Medio Ambiente

Amazonía en llamas: especies de peces en peligro si se destruye el hábitat ribereño

Los incendios que arden a través de toda la Amazonía brasileña son una amenaza para los peces que dependen del bosque inundado para sobrevivir; lo que aumenta el temor de que haya pérdida de especies.lunes, 16 de septiembre de 2019

Por Stefan Lovgren
La selva amazónica en Brasil todavía está ardiendo, como lo muestra el bosque quemado de arriba, y los expertos temen que pueda esparcirse y destruir el hábitat de bosque inundado donde viven cientos de especies de peces.

Manaus, Brasil — Los insólitos y severos incendios forestales en la Amazonía de este año no solo atrajeron la atención internacional, sino que también dieron cuenta de los efectos del aumento en la deforestación en la región, desde la evaporación de lluvias hasta las crecientes emisiones de dióxido de carbono.  Sin embargo, uno de los efectos de la pérdida de bosques en la Amazonía ha sido ignorado por mucho tiempo: cómo influye en el sistema ribereño y en los peces que viven en él

Solo en algunos pocos lugares del mundo, la vida acuática y arbórea se encuentra íntimamente relacionada como lo está en la Amazonía. Aunque la selva es el hogar del río más grande del mundo (por su volumen de agua) y 1700 afluentes, alrededor de un sexto de la cuenca también está compuesta por humedales cubiertos por bosques que, cada año, se inundan por largos periodos y sostienen a los peces comercialmente más importantes de la región.

“Este pulso de inundación es el motor que gobierna todas las funciones e interacciones ecológicas a lo largo de la cuenca del río, y crea bosques inundados que son fundamentales para la continuidad y la reproducción de cientos de especies de peces en la Amazonía”, señala Jansen Zuanon, biólogo de peces del Instituto Nacional de Investigación de la Amazonía (Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia, INPA)  en Manaus.

“Si no protegemos estas áreas, los ríos no serán lo mismo y perderemos a los peces.”

Por: Leandro Castello
Ecólogo tropical del Centro de Cambio Global en Virginia Tech

Aunque siguen prístinos en gran parte de la Amazonía, en las últimas décadas, los bosques han sido muy dañados en algunos lugares de la cuenca, en especial, en las llanuras aluviales de Brasil. Los investigadores alertan que, en la actualidad, la amenaza a la supervivencia del bosque, esa de la que dependen los peces, puede estar creciendo más intensamente debido a la creciente deforestación y al fuego, y advierten que el aumento en la degradación de los bosques inundados podría alterar fundamentalmente el ecosistema acuático de la región.

“Si no protegemos estas áreas, los ríos no serán lo mismo y perderemos a los peces”, afirma Leandro Castello, ecólogo tropical del Centro de Cambio Global en Virginia Tech, quien ha estudiado los vínculos entre el bosque y los peces en la Amazonía.

Buscando refugio

La cuenca del Amazonas, cuyo 60 por ciento se encuentra en Brasil, es el lugar más diverso biológicamente del mundo, no sólo en la tierra sino también en el agua. Hay más de 3000 especies de peces en el Amazonas, y hay, por lo menos, cientos más que todavía no fueron descubiertas. La biodiversidad se atribuye, en gran medida, a las inundaciones que se dan desde diciembre a abril, aproximadamente. En este lapso de tiempo, los niveles del agua suben hasta 15 metros, y el agua se derrama desde los ríos para crear nuevos cuerpos de agua en áreas arboladas.

Las cachamas negras, como esta, pesan hasta 32 kilos. Originarias de los ríos de la Amazonía brasileña, tienen dientes especializados que pueden triturar, y moler frutas duras y frutos secos. Estos peces comercialmente valorados son una de las especies de peces cuyo hábitat se encuentra amenazado por la destrucción de los incendios de la Amazonía.

A pesar de la importancia de las llanuras aluviales para el equilibrio de la selva, es relativamente poco el estudio que se ha hecho de ellas, aunque la conexión entre el bosque y los peces se ha consolidado desde hace tiempo. Cientos de especies de peces utilizan los bosques inundados para alimentarse de frutas y semillas que flotan en la superficie del agua y, también, del abundante plancton. Asimismo, muchos peces se trasladan hacia las áreas inundadas para resguardarse de los depredadores y salen de su escondite una vez que han crecido lo suficiente.

Aunque algunos estudios han documentado la relación entre la deforestación y los peces en los pequeños arroyos de la Amazonía, se han realizado muchos menos trabajos para evaluar la relación en los ríos grandes. Según un estudio, publicado en 2017, Castello y otros compararon 12 años de datos pesqueros con imágenes satelitales de la cubierta forestal en un área amplia del bajo Amazonas, y establecieron una fuerte correlación entre la pérdida de bosque y la disminución de los peces. 

“Hallamos que las áreas deforestadas coincidían con las pesquerías locales que daban muchos menos peces que aquellas zonas con áreas forestales más grandes rodeándolas”, señala Castello.

Se encontraron relaciones significativas entre la cubierta forestal y la abundancia de peces en muchos de los peces comestibles más populares de la Amazonía, entre los cuales se encuentra la altamente cotizada cachama negra o tambaquí, la cual puede pesar hasta 32 kilos y tiene dientes especializados que pueden triturar, y moler frutas duras y frutos secos. Además, se hallaron fuertes conexiones en las especies carnívoras, como el bagre dorado y el surubí, los cuales se alimentan de bancos de peces que viven en el bosque inundado.

A su vez, aquellos bosques, que se han adaptado a sobrevivir bajo el agua por meses, también se benefician de los peces que desparraman semillas por todo el sistema.

