Medio Ambiente

En la parte alta de los Andes, una mina consume una ciudad de 400 años de antigüedad

La mina en Cerro de Pasco, Perú, una vez canalizó plata a la corona española. Hoy, está consumiendo a la ciudad e intoxicando a los niños con plomo. Viernes, 22 Diciembre

Por Tony Dajer
Fotografías de Tomas van Houtryve

CERRO PASCO, PERU - El caso de una mujer que intenta movilizar a una ciudad entera, la congresista Gloria Ramos Prudencio, de 56 años de edad y apenas cinco pies (1,52 metros) de altura, parece difícil de creer. Su ciudad es Cerro de Pasco, de 70.000 habitantes. Ubicada en el desarbolado altiplano peruano a 14.200 pies (4.328 metros), es una de las ciudades ubicadas a mayor altura del planeta.

“De niña, al caminar por Bellavista, donde vivían los estadounidenses, fastidiaba a mi madre, ¿por qué los gringos tienen las mejores casas?”, recuerda Ramos con voz suave. “En la escuela los maestros me llamaban preguntona”, la que hace demasiadas preguntas.

En estos días, su principal pregunta es cómo salvar su ciudad natal de un agujero muy grande.

Durante la década pasada, Latinoamérica ha visto a su sector minero triplicar su valor a 300.000 millones de dólares. La economía de Perú, ubicada entre las de crecimiento más acelerado, obtiene un sexto de su producto bruto interno de los minerales. En Cerro de Pasco, puede ver toda la historia de la minería peruana, y los costos que a veces impone: en este lugar la mina está consumiendo literalmente la ciudad de 400 años de antigüedad que la respalda.

La mina a cielo abierto operada por una subsidiaria de Volcan Compañía Minera, una compañía peruana, es un cráter escalonado como un zigurat invertido. El cráter, de más de una milla (1,6 kilómetros) de largo por media milla (804 metros) de ancho por un cuarto de milla (400 metros) de profundidad, envuelve a la replegada ciudad como un mar hambriento. Una fila de casas abandonadas con las tejas de sus techos de acero oxidadas y cubiertas de agujeros, actúa como tierra de nadie entre el abismo y la ciudad viviente.

Esa barrera no alcanza para proteger a los habitantes, en especial a los niños, de las toxinas de la mina. Cerro de Pasco es una de las peores aglomeraciones de intoxicación por plomo del mundo.

Doscientas yardas (183 metros) más allá del borde de la mina, la plaza principal de la ciudad es dominada por una estatua enorme de un joven, un chico local que se convirtió en héroe nacional de Perú. Está a punto de inyectarse una jeringa hipodérmica en su propio brazo

Daniel Alcides Carrión era estudiante de medicina en 1885, cuando los trabajadores que construían las vías férreas hacia la ciudad eran reducidos por una enfermedad llamada fiebre de la Oroya. Al inyectarse tejido de una lesión cutánea de un sobreviviente, Carrión demostró que la fulminante fiebre y una afección crónica conocida como verruga peruana tenían la misma causa: un microbio que, décadas después de que Carrión se inyectara, sería tratable con antibióticos. Los paneles laterales de la base de la estatua representan la forma en que murió, delirando de fiebre.

Una tienda en la base vende jeringas plásticas conmemorativas. Fabrican extraños souvenires de una ciudad desafortunada, pero una vez que haya estado allí y haya visto a lo que se enfrentan sus habitantes, parecen estar preparados.

Días de Gloria

Hace cuatrocientos años, cuenta la leyenda, las rocas que rodeaban las fogatas en Cerro de Pasco “lloraban plata”. Durante siglos, la mina de este lugar se ubicó entre las más ricas de la Corona Española, llenando galeones con plata. En 1820, la ciudad fue la primera de Perú en ser liberada de los españoles. A principios del 1900 se convirtió en la segunda ciudad más grande de Perú; carruajes extravagantes y cónsules europeos adornaban las calles.

En 1903, el ferrocarril más alto del mundo completaba su tramo de 200 millas (322 kilómetros) hacia los Andes. Atrajo a los estadounidenses de Cerro de Pasco Corporation, que compraron la mina. Predominaba el cobre, pero aún se podía encontrar plata. J.P. Morgan, Henry Clay Frick y la familia Vanderbilt, entre otros inversores gringos, hicieron fortunas. En la década del 50, el cobre dio paso al zinc y al plomo, de los cuales ahora grandes cantidades se envían a China.

