Espacio

La primera misión espacial de fondos privados se estrella en su intento de aterrizar en la Luna

Un aterrizaje exitoso hubiera convertido a Israel en el cuarto país en lograr un aterrizaje lunar. A pesar del accidente, la misión sigue siendo significativa. Jueves, 11 Abril

Por Michael Greshko

Este 11 de abril un módulo de aterrizaje israelí "Beresheet", que en hebreo significa “Genesis”, intentó marcar un nuevo comienzo en la exploración espacial tratándose de convertir en la primera nave espacial de financiación privada en llegar a la Luna. Construida por la organización israelí sin fines de lucro “SpaceIL”, el módulo intentó aterrizar suavemente dentro de Mare Serenitatis, una vasta cuenca volcánica ubicada en el lado norte de la luna. Pero cuando hizo su descenso, el motor principal de la nave, falló. Los ingenieros re-establecieron el funcionamiento de la nave pero perdieron la comunicación y el vehículo, de unos 150 kilos, finalmente se estrelló.

“Hemos fracasado, pero definitivamente lo hemos intentado. Y creo que el logro de llegar hasta donde llegamos es enorme”, aseguró Morris Kahn, fundador y presidente de SpaceIL, durante la transmisión en vivo del intento de aterrizaje. “Pienso que podemos estar orgullosos...ganas algo, pierdes algo”, reconoció.

Un aterrizaje exitoso hubiera convertido a Israel en el cuarto país en lograr un aterrizaje lunar, y SpaceIL se hubiera convertido en la primera entidad financiada principalmente por donantes privados en aterrizar una nave en otro mundo. El módulo llevaba dos instrumentos científicos y una cápsula de tiempo digital que incluía una “biblioteca lunar”. Al momento del cierre de esta nota, National Geographic no ha podido confirmar el alcance del daño que sufrió el módulo de aterrizaje y sus instrumentos.

A pesar del duro aterrizaje, la misión es un hito: "Beresheet" es lo más cerca que una entidad privada ha estado de aterrizar en la superficie lunar hasta ahora. Y, el 4 de abril, la nave espacial entró exitosamente en órbita alrededor de la Luna, lo que convirtió a Israel en el séptimo país en lograr esa hazaña.

“Si lo comparamos con no haberse hecho, la misión sigue siendo un avance porque prueba que llegaron hasta allí”, señala Phil Metzger, científico planetario de la Universidad de Florida Central. “Puedes decir que llegaron a la Luna, no se quedaron perdidos entre las estrellas. ¡Eso es sorprendente! Quiere decir que completaron el 99 por ciento de su misión”.

El intento de aterrizaje de Beresheet es el cierre de más de ocho años de trabajo. SpaceIL comenzó a finales del 2010 cuando tres estudiantes (Yariv Bash, Kfir Damari y Yonatan Winetraub) se juntaron a tomar unos tragos en un bar en las afueras de Tel Aviv y se convencieron de construir una nave espacial con destino a la Luna. Rápidamente, se inscribieron en Google Lunar XPrize, un concurso mundial creado en 2007 que prometía 20 millones de dólares estadounidenses a la primera entidad que aterrizara una nave espacial en la Luna.

“Ha sido bastante alocado; nunca pensé que se volvería algo tan grande”, reflexiona Bash. “Me han llegado imágenes de niños vestidos de astronautas; es muy emocionante ver cómo se desarrolló todo”.

¿Quieres saber más sobre la misión, sus orígenes y su importancia? Aquí te lo contamos.

Desde las nubes a la Luna

En un principio, el equipo de SpaceIL soñó con aterrizar una nave espacial en la Luna para finales del 2012 con un modelo de aterrizaje de no más de unos pocos kilos. Pero, apenas la organización informó sobre sus planes, la Agencia Espacial Israelí y Israel Aerospace Industries (IAI), el principal contratista en materia de defensa del país, le advirtieron que no era factibles.

“Durante los primeros años, la mayoría pensó que era un chiste”, recuerda Bash.

En vez de darle la espalda al joven grupo, las entidades espaciales israelíes más experimentadas decidieron participar. IAI acordó construir la nave y la Agencia Espacial Israelí brindar el soporte técnico y financiar $2 millones. Mientras tanto, gracias a varias donaciones privadas, SpaceIL recaudó la gran mayoría de su presupuesto de entre $90 y $100 millones. Gran parte de los fondos llegaron de la mano de Kahn de SpaceIL, un empresario israelí-sudafricano dedicado al software, y de Adelson Family Foundation, una organización sin fines de lucro con sede en Estados Unidos fundada por el magnate de los casinos Sheldon Adelson.

SpaceIL se convirtió en uno de los finalistas de Google Lunar XPrize y, en 2015, fue el primer competidor en reservar su viaje al espacio. “Eso fue gracioso de ver: ver un negocio construirse alrededor de esto, en el espacio, en Israel, inspirando al público en general y a la próxima generación de niños”, afirma Chanda Gonzales-Mowrer, vicepresidente de la fundación XPrize y exdirectora de Google Lunar XPrize.

Pero, como gran parte de todos los que competían por el premio, SpaceIL se enfrentó a la falta de dinero y a los retrasos técnicos. Luego de extender la fecha de entrega varias veces, Google y la fundación XPrize dieron por terminado el Lunar XPrize en marzo del 2018 sin ganador.