“El resultado es un intercambio de recursos de beneficio mutuo que estimula la productividad y la gran diversidad biológica de las llanuras aluviales”, menciona Marcia Macedo, ecóloga de la organización de investigación Woods Hole Research Center, quien también trabaja en la Amazonía.  “Sin esa interacción tierra-agua, estos ecosistemas estrechamente vinculados comienzan a desconectarse”.

Altamente inflamable

El código nacional forestal de Brasil protege la vegetación riparia, pero solo hasta 500 metros del margen del río en la estación seca. Los conservacionistas señalan que esto no es suficiente dado que las áreas inundadas pueden extenderse más de 20 kilómetros desde el margen del río en la estación húmeda.

Es difícil determinar el grado de pérdida forestal en las llanuras aluviales de la Amazonía, pero es más alto en al áreas más pobladas del este de Brasil. Un estudio publicado este año en la revista Ecological Indicators analizó la deforestación en varias áreas de las principales llanuras aluviales del río Amazonas desde 1970. El estudio mostró que, mientras que una ubicación remota del oeste de Brasil había perdido casi nada de su cubierta forestal inundada, un área más poblada en el este había sido deforestada en un 70 por ciento.

En Brasil, el problema de la deforestación de la Amazonía se ha politizado mucho. Luego de que el Instituto Nacional de Investigación Espacial (Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais, INPE) publicara información preliminar que mostraba que la deforestación global en la porción brasileña de la selva había aumentado un 88 por ciento en junio de este año comparado con el mismo mes del año anterior, el director del INPE fue despedido por el presidente brasileño Jair Bolsonaro, quien alegó que la información era inexacta. Sin embargo, las estadísticas del INPE muestran claramente una tendencia preocupante en las tasas crecientes de deforestación, las cuales habían comenzado a bajar alrededor del 2005 para repuntar hace unos pocos años.

Aunque la sequía siempre ha sido un motor de los incendios forestales en la Amazonía, los expertos afirman que la deforestación es la causa principal de la inusual gran cantidad de incendios (más de 90.000 hasta ahora) que han estado ardiendo a los largo de la Amazonía brasileña este año dado que los granaderos y los agricultores usan los incendios para despejar el bosque que ya ha sido talado para hacer espacio para el pastoreo de ganado y los cultivos.

“A menudo, estos incendios se escapan al bosque adyacente”, en especial al que ha sido talado, “quemando el sotobosque y comenzando el proceso de degradación forestal”, señala Laura Hess de la Universidad de Santa Bárbara, California, quien ha dirigido varios estudios de detección remota en la Amazonía. 

Aunque las llanuras aluviales no son siquiera un blanco para los ganaderos y los agricultores, como lo es el bosque de montaña, la vegetación leñosa encontrada allí puede ser vulnerable a los incendios en la estación seca porque es más corta y más abierta, y se da en parcelas más pequeñas. Los llanuras aluviales en suelos arenosos, esas que se encuentran en el río Negro, son particularmente vulnerables porque el suelo no retiene mucha agua.

“La mayoría de los estudios y los modelos de incendios en la región se enfocan en el bosque de montaña. Las llanuras aluviales son ignoradas. Hay una enorme brecha entre nuestro entendimiento del impacto del fuego en las llanuras aluviales forestales”, indica Paulo Brando, ecólogo tropical de la Universidad Irvine, California.

Para empeorar la situación, aquellos bosques no son generalmente capaces de recuperarse una vez que han sido eliminados. “Solo un incendio de llanura aluvial puede provocar casi un 100 por ciento de mortalidad forestal y, a menudo, esta vegetación no crecerá nuevamente”, afirma Brando.

Cuánto de la llanura aluvial forestal se ha perdido este año, si es que se ha perdido algo, es todavía imposible de evaluar, indica Brando, pero agrega que el apogeo de la estación seca no ha llegado todavía a la parte norte de la Amazonía.

Los científicos advierten que, a largo plazo, las sequías podrían ser más severas y más frecuentes por el cambio climático y la deforestación. Esto hace que la transformación de una llanura aluvial forestal en una vegetación dominada por el fuego sea difícil de prevenir.

Este escenario podría tener un efecto devastador en la mayoría de las poblaciones de peces del ecosistema ribereño de la Amazonía. “Los incendios y la deforestación en la Amazonía agregan otra amenaza al ecosistema ribereño que ya se encuentra bajo una gran presión por la construcción de nuevas represas, la minería y otras actividades”, señala Zeb Hogan, biólogo de peces de la Universidad de Nevada, Reno, y explorador de National Geographic.

En el río Machado

A finales del mes pasado, Hogan se unió a un equipo de investigadores brasileños en un viaje por el río Madeira, el afluente más grande del Amazonas. Saliendo de Porto Velho, capital del estado de Rondônia en el oeste de Brasil, viajaron hacia el río Machado, el cual se una al Madeira cerca de la ciudad de Humaitá, y donde el gobierno brasileño acaba de anunciar que seguiría son sus planes de construcción de una gran represa.

El Machado es un hábitat importante del dorado, el bagre altamente migratorio más grande que se alimenta de peces en bosques inundados. Asimismo, el río es donde, hace varias décadas, se realizó por primera vez la investigación que establece la conexión entre los peces y el bosque en la Amazonía.

Parado en el banco de arena al descubierto del río Machado, Hogan escuchó a la líder del equipo, Lisiane Hahn, investigadora de peces de la consultora ambiental Neotropical, describir las dinámicas de la inundación.

“Este lugar en el que estamos parados estará bajo el agua en la estación lluviosa”, dijo Hahn y señaló al bosque en la distancia. “Allí estará todo inundado”.

Y agregó: “Creo que se podría decir que el río es el bosque”.

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