ONU: informe advierte que hay un millón de especies en riesgo de extinción

Una evaluación global sin precedentes advierte que se están acabando las oportunidades de proteger la diversidad biológica y de un planeta saludable. Sin embargo, hay soluciones a la vista. martes, 7 de mayo de 2019

Por Stephen Leahy
Un orangután de Borneo bebé con su madre adoptiva. Esta especie se encuentra en peligro de extinción.

Un informe de Naciones Unidas sin precedentes advierte que los lazos que unen a la naturaleza podrían estar en peligro de deteriorarse debido a la deforestación, la pesca excesiva, el desarrollo y otras actividades humanas. Gracias a las presiones humanas, un millón de especies podrían estar llegando a la extinción en los próximos años; y esto podría traer serias consecuencias para los seres humanos, así como también para el resto de la vida en la Tierra.

“La evidencia es clara como el agua: la naturaleza está en peligro. Por lo tanto, estamos en problemas”, afirma Sandra Díaz, copresidenta del Informe de Evaluación Global sobre diversidad biológica y servicios del ecosistema. El 6 de mayo, en París, se lanzó un “resumen de 40 páginas destinado a los sectores normativos” el cual se desprende del futuro informe completo que se espera exceda las 1500 páginas.

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Sobre la base de un análisis de 15.000 fuentes gubernamentales y científicas y confeccionado por 145 expertos de 50 países, el informe global es la primera visión integral del estado de la diversidad biológica del planeta en 15 años. El informe incluye, por primera vez, conocimientos indígenas y locales, así como también estudios científicos. Los autores señalan que encontraron pruebas contundentes de que las actividades humanas son las causantes del deterioro de la naturaleza. Clasificaron a los mayores impulsores del deterioro de las especies como conversión de tierras, entre los cuales incluyeron a la deforestación, la pesca excesiva, la caza y la caza furtiva para obtener carne de animales silvestres, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

La tremenda variedad de especies vivientes (al menos 8,7 millones, pero posiblemente muchas más) que componen nuestra “red de protección que da sustento a la vida” nos proveen de comida, agua potable, aire, energía y más, señala en una entrevista Díaz, ecóloga de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. “Nuestra red de protección no solo se está achicando, sino que también están apareciendo cada vez más agujeros y huecos”.

¿Un mundo de baba verde?

En algunos lugares del océano, no hay mucho más que una baba verde. Algunos bosques tropicales remotos están casi en silencio debido a la desaparición de insectos, y los pastizales se están convirtiendo en desiertos. La evaluación global encontró que la actividad humana ha causado severas alteraciones en más del 75 por ciento de las áreas de suelo de la Tierra. Y el 66 por ciento de los océanos, que cubren gran parte de nuestro planeta azul, ha sufrido los efectos de la actividad humana. Esto incluye más de 400 zonas muertas (donde la escasa vida puede sobrevivir) que colectivamente cubrirían el estado de Oregon o Wyoming.

El nuevo informe presenta “un panorama inquietante” sobre el rápido deterioro de la salud de los ecosistemas, menciona Sir Robert Watson, Presidente de la Plataforma intergubernamental científico-normativa sobre diversidad biológica y servicios de los ecosistemas (IPBES, por sus sigla en inglés), que llevó a cabo la evaluación global. Se suele describir a IPBES como el equivalente de diversidad biológica del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. La plataforma realiza evaluaciones científicas del estado de la vida no humana que compone el sistema de soporte de vida de la Tierra.

“Estamos erosionando los cimientos de nuestras economías, sustentos, seguridad alimenticia, salud y calidad de vida del mundo”, declaró Watson.

“Mi mayor preocupación es el estado de los océanos”, le dijo Watson a National Geographic. “Plásticos, zonas muertas, pesca excesiva, acidificación... Realmente estamos dañando los océanos”.

Salvando más especies

Para proteger la naturaleza y salvar las especies solo hay que garantizar la tierra y el agua que los animales necesitan para sobrevivir, dijo Jonathan Baillie, vicepresidente ejecutivo y científico jefe de National Geographic Society. Proteger la mitad del planeta para el 2050, con un objetivo intermedio del 30 por ciento para el 2030, es la única manera de alcanzar los objetivos climáticos de París o lograr las metas de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas para el mundo, explicó Baillie.

El informe halló que, cada año, los bosques, los océanos y otras partes de la naturaleza absorben el 60 por ciento de las emisiones de combustibles fósiles.  “Tenemos que garantizar la biosfera para proteger el clima y amortiguar los efectos de los eventos climáticos extremos”, señaló Baillie.

Los arrecifes de coral y los manglares protegen a las áreas costeras de las tormentas como los huracanes. Los humedales reducen las inundaciones al absorber las lluvias torrenciales. Sin embargo, cada uno de estos ecosistemas se ha reducido dramáticamente; por ejemplo, los humedales se han disminuido en un 15 por ciento respecto de lo que era hace 300 años y los arrecifes de coral enfrentan una crisis de blanqueamiento global.

