Cambio climático: El último glaciar de Venezuela está “corriendo” a su desaparición

El ecólogo venezolano Luis Daniel Llambí, explorador de National Geographic, asegura que ya no hay forma de recuperar estas paredes de hielo en el país, pero hace un llamado a la acción para que no perdamos el resto de los glaciares de la región.

Publicado 29 de octubre de 2020 10:58 GMT-3, Actualizado 5 de noviembre de 2020 02:55 GMT-2
Vista de la cobertura glaciar en los Picos Humboldt y Bonpland vistos desde el Pico Espejo ...

Vista de la cobertura glaciar en los Picos Humboldt y Bonpland vistos desde el Pico Espejo en 2019.

Fotografía de José Manuel Romero

Si uno pudiera viajar al pasado y sentarse a contemplar los paisajes que regalaba la Sierra Nevada de Mérida alrededor del año 1800, tal vez sería testigo de imponentes montañas adornadas por extensas paredes de hielo blancas. Hoy, esos horizontes se tiñen de otros colores y muchos se preguntan: ¿por qué se han ido los glaciares?

Luis Daniel Llambí, ecólogo vegetal e investigador venezolano. Explorador de National Geographic.

Fotografía de National Geographic Society

“Los hemos visto desaparecer. Ya el glaciar del Pico Bolívar (que es el más alto del país) estaba cada año más pequeño, en los últimos cinco años. Nos llamaba la atención que hubiera tan poca investigación sobre el tema. Sentimos que era urgente decir algo”, reconoce el ecólogo e investigador Luis Daniel Llambí, explorador de National Geographic y coordinador del proyecto “El Último Glaciar de Venezuela”. 

Tal como cuenta en su informe, los Andes tropicales albergan el 99% de los glaciares tropicales del mundo, y Venezuela está pronto a convertirse en el primer país de esta cadena montañosa (y posiblemente del planeta) en quedarse sin ninguno de ellos. Durante el siglo XX, en el país quedaban tres grandes núcleos de glaciares: el que estaba alrededor del Pico La Concha (que desapareció alrededor de 1990), el que estaba en torno al Pico Bolívar (que dejó de verse este año) y un tercero que está en el Pico Humboldt, al que “no le queda mucho” según el investigador. Y es allí, donde puso el foco de su trabajo.

En la primera fase del proyecto, lo que hicieron junto al equipo de investigación fue una reconstrucción histórica del receso del glaciar en ese pico. Hasta el momento, se conocían los trabajos del geomorfólogo y geólogo Carlos Schubert, quien se dedicó a hacer un seguimiento de la situación durante la segunda mitad del siglo XX, y un artículo publicado en 2013 por Carsten Braun y Maximiliano Besada dónde se hace una revisión histórica muy completa y se reporta un aumento sostenido de la temperatura y la disminución de las precipitaciones en la región.

Cobertura glaciar en los Picos Humboldt (4942 m snm) y Bonpland (4883 m snm) vistos desde el Pico Espejo en 1910 (Foto: Alfredo Jahn 1925). Referencia:  "Jahn, A. 1925. Observaciones glaciológicas en los Andes venezolanos. Cultura Venezolana 64:265–280".

Fotografía de Alfredo Jahn

La misma toma, desde un sitio similar, en 2019.

Fotografía de Luis Daniel Llambi

“En 1910, en el Humboldt, había como unas 300 canchas de fútbol (de glaciar). Hoy quedan 5”, sentencia Llambí de manera contundente y aclara que eso significa que ya se ha perdido, más o menos, un 99 por ciento de dicha pared de hielo a la que solo queda ver desaparecer por completo. “Cada año las tasas (de descongelamiento) se han ido acelerando. En la primera mitad del siglo XX se perdía un poco menos de un 2% anual. En el último período medido, que va de 2016 a 2019, se ha perdido un 16% anual. Es de las tasas más altas que yo he visto reportadas en ningún lado. Este glaciar está corriendo a su desaparición”.

Desde finales de la Pequeña Edad de Hielo (que va aproximadamente desde el siglo XIV a mediados del siglo XIX), los glaciares venían retrocediendo independientemente del cambio climático. Sin embargo, como destaca el ecólogo venezolano, “lo que hemos hecho es acelerar ese proceso, hemos multiplicado la velocidad por diez”.

