Medio Ambiente

Aumenta el número de criaturas marinas venenosas debido al cambio climático

El calentamiento oceánico podría abrir paso a una cantidad de criaturas peligrosas como serpientes marinas, medusas y peces león. Martes, 16 Octubre

Por Joshua Rapp Learn

Los seres humanos están cada vez más expuestos a mordeduras, picaduras y otros roces venosos debido al cambio climático. Así lo sugiere un nuevo estudio que se dio a conocer al mismo tiempo que el IPCC publicó un informe que advierte acerca de los inminentes efectos negativos del calentamiento global.

Según un análisis reciente y exhaustivo de animales acuáticos venenosos, las especies amenazantes podrían aparecer en nuevas áreas de distribución. El pez león, la serpiente marina, la corona de espinas (acanthaster planci) y varios tipos de medusas venenosas son especies cuya área podría desplazarse hacia los polos a causa del aumento de temperatura de las aguas.

"Estas especies nos interesan porque son venenosas pero también porque reflejan los patrones del entorno más generales –cambios de área de distribución, de abundancia (ya sea disminución o aumento)–, que alteran el equilibrio de lo que observaríamos habitualmente en el ecosistema", explica Isabelle Neylan, estudiante de doctorado en ciencias marinas en la Universidad de California, Davis, y coautora del  estudio publicado recientemente en Wilderness and Environment Medicine.

Junto con los coautores, Neylan llevó a cabo una investigación médica, ambiental y ecológica acerca del efecto del cambio climático sobre criaturas venenosas, así como diversos estudios de modelos y centros de datos sobre venenos. Este trabajo constituye, en realidad, la segunda parte de la investigación —el primer estudio publicado a principios de este año se centró en los efectos que podría tener el cambio climático en criaturas terrestres venenosas.

Neylan afirma que no necesariamente aumentará la abundancia de la mayoría de las especies, sino que cambiarán las áreas de distribución a medida que aumente la temperatura de las aguas en su proximidad al ecuador, y las especies se desplazarán hacia el norte o sur en busca de sus nichos de temperatura ideal. Sin embargo, esto no afectará por igual a todas las especies; algunos no serán capaces de hacer frente a estos cambios de distribución.

"El patrón general es que no hay un patrón específico", explica Neylan, que realizó estos estudios como técnica en investigación en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, y añade que cada especie puede enfrentarse a desafíos particulares en lo que respecta a cambios de distribución o población.

Leones, medusas y estrellas de mar

Las medusas son uno de los grupos que más amplían su área de distribución y su cantidad cuando sube la temperatura de las aguas y cambian los niveles de acidez del océano.

Entre estas se encuentran la medusa irukandji y la cubomedusa, que han sido responsables de montones de muertes en Australia y es probable que estén desplazándose en dirección al sur hacia áreas más pobladas a medida que el calentamiento es mayor.

"Las cubomedusas son muy venenosas, seguramente sean, en proporción, las más venenosas del mundo", sostiene Timothy Erickson, un médico del Brigham and Women’s Hospital de la Universidad de Harvard y coautor del estudio junto con Neylan.

Jennifer Purcell, investigadora asociada de la Universidad de Western Washington, no participó en este estudio pero ha estudiado la propagación de las medusas. Según ella, la reproducción de medusas aumenta en aguas más cálidas.

“No se trata solo de un par [de especies]; en verdad, es en la mayoría de las medusas examinadas que el  número es mayor", afirma.

Está de acuerdo en que las medusas sean un problema vinculado al cambio climático, pero agrega que otros factores pueden intervenir en la propagación de estas especies, como cuando los seres humanos las echan al mar o las mueven, ya sea de forma deliberada o no.

"La medusa es quizá el caso más contundente pero me preocupa que hayan elegido algunas especies escandalosas para que la historia suene más importante", comenta.

Los peces león, que al principio se desplazaron hacia Florida cuando los dueños los liberaron, han comenzado a expandirse por la costa atlántica hasta Georgia y las Carolinas. Estos peces, que al parecer saben bastante bien, pueden diezmar las poblaciones de criaturas marinas y peces pequeños, y dejan una picadura dolorosa a los seres humanos que se topan con ellas.

Las coronas de espinas (acanthaster planci), cuya área habitual es en las aguas del Indo-Pacífico, han comenzado a moverse en dirección al sur, hacia la Gran Barrera de Coral, en la costa australiana, por el aumento de temperatura en esas aguas. Estas estrellas de mar venenosas y voraces pueden devorar arrecifes enteros, y causar dolor, inflamación e infección en la persona que las roza al nadar o realizar otras actividades acuáticas.

También se han avistado otros peces –por ejemplo, el pez puercoespín– en áreas diferentes, pero los autores señalan que no hay datos acerca del efecto del cambio climático sobre el área de distribución o la abundancia de uno de los peces que los humanos más encuentran en el mar: las rayas. Reclaman una mayor investigación sobre las áreas de distribución y efectos de los cambios de patrones climáticos en mantarrayas, peces piedra y pulpo de anillos azules, a fin de comprender futuros problemas.

Una situación tóxica

No todas las especies acuáticas venenosas prosperarán con el cambio climático.

Si bien también se han observado serpientes marinas en áreas nuevas o con una abundancia mayor en Corea del sur, California y Hawái, los investigadores informan que existe una disminución en la abundancia de algunas de las serpientes terrestres y marinas más venenosas del mundo.

Las ranas venenosas pueden tener un peor desenlace debido a su sensibilidad a los cambios de temperatura. Y no es apenas disminución de  abundancia. Neylan también observa que algunas especies se extinguen debido a una combinación de cambio climático y agentes patógenos como el hongo quítrido, que también se propaga debido al cambio climático.

"Hay una reducción general de la diversidad, y eso es muy malo", afirma Neylan, y agrega que cuando especies como el pez león se desplazan hacia áreas con pocos o ningún depredador, pueden afectar los ecosistemas de forma negativa.

"Cualquier cambio en el ecosistema tiene efectos en cadena", sostiene Neylan.

Hospitales no preparados

Erickson teme que con la expansión de criaturas venenosas hacia nuevas áreas, los hospitales y sistemas sanitarios no puedan hacer frente a la afluencia de potenciales víctimas de picaduras o mordeduras.

Esto podría llevar a un aumento en los costos de atención sanitaria.

"Algunos de los antídotos son muy caros", afirma Erickson, y añade que es probable, entonces, que estos problemas afecten en mayor medida a los países más pobres.

Siempre que sea posible, según él, los hospitales deben contar con mejores planes para conseguir los antídotos que no tienen. También señala la necesidad de mejorar la calidad de información pública sobre los pasos inmediatos a tomar, como poner vinagre en las picaduras de medusas o agua caliente en las picaduras de raya y pez león.

Según los investigadores, en el futuro, el problema se agravará a medida que las personas se desplacen cada vez más hacia las zonas costeras. Señalan que para fines de siglo, el 50% de la población mundial vivirá a 95 kilómetros de la costa.

"Cada vez más personas se desplazan hacia el mar", comenta Purcell.

"Somos parte de nuestro entorno y nuestro ecosistema. Los cambios nos afectan y modificamos lo que sucede en nuestro entorno natural", afirma Neylan.

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