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Explore palacios y tumbas de estas “ciudades perdidas” en las Américas

Las reliquias de las primeras civilizaciones americanas, redescubiertas a lo largo de los siglos, presentan una complejidad y una grandeza deslumbrantes.

Por Patricia S. Daniels
Publicado 3 de ene. de 2022 12:02 GMT-3
Mayan Temples of Caracol

El sol se pone detrás de los templos mayas de Caracol, en el oeste de Belice. El sitio fue redescubierto después de casi 1.000 años, en 1937, por un leñador; poco después comenzaron las excavaciones arqueológicas.

Fotografía de imageBROKER, Alamy Stock Photo

¿Qué significa decir que una ciudad está “perdida”? Sabemos dónde encontrar los restos de la mayoría de las grandes ciudades antiguas, y muchos lugares comúnmente considerados perdidos no eran desconocidos para las sociedades regionales.

Lo que generalmente se pierde no es la ubicación de una ciudad, sino su historia, su contribución al mundo. En calles agitadas, ciudades y pueblos antiguos albergaban diversos elementos culturales: gobernantes, trabajadores, tipos de comida, combates, mercados, templos, niños y mascotas. Cuando las ciudades desaparecen, las experiencias humanas también desaparecen.

El trabajo del arqueólogo es reimaginar estas historias, ladrillo a ladrillo. En todo el mundo, los arqueólogos siguen descubriendo grandes centros urbanos que son pruebas de la sofisticación de las primeras culturas. Nuevos descubrimientos realizados con la tecnología de Light Detection and Ranging (LIDAR, por sus siglas en inglés), un método de medición y detección mediante láser, han revelado cientos de centros ceremoniales olmecas y aztecas en México.

Pero persisten los desafíos para preservar estas ciudades antiguas. La extracción y la perforación de petróleo y gas amenazan los delicados yacimientos arqueológicos de los pueblos anasazi, en el Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco, en el estado de Nuevo México, en los Estados Unidos. Esto hizo que el presidente Joe Biden anunciara una medida que busca una prohibición de 20 años de duración de perforar dentro de un radio de 16 kilómetros del asentamiento de enigmáticas casas de arenisca y fosos ceremoniales circulares con revestimiento de piedras.

“El Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco es un sitio sagrado que tiene un profundo significado para los pueblos indígenas. Es donde sus antepasados vivieron, trabajaron y prosperaron en una comunidad del desierto alto”, dijo Deb Haaland, Secretaria del Interior de los EE. UU. “Es hora de planificar medidas de protección más duraderas para el rico paisaje del parque”.

Explorar la región en la que se encuentran el Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco y otros asentamientos antiguos en las Américas brinda a los turistas una comprensión más amplia del pasado y demuestra la importancia de conservar estos lugares. A continuación, se indican tres ciudades eminentes en América del Norte y América Central que permanecieron ocultas durante un período, pero ahora están en los mapas de arqueólogos, conservacionistas y turistas.

Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco: cultura anasazi, Nuevo México

Aproximadamente, desde el año 800 al 1200 d.C., los pueblos anasazi cultivaron, comerciaron y llevaron a cabo ceremonias religiosas en el desierto alto que rodea el Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco, en lo que ahora es el estado de Nuevo México. Para regar sus cultivos de maíz, calabaza y frijol, los habitantes de la región aprovecharon el flujo intermitente de los arroyos locales a través de canales y acequias. Los comerciantes llevaban mercancías exóticas, como guacamayos rojos y cacao, de los pueblos mesoamericanos del sur.

La civilización del Chaco comenzó a dispersarse alrededor de 1140 d.C., quizás debido a una serie de sequías severas. A fines de siglo, la región estaba completamente abandonada. Aunque los pueblos originarios, como los ute y shoshón, emigraron a la zona en siglos posteriores, el primer viaje documentado a la región donde ahora se encuentra el parque fue una expedición en 1823, en la que hombres, bajo el mando del gobierno mexicano, descubrieron las ruinas antiguas.

Pueblo Bonito es la más famosa de las ciudades antiguas de los pueblos anasazi, en el Cañón del Chaco, ubicado en el actual Nuevo México.

Fotografía de Phil Schermeister, Nat Geo Image Collection

La comunidad de Pueblo Bonito es la ciudad más famosa y el principal atractivo del Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco. Se la conoce como una “gran casa”, pero a los ojos modernos se asemeja a un complejo de apartamentos en forma de D. Los edificios de mampostería de hasta cuatro pisos de altura pueden haber albergado más de 600 habitaciones utilizadas para alojamiento, almacenamiento de alimentos, ceremonias y entierros. Como un tipo de argamasa, se aplicaba adobe a las paredes, que eran enlucidas y encaladas por dentro y, a veces, decoradas con pinturas. 

