¿Planeta o Plástico?

Templos indios se oponen al uso de plásticos en honor a un elefante

Los templos hindúes, en India meridional, se pronunciaron en contra de los plásticos de un solo uso. Otras religiones se suman a la iniciativa.Thursday, October 11

Por Maanvi Singh
Un niño sostiene una bolsa de plástico para recibir el arroz que la autoridad del templo arroja como ofrenda en el festival de Annakut, Calcuta, India. Hoy, muchos recintos religiosos del país toman medidas para reducir el uso de plástico.
En asociación con National Geographic Society. Esta historia forma parte de "¿Planeta o Plástico?"—nuestra iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de residuos plásticos. Aprende qué puedes hacer para reducir el uso de plásticos desechables, y asumir también el compromiso de cuidar el planeta.

TRIVANDRUM, INDIA. Si bien no se ha determinado con certeza cuándo se construyó el templo de Aranmula Parthasarathy, hay pruebas de que, desde el siglo VIII, existió en esta tierra del suroeste de la India un templo en honor a Krishna, deidad hindú que espantaba a los demonios.   

Pasaron cientos de años y el templo parece haber conservado objetos y recuerdos de prácticamente todos los años de su historia. Hay murales del siglo XVIII y deempam–lámparas de aceite– de bronce, que tienen por lo menos un siglo de antigüedad, pero también sillas de patio descoloridas compradas a comienzos del siglo XXI y guirnaldas doradas de algún festival del invierno pasado.

El detalle más reciente: avisos con letras en negrita impresos en papel A4 blanco y pegados por todo el santuario, en los que se lee: "Dentro de las salas del templo, está estrictamente prohibido el uso de teléfonos móviles, cámaras y bolsas de plástico".

Si desobedeces, los jubilados que pasan allí la mayor parte de sus días te echarán miradas acusadoras, o un sacerdote o administrador se acercará para informarte educadamente que Aranmula es uno de los 1.058 templos del estado meridional de Kerala que este año se han comprometido a eliminar el plástico.

"Estamos tratando de volver a los tiempos de antaño, cuando el plástico no era una amenaza", dice A. Padmakumar, presidente de la Junta de Travancore Devaswom, un órgano administrativo que supervisa los 1.058 templos, y residente de la aldea de Aranmula. Fue él quien propuso restringir el plástico en los templos de Kerala, si bien explica que los líderes religiosos llevan años defendido la prohibición.

El cambio está en línea con la política nacional: en junio, el primer ministro indio, Nahendra Modi, anunció planes de eliminar del país todo plástico de un solo uso para el 2022. Estados de todo el país –Kerala, entre ellos–, ya han iniciado la reducción gradual, e incluso la prohibición total, de ciertas formas de plástico.

Padmakumar, sin embargo, cree que no será fácil convencer a los 1,3 billones de indios de abandonar la practicidad del plástico. "De hecho, a solo seis meses de la prohibición ya resulta difícil. Es difícil hacer bien las cosas", afirma.

"Por eso hay que comenzar fomentando la iniciativa en los templos, nuestros centros de cultura". Apuesta que si hay algo que puede convencer a los indios de abandonar el plástico, será el amor y el miedo a los dioses.

¿Parabhrama o plástico?

Según Thantri Suryakalady Jayasuryan Bhattathiripad, pujari o sacerdote del templo de Mangaladevi en Kerala del norte, el plástico tiene algo de antinatural e impío. "Yo también soy granjero. Y es muy triste encontrar envases viejos de plástico cuando trabajo la tierra", explica. "Incluso los logos y nombres de las marcas siguen allí, es como una sustancia inmortal".

Y añade sonriendo: "¡Se supone que sólo Parabhrama –el Ser Supremo– puede existir por siempre!".

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El problema es que los rituales hindúes requieren de montones de elementos: alcanfor e incienso para purificar el aire; mantequilla, leche y agua de rosas como ofrenda en el santuario; aceite para las lámparas tradicionales; cúrcuma y sándalo en polvo para untar en la frente y abrir el tercer ojo. Y hoy todo tiene envase de plástico, afirma Aneesh Mon, que vende suministros a los devotos en un pequeño puesto en la entrada del templo de Aranmula.

En principio, adhiere por completo a las nuevas reglas del templo. Pero, “¿cómo cumplirlas cuando todo viene en envoltorios de plástico?”.

Desde que se formalizó este compromiso en enero, Mon ha hecho algunos cambios. Sus prácticos "pooja”  kits con frutas y bocadillos para ofrecer a los dioses, ya no se venden en bolsas de plástico, sino en platos reutilizables y biodegradables hechos con hojas secas de palmera. Pero las botellitas de aceite y el agua de rosas todavía vienen en envase de plástico. "Así las hacen las empresas", comenta con resignación. "Aunque estamos trabajando con los proveedores para buscar algunas alternativas".

En los últimos meses, ha tenido varias conversaciones frustrantes: con la empresa que le provee agua de rosas, por ejemplo, cuando preguntó si es realmente necesario envolver sus botellas de plástico con otro envoltorio de plástico; y con la empresa que elabora inciensos, a la que rogó que considere empaques de papel. Y después hay que convencer a los clientes de pagar cinco rupias más por el alcanfor envuelto en papel. "Dicen que si vienen seguido, las cinco rupias se van acumulando".

