¿Cuál es la relación entre los incendios forestales y el cambio climático?

En las últimas décadas, el calentamiento del planeta ha intensificado incendios que destrozaron enormes áreas forestales.

Publicado 21 de septiembre de 2020 09:52 GMT-3
El incendio Creek, en el Bosque Nacional Sierra de California, ha destruido cientos de miles de ...

El incendio Creek, en el Bosque Nacional Sierra de California, ha destruido cientos de miles de hectáreas. Se propagó debido a la presencia de una gran cantidad de árboles muertos y súper secos; el cambio climático contribuyó a que murieran y se secaran.

Fotografía de Stuart Palley, National Geographic

Según ha demostrado la ciencia, el cambio climático ha avivado los incendios más grandes e intensos de todo el oeste de Estados Unidos durante las últimas décadas. El aumento de la temperatura, los cambios en los patrones de lluvia y nieve, los cambios en las comunidades de plantas y otras alteraciones relacionadas con el clima han aumentado enormemente la probabilidad de que se produzcan incendios, y de mayor intensidad y amplitud que en el pasado.

La escala e intensidad de los incendios forestales en el oeste de Estados Unidos en este momento es "asombrosa", dice Philip Higuera, científico de incendios forestales y paleoecólogo de la Universidad de Montana. Este año, ya se han destruido más de 2 millones de hectáreas, y es posible que todavía se provoque más daño.

Noah Diffenbaugh, climatólogo de la Universidad de Stanford, hace una analogía con el béisbol para describir el aumento del riesgo. “Si (en béisbol) durante un jonrón, hay 2 jugadores en la base, definitivamente es el jonrón lo que hizo que los jugadores rodearan las bases y anotaran. El jonrón es la causa del evento. Pero las personas que están en la base importan", explica, y el calentamiento global está poniendo a la gente en la base.

Otros factores también aumentan el riesgo de incendio, como las decisiones de gestión forestal que han dejado que grandes cantidades de vegetación se acumularan y luego sirvieran de combustible para los incendios, u otras cuestiones más problemáticas como la construcción de casas y otros edificios en áreas de riesgo. Pero con respecto a los incendios cerca de la llamada interfaz urbano-forestal, así como los desastres en bosques más alejados, el cambio climático ha sido el responsable de aumentar los riesgos de forma significativa.

Como una esponja sedienta

En cierta forma, el fuego es simple. Para que ocurra un incendio se necesitan tres ingredientes: el clima y las condiciones climáticas adecuadas, mucho combustible y una chispa.

“La gente está afectando los tres componentes”, cuenta Jennifer Balch, ecóloga de incendios de la Universidad de Colorado, Boulder. "El cambio climático no es lo único que influye, pero es una parte grande e importante". (Las combustiones que inician los humanos constituyen, claramente, una parte importante del riesgo: un estudio publicado en septiembre, en el que Balch fue coautor, reveló que los humanos eran responsables del 97 por ciento del origen de los incendios que luego amenazaron los hogares en las zonas de la interfaz urbana-forestal, entre 1992 y 2015).

El cambio climático ha afectado los dos primeros componentes (y en algunos casos, el tercero) de formas claras y mensurables, cada vez más evidentes en las últimas décadas.

Esto se observa claramente en el calentamiento de la temperatura del aire. El calentamiento del planeta viene aumentando desde el comienzo de la Revolución Industrial a fines del siglo XIX, cuando los humanos comenzaron a quemar cantidades masivas de combustibles fósiles, y fueron liberando dióxido de carbono, que condensa el exceso de calor en la atmósfera. Desde entonces, las temperaturas promedio en todo el mundo han aumentado aproximadamente 1 grado Celsius; En California, el aumento está más cerca de los 2 grados Celsius. Desde la década de 1980, el calentamiento viene aumentando poco menos de 0,2 grados Celsius por década, y es probable que se acelere aún más en el futuro.

Quizá no parezca una cifra demasiado alta, pero eso alcanza para ocasionar graves daños en el medio ambiente. El aire caliente, si no tiene un 100 por ciento de humedad, actúa como una esponja sedienta: absorbe el agua de todo lo que toca: plantas (vivas o muertas) y tierra, lagos y ríos. Cuanto más caliente y seco es el aire, más succiona y la cantidad de agua que puede contener aumenta exponencialmente a medida que aumenta la temperatura; un pequeño aumento en el calor del aire puede significar un gran aumento en la intensidad con la que absorbe agua. Los científicos se encargan de medir el déficit de presión de vapor, la diferencia entre la cantidad de agua que contiene el aire y la que podría contener. Si ese déficit aumenta a lo largo del tiempo, los suelos y la vegetación acaban secándose.

Un breve período de calor puede secar la vegetación más pequeña o la que ya está muerta, y tal vez incluso algunas de las yescas más grandes. Las olas de calor intensas y sin precedentes, como las que afectaron la zona oeste durante agosto y principios de septiembre, probablemente hayan provocado una enorme cantidad de material combustible, ya que el déficit de presión de vapor y la sequía registraron valores récord.

“En muchos lugares, hay mucho material combustible en el suelo”, explica Balch. “Vegetación y pastos tan finos como el papel. Los eventos de sequía a corto plazo o las olas de calor los secan irremediablemente". Y el material que queda se enciende tan fácil que puede contribuir a acelerar la propagación del fuego.

Este año, la nieve se derritió antes de lo esperado; en todo el oeste, la cantidad de nieve en febrero y marzo estuvo muy por debajo de su promedio.

Y el calor llegó para quedarse. Muchos estados del oeste registraron los veranos más calurosos de su historia; la temperatura promedio en los EE. UU. superó el promedio registrado para el siglo XX.