Más de 30 kivas —cámaras subterráneas circulares— albergaban ceremonias religiosas de los antepasados anasazi. Alrededor del siglo XIII, por razones aún desconocidas, los habitantes de la región del Cañón del Chaco comenzaron a dejar sus asentamientos hacia otras regiones del suroeste.

Los pueblos del Chaco no tenían lenguaje escrito, por lo que gran parte de lo que saben los investigadores sobre su sociedad se debe al estudio de los entierros. Un compartimiento en que se llevaban a cabo los entierros, por ejemplo, contenía 13 cuerpos, probablemente de personas de alto rango rodeados por miles de cuentas de color turquesa, conchas, cuencos y cántaros. El análisis de ADN reveló que muchos de los individuos eran familiares por parte de sus madres o abuelas, lo que indica que Pueblo Bonito puedo haber sido gobernado por una dinastía matrilineal.

Los turistas pueden explorar este Patrimonio Mundial de la UNESCO a través de visitas guiadas, recorridos por Pueblo Bonito, senderos para caminatas y ciclismo, campamentos y conversaciones nocturnas alrededor de fogatas. El Cañon Loop Drive tiene 14 kilómetros de largo e incluye paradas en varias ruinas, como las de Pueblo Bonito y Chetro Ketl, las aldeas más grandes y complejas. Cuatro senderos llevan a los visitantes a lugares remotos de la región, pasando por caminos antiguos, pinturas rupestres, escaleras y vistas espectaculares del valle.

El Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco también se considera un parque internacional de cielo oscuro o International Dark Sky Park. Más del 99 por ciento del área del parque no tiene iluminación externa permanente, lo que garantiza las mejores condiciones para la observación de las estrellas. Los eventos relacionados con la astronomía y la observación telescópica del deslumbrante cielo nocturno son parte de los programas especiales periódicos del parque.

Caracol: una metrópolis maya en Belice

En 1937, un leñador encontró monumentos tallados en piedra colocados verticalmente en un bosque al oeste de lo que entonces era la Honduras Británica, una región que ahora corresponde a Belice. Posteriormente, los arqueólogos descubrieron más monumentos, así como tumbas, terrazas y residencias en el lugar remoto. El leñador había redescubierto la ciudad que actualmente se conoce por el nombre de Caracol, en alusión al camino tortuoso que uno había que recorrer para llegar al lugar.

Estudios posteriores revelaron que la ciudad era una de las principales metrópolis del gran Imperio Maya, que se extendía desde el sur de México hasta Nicaragua. Hoy, Caracol es uno de los yacimientos arqueológicos mayas mejor conservados de Belice.

Caracol era un extenso centro urbano de más de 19 kilómetros de diámetro y, en su apogeo (250 a 950 d.C.), contaba con al menos 100.000 habitantes. La mayoría de los caracoleños —como se llaman a los antiguos habitantes de Caracol— vivía en grupos residenciales dispersos enclavados entre campos agrícolas en terrazas. La élite maya vivía en el centro de la ciudad, que albergaba un palacio real elevado y una plaza. Como muchas otras ciudades mayas, Caracol tiene canchas de piedra donde los jugadores solían competir para mantener una pelota de goma sólida en el aire.

La atracción principal es la “Caana” o “Lugar del Cielo”, una pirámide de 40 metros de altura que se eleva desde el suelo de la selva y cuenta con cuatro palacios y tres templos. Las habitaciones del palacio estaban originalmente cubiertas con estuco blanco y decoradas con pintura roja.

Entre los hallazgos más intrigantes en Caracol se encuentran los indicios de que las mujeres ocupaban altos cargos en la jerarquía social. Aunque las mujeres rara vez se representan en los monumentos de la zona, fueron honradas con entierros en tumbas designadas a la élite en el centro de la ciudad. Algunas pictografías, que muestran a individuos con trajes andróginos del dios del maíz con falda, han estimulado debates sobre el género de la deidad.

Entre los años de 880 y 1.000 d.C., Caracol fue abandonada. A diferencia de otras ciudades antiguas, la sequía no fue la causa de su desaparición. Todo indica que la sociedad de Caracol se ha estratificado cada vez más, con la élite acumulando gran parte de los activos. A fines del siglo XIX, hubo un incendio en el palacio. El malestar social y posiblemente los invasores externos pueden haber ocasionado el fin de la larga trayectoria de Caracol como una potencia maya.

Para visitar Caracol, los turistas deben realizar un largo y desafiante viaje por caminos de tierra al sur de San Ignacio, Santa Elena o Georgeville, ciudades que se encuentran alrededor de la autopista del Oeste. Un proyecto para pavimentar las autopistas que conducen a Caracol se inició en 2020 y está en marcha.