Hasta mediados de la década del 50, los mineros excavaban de la forma antigua, a través de túneles. Un año después del nacimiento de Gloria Ramos, la compañía minera cambió de los túneles a una minería a cielo abierto más eficiente dentro de los límites de la ciudad. En una de las épocas más desafortunadas que hubiésemos deseado conocer en la historia, resultó que las vetas más ricas en plomo y zinc se encontraban debajo de la ciudad.

El centro de la ciudad una vez tuvo consulados extranjeros y hogares históricos, comenta Ramos. Durante muchos años, fuimos la segunda ciudad de Perú. El tajo se llevó todo eso. En estos días, incluso los vecindarios construidos en la década del 60 para alejarse del tajo, están cayendo en él.

Para los locales, evitar una caída dentro del tajo solo es la mitad del problema.

Todas las aceras de bloques de hormigón crudo y de corte rústico, la parte posterior de la actual ciudad Cerro de Pasco carece de agua potable, debido a que sus lagos y ríos brillan con el color anaranjado de la escorrentía de la minería. Hay camiones que suministran agua potable a un costo 25 veces más alto que en Lima. Mi vecindario recibe agua seis horas a la semana, afirma Ramos. Este año, un juez permitió que Volcan siga arrojando desechos mineros en un estanque al sur de la ciudad.

Además casi no existe calefacción interior en Cerro de Pasco. El frío andino obliga a las empleadas de tiendas a utilizar parkas y guantes sin dedos; uno puede ver su aliento a la hora de la cena en los restaurantes. Los niños que corren a toda prisa por las aceras tienen las mejillas de color escarlata, como si hubiesen sido abofeteados.

Una epidemia de plomo

En el borde oeste de la mina, montículos masivos de relaves mezclados con plomo se asoman por vecindarios como Paragsha y Champamarca. El polvo de los montículos se esparce por todos lados.

Desde 1996, el ministerio de salud de Perú ha tomado muestras de los niveles de plomo en sangre en niños dos veces al año. En 2007, incluso los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control, CDC) de EE. UU. participaron. Los resultados siempre son los mismos: Más de la mitad de los niños examinados tienen niveles elevados de plomo, muy probablemente debido a la ingesta del polvo de los relaves.

Este lugar es Chernóbil, comenta Paul Rodríguez, médico de la clínica comunitaria de Paragsha. Rodríguez, un muchacho fornido con una sonrisa rápida e irónica, se siente frustrado. Él sabe por las encuestas que los niños que ingresan en su clínica corren riesgos, en cuatro oportunidades incluso ha visto la línea azul a lo largo de las encías que indica una grave intoxicación por plomo. Pero no puede solicitar un examen de sangre de diagnóstico cuando un niño lo necesita.

Nos dan esto, comenta, sosteniendo un formulario emitido por el gobierno repleto de casillas de verificación. Todos los síntomas de intoxicación por plomo. Eso es genial, excepto que muchos de ellos, como dolor de cabeza, náuseas y vómitos, no son específicos. Se necesita un nivel de plomo. Pero ningún laboratorio aquí puede realizar un análisis. Las encuestas no evalúan a todos, por lo tanto debe enviar a su hijo a Lima. Nadie va. Aquí practicamos la medicina como si jugáramos al gallito ciego.

Jorge Leoncio Murillo Nuñez, vocero de Volcan, afirma que la compañía respeta todas las leyes ambientales peruanas y ha llevado a cabo campañas para informar a la población sobre los procedimientos de higiene y limpieza para mitigar los efectos de la contaminación.

Cecilia Beraún nació en Champamarca, media milla (804 metros) al sur de la clínica de Rodríguez. Cuando la conocí, vivía con sus dos hijos en el depósito de una escuela. Delgada y agotada, se ganaba el sustento al limpiar la escuela a las 4:30 a. m. antes de realizar una caminata de una hora hacia la base de la mina para trabajar como paleadora. La paga era aproximadamente de 1,40 dólares la hora.

Acuñada entre el tajo y los montículos de relave, Champamarca es la ciudad de plomo. Los hijos de Cecilia, de 10 y 7 años de edad, tenían niveles de plomo en sangre de 14,5 y 13,7 microgramos por decilitro. Los CDC de EE. UU. consideran que cualquier valor mayor a 5 es peligroso.

Alex, vecino de Cecilia y padre de tres hijos, señaló a su hijo de 3 años de edad, Yober.

"En marzo su nivel era de 18,9. Ha sufrido tres convulsiones, pasamos el año nuevo pasado en el hospital. Le dieron el alta sin medicamentos. Mis hijos mayores no nacieron aquí y se encuentran bien. Vine por trabajo. Por el bien de mi hijo vendería mi casa y me marcharía, pero nadie compra".