Casi 100 grupos de todo el mundo (entre los cuales están National Geographic Society y Wyss Campaign for Nature) se han unido al objetivo de proteger la mitad del planeta para el 2050. Recientemente, 19 de los principales científicos del mundo publicaron un estudio para formular un plan con respaldo científico que establece un paso intermedio que protegería a un 30 por ciento para el 2030 bajo lo que se conoce como Acuerdo Global sobre Naturaleza. La protección propuesta no significa que haya zonas a las que no se pueda ingrsar, sino que haya zonas protegidas de la extracción de recursos y la conversión de suelos. Los usos sustentables estarían permitidos en todos lados menos en las zonas más sensibles, escribió el grupo.

“La comunidad internacional posee el tiempo y las herramientas a fin de resguardar la naturaleza y desacelerar la crisis de extinción de vida silvestre en curso”, declaró Brian O’Donnell, director de Wyss Campaign for Nature

National Geographic Society y Wyss Campaign for Nature están trabajando juntos para incentivar la protección del 30 por ciento del planeta para el 2030.

Dichas herramientas fueron tema de discusión durante las negociaciones que duraron una semana de los países miembro de IPBES; allí se debatieron los mensajes centrales y las opciones de política que se publicarán en “el Resumen destinado a los sectores normativos”. El informe de la Evaluación Global completa será publicado posteriormente este año.

“El principal mensaje de nuestro informe es que el cambio transformador es urgentemente necesario. No hay otras opciones”, afirma David Obura, biólogo marino de Desarrollo e investigación de zonas costeras - océano Índico en Mombasa, Kenia. “Queda muy poco tiempo para salvar los corales. Si podemos salvar los corales, podemos salvar todo”.

Valorar la naturaleza, no las cosas

El informe concluye que, a fin de resguardar un planeta sano, la sociedad necesita cambiar el único foco que tiene: la búsqueda del crecimiento económico. El informe reconoce que eso no será fácil. Pero podría ser más fácil si los países comenzaran a fundar sus economías en la noción de que la naturaleza es la base del desarrollo. El cambio hacia una planificación basada en la naturaleza puede ayudar a alcanzar una mejor calidad de vida con mucho menos impacto.

Poniendo ese concepto en términos prácticos, el informe establece que los países necesitan destinar cientos de mil millones de dólares a subsidios e incentivos que, actualmente, están destinados a los sectores energéticos, de pesca, de agricultura y de silvicultura. El informe explica que, en vez de impulsar mayor explotación de los recursos naturales del mundo, ese dinero debería utilizarse para fomentar la protección y la restauración de la naturaleza, como por ejemplo la suscripción de programas de nuevas reservas y reforestación.

“Necesitamos cambiar lo que valoramos: la naturaleza, los ecosistemas, la equidad social, y no el aumento del PIB”, señala Obura.

La otra evidencia reunida por IPBES muestra que la naturaleza en manos de pueblos indígenas y comunidades locales está, en general, en mejor estado que la naturaleza en manos de instituciones nacionales o empresariales, a pesar de las presiones crecientes, indicó Joji Cariño, asesor de políticas sénior de Forest Peoples Programme, una organización de derechos humanos.

Tradicionalmente, los pueblos indígenas poseen, administran, usan y ocupan, al menos, un cuarto del área de tierra mundial.  Sin embargo, su tenencia de tierras y otros derechos no siempre son protegidos o reconocidos por todos los países. Ni lo es su gran conocimiento de la tierra. Tampoco se consideran sus valores en políticas y decisiones tomadas por los gobiernos. Eso debe cambiar, mencionó la Evaluación Global.

“Los pueblos indígenas son socios fundamentales en la transformación global que necesitamos”, señaló Cariño.

Y agrega que a los países todavía les cuesta reconocerlo. Menciona a Filipinas como ejemplo. Hace cuarenta años, los pueblos indígenas del lugar frenaron la construcción de presas en el río Chico dado que les preocupaba los efectos que podían tener en sus tierras. Sin embargo, de la mano de la iniciativa de billones de dólares “Belt and Road infrastructure initiative”, China está construyendo esas presas hoy.

China tiene que desempeñar un papel importante en las discusiones globales concernientes a diversidad biológica dado que, a finales del 2020, el país será el anfitrión de una importante conferencia de Naciones Unidas denominada Convención sobre Diversidad Biológica. Los científicos esperan que los nuevos y ambiciosos acuerdos internacionales que se den allí protejan al planeta, de la misma manera que lo hizo el acuerdo de París respecto al clima,

La copresidenta de la evaluación, Díaz, todavía no sabe si un acuerdo global será tan audaz como para proteger el 30 por ciento para el 2030. “Si hubiese sido fácil, ya se habría hecho”, dijo Díaz.

“Sin embargo, la evidencia es clara: el futuro no nos será grato si no actuamos ahora. No tenemos futuro sin naturaleza”.

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