El viaje tiene la recompensa de más de 10.000 hectáreas de maravillas, con tres plazas alrededor de una acrópolis central, dos cuadras y varias estructuras más pequeñas. En el centro de visitantes cerca de la entrada, se puede ver una exposición de los artefactos que se descubrieron en el sitio, así como diagramas y fotografías de décadas de excavaciones. Se recomienda programar un recorrido por los jardines con anticipación en San Ignacio o Santa Elena.

Sitio Histórico Estatal Cahokia Mounds: montículos construidos por los pueblos que habitaban la región de Mississippi

A solo seis kilómetros de la actual ciudad de Saint Louis, en el estado de Missouri, el asentamiento de Cahokia surgió de las ricas llanuras aluviales en la confluencia de los ríos Mississippi, Missouri e Illinois. Los agricultores de las aldeas vivían en estas tierras fértiles desde el año 600 d.C., cultivando calabazas, girasoles y maíz. En esos años, Cahokia era la ciudad más grande al norte de México, con una población de entre 10.000 y 20.000 habitantes, y rivalizaba con las ciudades europeas en aquella época.

El declive de la comunidad de Cahokia comenzó durante el siglo XIII. En 1350 d.C., el sitio fue completamente abandonado. Pasaron cientos de años antes de que los exploradores franceses documentaran el descubrimiento en el siglo XVII.

Monks Mound es una pieza central del sitio histórico de Cahokia Mounds, donde se pueden encontrar restos del asentamiento de un pueblo que habitó la región del actual estado de Mississippi, cerca de Saint Louis, Missouri, en los EE. UU.

Fotografía de Ira Block, Nat Geo Image Collection

Hoy en día, los visitantes del lugar ven colinas de tierra cubiertas de vegetación, pero el sitio llegó a tener al menos 100 estructuras elevadas. Una enorme plaza central tenía un área equivalente a 45 canchas de fútbol.

La construcción más grande del yacimiento arqueológico es una estructura en terraza de 30 metros de altura conocida como Monks Mound, que lleva el nombre de los monjes trapenses que vivieron cerca de allí en el siglo XIX. Su base, que ocupa más de 5,6 hectáreas, es más grande que la planta de la Gran Pirámide de Keops, en Egipto. Para su construcción se necesitaron más de cinco millones de metros cúbicos de tierra, extraídos de pozos aún visibles. La organización necesaria para la construcción de este tipo de monumento suele estar vinculada a una sociedad centralizada y jerárquica.

Los historiadores saben poco sobre los gobernantes o la historia de la ciudad, pero la evidencia local muestra que era un centro cosmopolita de comercio, artesanía y agricultura. Fue ocupada por miembros del pueblo de Mississippi, que comerciaban bienes con otros pueblos del extremo norte, donde actualmente se encuentra el estado de Wisconsin, y posiblemente también con los mesoamericanos del sur. Al igual que los mesoamericanos, a los cahokianos les gustaban los juegos, incluido uno conocido como “chunkey”, en el que los jugadores lanzaban flechas a discos de piedra.

Al igual que en las culturas de los pueblos más al sur, incluidos los aztecas, los entierros cahokianos posiblemente implicaban sacrificios humanos. El montículo 72, en el yacimiento arqueológico, contiene decenas de cuerpos, de hombres y mujeres, algunos de ellos decapitados.

Alrededor del año 1175 d. C., algo o alguien comenzó a amenazar la ciudad de Cahokia, a juzgar por las empalizadas de madera que levantaron alrededor del centro de la ciudad. Un enfriamiento climático o algún otro factor ambiental también puede haber hecho que la ciudad fuera menos apta para ser habitada. Aproximadamente en 1350 d.C., la población ya se había dispersado. Las plantas crecieron sobre algunas de las estructuras construidas, los agricultores terminaron construyendo otras y el gobierno de los EE. UU. abrió una carretera dentro de la ciudad a mediados del siglo XX.

Actualmente, las ruinas de Cahokia son Patrimonio Mundial de la UNESCO y una muestra sobresaliente de la antigua cultura de Mississippi. Los visitantes pueden explorar el parque en una ruta de senderismo de 16 kilómetros alrededor de todo el sitio o una escalada rápida en Monks Mound, la construcción antigua más grande de América del Norte (tiene 30 metros de altura y unos 300 metros de longitud). El parque también ofrece mapas de senderos, dispositivos de audio explicativo para escuchar durante el recorrido y un museo de la cultura de los pueblos de Mississippi con un modelo de tamaño real de una aldea.

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