y confiscó la fauna. Los animales fueron trasladados, en avión, a centros de rescate. Y docenas de habitantes ahora luchan por subsistir sin su principal fuente de ingresos.

“Ahora ofrecemos avistaje de aves”, indica Chavez, siete meses después del ataque. Está tratando de liderar la calmada incursión de Puerto Alegría hacia experiencias de turismo acordes con la ética: un museo de la cultura, caminatas por la naturaleza, un taller de medicina tradicional. Los esfuerzos son enfatizados por una cauta esperanza por que los turistas aún se sientan satisfechos tras una experiencia de cultura local más apagada, aunque legal y auténtica. 

Una fábrica de dinero letal

Puerto Alegría está ubicado en las Tres Fronteras, una región del río Amazonas en donde Perú, Colombia y Brasil se cruzan. Es de fácil acceso en bote desde el lado colombiano, en donde se hospeda la mayoría de los turistas.
 

Turistas observan el recinto de un manatí en Puerto Alegría en agosto de 2017. El manatí fue uno de los 22 animales rescatados por las autoridades ambientales en diciembre. Ahora, se recupera en un centro de rehabilitación.

Durante casi 10 años, la gente del pueblo cumplió con las demandas de botes cargados de turistas a quienes las agencias y los hoteles llevaban al otro lado del río con la promesa de vivir una experiencia única en la vida: animales salvajes para cargar, abrazar, y colocarse alrededor del cuello. Era lo mejor para una selfie: un souvenir digital, primordial para conseguir varios “me gusta” en Instagram. 

El negocio, sin embargo, era ilegal. En Perú, las leyes respecto de la remoción de animales salvajes de su hábitat son algo rebuscadas, pero ganar dinero gracias a animales salvajes en cautiverio está prohibido explícitamente. Y los animales (salvajes, desorientados, y en general mal alimentados) se estaban muriendo. En una investigación del 2017, National Geographic encontró un oso hormiguero deglutiendo un yogur rosa, un manatí por debajo de su peso a quien se alimentaba con una mamadera de bebé con leche de soja, y perezosos (que en su hábitat natural duermen 22 horas al día) que pasaban de brazo en brazo entre los excitados turistas.

En diciembre de 2018, las autoridades peruanas atacaron el pueblo. Rescataron a 22 animales y los trasladaron, en avión, a centros de rehabilitación en Iquitos (río abajo). Si bien algunos de los animales, incluyendo algunos perezosos, murieron tras el rescate, muchos de ellos están bien (incluso un manatí y un margay que fueron llevados al Centro de Rescate Amazónico). Javier Velásquez Varela, director del centro, dice que espera que el manatí esté listo para ser puesto en libertad el año que viene.

La policía le dijo a la gente del pueblo que, si seguían cazando animales, les impondrían multas.

En enero de 2019, volvieron a circular fotos en Instagram con grupos de turistas cargando perezosos. Las autoridades ambientales lo notaron y emitieron una advertencia final: corten por las buenas, o terminarán en la cárcel.

Detrás de un tucán en cautiverio, los visitantes compran comida y deambulan por el centro de Puerto Alegría en junio de 2017. Además de aves exóticas, los visitantes podían cargar perezosos, tortugas, anacondas, osos hormigueros, y otros animales. Todos habían sido capturados en la selva.

Frenaron. Pero el hecho de perder el negocio animal (y los turistas a quienes esto atraía) significó perder una fuente de ingresos. En los pequeños pueblos del Amazonas, los dólares de los turistas pueden marcar una gran diferencia entre aquellos que logran quedarse en las comunidades en donde crecieron y aquellos que deben irse. El turismo es una línea que puede proteger a las comunidades frente al aumento en los costos de vida, el agotamiento de los recursos, y otros obstáculos que hacen que la gente se mude a ciudades cercanas como Iquitos en Perú o Leticia en Colombia.

“Podíamos mantenernos a nosotros mismos cuando trabajábamos [con los animales]”, señala Chavez.

Otro camino

La comunidad de 650 habitantes no pierde la fe en el turismo; simplemente se trata de una reestructuración. En enero, Entropika, un centro de conservación sin fines de lucro en Leticia, que había trabajado con autoridades peruanas para organizar el ataque de diciembre, se involucró para ayudar a Puerto Alegría. El grupo ayudó a los miembros de la comunidad a crear una nueva organización turística llamada Asociación de Turismo Comunitario Puerto Alegría. Chavez es su primer presidente. 

Puede que ahora el pueblo no tenga animales, pero ofrece un sentido de pertenencia sin igual. Puerto Alegría brinda, a los visitantes que buscan una breve experiencia del país, una muestra de Perú; salta el río desde Colombia, y puedes decir que has visitado Perú. 

