¿Fueron los neandertales los autores del "arte" en la famosa cueva del Unicornio?

Un fragmento de hueso del tamaño de una pieza de ajedrez, tallado antes de la llegada de los humanos modernos a la zona, suscita preguntas sobre la expresión artística más allá del Homo sapiens.

Fotografías de Robbie Shone
Publicado 6 de julio de 2021 17:45 GMT-3
Unicorn Cave

Los investigadores dicen que este hueso cincelado, tallado por neandertales hace más de 50 000 años, es una prueba de que nuestros parientes extintos podían crear "arte" en el sentido humano y moderno de la palabra o, al menos, mostrar creatividad y expresión simbólica.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Durante siglos, la cueva del Unicornio de Alemania ha sido un señuelo para quienes buscaban secretos del pasado. En la Edad Media, la gente literalmente buscaba colmillos de mamut, dientes de osos cavernarios y restos de otros animales extintos. Creían que los esqueletos desconocidos pertenecían a bestias legendarias, quizá dragones o unicornios. Estos huesos misteriosos, pulverizados y mezclados con oro y plata, se consideraban remedios para todo, desde la impotencia hasta la peste.

Pero hace poco, en un caluroso día de verano de 2019, Gabriele Russo se sentó en el exterior de la cueva del Unicornio, maravillado ante otro misterioso hueso que sostenía en la mano.

Tenía el tamaño de una pieza de ajedrez y habían tallado 10 líneas profundas e inclinadas en un lado. Russo, arqueozoólogo de la Universidad de Tubinga especializado en la identificación de animales antiguos a partir de sus huesos, reconoció que se trataba de una falange, más concretamente del segundo hueso del nudillo de un gran animal ungulado. Al examinarlo más minuciosamente, advirtió algo extraño: los cortes no parecían los propios de un carnicero tratando de extraer la carne o el tuétano. Estas marcas parecían intencionadas, como un patrón abstracto o un diseño decorativo.

La cueva del Unicornio alemana, ubicada en una zona de colinas onduladas a medio camino entre Fráncfort y Berlín, era un destino popular para los curanderos y alquimistas medievales, que creían que los misteriosos huesos de animales extintos podían curar desde la impotencia hasta la peste.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Cuando Thomas Terberger y Dirk Leder —arqueólogos de la Universidad de Gotinga que dirigen las excavaciones en la cueva del Unicornio— vieron el hueso del nudillo tallado, este les impresionó, pero no les sorprendió. Las investigaciones llevadas a cabo en la cueva y sus alrededores desde 2014 han revelado muchas herramientas y objetos que demuestran que sus cavernas fueron utilizadas por los primeros humanos modernos y sus antepasados neandertales. Los arqueólogos asumieron que el hueso era un elemento decorativo tallado por un humano de la Edad de Hielo, no por un neandertal, y que la datación por radiocarbono probablemente apoyaría su suposición.

Y de repente llegaron los resultados de la datación del hueso misterioso.

En un artículo publicado en la revista Nature Ecology and Evolution, un equipo internacional de investigadores informa de que la datación por radiocarbono demuestra que la talla tiene al menos 51.000 años de antigüedad, lo que quiere decir que fue creada al menos mil años antes de que los humanos modernos llegaran a esta zona. (Se cree que los humanos modernos llegaron a esta zona de Europa hace no más de 45.000 a 50.000 años).

Los autores sostienen que el hueso solo pudo ser tallado por neandertales y que representa la primera ocasión que la expresión simbólica neandertal —lo que algunos llaman arte— ha sido datada de forma directa. El descubrimiento proporciona a los investigadores un motivo para replantearse el antiguo supuesto de que los neandertales eran incapaces de tener creatividad o pensamiento complejo.

"Es una idea, un motivo planificado que tienes en la cabeza y traduces en una realidad", afirma Terberger, refiriéndose al patrón del hueso. "Es el comienzo de la cultura, del pensamiento abstracto, el nacimiento del arte".

El arqueozoólogo Gabriele Russo recrea la escena en la que descubrió el hueso de la cueva del Unicornio. Los investigadores supusieron que lo habían dejado los humanos modernos de la Edad de Hielo y se quedaron sorprendidos cuando el hueso se dató en una época en la que solo había neandertales en el yacimiento. Los arqueozoólogos como Russo se especializan en el estudio de los restos de animales en yacimientos arqueológicos.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Las excavaciones de la cueva del Unicornio se centran en la entrada original de la cueva, que se vino abajo hace unos 10.000 años. Mientras algunos arqueólogos trabajan en el interior de la cueva, excavando hacia fuera, otros (en la foto) excavan en la entrada de la cueva desde el exterior.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Un equipo de arqueólogos dirigido por investigadores de la Universidad de Gotinga ha encontrado pruebas de actividad humana y neandertal en la cueva del Unicornio que datan desde hace 47.000 años hasta quizá hace más de 100.000 años.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Pero ¿es arte?

