Medio Ambiente

Los monjes japoneses registraron el clima durante 700 años

Algunos de los registros históricos continuos más antiguos del mundo nos muestran cómo ha cambiado drásticamente el clima. Miércoles, 13 Diciembre

Por Michelle Nijhuis

El lago Suwa se encuentra en las montañas de Kino en el centro de Japón, en una región que a veces la llaman los Alpes japoneses. Cuando el lago se congela por completo, los cambios diarios de temperatura hacen que el hielo se expanda y contraiga, lo cual agrieta la superficie y la empuje hacia arriba en una cresta*. La leyenda cuenta que la cresta, denominada omiwatari, se forma con los pies de los dioses sintoístas cuando cruzan el lago. Todos los años, desde al menos 1443, los sacerdotes que viven en el santuario en el borde del lago Suwa han registrado cuidadosamente la fecha en que aparece la cresta.

En 1693, del otro lado del mundo, un comerciante finlandés llamado Olof Ahlbom comenzó a registrar la fecha y hora de la ruptura de hielo en primavera en el río Torne, que forma parte de la frontera entre Suecia y Finlandia. Aunque los registros de Ahlbom se interrumpieron en 1715, cuando tuvo que huir de una invasión rusa, los reanudó después de regresar a su hogar en 1721, y los han continuado otros observadores desde entonces.

Cuando los científicos desean vislumbrar el clima del pasado antiguo, casi siempre tienen que recurrir a pruebas indirectas: cambios en los anillos de los árboles, las capas de los núcleos de hielo o los depósitos de polen. Sin embargo, los registros de hielo procedentes de Japón y Finlandia, que son los más extensos de su tipo, nos brindan una perspectiva más directa del clima que experimentaron nuestros lejanos antepasados.

John Magnuson, un ecologista de la Universidad de Wisconsin-Madison, se le entregaron los datos japoneses y finlandeses en la década de 1990, cuando convocó a un grupo internacional de científicos para que comparasen los registros de hielo de todo el Hemisferio Norte. Sin embargo, solamente hace poco, Magnuson se reunió con el ecologista Sapna Sharma, de York University de Torontopara realizar un análisis más detallado de los extensísimos registros. Magnuson, Sharma y sus colegas organizaron las traducciones de las notaciones; (algunas estaban hechas en un frágil papel de arroz) consultaron a expertos acerca de las condiciones locales, y, en el caso de los datos del lago Suwa, se esforzaron por decodificar un calendario que no sólo difería del calendario occidental sino que también variaba en función de la capilla que lo estaba utilizando. “Fue verdaderamente un proyecto interdisciplinario”, afirma Sharma.

Los resultados de su estudio, publicado hoy en Nature Scientific Reports, muestran que desde la Revolución Industrial, los cambios en el tiempo de congelación y descongelación han acelerado, y sugieren que el ritmo anual del hielo en ambos lugares se ha vuelto estrechamente ligado a las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera. Los eventos extremos también se han vuelto más comunes: por ejemplo, durante los primeros 250 años que los sacerdotes sintoístas registraron la aparición de la cresta de hielo en el lago Suwa, durante tres años, únicamente, el lago no se congeló. Entre 1955 y 2004, el lago Suwa no se congeló durante 12 años; entre 2005 y 2014, no lo hizo durante cinco años. (Magnuson informa que el lago tampoco se congeló durante los inviernos de 2015 o 2016).

Numerosos científicos han sondeado los diarios de los observadores de aves, botánicos y otros observadores en busca de evidencia del cambio climático. Las notas de Henry David Thoreau de Walden Pond a mediados de los años 1800 muestran que algunas flores una vez florecieron mucho más tarde que en la actualidad y las encuestas detallistas del naturalista Joseph Grinnell sobre la fauna silvestre de California desde el año 1900 muestran que algunas especies de mamíferos se están desplazando hacia el norte y cuesta arriba con respecto a sus territorios anteriores. Estas observaciones son fotos instantáneas del pasado relativamente reciente, imágenes detalladas tomadas durante unos pocos años y comparadas con los registros de hace aproximadamente un siglo. Sin embargo, los registros de hielo de Japón y Finlandia son las películas épicas que cuentan una historia mucho más completa de los cambios que los seres humanos han provocado en el clima a lo largo del tiempo.

Aquellos registros silenciosos pero sostenidos, el trabajo de generaciones, también podría verse como una vista previa de las clases, haciendo alusión a la cooperación humana y a la persistencia necesaria para hacer frente a los cambios venideros. Aquellos cambios podrían ser grandes en verdad: si las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera y la temperatura del aire siguen aumentando, concluyen los investigadores, es posible que los dioses de la leyenda sintoísta crucen el lago Suwa por última vez.

*Esta historia se ha corregido para decir que las variaciones de temperatura, en lugar de producir aguas termales en el lago, hacen que el hielo se agriete y forme una cresta.

Michelle Nijhuis es una colaboradora habitual de National Geographic. Sígala en su sitio web y en Twitter.

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