Pero incluso antes de eso, California y gran parte del oeste de EE.UU. sufrió un mayor periodo de aridez profunda desde 2011 hasta un breve período de alivio el año pasado. No es casualidad que cinco de los años más calurosos registrados en el estado ocurrieron en la última década.

Entre 2012 y 2016, hubo una fase especialmente complicada de esa sequía persistente, agravada por el cambio climático y de una intensidad nunca vista en los 1.200 años anteriores. Afectó gravemente los árboles de la región dada la prolongación del déficit hídrico. En los grandes bosques de coníferas de Sierra Nevada, como en muchos otros bosques del estado, el daño fue cada vez peor.

Para 2014, habían muerto millones de árboles, que no pudieron salvarse dadas las temperaturas y la sequedad inusitadas, tan extremas que el suelo no pudo proveer de humedad ni siquiera a los árboles de raíces más profundas. Para 2015, obviamente, ya había una mortandad masiva; en 2016, la cifra de mortalidad se disparó a unos 100 millones de árboles. En zonas de gran altura, murieron casi el 80 por ciento de los árboles. Y en todo el estado, ya han muerto unos 150 millones de árboles desde que comenzó la sequía. Muchos de ellos todavía están allí, secándose, y son una importante fuente de combustible para alimentar un potencial incendio.

Un estudio reciente reveló que, desde la década de 1970, el cambio climático causado por el hombre contribuyó a producir más de la mitad del material seco que sirven de combustible y causa riesgo de incendios.

“Estas olas de calor recientes ocurren en un período que ya de por sí está siendo más caluroso, y lo que sucede, entonces, es que se agota la humedad de los combustibles vivos y muertos, y el vapor queda en la atmósfera”, explica Matthew Hurteau , climatólogo de la Universidad de Nuevo México.

Cambia la lluvia y cambia la nieve

El cambio climático también está alterando los patrones estacionales de lluvia y nieve en el oeste de EE. UU., uno de los otros factores que controlan el riesgo de incendio.

La primavera suele llegar antes. La capa de nieve, que generalmente aporta alrededor del 30 por ciento del agua necesaria en el verano, se está derritiendo a principios de año, lo que hace que las plantas y los suelos se expongan a la sequedad durante un tiempo más prolongado. Un estudio de 2016 mostró que se destrozó más del 70 por ciento del área afectada por incendios forestales entre 1970 y 2012 durante los años en los que las capas de nieve desaparecieron precozmente.

La temporada de sequía también se está extendiendo, según una investigación publicada en agosto. Las temperaturas otoñales más altas y la menor precipitación (en particular, una creciente demora en el inicio de las lluvias invernales, que generalmente ponen fin a la temporada de incendios en California) han ocasionado un aumento del 20 por ciento de días otoñales que se suman al periodo de sequía.

En total, la temporada de incendios en el oeste se ha extendido al menos 84 días desde la década de 1970. Cal Fire, el servicio de protección contra incendios de California, ha anunciado públicamente que ya no considera que haya una "temporada" de incendios forestales, porque la temporada es ahora todo el año.

El carácter mismo de los incendios también ha cambiado, ahora son más grandes e intensos, y eso a su vez puede acelerar el riesgo de incendios futuros. Incluso las plantas que necesitan fuego para propagarse, como muchas coníferas de zonas de gran altitud, hoy no pueden resistir los incendios intensos y poderosos, explica Scott Stephens, ecólogo forestal y experto en incendios de la Universidad de California en Berkeley.

“Una de las tendencias más alarmantes que estamos empezando a ver es que estos incendios están matando grandes parcelas de coníferas: parcelas de 80, 120, 400 hectáreas y algunas incluso más grandes”, cuenta. En contraste, la investigación de su grupo y otros demostró que en los bosques de Sierra Nevada, antes de que llegaran los colonizadores europeos y comenzaran a cambiar el paisaje, las parcelas destrozadas eran pequeñas: menos de media hectárea en muchos casos, o algunas veces un poco más grandes. Y, según Stephens, el aumento en el tamaño del incendio se ha acelerado en el nuestro contexto climático actual, particularmente desde la década de 1990.

Eso representa un problema porque cuando se queman grandes extensiones de bosque, ya no podemos contar con que se autoregeneren. Las semillas y la sombra que en el pasado eran normales, ya no están, y ahora solo hay posibilidades de que prosperen especies altamente inflamables, como pastos y arbustos no nativos. También se están produciendo otras transiciones y surgen plantas más propensas a incendios en las zonas del sur de California y los bosques de Colorado.

Conclusión

Así pues, el cambio climático ha aumentado el riesgo de incendios tanto de forma directa como indirecta. Cuando ocurre una ignición, incluso si es natural, como la inusual y dramática serie de relámpagos que azotó el Área de la Bahía en agosto, las posibilidades de que genere un gran incendio son mucho más altas de lo que serían sin el cambio climático. En general, durante las últimas décadas en California, el área promedio anual que sufrió destrozos por incendios se multiplicó por cinco.

Según los investigadores, los incendios de esta época son impactantes y totalmente esperados. “Eso es lo complicado de los incendios: no los provoca un solo elemento, sino que encajan muchas piezas de un mismo rompecabezas”, explica Balch. Cambio climático. Gestión de bosques. Comportamiento humano. Para aprender a adaptarse a la nueva realidad y mitigar los riesgos se necesita de una acción rápida y decisiva por parte de muchos sectores diferentes, sostiene.

“Este año aprendí que la naturaleza de los incendios en este lugar está cambiando, y lo está haciendo muy rápido”, comenta Higuera. "Hay una gran cantidad de factores que intervienen y debemos tener en cuenta todos ellos”.

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