Medio Ambiente

El nivel de hielo marino en el Ártico es el segundo más bajo de la historia

La cantidad de hielo descubierta en la mayor parte del Ártico era mucho más baja a la registrada en los últimos años, a excepción de la región en torno a Japón. Jueves, 19 Abril

Por Craig Welch

Las temperaturas cálidas provocaron que el hielo marino del Ártico descendiera a un máximo de 14,5 millones de kilómetros cuadrados este invierno, uno de sus niveles más bajos registrados hasta la fecha, según una evaluación anual publicada en marzo pasado por la NASA.

Pero, aunque la superficie helada en general había aumentado ligeramente en latitudes septentrionales este invierno en comparación con el mínimo récord del año pasado, los científicos observaron varias tendencias preocupantes durante el invierno boreal de 2017-2018.

En febrero, las temperaturas se dispararon a una máxima invernal más de 7 grados por encima de lo normal en algunas zonas, poniendo al Polo Norte —en pleno invierno, cuando la región está envuelta en oscuridad— por encima del punto de congelación durante varios días. Grandes zonas de Groenlandia, normalmente cubiertas por un manto de hielo antiguo y grueso, experimentaron aguas abiertas por primera vez en la historia. Gran parte del mar de Bering, en la costa de Alaska, y, durante un tiempo, todo el estrecho de Bering, también se quedaron sin hielo, “lo que es bastante impresionante”, afirma el experto en banquisas de la NASA Alek Petty.

Y pese a no haber roto el récord del año pasado, este invierno supuso la continuación de una tendencia reciente peor de lo que los científicos esperaban.

“Los últimos inviernos han superado nuestras proyecciones de temperatura del aire y disminuciones de la banquisa”, afirma Petty.

La vulnerabilidad del Ártico

Aunque el cambio climático está calentando todo el planeta, afecta mucho más a los polos.

Y a medida que el aumento de las temperaturas provoca la pérdida de hielo marino, esta misma pérdida acaba agravando la situación.

“Es una calle de doble sentido”, declaró Claire Parkinson, climatóloga en el Centro de vuelo espacial Goddard de la NASA en el comunicado de la agencia. “El calentamiento implica que se va a formar menos hielo y que se va a derretir más hielo. Además, como hay menos hielo, se refleja menos radiación solar y esto contribuye al calentamiento”, agrega.

De hecho, durante la mayor parte del invierno, el Ártico estaba en vías de registrar su peor periodo en la historia. La única razón de que este invierno no se haya batido un mínimo récord de hielo marino fue que, como el aire estuvo más frío en las últimas semanas y permitió que el hielo se formase de nuevo, el aumento cerca de Japón, en el mar de Ojotsk, fue lo bastante grande para compensar las pérdidas en otros lugares.

Un tiempo tormentoso

Lo que ocurrió este invierno fue que las tormentas del Atlántico y el Pacífico enviaron agua y vientos cálidos al norte.

Claro que parte del problema es que esas masas oceánicas están más calientes que antes. Además, con el tiempo, el Ártico ha perdido más hielo antiguo y grueso que proporciona estabilidad a toda la región. Eso significa que la calidez de los fenómenos tormentosos que arrasan el Ártico viaja más lejos y provoca más daños, haciendo que el hielo se derrita aún más.

Por ejemplo, el gran agujero en el hielo que se abrió en Groenlandia se cerró rápidamente una vez remitió el calor. Pero expertos de la NASA afirman que el hielo nuevo es más delgado e inestable, y por tanto más susceptible a periodos cálidos que puedan darse en el futuro.

“Recientemente lo hemos estudiado en retrospectiva y hemos podido demostrar que han ocurrido periodos de calor extremo en el Ártico con anterioridad, incluso hace 100 años», afirma Petty. «Pero lo que observamos es un aumento de la frecuencia de estos incidentes, que duran más y que el impacto en la banquisa es mucho mayor». Las tormentas sencillamente están devorando el hielo marino más que antes.

Lo fundamental, claro está, es que todos estos descensos de hielo están teniendo un impacto incalculable en el planeta, aumentando el calor y la humedad en la atmósfera, cambiando la mezcla y la circulación del océano Ártico, afectando a la vida y a los lugares donde habita e incluso alterando el sistema climático global. Y estos cambios solo empeorarán hasta que y a no ser que los humanos reduzcamos drásticamente las emisiones de dióxido de carbono generadas en la quema de carbón, petróleo y gas. “Los cambios van a ser cada vez más graves”, sentencia Petty.

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