¿Por qué le tenemos miedo a los tiburones? Existe una explicación científica

Los tiburones no son los asesinos irreflexivos que pensamos que son.

Publicado 9 de febrero de 2018 16:25 GMT-2
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Grandes tiburones blancos en las aguas junto al sur de las islas Neptuno, Australia.
Fotografía de Brian Skerry, National Geographic Creative

Hay algo escondido en el agua al acecho, y es el miedo de todos los nadadores. Es un tipo de pez, que tiene varios metros de largo, con filas de filosos dientes serrados que utiliza para atenazar a la presa. Hay un tiburón en el agua.

Los tiburones, específicamente, los grandes tiburones blancos, han captado la atención del público con el lanzamiento de la película Tiburón en el verano de 1975. La película narra la historia de un enorme gran tiburón blanco que aterroriza a la comunidad costera, y tan solo la imagen de la portada, la mandíbula expuesta de un gran tiburón que se eleva en el agua turbia, es suficiente para infundir miedo en los corazones de los posibles nadadores. Otras películas de suspenso han perpetuado al tema de los tiburones como villanos.

¿Pero de dónde proviene nuestro miedo a los tiburones y hasta dónde se remonta? A continuación encontrará la respuesta a esa y a otras tantas preguntas relacionadas con los tiburones. 

¿Por qué la gente les tiene miedo a los tiburones?

“Hacer esa pregunta implica que no se les deberían temer”, dice David Ropeik, consultor de la percepción del riesgo y autor del libro How Risky Is It, Really? Why Our Fears Don’t Always Match the Facts. (¿Qué tan arriesgado es, realmente? Por qué nuestros miedos no siempre coinciden con los hechos.)

La selacofobia, o el miedo a los tiburones, no es irracional, dice el biólogo marino Blake Chapman, experto en tiburones de la University of Queensland en Australia. Para decirlo de manera simple, los peces predatorios son atemorizantes. Los grandes tiburones blancos, por ejemplo, la especie que Hollywood ha inmortalizado como asesinos irreflexivos, poseen bocas llenas de varias filas de 300 dientes parecidos a dagas que pueden desmembrar de manera fácil a la presa. También pueden percibir campos electromagnéticos pequeños que otros animales liberan al agua, lo que los ayuda a buscar su próximo alimento. 

Pero no necesariamente tenemos miedo de los tiburones por adelantado, y todos los animales son diferentes. Existen más de 465 especies conocidas de tiburones y pueden variar en tamaño desde el tiburón pigmeo espinoso de 18 centímetros al tiburón ballena de más de 15 metros. Varios de estos nadadores cartilaginosos comen peces, crustáceos, moluscos, plancton, kriles, mamíferos marinos y otros tiburones, es decir, los humanos no son parte del menú.

Más bien, dice Ropeik, nos aterroriza que los tiburones nos puedan matar. Ser comido por un tiburón tigre de 4,5 metros parece una forma dolorosa de sufrir hasta la muerte y podemos temer que el ataque de un tiburón sea lo que nos mate. 

Es más posible que lo aplaste una máquina expendedora de comida en su oficina y muera o que una vaca colapse encima suyo en el campo a que muera en la mandíbula de un tiburón. Pero el miedo no necesariamente se ajusta a los hechos, y el de ser atacado por un tiburón dice más acerca de nuestra respuesta emocional que la realidad.

Por sobre todo, tenemos miedo de perder el control. Si se encuentra nadando en aguas donde habitan los tiburones, no desea que la mandíbula de un predador misterioso lo atenace y determine su destino. 

“La idea de ser devorado por un animal que está en control es otro factor”, dice Ropeik. “Es la naturaleza de la experiencia y no el agente per se”.

¿De dónde proviene este miedo?

El miedo no es necesariamente algo con lo que nacemos, sino que lo desarrollamos con el tiempo. Los niños no les temen a las serpientes ni a las alturas, pero, como adultos, nuestros cerebros se vuelven más sensibles a los estímulos del miedo.

Pero, ¡vaya, sí que nuestros ancestros tenían varias cosas a las que temer! Piense en cómo la civilización antigua hubiese sobrevivido en los hábitats primitivos. Evitaban acantilados altos y animales salvajes, porque sabían que esas amenazas los podían matar y eso es lo que los mantuvo vivos. Aprendieron el miedo como una adaptación para protegerse.