La intoxicación por plomo es un monstruo escurridizo. Incluso los niveles bajos quitan energía, causan dolor en las articulaciones y dificultan el aprendizaje; los niveles moderados, especialmente en niños, disminuyen de forma permanente los CI. Si aumentan los niveles se sufren convulsiones, disfunción orgánica y muerte.

"No aprenden bien", comentó Cecilia sobre sus hijos. "El Ministerio de Salud envió médicos durante un día para examinarlos. Todo lo que recetaron fue algunas vitaminas, para que sean más listos", dijeron.

¿Algún otro consejo?

"Que deberíamos mudarnos", sentencia.

Ubicación, ubicación

¿Solucionar o huir? Ese es el debate diario en Cerro de Pasco. Cada nueva encuesta sobre el plomo incita a la angustia y a tomar medidas.

En Perú los estudios indican, como era de esperarse, que mientras más lejos estén las personas del suelo contaminado por plomo, mejor. En mayo de 2012 el Ministerio de Salud peruano declaró un estado de emergencia ambiental en Cerro de Pasco. Presionó por una mayor supresión del polvo a través de la pavimentación de caminos, la cobertura de las pilas de relaves y la plantación de árboles. Se plantaron algunos escuálidos arbolitos.

"No hay fondos para más", explica un funcionario de salud local.

Este septiembre, los habitantes de la ciudad marcharon las 150 millas (241,4 kilómetros) desde Cerro de Pasco hasta Lima para atraer la atención de la capital hacia los 2.070 niños de la ciudad con niveles de plomo en sangre mayores a 10 microgramos por decilitro, el doble del nivel peligroso. Poco después de que el gobierno anunciara los planes para construir un nuevo hospital con una unidad de prueba y tratamiento de metales pesados. Pero ya se han anunciado planes antes.

En la década del 80, cuando la mina aún pertenecía al gobierno, la gestión del Presidente Alan García gastó 30 millones de dólares en un proyecto de viviendas a 15 millas (24 kilómetros) de la ciudad para intentar persuadir a las familias de la minería para que se muden allí. A 200 pies cuadrados (18,5 metros cuadrados) las casas no eran muy tentadoras. Solo una pequeña cantidad de personas viven en el abandonado vecindario, que ahora es controlado por Volcan; su logotipo se encuentra estarcido en todas las casas. Filas prolijas de farolas están colocadas en verdes campos donde la construcción se detuvo.

En 2008, Gloria Ramos se dio por vencida ante dichas soluciones parciales. La congresista electa en 2006 logró que la legislatura peruana aprobara, por votación unánime, la Ley 29293, la cual obliga la completa reubicación de Cerro de Pasco. Pero la ley dejó una pregunta decisiva sin definir: ¿Quién paga?

"Destinaron 2 millones de dólares para estudiar sitios alternativos", suspira Ramos. Pero los ministerios de Minería y Finanzas simplemente ignoran las reuniones de comité, por lo tanto nada avanza. (El gobierno peruano no respondió las solicitudes de comentarios).

Mientras tanto, el gobierno detuvo la planificación de un nuevo sistema de agua para Cerro de Pasco: ¿por qué invertir en una ciudad que está a punto de desaparecer? Además Volcan retiró su propia propuesta de comprar el último vestigio de la histórica ciudad, ahora en el borde del tajo, y reconstruirla en otro lugar.

Camine por la ciudad y los marcadores de cemento de propiedad privada que llevan el nombre de Cerro SAC, la subsidiaria de Volcan que ahora dirige la mina, aparecen por todos lados. "La compañía socava la ciudad al comprar cada tercer hogar en un vecindario y luego lo clausura", afirma Gladys Huamán Gora, directora de Labor Pasco, un grupo de control local. "Los precios caen, por eso las personas se desesperan por vender. Pero la mina no tiene prisa; cuando las personas intentan unirse y resistir, retrocede y espera".

La estructura de la fuerza laboral ayuda a mantener fragmentada a la ciudad. En Cerro de Pasco, no puede dejar de ver a los mineros: Robustos y macizos, fanfarronean con sus mamelucos color naranja. Un eslogan pintado con aerosol en una pared dice "Somos machos pero no muchos".

Unas 1.400 personas trabajan en la mina, pero solo 400 son miembros del sindicato con contratos de tiempo completo. Los demás son dirigidos por contratistas, intermediarios que llegan a acuerdos de tres meses, tratos sin obligaciones con los trabajadores de todas partes. Los empleados temporales ganan aproximadamente la mitad de lo que gana un empleado de tiempo completo, el equivalente a 4,50 dólares la hora, sin beneficios.