En vistas a ayudar a la comunidad a resaltar la cultura peruana, el personal de Entropika llevó a Chavez a Iquitos a visitar varios proyectos de actividades de turismo sustentable, incluso un museo de la cultura. Chavez decidió que quería construir un museo de la cultura en Puerto Alegría para ayudar a los visitantes a aprender acerca de los pueblos indígenas de Cocama, Tikuna y Yagua, de donde descienden varios miembros de la comunidad. Entropika llevó al director del museo de Iquitos, Kevin Huaymana, para que pasara dos semanas en Puerto Alegría ayudando a la comunidad a montar su propio museo. Reunieron artefactos locales y armaron letreros para exhibir, y también diseñaron talleres para aprender sobre horticultura y medicinas.

“Creo que han sido muy valientes”, dice Angela Maldonado, conservacionista de Entropika, acerca de Chavez y otros miembros de la asociación de turismo, “al decir ‘no tenemos más animales’, y tratar de hacer algo productivo”.

“Ahora, nuestra idea de lo que el turismo debería ser ha cambiado”, menciona Chavez. “Pero, al mismo tiempo, las cosas se han tornado más complicadas en lo que respecta a nuestras finanzas”.

A pesar de todo el trabajo duro, de Chavez y de otros miembros de la comunidad, por preparar el museo y las ofertas culturales, los visitantes no aparecen.

Según Maldonado, muchas de las agencias de turismo colombianas ganaban dinero al cobrarles a los turistas por llevarlos a Puerto Alegría a ver los animales (los encargados de los animales trabajaban solo a cambio de propinas). Pero apenas se fueron los animales, “simplemente se olvidaron de la comunidad”, señala. “Creo que es vergonzoso”. 

El turismo ilegal con animales salvajes sigue siendo un atractivo

Maldonado sostiene que las excursiones aún se centran en las experiencias ilícitas con animales. On Vacation Amazon, el resort que, en promedio, solía enviar 150 visitantes por día para sacarse selfies con los animales en Puerto Alegría, no ha enviado ningún grupo al museo. Y algunos en Puerto Alegría, incluso aquellos fieles a On Vacation, no apoyan el nuevo emprendimiento, indica Maldonado, lo que dificulta brindar una experiencia holística de turismo, incluyendo restaurantes y alojamiento. 

Los turistas descansan en la pileta del On Vacation Amazon, un resort colombiano que queda justo al otro lado del río de Puerto Alegría. Hasta diciembre de 2018, el resort traía a Puerto Alegría hasta 150 turistas por día para vivir la experiencia de cargar animales en cautiverio. Luego de que la policía confiscó los animales, los botes de On Vacation dejaron de venir.

Los resorts y las empresas de turismo ahora llevan a los turistas a otros sitios cercanos, en donde pueden tocar animales, lugares que han surgido para rellenar el vacío actual. Por ejemplo, la agencia de turismo Amazonas Extremo, de Leticia, ha llevado a los turistas a una comunidad llamada Aldea, en donde los locales les ofrecían animales salvajes para cargar en brazos, según confirmó una persona que hizo el viaje. Y On Vacation Amazon lleva a sus grupos a una comunidad llamada Zacambú, en donde les ofrecen una experiencia animal digna de una selfie. Entre febrero y junio de 2019, muchos turistas, que confirmaron que On Vacation coordinó sus excursiones, subieron a Instagram selfies con animales. 

A la fecha de publicación de este artículo, On Vacation Amazon y Amazonas Extremo no habían respondido a los pedidos de comentarios por parte de National Geographic.

Alberto Yusen Caraza Atoche, el fiscal ambiental de Loreto, la provincia peruana en donde queda Puerto Alegría, dice que está al tanto de que estos temas siguen en pie. “Para nosotros es difícil detectar cuántas de estas agencias de turismo están detrás de estas conductas ilegales”, señala. “Sabemos que On Vacation es una de las grandes empresas colombianas que trabaja en el mercado ilegal”.

Patrullar el área es una tarea ardua, “en primer lugar, por la distancia; y, en segundo lugar, por la logística”, menciona Caraza Atoche. Además, hay que tener en cuenta la enmarañada red de leyes y jurisdicciones que se superponen al lidiar con delitos en un lugar en donde se cruzan tres países. El departamento peruano de Caraza Atoche, por ejemplo, no puede hacer mucho respecto de los operadores colombianos que avivan el problema. 

Una larga pasarela conecta Puerto Alegría con el Río Amazonas. Del otro lado del río está Colombia, en donde muchos turistas se hospedan. En Puerto Alegría, muchos ansían que el cambio hacia un turismo acorde con la ética siga atrayendo turistas. Hasta ahora, han venido muy pocos.

Maldonado espera que los turistas empiecen a volver a Puerto Alegría, así los miembros de la comunidad “pueden ver la luz al final del túnel”, indica, “porque están pasando un muy mal momento económico”. Con el objetivo de proporcionar algo de esperanza, Innative Amazon se presenta como un nuevo proyecto que trabaja con Entropika para ofrecer excursiones turísticas de bajo impacto, ecológicas y amigables con los animales en el área. El grupo está tratando de introducir paseos al pueblo por el día. 

Mientras tanto, Chavez y otros confían en que sus esfuerzos darán sus frutos y así podrán volver a ganarse la vida; y su buen nombre. “Debemos rehabilitar el nombre de Puerto Alegría”, dice. “Debemos recuperar nuestra buena reputación”.

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