“El miedo es algo que hemos heredado de nuestros primeros ancestros”, dice Chapman. “[Los tiburones] son animales. Las cosas biológicas como los animales son algo a lo que tenemos tendencia a tenerles miedo”.

Los tiburones de todas maneras son bastante aterrorizantes. ¿Cuáles son las posibilidades de que me pueda matar?

Al escribir su libro, Shark Attacks: Myths, Misunderstandings and Human Fear (Ataques de tiburones: mitos, malentendidos y miedo humano), Chapman descubrió que el cerebro humano tiende a sobresimplificar los números. Si le digo que existe una posibilidad en 3.748.067 de que pueda ser atacado por un tiburón y morir, ese número es demasiado abstracto para que su cerebro sea sensible a él. (Si le digo que los humanos matan cerca de 100 millones de tiburones por año, eso también podría ser difícil de procesar).

Las posibilidades de que sea devorado vivo por un tiburón son bastante imposibles. Es más probable que muera a causa de un ataque de un perro, un golpe de un rayo o un accidente automovilístico. Es también más posible que muera de cáncer o un ataque al corazón.

Las pocas posibilidades de que un tiburón lo ataque son irrelevantes para nosotros. Escuchamos la palabra “tiburón” y no podemos evitar de manera casi inmediata asociarla con la palabra “ataque”.

“Si bien podemos sentir el miedo y podemos interpretarlo, el sentimiento real de miedo se encuentra totalmente fuera de nuestro control”, dice Chapman.

Está bien, pero, ¿qué puedo hacer para luchar contra el miedo a los tiburones?

Existen algunas formas de hacer que les tenga menos miedo a los tiburones. Puede darse a usted mismo la ilusión de control, porque cuando no se siente en control, las cosas parecen más atemorizantes.

Para hacer esto, puede leer acerca de qué tipos de tiburones viven en el agua en la que va a nadar o aprender acerca de qué especies de tiburones se conocen que han ido tras humanos. (Sugerencia: los tiburones de punta negra y de aleta negra a veces confunden a los humanos con presas).

Si nada en aguas claras, puede darse la ilusión de control si realmente viera un tiburón. (Los grandes tiburones pueden alcanzar velocidades 10 veces más rápidas que el promedio humano, por lo tanto, de manera lógica, si uno de estos tiburones se le acercara, no tendría tiempo de escapar. Sin embargo, es más que probable que lo devolviera al agua).

Para evitar el ataque de un tiburón, también puede aprender a evitar atraer su atención y no nadar si está sangrando o sobre una tabla de surf. (Por lo general, los tiburones van tras las focas y desde abajo una tabla de surf se puede asemejar a una foca). También puede evitar alancear a los peces, porque ensartar a los peces envía señales eléctricas que pueden atraer a los tiburones.

En el caso poco común de que fuese atacado por un tiburón, los expertos dicen que lo mejor es contraatacar. Chapman recomienda ir a por los ojos o branquias de ser posible. Si se puede dar la sensación de control, puede sentir que está en menos peligro.

¿Por qué es importante que aún nos importen los tiburones?

Chapman dice que si bien es cierto que el número de ataques de tiburones por año ha incrementado, que no se correlaciona con el disparado incremento de la población humana. De los 80 ataques extraños de tiburones que suceden por año, las tasas de fatalidades están disminuyendo debido a la mejora de la medicina y de la respuesta médica.

Los tiburones son difíciles de contar, dice Chapman, pero parece que sus números están decreciendo. Para cumplir con la demanda de la sopa de aleta de tiburón, algunos pescadores de Asia cazan a los tiburones, les cortan las aletas y los devuelven al agua para que mueran. Los tiburones también son capturados de manera no intencional como captura accesoria.

Los animales son importantes en las cadenas alimentarias marinas, y los tiburones mantienen los ecosistemas en línea. Los estudios han mostrado que las poblaciones de tiburones pueden tener efecto en la composición de las posidonias y la presencia de otros animales en un hábitat. También se estudian a los tiburones para tratamientos contra el cáncer y regeneración de miembros. 

Los beneficios de tener tiburones cerca exceden los aspectos negativos.

“Son sobrevivientes, han evolucionado para sobrevivir básicamente bajo todo tipo de estrés”, dice Chapman.

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