Confirman la presencia de dos nubes de polvo que orbitan la Tierra

Divisadas por primera vez en la década de 1960, las grandes nubes de polvo ahora se han confirmado y podrían afectar los planes de una futura exploración del espacio.

Publicado 8 de nov. de 2018 14:55 GMT-2
Una imagen (que no es a escala) muestra la posición de una de las nubes de ...
Una imagen (que no es a escala) muestra la posición de una de las nubes de polvo de Kordylewski en relación con la Tierra, la Luna y el Sol.
Fotografía de Ilustración de Gabor Horvath

Es posible que la Luna de la Tierra no esté sola. Después de más de medio siglo de especulación y controversia, los astrónomos y físicos húngaros explican que finalmente han confirmado la existencia de dos “Lunas” en la órbita de la Tierra formadas en su totalidad de polvo.

Tal como describen en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, el equipo logró capturar instantáneas de misteriosas nubes que acechan a solo 402 000 km de distancia, prácticamente a la misma distancia que la Luna.

Los investigadores previamente dedujeron la presencia de varios acompañantes naturales de la Tierra, pero, en verdad, las nubes de polvo no se observaron hasta 1961, cuando su tocayo, el astrónomo polaco Kazimierz Kordylewski, vio una luz. Incluso en ese momento, se cuestionó su presencia.

“Las nubes de Kordylewski son dos de los objetos más difíciles de encontrar y, a pesar de que están tan cerca de la Tierra como la Luna, son principalmente ignorados por los investigadores del campo de la astronomía”, menciona la coautora del estudio Judit Slíz-Balogh, astrónoma de la universidad Eötvös Loránd University en Hungría. “Es curioso confirmar que nuestro planeta tiene pseudosatélites de polvo en órbita junto a nuestra vecina lunar”.

De acuerdo con los nuevos descubrimientos, cada nube de Kordylewski tiene alrededor de 15 grados por 10 grados de ancho o es equivalente a 30 por 20 discos lunares en el cielo nocturno. Esto se traduce a un área en el espacio de aproximadamente 104.600 km por 72.420 km en tamaño real, casi nueve veces más ancha que la Tierra.

Las nubes en sí mismas son enormes, pero se estima que las partículas individuales que las componen miden solo un micrómetro de ancho. La luz solar que refleja estas partículas las hace brillar de manera tan suave, al igual que el brillo en forma de pirámide de la luz zodiacal que surge del polvo disperso entre las órbitas de los planetas.

Sin embargo, estas nubes satelitales han permanecido ocultas en la oscuridad del espacio hasta ahora porque son apenas visibles.

“Es muy difícil detectar las nubes de Kordylewski frente a la luz galáctica, la luz de las estrellas, la luz zodiacal y el brillo del cielo”, menciona el coautor del estudio Gábor Horváth, físico de la universidad Eötvös Loránd University. Ahora, mediante el uso de filtros polarizadores especiales en sus cámaras, los investigadores han logrado revelar la luz dispersa que refleja las partículas individuales dentro de las nubes.

Varias lunas

Durante generaciones, los astrónomos han sugerido la posibilidad de que la Tierra tuviera más de una luna. Existen cinco puntos de estabilidad específicos en el espacio profundo donde suponen que podrían estar las lunas.

Estos puntos óptimos orbitales, conocidos como puntos de Lagrange, son las posiciones donde el empuje gravitacional de dos objetos orbitales, como la Tierra y el Sol, se nivela mediante la fuerza centrípeta de sus órbitas. Aquí, los objetos permanecen atrapados en posiciones relativamente estables y a distancias constantes de la Luna y la Tierra.

Kordylewski primero buscó dos de estos puntos, L4 y L5, con la esperanza de encontrar lunas de cuerpo sólido en la década de 1950. En cambio, terminó revelando nuestras primeras pistas de las nubes de polvo que orbitan la Tierra.

La luz polarizadora que rodea el punto 5 de Lagrange (punto blanco) ayudó a revelar la presencia de una nube de polvo de Kordylewski.
Fotografía de Imagen de J. Slíz-Balogh

Desde cometas hasta lluvias de meteoros y bandas zodiacales, nuestro sistema solar es un lugar polvoriento. Los observadores del cielo que tienen una buena capacidad de visión en un cielo oscuro inmaculado pueden ver las nubes de partículas esparcidas entre los planetas. Sin embargo, las nubes de Kordylewski no son tan estables como estas otras características polvorientas en el espacio profundo. Las partículas de las nubes hacen intercambios constantes, los cuales les permiten cambiar simultánea y continuamente y denotan su antigüedad.

Las partículas de polvo quedan atrapadas en las nubes debido al acto de nivelación de Lagrange y luego se liberan por ligeros tirones de la Tierra o la Luna. Para alimentar su suministro de polvo, las nubes toman partículas interplanetarias de todo tipo de fuente, lo que incluye, eventos anuales, como la lluvia de meteoros de las Perseidas. Por eso, a pesar de que es posible que las partículas en sí mismas no vivan mucho tiempo en términos de tiempos astronómicos, las nubes pueden tener un cronograma natural desde el nacimiento del sistema de la Tierra-Luna.

Plantas rodadoras cósmicas

Estos peligros polvorientos son un poco como plantas rodadoras cósmicas y finalmente podrían tener un poco de relevancia para una futura exploración del espacio.

Por ejemplo, algunas misiones al espacio involucran satélites de estacionamiento en los puntos de Lagrange, donde consumen una cantidad mínima de combustible para mantenerse en órbita. Eso incluye el próximo Telescopio espacial James Webb, que se espera que se despliegue en el punto de Lagrange L2 en algún momento en la década del 2020. Las agencias espaciales también han propuesto planes para usar los puntos de Lagrange como estaciones de transferencia en una supuesta autopista interplanetaria para las misiones a Marte, indica Horváth.

“La investigación de los aspectos dinámicos de las nubes de Kordylewski puede posiblemente terminar siendo la más importante desde el punto de vista de la seguridad de navegación en el espacio”, agrega.

Y, si las hipótesis de Horváth amd Slíz-Balogh son ciertas, es posible que haya más de estas nubes de polvo ambulantes que persiguen a la Tierra, esperando a ser descubiertas cerca de los puntos de Lagrange.

Andrew Fazekas, el Hombre del Cielo Nocturno, es el autor de Star Trek: The Official Guide to Our Universe. 

 

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