Abel Cruz, vocero de Cerro SAC, calcula que de los 70.000 habitantes de Cerro de Pasco solo 15.000 cuentan como residentes de tiempo completo. "Es difícil vivir en esta altitud (...) Yo paso diez días aquí y luego cuatro días en Lima con mi familia", afirma.

¿De quién es el problema?

"La responsabilidad es escurridiza", comenta Federico Helfgott, historiador de Cerro de Pasco y profesor adjunto en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima.

La historia sobre la propiedad de la mina complica las cosas. Cerro de Pasco Corporation, propiedad de estadounidenses, cuyas casas admiraba Ramos. fue nacionalizada en 1974. Durante los 25 años siguientes, Centromin, la entidad del gobierno, la administró de manera pésima. En 1999, Volcan compró la mina por 62 millones de dólares, un precio bajo de acuerdo con muchos expertos.

"Algunas de las pilas de relaves pertenecen a la compañía estadounidense anterior a 1974, algunas a Centromin y otras a Volcan", afirma Helfgott. "Entonces, ¿quién es responsable de la intoxicación por plomo? ¿Quién paga la mudanza?" De 2010 a 2014, Volcan acumuló más multas ambientales que cualquier otra compañía minera en Perú. Muchas de ellas nunca se pagaron.

En 2011, Volcan derivó la mina a su subsidiaria Cerro SAC, con el fin de limitar su responsabilidad, alega Huamán Gora. "La industria minera ahora tiene opciones en una séptima parte del territorio nacional de Perú", comenta. "Podrían transformar Cerro de Pasco en un caso modelo", agrega.

En 2010, cuando Roberto “Bobby” Letts, director ejecutivo de Volcan, murió soltero a los 75 años de edad, dejó una fortuna personal de 600 millones de dólares. En 2011, Volcan obtuvo ganancias de 328 millones de dólares. Pero en 2014 sus ganancias habían caído a menos de 100 millones de dólares. Con el recorte de China, la producción de plomo y zinc en Cerro de Pasco ha caído más de la mitad.

Este año, Cerro SAC finalmente inauguró una planta de oxidación tras un largo retraso que utiliza cianuro para recuperar cantidades de restos de plata de los relaves de la mina. La planta, que originalmente se proyectó para generar ingresos de 100 millones de dólares al año, abrió cuando los precios de la plata en el mundo estaban tocando fondo. El auge mundial de los precios del metal ha disminuido por ahora. Pero el tajo y la contaminación en Cerro de Pasco siguen presentes.

Trasladar la ciudad, afirma Jorge Nuñez, vocero de Volcan, no es responsabilidad de la compañía. "Es un asunto que concierne al gobierno nacional, en coordinación con el gobierno regional y el gobierno local de la ciudad".

Aún sigo luchando

"Lo que más me molesta", comenta Gloria Ramos, "es que ni siquiera sacan ventaja del auge". Ramos no se postuló para la reelección en 2011; ahora vive en Lima y se ha retirado de la política. Sigue visitando a sus padres en Cerro de Pasco cada unas cuantas semanas.

“Los ataques siguieron empeorando”, afirma en periódicos y en reuniones públicas. "Fui acusada de eliminar el empleo, de desear el cierre de la mina. Hubo amenazas personales".

Afuera de la ciudad, en un valle contiguo a la laguna de relaves más grande de la mina, un hombre llamado Celso Santiago cría alpacas. Su hogar tiene paredes de adobe y el techo de zinc sostenido por rocas. Con el rostro elevado hacia una estatua inca, declara, “Yo soy conflictivo”.

"He luchado contra ellos durante veinte años. Han destruido mis campos, así que yo lucho contra ellos con esto". Mostrando un fajo de documentos legales, él da a entender que sí, tiene algunos años de universidad en su experiencia.

"¿Ve esa colina? Después de ganar la primera demanda de la historia contra de la mina, prometieron restaurar siete hectáreas. Solo restauraron la mitad. Al principio la mina es amistosa, pero luego ellos no hacen lo que prometen. Sus promesas incumplidas me hicieron fuerte. Tomó años y mucho dinero, y aún sigo luchando".

Santiago aún considera la ley de reubicación de Ramos como la solución. Mira de reojo hacia el resplandor matutino de gran altitud.

"Nadie desea que la mina desaparezca, afirma. Solo queremos que sea responsable".

Artículo publicado el 2 de diciembre de 2015.

Seguir leyendo