A pesar del fin del concurso, SpaceIL perseveró. El 22 de febrero de 2019, se lanzó la nave espacial a bordo del cohete SpaceX Falcon 9. La nave haría su viaje junto a un satélite de comunicaciones indonesio. SpaceIL pudo hacer el viaje gracias a la ayuda de Spaceflight Industries, que negoció compartir el transporte. Las semanas siguientes al lanzamiento, Beresheet viajó más de 6,4 millones de kilómetros y completó una serie de tres órbitas cada vez mayores alrededor de la Tierra que la iban llevando cada vez más cerca de la Luna.

“Este es un cambio paradigmático que es bastante difícil de apreciar... Es la primera misión a la Luna de financiación privada y voluntaria, y es la primera misión que está haciendo algo diferente”, indica Ryan Olcott, jefe de misión de Spaceflight Industries, quien trabajó con SpaceIL.

Incluso habiendo descartado el premio Lunar XPrize, la organización sin fines de lucro había estado buscando otro reconocimiento: el “Moonshot Award” de 1 millón de dólares estadounidenses otorgado por la fundación XPrize a los competidores por su perseverancia. SpaceIL hubiese recibido el premio si el aterrizaje hubiese sido exitoso.

“Se trata de estar orgullosos de todo el trabajo que SpaceIL ha realizado”, afirma Gonzales-Mowrer sobre crear el Moonshot Award. “Queremos celebrar los logros y el hecho de que se están animando a soñar”.

Más naciones, más negocios en el espacio

Ahora que SpaceIL ha intentado aterrizar en la Luna, la organización se “autodestruirá”; la existencia de la organización se ha centrado solamente en Beresheet. Bash indica que, en las próximas semanas, el grupo decidirá sobre sus planes a largo plazo. Mientras tanto, la IAI se ha unido a la empresa alemana OHB para ofrecerle a la Agencia Espacial Europea viajes para sus instrumentos con destino a la Luna.

Aunque SpaceIL es la primera entidad privada en llegar tan lejos con un aterrizaje en la Luna, seguramente no será la última, y aquellas que la sigan tendrán una inclinación mucho más comercial. A medida que aumenta el interés por mover la industria, y hasta las personas, fuera de este mundo, más empresas nuevas, entre las cuales están los antiguos competidores de Lunar XPrize, buscan convertirse en los pilares de una nueva economía lunar.

“Es ridículamente difícil, pero se está volviendo más razonable intentar lograrlo”, considera Bob Richards, CEO de Moon Express, exfinalista de Google Lunar XPrize. “Será transformacional. Veo la democratización del acceso a la Luna y al espacio profundo de la misma manera que CubeSats ha democratizado el acceso a la órbita baja de la Tierra”.

La NASA está ayudando a avivar el fuego de la industria, tal como lo hizo cuando les ofreció contratos a las empresas privadas a fin de enviar provisiones, y, a la larga, astronautas, a la Estación Espacial Internacional. En abril de 2018, anunció el programa “Commercial Lunar Payload Services”, que ofrecía contratos a las empresas privadas para que llevaran instrumentos científicos de la NASA a la Luna. En noviembre de 2018, la NASA aprobó nueve adjudicaciones, entre las cuales estaban los excompetidores de Lunar XPrize Moon Express y Astrobotic, para competir por los contratos de la agencia. Barbara Cohen, científica planetaria del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, señala que el programa le dará nuevamente la bienvenida a la superficie lunar a la ciencia de los Estados Unidos luego de cuatro décadas de ausencia.

“Las mediciones de órbita son sorprendentes, estamos muy contentos con nuestra campaña orbital, no solo con la nave espacial LRO [the Lunar Reconnaissance Orbiter] sino también con GRAIL y LADEE y ARTEMIS, y todo un grupo de naves espaciales. Sin embargo, hay un montón de preguntas sin responder para las cuales necesitamos tener acceso a la Luna”, cuenta.

En los meses venideros, se espera que India lance su nave espacial Chandrayaan-2, que planea ser la primera en aterrizar cerca del polo sur de la Luna. Y, siguiendo de cerca los pasos de Chang'e-4, la primera nave espacial en aterrizar con éxito en la cara más lejana de la Luna, China está planeando su misión Chang'e-5, que, de tener éxito, será la primera misión desde el Apollo 17 en regresar con muestras de la superficie lunar. Al mismo tiempo, el gobierno de Trump está intentando conseguir apoyo para una misión a la Luna con seres humanos en 2024, incluso mientras otras agencias espaciales esbozan planes para sus propias misiones a la Luna con tripulación.

“Las naciones están viendo al espacio como un área en la que se puede demostrar las destrezas nacionales”, señala Joanne Gabrynowicz, profesora emérito de la Universidad de Mississippi y experta en derecho espacial.

A medida que el espacio se vuelve más internacional, ¿el cosmos se convertirá en la ley de la selva? Volviendo a la década del sesenta, las naciones exploradoras del espacio firmaron una serie de tratados, como el Tratado del espacio exterior de 1967, que sentaron algunas reglas básicas como la prohibición de armas nucleares. De la redacción del tratado se desprende que los países son los responsables de las actividades del espacio de sus empresas y ciudadanos, pero los detalles de dicha supervisión quedaron a la libre implementación de cada país.

Sin embargo, en medio de todas las preguntas que surgieron a raíz de este último salto en el futuro de los vuelos espaciales, Bash reflexiona sobre cómo el grupo que creó ha hecho historia y casi toca a nuestra compañera cósmica más cercana.

“Es una de esas aventuras que se dan una única vez en la vida”, concluye.