"La máquina del tiempo". Reconstrucción histórica del retroceso glaciar en la zona de los Picos Humboldt (4.942 m) y Bonpland (4.883 m) a partir de la integración de fotos panorámicas antiguas, fotos aéreas, imágenes de satélite y control de campo. Se señalan en rojo la secuencia temporal de los 4 sitios para el estudio de la colonización de la vida y el ensamblaje de un nuevo ecosistema.

Fotografía de Alejandra Melfo

¿Cómo estamos contribuyendo al derretimiento de los glaciares?

Aunque algunos procesos de la naturaleza son inevitables, los científicos han evidenciado que algunos comportamientos humanos -como puede ser la dependencia de los combustibles fósiles a escala global y la deforestación- empeoran la situación. “La Pequeña Edad del Hielo coincidió con el inicio de la Revolución Industrial. Ahí se combinan las dos cosas y el análisis se hace complicado. El uso de vehículos, las industrias, la quema de carbón para la generación de energía, las termoeléctricas, han mandado tanto carbono a la atmósfera que son el contribuyente principal del cambio climático”, explica Llambí.

“En el caso de Venezuela creo que ya no hay nada para hacer. Pero en el caso de Argentina, Chile, de Bolivia y de Perú, todavía están a tiempo. Tiene que haber un cambio en los patrones de uso de energía de todos los países del mundo. América Latina tiene que poner su grano de arena con una economía menos dependiente de los combustibles fósiles. Si hoy comenzamos a cambiar nuestras economías con una visión climática más eficiente e inteligente, vamos a tener un efecto positivo sobre no tener que quedarnos sin glaciares”, estima el explorador de National Geographic.

“En 1910, en el Humboldt, había como unas 300 canchas de fútbol (de glaciar). Hoy quedan 5.”

Por: Luis Daniel Llambi
Ecólogo e investigador venezolano. Explorador de National Geographic.

¿Qué pasa cuando se derrite un glaciar?

Junto al equipo de investigación identificaron que, a medida que la pared de hielo retrocedía en el Pico Humboldt, empezaba a aparecer vegetación y a aumentar la presencia de especies de aves y polinizadores que suelen ser propios de zonas más bajas de la cumbre. Entonces, en una segunda fase del proyecto, realizaron expediciones al campo para analizar en detalle cómo la desaparición del hielo brindaba un espacio propicio, en medio de las rocas, para la formación de un nuevo ecosistema.

Usamos el glaciar como una máquina del tiempo. Mientras más lejos estás del borde glaciar, estás yendo más al pasado, es decir, a una zona donde el glaciar se retiró hace más años. Así estudiamos cuatro estaciones a diferentes distancias del límite”, explica Llambí. 

De cada una de las etapas se realizaron levantamientos de la vegetación para reconstruir cómo se estaba dando el proceso de evolución de la biodiversidad local. “Se encontraron líquenes -entre ellos siete especies nuevas que no se conocían-, que son los que primeros colonizan. Después vienen los musgos y, entre ambos, forman unas asociaciones que se conocen como biocostras (...) A su vez, esas biocostras, ayudan a que se establezcan las primeras plantas pioneras. Luego, empiezan a aparecer los polinizadores, por ejemplo, el colibrí especialista de alta montaña”.

Líquenes y musgos creciendo sobre las rocas en la zona descubierta por el glaciar del Pico Humboldt

Fotografía de Cherry Rojas

Para Llambí, el poder descubrir cómo van apareciendo nuevas formas de vida entre las rocas donde antes había hielo, lo lleva a dos conclusiones centrales. Por un lado, que “al ensamblarse un nuevo ecosistema, las redes de cooperación son elementales para hacerlo funcionar, incluso al límite de la vida”.

Y el otro apunto de análisis interesante es que, a esas redes de interacción -como las redes de polinización y plantas- les toma más de 100 años en constituirse. “Los procesos de un ecosistema desde cero son extremadamente lentos. Sin embargo, el calentamiento global está ocurriendo cada vez más rápido. Entonces, las preguntas que nos hacemos son: ¿llegarán las especies a adaptarse con el tiempo que lleva crear un ecosistema nuevo? ¿Podrán competir con la velocidad a la que viene el cambio climático o terminaremos perdiendo especies que son especialistas de las zonas de más alta montaña?”.