Para el año próximo, con la ayuda de los administradores del templo, espera poder comprar aceite por litro para colocarlo y venderlo en pequeños recipientes de arcilla o acero, un sistema que algunos templos de la región ya han adoptado. Otros templos directamente evitan el envasado elaborando su propia agua de rosas y comprando aceite a productores locales más pequeños.

El problema, según comenta, es que las cosas envueltas en plástico y producidas en serie son más baratas y prácticas. "Hoy ni siquiera podemos imaginar un mundo sin plástico".

La muerte de un elefante

La necesidad de imaginar y hacer realidad un mundo sin plástico es cada más urgente, según Thirumeni Rajeevararu, sacerdote principal de Sabarimala, un santuario dedicado al dios hindú Ayyapan en el corazón de la reserva de tigres de Periyar, Kerala.

En enero, un elefante salvaje de 20 años murió en Periyar por consumir la basura que desechan millones de peregrinos que cada invierno pasan por Sabarimala y recorren más de veinte millas de bosque frondoso para llegar al santuario. A través de  una necropsia se comprobó que los intestinos del animal estaban obstruidos con gran cantidad de plástico, lo que le provocó sangrado interno y fallas en los órganos. Además, un grupo de guardabosques encontró una bolsa de plástico intacta en una pila de estiércol cercana.

"La muerte del elefante de Periyar me perturbó mucho", comenta Rajeevararu. "El elefante es un animal importante para los templos" (existe una conexión metafísica con Ganesh, el dios hindú de la sabiduría con cabeza de elefante).

“Pero no son solo los elefantes. Otros animales también han muerto por comer plástico”, afirma. Por ejemplo, ciervos y pájaros, según indica Thanal,  la asociación medioambiental local sin fines de lucro.

"Dios está en la naturaleza", sostiene Rajeevararu. "Por lo que considero que es nuestro dharma, nuestro deber, dejar de usar plástico”.

 

Renunciar al plástico en honor a Dios

Algunos líderes religiosos en Sabarimala han intentado reducir el uso de plástico durante los últimos cinco años. "Estamos haciendo todo lo posible para implementar una prohibición total", explica, aunque no ha sido fácil.

Decenas de millones de peregrinos llevan bolsas de plástico con botellas de agua y todo tipo de bocadillos envasados en plástico. Si bien hay puntos establecidos para arrojar la basura, y durante los últimos años, un grupo de voluntarios se ha distribuido por el camino de Periyar para recoger y desechar los residuos de los peregrinos, nada de esto alcanza para hacer frente a las millones de personas que recorren el bosque.

A fin de convencer a los peregrinos de que este invierno dejen el plástico en casa, Sabarimala ha pedido ayuda al gobierno estatal y organismos locales sin fines de lucro para financiar y lanzar una campaña masiva de educación pública que difunda las palabras “sin plástico” con ayuda de gurús y otros líderes religiosos de toda la región.

Thantri Suryakalady está seguro de que funcionará. "Está claro que son los predicadores, astrólogos, sacerdotes quienes conseguirán que las personas abandonen el plástico", explica. "Para bien o para mal, la gente cree en nosotros. Creen en sus instituciones religiosas".

De hecho, las instituciones religiosas de todos los credos en la India se han unido en la lucha contra la contaminación por plástico. Un ejemplo de esto es el Templo Dorado (el Santuario más sagrado para los sij de la India), en Amritsar, que prohibió las bolsas de plástico el pasado abril.

Iglesias y mezquitas de todo Kerala se han sumado a esta campaña.

En la mezquita Palayam Juma, en Trivandrum, ciudad capital de Kerala, Imam Suhaib Moulabi comenta que se le ha complicado conseguir que la comunidad se uniera a la lucha. "Creemos en la vida después de la muerte: "Hay infierno y hay cielo", explica. “Por eso le digo a mis fieles que si contaminan la tierra, cuando mueran tendrán que responder las preguntas de Dios. Él preguntará: '¿Por qué han perturbado la tierra?'”.

Y a menos que tengan una buena respuesta, “se arriesgarán a ir al infierno”. Es fuerte, pero efectivo, según Moulabi. Este año su mezquita eliminó todo el plástico durante Ramadan, y sirvieron millares de iftar en platos reutilizables.

La catedral de San José, asimismo, prohibió el plástico durante banquetes del día santo y en las bodas a partir de principios de este año.

“La prohibición total en estos lugares puede funcionar o no, pero lo bueno es que se animan a hacer esta cruzada contra el plástico, y eso tiene mucho valor”, comenta Shibu K. Nair, director del grupo medioambiental local Thanal, que ha estado en tratativas con el gobierno y los grupos religiosos para reducir la dependencia del plástico. "Los fieles reciben estos mensajes en sus lugares de culto y podrán reflexionar acerca del propio uso de plásticos en el hogar".

En Aranmula, varios fieles comentaron que la prohibición del plástico en el templo funcionó como recordatorio de que deben ser más conscientes sobre sus hábitos. "Al principio, era difícil recordar llevar bolsas de tela en lugar de plástico", cuenta Rajee Nireesh, 34 años, en su visita al templo con su madre. "Pero nos estamos acostumbrando".

Otros dijeron que en sus hogares ya estaban tratando de evitar los plásticos de un solo uso. Uno de ellos fue KR Viswananthan, un jubilado de 75 años al que ahora le gusta pasar la mayor parte de sus días meditando y socializando en el templo. "Piénsalo así: la diosa Tierra recibe todo lo que le arrojamos, incluidas nuestras heces. Pero no puede quedarse con el plástico, simplemente porque este no se descompone. Eso lo explica todo", comenta.