Un meteoro interestelar podría haber chocado bruscamente contra la Tierra

De confirmarse, la bola de fuego que recorrió nuestra atmósfera en 2014 sería el segundo visitante conocido ajeno a nuestro sistema solar.jueves, 4 de julio de 2019

Este artículo fue publicado originalmente el 16 de abril de 2019.

A veces, un viaje de miles de años luz finaliza en llamas. Unos minutos después de las 3 a.m. del 9 de enero de 2014, una bola de fuego ardió por los cielos justo en la costa noroeste de Papúa Nueva Guinea: era un meteoro desintegrándose en la atmósfera de la Tierra, como lo hacen muchos meteoros.

Pero, conforme a una nueva investigación, este temprano visitante no era solo una vieja roca espacial que desapareció con una explosión. Era un intruso interestelar, un visitante que se lanzó al cosmos desde lo profundo de otro sistema solar.

De confirmarse, el meteoro será el segundo objeto de tales características en ser observado por seres humanos. El primero, una roca espacial de forma extraña denominada ’Oumuamua, pasó zumbando por nuestro sistema solar en 2017 y hoy ya se encuentra de regreso hacia las estrellas. Por el contrario, el meteoro de 2014 finalizó su viaje aquí, y se convirtió en la primera roca conocida proveniente de fuera de nuestro sistema solar en chocar contra la atmósfera de la Tierra. 

“Me sorprendió mucho. No lo esperaba. Pensé que no íbamos a ver nada”, señala Avi Loeb del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, quien describe al hallazgo en un informe entregado a la revista Astrophysical Journal Letters. “Pero, en retrospectiva, como cualquier descubrimiento, dices, sí, por supuesto. ¿Cómo pude ser tan tonto de no buscar eso desde un principio?”.

Procedencia alienígena

Loeb y Amir Siraj, estudiante de grado en Harvard, detectaron al merodeador meteoro en un catálogo compilado por el Centro para los objetos próximos a la Tierra. Conservado por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el catálogo contiene un registro de los horarios, fechas, ubicaciones y velocidades de los meteoros entrantes.

A principio de este año, mientras escaneaba los registros de las bolas de fuego conocidas como bólidos, Siraj detectó una con una velocidad alta inusual. Viajando a casi 59 kilómetros por segundo en relación con los movimientos del Sol y la Tierra, se movía demasiado rápido para estar, gravitacionalmente, vinculada a nuestra estrella. Sospechando que habían detectado otro objeto interestelar, Siraj y Loeb usaron la información del catálogo a fin de obtener una órbita para el extravagante meteoro.

“Sabemos el movimiento de la Tierra [y] corregimos en base a eso (para la gravedad de la Tierra, la gravedad del Sol, la gravedad de todos los planetas)”, afima Loeb. Utilizando dicha información, los detectives cósmicos podían trazar el probable camino del meteoro.

Finalmente, calcularon que el meteoro del Pacífico sur no había alcanzado dicha velocidad utilizando a los otros planetas de nuestro sistema solar como honda, un truco que la NASA usa regularmente para enviar a las naves espaciales más lejos de la Tierra. Asimismo, hallaron que el meteoro se encontraba en una órbita hiperbólica no consolidada, lo que significa que definitivamente no se originó dentro de nuestro sistema solar. Por el contrario, el equipo sospechó que provenía del interior de otro sistema estelar, tal vez uno de población anciana dentro de la Vía Láctea conocido como las estrellas del disco grueso.

“Creo que es lógico concluir que este impactador de gran velocidad vino de una población de objetos interestelares”, señala Kat Volk de la Universidad de Arizona, quien estudia cómo los objetos se arrastran, mueven velozmente y en círculos por nuestro sistema solar. “Espero que los objetos interestelares sean lo suficientemente cotidianos (tanto desde las consideraciones teoréticas como desde las implicancias de 'Oumuamua). Creo que un origen interestelar es la explicación más simple para este bólido”.

Un balón de playa realmente pesado

Midiendo tal vez cientos de kilómetros y comportándose como algo inusual, el asteroide interestelar inicial ‘Oumuamua requirió un estudio de seguimiento e, incluso, provocó especulación, hasta de Loeb, sobre si podría tener un origen artificial. Pero ese no es caso de esta roca espacial recientemente identificada.

Con casi un metro de diámetro y pesando alrededor de 2425 kilogramos, el meteoro era solo una fracción de ‘Oumuamua en lo que respecta a dimensiones. Esto quiere decir que no estaba ni cerca de sobrevivir el viaje por la atmósfera de la Tierra. Dado que el objeto se desintegró por completo en los cielos justo al norte de la isla Manus, ya es tarde para estudiarlo e intentar determinar su composición.

Loeb señala que, sin embargo, es probable que haya una gran cantidad de objetos, tal vez 60 sextillones de rocas similares lanzadas al espacio por una única estrella.  Si los astrónomos pudieran encontrar otro visitante de la Tierra antes de que llegue a nuestra atmósfera, podrían reunir aún más conocimientos científicos valiosos al observar su ardiente desaparición.

“Si lográramos identificar dicha cosa en tiempo real”, agrega Loeb, “podríamos establecer un espectro y dilucidar su composición” a medida que se va quemando en nuestra atmósfera.
 

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