Colibrí (picaflor) especialista de la alta montaña, conocido localmente como chivito de páramo (Oxypogon lindenii). Se encuentra entre flores de frailejón de octubre (Espeletia schultzii), la espectacular roseta gigante endémica de los páramos venezolanos.

Fotografía de Ariel E. Blanco

Esas especies a las que les gusta el frío aprovechan a subir, y escapar del calor desde más abajo. Pero, al lugar al que están llegando es duro, aún no se sabe si se van a poder establecer ahí o no se van a poder adaptar a esas condiciones extremas de rocas desnudas y pendientes abruptas.

“Una planta como los frailejones, que crecen en los páramos altos, pueden tener unos 200 años. Cuando Simón Bolívar pasó por aquí, tal vez estaba la misma planta. Y la gente llega y la tumba en un segundo. En Venezuela ya no podemos evitar que desaparezcan glaciares, pero todavía estamos a tiempo de cuidar estos ecosistemas frágiles que están surgiendo. Necesitamos un turismo responsable en la zona y evitar la degradación de estos espacios”, reconoce esperanzado Llambí.

El ser humano es parte de la biodiversidad que habita el planeta. Y como una especie más dentro las redes de interacción naturales que en escenarios hostiles deben cooperar en pos de la supervivencia, no podemos seguir mirando hacia otro lado. El compromiso es ahora. Y lo que haces, cuenta.

Red de interacciones de polinización entre plantas y animales en la zona de retroceso del glaciar. La red incluye 6 especies de plantas (p. ej. la bandera española y el tabacote morado) y seis de animales (incluyendo un colibrí, abejorros y moscas). Estas redes pueden tomar más de 100 años en establecerse.

Fotografía de Roxibell Pelayo

Equipo de investigación:

  • Luis Daniel Llambí, PhD. Explorer y Coordinador del proyecto. Especialista en dinámica de la vegetación en los Andes Tropicales. Profesor del Instituto de Ciencias Ambientales y  Ecológicas (ICAE), de la Universidad de Los Andes (ULA, Venezuela). Actualmente coordina el Programa Adaptación en las Alturas en los Andes de Sur América (CONDESAN-COSUDE) y las redes de monitoreo del impacto del cambio climático GLORIA-Andes y Red de Bosques Andinos en Venezuela.
  • Alejandra Melfo, PhD. Co-proponente del proyecto y responsable del componente de comunicación y microbiología del proyecto. Profesora del Departamento de Física, Facultad de Ciencias, de la ULA (Venezuela), ha venido trabajando en el tema del retroceso de los glaciares en los Andes venezolanos desde hace más de 5 años.  
  • Luis E. Gámez, MSc. Botánico responsable de la identificación de las plantas vasculares del proyecto y de las redes de monitoreo GLORIA-Andes y Red de Bosques Andinos. Profesor y líder del Laboratorio de Dendrología de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales de la ULA (Venezuela).  
  • Roxibell Pelayo, PhD. Responsable del componente del análisis de las redes de polinización del proyecto. Directora y profesora del ICAE (ULA, Venezuela). Especialista en interacciones planta-animal en la alta montaña tropical.
  • Nerio Ramírez, MSc. Responsable el componente de análisis geográfico del retroceso glaciar en la Sierra Nevada de Mérida. Geógrafo especialista en Sistemas de Información Geográfica y análisis de riesgos de Protección Civil y el grupo montañista URO.
  • Mariana Cárdenas, MSc. Bióloga responsable del componente de liquenología del proyecto. Especialista en la taxonomía y ecología de líquenes en ecosistemas tropicales. Estudiante del Doctorado del Departamento de Ecología, Evolución y Comportamiento de la Universidad de Minnesota.
  • Cherry Rojas. Bióloga responsable del componente de briología del proyecto. Especialista en la taxonomía y  ecología de musgos en ecosistemas montanos tropicales. Estudiante de la Maestría en Ecología Tropical (ICAE-ULA).  
  • Jesús Eloy Torres. Biólogo. Asistente de campo del proyecto con amplia experiencia en el monitoreo y la ecología de los páramos Venezolanos. Investigador del ICAE-ULA.
  • Bárbara Huber, PhD. Bióloga evolutiva, responsable del componente microbiológico del estudio en la zona de retroceso del glaciar del Humboldt, analizando la composición y diversidad funcional de microorganismos en los cuerpos de agua, suelos y la rizósfera de las plantas pioneras. Profesora del ICAE-ULA.     
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