Como sabrá cualquiera que esté familiarizado con los debates acerca del arte abstracto y moderno, el "arte" está en el ojo del observador. Para muchos, es un concepto claramente moderno: algo con un significado simbólico para el creador y el público, hecho para ser disfrutado o apreciado por su aspecto. La definición de arte puede cambiar de una cultura a otra, e incluso de una década a otra.

Por eso es difícil hablar de lo que los neandertales esperaban conseguir cuando tallaron un diseño en un fragmento de hueso. "Hoy en día, solemos entender el arte en sentido visual y estético, y no sabemos si eso era lo que tenía sentido para ellos", dice Amy Chase, paleoantropóloga de la Universidad Memorial de Terranova que no participó en la investigación. "Es difícil describir algo creado hace 50.000 años con nuestros propios conceptos".

Una perspectiva frontal del hueso de la cueva del Unicornio muestra las profundas incisiones, talladas en forma de galón, en su superficie.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Una perspectiva trasera del artefacto. Se fabricó a partir del segundo nudillo de un Megaloceros giganteus, un ciervo gigante que se extinguió hace más de 7.000 años.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

La expresión simbólica, en cambio, es más fácil de reconocer y acordar. Desde la elección de la especie de animal hasta la orientación de las líneas de corte —que se inclinan hacia arriba cuando se coloca el hueso en su extremo plano y estable—, el antiguo tallador o talladora del hueso de la cueva del Unicornio tomó decisiones deliberadas que parecen haber tenido un significado específico. "Es el primer paso hacia el arte", dice Terberger. "Cuando te comunicas con diseños y símbolos complejos, estás en la frontera de lo que llamaríamos arte, o ya estás ahí".

Una creación deliberada

Las pruebas creíbles de cualquier cosa que pueda llamarse "arte" neandertal —incluso garabatos sencillos— son muy poco comunes. Este hecho ha hecho que generaciones de investigadores concluyan que nuestros parientes lejanos no estaban interesados en las representaciones simbólicas o decorativas, en el mejor de los casos, o que eran incapaces de tener pensamiento creativo, en el peor.

Y las escasas pruebas que existen —decoraciones geométricas en la pared de una cueva en España, garras de águila enterradas con neandertales muertos en Croacia— no han sido datadas de forma directa. En su lugar, los arqueólogos han recurrido a estimaciones basadas en las antigüedades de los huesos hallados en los alrededores o en análisis químicos de las paredes de las cuevas, lo que deja lugar a dudas sobre la verdadera antigüedad del objeto.

Aunque la datación directa por carbono radiactivo del hueso tallado no dejaba lugar a dudas sobre la antigüedad del objeto, los investigadores también trataron de replicar los grabados para asegurarse de que las marcas no eran el producto accidental del despiece o los arañazos de un neandertal aburrido que pasaba el rato junto a la hoguera.

Recreación artística de una cacería de Megaloceros giganteus. Estos ciervos gigantes, que podían llegar a medir dos metros a la altura del hombro y tener una cornamenta con una envergadura de unos 3,6 metros, rara vez se encontraban al norte de los Alpes.

Fotografía de Ilustración por Julio Lacerda

El hueso pertenecía a un ciervo gigante, el Megaloceros giganteus, que medía más de dos metros a la altura del hombro, pesaba tanto como un coche pequeño y rara vez se encontraba al norte de los Alpes. El ciervo gigante se extinguió hace más de 7.000 años, por lo que Leder y el arqueólogo experimental de la Universidad de Gotinga, Raphael Hermann, consiguieron huesos de vaca —que son cercanos a los del ciervo— y réplicas de hojas de sílex.

Tras semanas de experimentación, determinaron que las tallas se reproducían mejor en huesos que se habían hervido y secado varias veces, y que se tardó al menos diez minutos en tallar cada línea del hueso y consumía una o dos valiosas hojas de sílex. "Se han invertido mucho procesamiento y reflexión en esto", dice Hermann.

El arqueólogo Raphael Hermann intenta recrear el hueso grabado de la cueva del Unicornio para entender mejor el esfuerzo que supuso su creación. Utilizando réplicas de cuchillas de sílex y huesos de vaca, Hermann se dio cuenta de que el hueso debía ser hervido y secado varias veces para conseguir cortes con una profundidad y ángulo similares a los del hueso de la cueva del Unicornio. "Los huesos cocidos funcionaban perfectamente", dice Hermann. "Cuanto más cocido, más fácil es trabajar con el hueso".

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Hermann corta un hueso de vaca con un cuchillo de sílex similar al que habrían utilizado los neandertales. Los huesos cortados se examinaron con un microscopio y un TAC y se compararon con los que estaban presentes en el artefacto. Tras semanas de experimentación, los investigadores determinaron que se tardó al menos diez minutos en tallar cada línea del hueso de la cueva del Unicornio y que el proceso rompió o desafiló una o dos hojas de sílex. "Se ha invertido mucho procesamiento y reflexión en esto", dice Hermann.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

"Si uno se toma el tiempo de modificar un hueso con un motivo no utilitario, lo hace por alguna razón. Algún neandertal se tomó el tiempo de tallar estos patrones en la falange de un ciervo y eso fue intencionado", dice Bruce Hardy, arqueólogo del Kenyon College que no participó en la investigación. "Si lo añades a las demás pruebas, se ve que se acumulan pruebas de un comportamiento simbólico".

John Shea, arqueólogo de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, no está de acuerdo y sugiere que el hueso de la cueva del Unicornio podría ser una plomada para un sedal, una bobina de hilo u otra herramienta utilitaria que desconocemos, ya que nos alejan de ella 50.000 años. "Que no se pueda identificar la función no significa que el objeto sea un símbolo", dice Shea. "Con un par de minutos de reflexión, existen alternativas a la interpretación simbólica".

"Cuando los humanos usan símbolos, aparecen por todas partes", añade. "Los neandertales hacían algo diferente, si es que utilizaban símbolos".

Artistas o solo "hábiles imitadores"

El hecho de que los humanos modernos y los neandertales, aunque brevemente, se solaparan en el tiempo y el espacio complica más la situación. Como algunos de los hallazgos que los investigadores han identificado como expresión simbólica o arte neandertal parecen datar de la época en que los humanos llegaron a Europa, los investigadores sostienen que los Homo neanderthalensis solo eran hábiles imitadores capaces de reproducir e imitar la producción creativa de sus parientes recién llegados, los Homo sapiens, en lugar de crear arte o símbolos propios.

Sin embargo, el hallazgo de la cueva del Unicornio es anterior a la llegada de los humanos modernos a Europa, lo que lo convierte en un objeto claramente neandertal, afirman los investigadores. (Con todo, un ensayo adjunto de la paleoantropóloga Silvia Bello, publicado en Nature Ecology and Evolution, señala las recientes pruebas genéticas que apuntan a una llegada anterior del Homo sapiens a Europa y afirma que no debe descartarse la posibilidad, por remota que sea, de que el objeto fuera influenciado por los humanos modernos.)

Sin embargo, incluso Terberger admite que existe una gran diferencia entre la producción creativa de los humanos modernos y la de los neandertales. "Para los primeros humanos modernos, objetos como este son una parte normal de su cultura material", dice. "En el caso de los neandertales, solo producían este tipo de objetos de vez en cuando. Hay miles de yacimientos neandertales en todo el mundo y unos 10 en los que podemos hablar de expresión artística".

Excavando en la cueva del Unicornio

Es probable que la cueva deba su nombre al científico del siglo XVII, Gottfried Leibniz, que reconstruyó un extraño "unicornio" a partir de un cráneo de oso cavernario y de colmillos y vértebras de mamut lanudo del yacimiento, una mezcla monstruosa que se ha convertido en la mascota de la cueva. En un año normal, 30.000 visitantes recorren las frías galerías abovedadas de la cueva del Unicornio, situada en el mayor Geoparque de la Unesco en Alemania. Se ha utilizado para sesiones fotográficas de moda y como plató de cine y televisión y algún que otro vídeo musical de metal gótico.

En la pared de la cueva del Unicornio se proyecta la imagen de un unicornio para los turistas. En un año normal, 30.000 visitantes acuden a sus frías galerías de dolomita.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

La búsqueda más reciente de pruebas del pasado lejano de la cueva comenzó en la década de 1980, cuando el paleontólogo Ralf Nielbock convenció a la cooperativa local propietaria de la cueva para que le permitiera abrirla como atracción turística. Mientras ampliaba los caminos de tierra de la cueva para los visitantes, descubrió unas piedras inusuales con forma de herramienta que le convencieron de que los neandertales habían vivido en la cueva, pero la falta de fondos le obligó a interrumpir sus excavaciones iniciales durante casi dos décadas.

En 2014, Nielbock contactó con investigadores de la cercana Universidad de Gotinga para ver si estaban interesados en excavar. Terberger y Leder trajeron un equipo de arqueólogos para que excavaran la entrada original de la cueva, que se derrumbó hace unos 10.000 años.

Los arqueólogos pasan por la galería principal de la cueva del Unicornio para llegar al yacimiento. Las excavaciones continuaron en 2020 siguiendo las restricciones por la COVID-19. Las estalagmitas y estalactitas de la cueva fueron arrancadas hace cientos de años por personas del medievo que creían que eran cuernos de unicornio.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Las estudiantes de arqueología Denise Siemens (izquierda) y Runa Bohle (derecha) trabajan tamizando y examinando cuidadosamente los sedimentos excavados en la cueva del Unicornio y en sus alrededores. Incluso los huesos de animales o los restos de plantas más diminutos pueden proporcionar pistas decisivas para reconstruir cómo era la vida hace 50.000 años.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Las muestras de sedimentos se dejan secar en el suelo de la estación de cribado. Después, los investigadores examinarán cada muestra, sacando con pinzas los pequeños objetos de interés.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

El paleontólogo Ralf Nielbock dirige una visita a la cueva del Unicornio y muestra su arqueología. Nielbock fue fundamental no solo para abrir la cueva a los turistas en la década de 1980, sino también para poner en marcha las investigaciones arqueológicas del lugar. En la actualidad, es el director de la cueva del Unicornio, que también ha sido escenario de sesiones de fotografía de moda, producciones televisivas y vídeos musicales.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

Un equipo se abrió paso desde el exterior mientras otro trabajaba en las profundidades de la cueva, excavando en un espacio similar a un túnel que en su día formó parte de la entrada de la cueva. En 2019, empezaron a encontrar herramientas de piedra y huesos de animales —incluido el hueso de ciervo tallado— que databan de hace 50.000 años o más, una época en la que la zona no tenía hielo glacial.

El verano pasado, Russo encontró más restos del ciervo gigante, junto con los huesos de algunos ciervos comunes y bisontes. Pero hasta ahora el equipo no había encontrado pruebas directas —como hogueras o huesos quemados en la capa que rodea al hueso tallado— de que los neandertales vivieran en este lugar.

Una posibilidad es que la cueva se utilizara durante un periodo muy corto para arrastrar el cadáver hasta allí y cortar la carne, dice Russo. Pero las excavaciones están en sus inicios y han encontrado fragmentos de carbón vegetal en los alrededores, por lo que los trabajos futuros podrían desvelar los restos de un campamento o un refugio en los restos de la cueva derrumbada.

Diversas pruebas de las excavaciones de la cueva del Unicornio, como huesos de animales y polen, indican que los neandertales que vivían allí habrían estado en la frontera de la Europa habitable. Al norte había hielo y nieve y los inviernos habrían sido duros. Las diferentes mezclas de plantas y animales con el paso del tiempo sugieren un clima imprevisible.

El paleontólogo Ralf Nielbock mira desde la entrada del "tragaluz" de la cueva del Unicornio, una parte derrumbada que se inunda de luz solar en los meses de verano cuando el sol está en su punto más alto. La cueva forma parte del mayor Geoparque de la UNESCO de Alemania, situado en el exuberante macizo del Harz.

Fotografía de Robbie Shone, National Geographic

"Este periodo de inestabilidad climática es cuando se elaboró la pieza", dice Leder. "Dentro de este marco temporal, hay cambios realmente rápidos, de bosques a entornos más abiertos y favorables para los renos".

"Los neandertales se encuentran en sus límites septentrionales y también se enfrentan a condiciones ambientales cambiantes", añade. "Eso podría haberles obligado a ser más dinámicos y creativos".

Junto con otras pruebas, el hueso de la cueva del Unicornio contribuye al argumento de que los neandertales tenían una rica vida interior. 

"Este es un hallazgo importante", dice Chase, el paleontólogo. 

"Podría hacer que este campo científico deje de comparar lo que podían hacer los neandertales con los humanos modernos y permitir que los neandertales sean los protagonistas de su propia historia".

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